martes, 31 de marzo de 2015

LA “SOLUCIÓN FINAL” MADE IN P.P.

El proyecto «Solución final» fue ideado por Adolf Hitler, para exterminar a los judíos en Europa. Casi lo logra. El nazismo alemán exterminó, al menos, a 10.000.000 de personas entre judíos y otros grupos étnicos, sociales e ideológicos. Franco, en su guerra y durante la Segunda Guerra Mundial, favoreció el Holocausto. Ahora, Rajoy y su «austericidio», tiene en el punto de mira a otros colectivos. Hitler, Franco y Rajoy: la continuidad de un proyecto. Nazismo, franquismo y neoliberalismo popular.

La Solución final o «Solución final de la cuestión judía» fue el plan nazi, para llevar a cabo el genocidio sistemático de la población judía europea, mucho antes de la Segunda Guerra Mundial.

Solución final, Holocausto, o «Shoah» — en alemán, Endlösung—, significo deportación sistemática y exterminio de toda persona clasificada, como «judía» y otros colectivos «indeseables» para los nazis. Entre los métodos utilizados estuvieron la asfixia por gas venenoso, disparos, ahorcamiento, trabajos forzados, el hambre, la tortura médica, los golpes y los experimentos pseudo científicos. Resultaron ser eficaces para sus objetivos. Entre 1941 y 1944 consiguieron exterminar a seis millones de personas de procedencia judía. Las víctimas no judías, fueron millones de polacos, comunistas y otros sectores de la izquierda política, homosexuales, gitanos, discapacitados físicos y mentales y prisioneros de guerra soviéticos. También republicanos españoles. En total, al menos, más de diez millones de seres humanos, fueron exterminados y hasta sesenta millones en la guerra provocada por Alemania.

Todo fue calculado y premeditado. No se escatimaron medios técnicos ni científicos. La gran industria alemana fue cómplice y pese a la negación popular, todos tuvieron algún tipo de responsabilidad, en la mayor matanza de toda la historia de la humanidad.
En España, Franco, comenzaba su «Solución final» contra judíos, masones, comunistas y defensores de la libertad y la democracia. Franco no fue neutral, fue pro nazi, admirador del III Reich, antisemita y estuvo contra el «contubernio» judeo masónico y comunista hasta su muerte. Franco y sus ministros, fueron cómplices del Holocausto, por omisión deliberada de salvar a miles de personas en manos de los nazis. Se apoderaron de sus bienes y haciendas, cometiendo crímenes por saqueo y exterminio ideológico.

Franco pudo haber salvado de la muerte a más de cincuenta mil personas; si no lo hizo es cómplice de su exterminio. Poco pudo haberle importado, después de ser responsable del «millón de muertos» que causó la guerra provocada por él, tras el golpe contra la legítima República. Los herederos de Franco, quien dejó todo «atado y bien atado», gobiernan España. En el lenguaje y conceptos algo han cambiado, pero la esencia sigue siendo la misma. En lo social, el Partido Popular, está llevando a cabo su particular «Solución final».


La Solución final made in PP, fija su atención en los ancianos sin medios, que se sienten maltratados al no poder subsistir dignamente por sus bajas pensiones, el tiempo que les quede de vida. Enfermos crónicos que mueren, sin que la política del gobierno les preste ni siquiera el consuelo de la muerte digna. Personas dependientes que no son atendidas y viven en condiciones deplorables. Parados de larga duración, gentes sin trabajo, que no cobran ningún tipo de ayuda económica ni social, o que trabajando, sufren pobreza energética. Personas inmigrantes, trabajadoras, avocadas a la miseria o a la expulsión del territorio español sin miramientos. Dijo Rajoy a Cayo Lara: «Me pinta usted un país que no conozco». Nosotros lo conocemos bien, como a él y a su ideología. En España hay 13 millones de personas excluidas y 5 en exclusión severa, según el informe Estado de la Pobreza en España, de la Red Europea de Exclusión y Pobreza. En los próximos cuatro años, se esperan 1,3 millones más. Todo por una política neoliberal. Un auténtico «austericidio», aplicado contra la clase trabajadora y los más desprotegidos e indefensos. Con su política conocemos cuánto nos desprecian.

El capital ha ganado la lucha de clases, sin que la clase trabajadora ni los sindicatos reaccionen debidamente. El ajuste de cuentas del capital, representado en la actual ideología neoliberal, está presente en la política de Mariano Rajoy Brey, su gobierno y su partido. Nos quieren muertos mejor que viejos, parados, enfermos, dependientes o marginados. Nos quieren pobres mejor que ricos, que para eso ya están ellos. Inducen al suicidio con los desahucios, al expulsar de sus casas sin miramientos y con violencia policial, que es violencia de Estado contra el pueblo necesitado.

Un colectivo sin la atención debida, es el de los mayores de más de 60 años y con bajos ingresos, pensiones de jubilación mínimas o exiguas ayudas asistenciales. Es un colectivo que se encuentra en situación de desventaja o vulnerabilidad social. La falta de atención y ayuda pública, les genera desigualdad, precariedad; y con ello, ahora, además, tienen que ayudar económicamente a hijos y nietos sin empleo. Más de la mitad de los ancianos sufre pobreza energética. El primero en el punto de mira.

La particular «Solución final» made in PP, se observa en sus múltiples políticas antisociales, regresivas y represivas, que lleva a cabo desde hace tres años. Como justificación y para el engaño general, el ministro de exteriores Margallo, ratificado por el de economía, han representado el cinismo y la demagogia en su máxima expresión: «Sin la ayuda española a Grecia, podrían haber subido un 50% las ayudas a los parados y un 38% las pensiones» o que «los 26.000 millones prestados a Grecia equivalen al gasto en prestaciones de todo un año», que dice Guindos. No nos cuentan lo que se podría haberse hecho, con los más de 100.000 millones que ha costado el rescate público a los bancos privados; tampoco lo que se hubiera hecho con lo robado y la mala gestión en la Bankia de Blesa y Rato o por el continuo saqueo contra las arcas públicas. Los ministros son demagogos de profesión y cínicos por condición; manipulan y esparcen cizaña, ante lo que se les avecina: el fuego ha comenzado a prender sus barbas.

Un estudio elaborado por las instituciones españolas de defensores del pueblo denuncia problemas en los servicios de urgencias hospitalarias y la atención a los inmigrantes «irregulares» se ve dificultada con la emisión de facturas y hacerles firmar compromisos de pago. Lo que pretende el gobierno que se mueran o que se vayan. La Plataforma de Afectados por la Hepatitis C, responsabiliza al gobierno de las muertes y lesiones de los enfermos que no han recibido los nuevos fármacos. Se han querellado contra la ex ministra Mato y contra el nuevo Alonso por tres presuntos homicidios y más de una veintena de lesiones de enfermos. Son las víctimas de la omisión del deber de socorro, teniendo en cuenta que el 80% de los enfermos tiene prescrito el tratamiento con los fármacos adecuados pero no los ha recibido. «12 muertes diarias» se producen en España por esta enfermedad, aseguran desde la Plataforma.

El desmantelamiento del Sistema Público de Salud, comenzó desde el primer día del gobierno de Rajoy, subvirtiendo el mandato constitucional. El artículo 43 de la Constitución establece que «Se reconoce el derecho a la protección de la salud. Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios». Papel mojado, como en otros tantos derechos y libertades. Los servicios de urgencia están colapsados y se están convirtiendo en antesalas de la muerte.

Las personas dependientes también sufren en sus carnes la «Solución final» del gobierno. Una de cada cinco murió en lista de espera sin recibir la ayuda que le correspondía, según los datos del último dictamen del Observatorio de la Dependencia. El sistema de la dependencia se encuentra «en situación demolición controlada», dicen en su informe la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales. Más de 100.000 dependientes han fallecido desde 2012 esperando una ayuda reconocida por el Estado y no que no ha llegado. La realidad que dibujan es de una auténtica «Solución final». Que no engañen las estadísticas, la reducción de la lista de espera, no se ha producido por un incremento de las atenciones, sin por que los usuarios han muerto en este tiempo. Fallecen más usuarios, que beneficiarios nuevos entran en el sistema.

El ministerio del interior, del muy casto y caritativo Fernández del Opus, ha ejecutado la deportación —sin contar las «expulsiones en caliente»— de 9.410 inmigrantes en 257 vuelos internacionales fletados hasta octubre de 2014. Es culpable, como culpables son los 16 guardias civiles imputados y sus mandos, por la muerte de los inmigrantes en Tarajal. Omitieron el deber de socorro a personas en riesgo de morir y murieron; que no son 15, como dicen los datos oficiales, sino 80, según testimonio de los supervivientes.

Los grandes beneficiarios de la política de recortes en gastos sociales, son el capital financiero, que domina el mundo, que influyendo en la política, en las instituciones, en lo mediático y en lo académico, «continúa promocionando el dogma que sustenta el aparato ideológico que lo sostiene», según el profesor Vicenç Navarro. Sabíamos que el Estado de Bienestar estaba en peligro y ahora padecemos su desaparición. El Banco Central Europeo, la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Fondo Monetario Internacional, insisten en que para salir de la crisis, hay que continuar con las medidas de austeridad: reducir más el gasto público, de forma especial el gasto social; así como continuar con las «reformas estructurales»: facilitar el despido de los trabajadores y reducir los salarios, para el mayor beneficio empresarial. Todo para ellos.

Las políticas de austeridad han causado un enorme daño a la mayoría de la población y Rajoy insiste en ello. El gobierno del Partido Popular, ha eliminado derechos y restringido libertades, en aras de esa austeridad canalla. Gran parte de los derechos perdidos, están ocasionando calamidades, sufrimiento humano y muertes en tiempos de paz, siguiendo planes premeditados, con estilo propio de un estado totalitario. Estamos sufriendo una auténtica «Solución final» made in PP.

lunes, 23 de marzo de 2015

EL CATECISMO AMENAZA DE NUEVO

La Iglesia Católica lleva siglos controlando de un modo u otro la política en España. Desde los tiempos de los visigodos hasta la actualidad, y exceptuando las etapas de dominación árabe, francesa y republicana en nuestro país, los obispos han vigilado a reyes, presidentes y ministros para no perder su poderosa posición económica e ideológica, hasta el punto de definir incluso la identidad nacional española, vinculando el patriotismo con el catolicismo, ya que a su juicio, todos los que no seamos seguidores de la Iglesia de Roma no podemos ser considerados como auténticos españoles.

Esta concepción, base del nacional-catolicismo practicado por los sectores políticos conservadores y derechistas (y a veces no solamente ellos) parecería que hubiese ido menguando tras la llegada de la democracia a nuestro país, pero ofensivas confesionales como la del nuevo currículo de la asignatura de religión en la enseñanza pública demuestran como seguimos viviendo, con los matices que se quiera, en un estado pseudo-religioso controlado desde la sombra por las sotanas.

Este empeño de la Iglesia por infiltrarse siempre en el sistema educativo y mantener la influencia sobre las mentes de los más jóvenes no es casual, y tiene directa relación con el hecho de que la jerarquía eclesiástica lleva más de dos milenios manejando la propaganda de forma magistral (de hecho el propio término proviene de una bula papal del siglo XVII).

La propaganda, como proceso persuasivo de diseminación de ideas y valores sobre otros individuos o grupos a través de manipulaciones psicológicas, siempre ha encontrado en la infancia y en la juventud un campo abonado perfecto para plantar una doctrina, y la Iglesia obviamente no ha sido una excepción.

Desde los tiempos del paleocristianismo, el adoctrinamiento de las nuevas generaciones ha sido una constante, y no por casualidad, tres de los principales sacramentos suelen tener lugar en dicha etapa (bautismo, comunión y confirmación). Como señalan todos los psicopedagogos, el cerebro del niño es como una esponja a lo largo de todo su desarrollo intelectual, por lo que la imposición de dogmas durante estos años clave deja siempre una huella imborrable en el inconsciente, la cual de un modo u otro arrastrará la persona durante toda su vida.

El nuevo currículo de la asignatura de religión (que todos los colegios públicos están obligados a ofertar) trata de volver a llevar la catequesis a la enseñanza, sustituyendo a la razón por la fe, enfrentándose al evolucionismo e incluyendo el rezo obligatorio como parte de la evaluación de la asignatura, que para colmo de males, puntuará para la nota media final de cada ciclo, lo que vinculara el catolicismo a la posibilidad de obtener una beca o no.

Según lo publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE), los alumnos de religión tendrán que aprender que el origen del mundo es divino y que el ateísmo lleva a la infelicidad del ser humano. También, se eliminan los polémicos debates sobre el aborto o la eutanasia, así como los temas dedicados a otras creencias religiosas como el budismo, el hinduismo, el judaísmo o el islam, lo que nos hace retornar al oscurantismo de la época en la que solamente se admitía la existencia de una sola religión verdadera, la cual el Estado debía amparar por leyes justas mientras perseguía a todas las demás.

Nadie niega que el estudio de las religiones sea importante para comprender la historia del ser humano, todo lo contrario, pero su enseñanza debe enfocarse desde una posición laica y no religiocéntrica. en una asignatura sobre la historia y cultura de las religiones, que muestre desde un marco teórico científico y riguroso como a lo largo de la historia los seres humanos han creado distintos sistemas ideológicos basados en lo divino para tratar de explicar los fenómenos ocultos, instaurar pautas de comportamiento y dar legitimidad a las estructuras políticas.

Una asignatura que dé a conocer a los alumnos todo el legado artístico y la riqueza cultural que los distintos credos nos han legado a las generaciones del presente, pero en todo momento, los profesores deben enfocarla desde una posición de distancia sobre las distintas religiones, y educando para el respeto entre todas ellas. La escuela pública debe presentar a los dioses como lo que son; mitos creados por el ser humano al servicio del propio ser humano, no al revés. Y además, los docentes de dicha materia deberían obtener su capacitación por medio de una oposición pública, no siendo nombrados por el episcopado.

En resumen: aunque nos encontremos en pleno Siglo XXI y llevemos más de trescientos años luchando por sustituir las tinieblas del oscurantismo por la luz de la razón, los líderes políticos conservadores de nuestro país aún se resisten a aceptarlo y por desgracia no solo ellos, ya que veinte años de gobiernos socialistas han demostrado como también los políticos de izquierdas acaban siendo cómplices de este confesionalismo.


El nuevo currículo de la asignatura de religión es más que una simple concesión a la Iglesia: es un verdadero insulto a la inteligencia humana, y lo que es peor, un grave peligro para las futuras generaciones que van a educarse aprendiendo que venimos de una costilla, que una paloma inseminó a una virgen y que los no creyentes estamos condenados a las llamas del fuego eterno. En cualquier caso, esta nueva ofensiva nacional-católica debe ponernos más que nunca en guardia a quienes defendemos una enseñanza laica en nuestro país. Llega el momento de coger el toro por los cuernos, de revocar el concordato con la Santa Sede y de recuperar la plena soberanía educativa (al igual que hicieron los franceses hace ya más de un siglo) eliminando el catecismo de la enseñanza pública.

miércoles, 18 de marzo de 2015

PARA SER UN BUEN TRABAJADOR

Dinámico, moderno, entusiasta, polivalente, políglota, sabes manejar las nuevas tecnologías y te conformas con poco. Disponibilidad inmediata y constante para vivir en cualquier ciudad y trabajar en cualquier horario, las 24 horas al día, los siete días de la semana.

Han conseguido que aceptes la épica del lobo solitario, del francotirador que, aislado en una torre, sobrevive como puede. No tienes raíces y, si las tenías, las has perdido. Nada te ata, ni familia ni propiedades. Eres el trabajador ideal. Dinámico y moderno. Flexible. Tan flexible como el mercado laboral. Eres el contorsionista de los derechos laborales.

Te pareces a los protagonistas de tantas series y películas estadounidenses. Esos que nunca cierran el coche con llave y que cambian de ciudad y de trabajo constantemente, a los que –en mitad de la emocionante trama– nunca les llaman por teléfono sus familiares.

La tecnología te ha subyugado, y a ratos, te crees un privilegiado por disfrutar de los últimos adelantos tecnológicos. Estás orgulloso de tu perfecta aculturación al capitalismo postindustrial.

¿Aculturación? ¿Eso qué es? “Aculturación se refiere al resultado de un proceso en el cual una persona o un grupo de ellas adquieren una nueva cultura (o aspectos de la misma), generalmente a expensas de la cultura propia y de forma involuntaria”, dice la Wikipedia. Esa nueva cultura es laboral y se ha impuesto como se imponen los imperios: por la fuerza, explícita o implícita (agresión o extorsión).

Eso es, exactamente, lo que nos ha pasado. El capitalismo salvaje ha tenido que imponérsenos a la fuerza porque choca contra nuestro concepto occidental de ciudadanía (un concepto que viene de la Antigua Roma, un concepto –para horror de Merkel y de los Chicago boys– mediterráneo y católico, en el sentido etimológico de la palabra católico: o sea, universal). El modo de vida de la Europa mediterránea no es competitivo.

No es la primera vez que lo escribo. En aras de la productividad, la rentabilidad y la competitividad, asistimos al desmantelamiento de nuestro sistema de afectos, apego y arraigo familiar. El aislamiento social está en alza. Se exalta la vida urbana como sinónimo de libertad, individualismo y anonimato (y no como lo que debería ser: colectividad, proximidad, cooperación y vecindad). Se manipula nuestra conducta y nuestra voluntad mediante la potenciación de comportamientos narcisistas, el bombardeo aspiracional de la publicidad y la economía de la frustración.

Tu poco tiempo de ocio ha sido convertido en tiempo de consumo (de hecho se persiguen y castigan las iniciativas de ocio no consumista). El sistema de entretenimiento está diseñado para el control de tu conducta y orientarla a los objetivos anteriores (la diversión sólo se entiende en el sentido de distracción o evasión).


El poco dinero del que dispones lo inviertes en comprarte artefactos (fabricados por esclavos) que te permitirán trabajar más flexiblemente y distraerte mejor. Te crees libre, porque puedes elegir qué comprar (aunque no puedas elegir no comprar) y piensas que nada te ata. El círculo se cierra. Enhorabuena. Eres el trabajador ideal.

martes, 3 de marzo de 2015

EL FUTBOL SEGÚN LOS QUE NO TENEMOS NI PUTA IDEA DE FUTBOL

Estamos condenados a no entendernos, las personas que siguen el fútbol y las que no nos importa una mierda. Hay un odio soterrado que impregna a todas y a cada una de las personas de este país. Es un odio más fuerte que cualquier fascismo social o racial, es algo que permanece y permanecerá sellado para siempre en nuestros corazones, la guerra real. Los seguidores y los detractores. Conviven en las mismas calles, compran en los mismos comercios y muchos incluso viven bajo el mismo techo pero hay un muro enorme que los separa, el muro de la incomprensión. Hablemos de esto joder.

La división tampoco es tan loca como la he planteado en el primer párrafo, pues siempre existen puntos medios y personajes que deciden no posicionarse del todo. Están los que "siguen un poco el fútbol" y los que simplemente "les da igual" y tampoco desarrollan un odio irracional hacia el fenómeno. Si bien estos puntos medios siempre albergan la mediocridad -no posicionarse puede ser considerado como un acto de cobardía- son también necesarios y comprensibles. Nadie puede tener siempre el mismo grado de implicación en todas las cosas y son ellos, este cojín humano, el que evita un enfrentamiento directo, constante y letal.

Yo personalmente creo que el fútbol es un gran montón de mierda pero tampoco me va la vida. Realmente moriría por muy pocas cosas, incluso creo que no lo haría por ninguna. Mi odio hacia el fútbol arde más bien como una pequeña hoguerita de invierno en una choza de pastores. No tengo ni puta idea de fútbol y no me interesa lo más mínimo y por eso quiero que veáis la percepción que tengo de todo este tinglado. El fútbol a través de los ojos del inculto.

El fútbol, lo que sería el deporte en sí -ese acto de golpear un esférico y pretender meterlo en la base del contrario-, no me resulta problemático, es un deporte como cualquier otro. Es más, sus reglas básicas se pueden encontrar en la mayoría de disciplinas deportivas e incluso en casi todas las relaciones humanas, ya sean amorosas, comerciales, políticas o militares. Dicho esto, lo que incomoda más al no aficionado es todo lo que rodea a este deporte; la locura mediática, el fenómeno de estrellas, las concesiones políticas, la locura económica... Debo decir que la violencia que a veces puede generar no me parece especialmente ofensiva, es más, quizá sea la parte más humana del asunto.

Lo primero que percibo de todo este aparato futbolístico es que se trata de un gran timo. Lo veo como algo totalmente orquestado, como el World Wrestling Entertainment. Antaño todos sabíamos que El Último Guerrero era el mejor por que alguien lo había decidido, formaba parte de una ficción aceptada, era una sitcom coreografiada. Y es que observando el fútbol desde lejos se ve claramente que detrás del escenario principal existe una narrativa, un guion ya escrito. Algo tan quirúrgicamente perfecto que no puede ser producto de la suerte o de la técnica concreta que se ejecute en el campo de juego. Está claro que hay demasiados intereses detrás como para dejarlo al azar.

El fútbol, básicamente, es dinero danzando en un campo verde. Es una muestra perfecta del capitalismo menos ético. Y no hablamos ya de corrupción y de tejemanejes varios, el propio juego incluye ese valor económico. Parte del juego es el patrocinio, la compra y venta de jugadores, los clubs que se arruinan, las deudas con los inversores y el propio estado. El juego ha salido del campo e incluso se encuentra en el uso publicitario que hacen de su propia persona los protagonistas de este deporte (tanto jugadores, como entrenadores, árbitros, presidentes, etc.) en todos los medios; el fútbol es también ese anuncio de colonia, de champú, de zapatillas y toda la prensa amarilla que pueda surgir por el camino. Está claro que es un negocio y lo de menos es el acto en sí del deporte.

Otra cosa que desde el otro lado observamos los no iniciados es la desfasada presencia mediática del asunto. Es indecente la cantidad de cobertura que recibe este deporte en particular, ocupando un porcentaje bastante inhumano del global de un telediario (por no hablar de la parrilla televisiva, radiofónica o de los medios impresos y/o digitales). Se dice que es lo que interesa a la gente, que mueve mucho dinero. Sí, vale, pero en qué y a quién beneficia todo esto. Es triste pero esta mediatización tan extrema ha causado estragos en otros sectores. Ya se ha hablado de ciertas decisiones gubernamentales referentes a la emisión de este deporte que afectaron directamente a la industria cinematográfica, que vio desplazado su público al tener que competir con los partidos de los domingos, uno de los días de mayor facturación de los exhibidores.

Luego están los sentimientos. Es jodido ver como este teatrillo realmente afecta a las personas. No hay nada más patético que un hombre lamentando la derrota de su equipo, sentado en el bar, llorando. Lágrimas de fútbol recorriendo sus mejillas. Esa tristeza de postal, impostada, generada por la nada absoluta. Hombres que no lloran ni en los funerales de sus madres pero que se les rompe el corazón en los estadios. Pasa lo mismo con la felicidad: esa explosión de alegría desmedida que dura cinco minutos. No es la alegría de ganar, es la alegría de derrotar al otro. La ilusión por el fracaso ajeno. Sentimientos todos ellos generados por una enorme maquinaria del espectáculo. A nivel audiovisual el drama está perfectamente dirigido, te lleva por donde quiere y estalla en tu corazón. Ese gancho emocional es lo que genera adicción y es por lo que jamás abandonarás a tu equipo.

La constancia. Que alguien me lo explique, esta gente siempre está jugando partidos. Que si ahora la Liga, que si la Champions, el Mundial... Joder, siempre hay algo. Que no pare la máquina, que no haya un segundo de no-fútbol. Alimentad al jodido pato para que salga un buen foie de canard. Esta constancia hace que el interés o la emoción desaparezcan ya que lo eterno, la desaparición del tiempo genera una espiral infinita, repetitiva, cíclica. ¿Cómo se puede ganar una carrera que nunca termina?


¿Y qué me decís del eterno bipartidismo? Esa dualidad, la distinción de dos grandes enemigos para generar un mensaje comprensible. Dos equipos con dos formas de entender el juego muy distintas. Cuéntame otra. A esto del fútbol se le ve el plumero. Los seguidores sois unos putos chalados, unos tipos obsesionados por algo que apenas existe. Por otra parte, supongo que los que lanzamos este tipo de delirios sobre el fútbol también parecemos unos putos locos. Unos conspiranoicos. Aquí no se salva ni Dios.

martes, 3 de febrero de 2015

HEROICOS LUCHADORES

"Hay una grieta en todo. Así es como entra la luz" Leonard Cohen

       
Tenía aún restos de sangre en la palma de sus manos. Cuando empezó todo, encontró a un compañero con un corte en la ceja. Taponó la herida con un viejo pañuelo y siguió corriendo. Ahora estaba acurrucado sobre aquella pared, solo, hambriento y con un fuerte dolor de cabeza. Le abrasaba un raspón sobre el costado y sentía que algo no encajaba bien en su hombro izquierdo. Reconocía un hematoma en su pierna y una hendidura en aquellos pantalones vaqueros que le regaló su madre en su último santo. Al encontrarlo, y mientras jugueteaba con su diámetro, pensó en ella, en su modo de ser tradicional, en su forma de amar incondicional, en lo preocupada que se sentiría en ese momento, sin saber dónde se encontraba su hijo. Sintió una fuerte congoja que hizo brotar una lágrima caprichosa por su mejilla, hasta perderse en la comisura de sus labios. Después pensó en que faltaría al trabajo, que perdería días de sueldo, que le resultaría más difícil llegar a fin de mes. Todo pareció ser un desastre de pronto. Entonces cerró los ojos.
  
Se abrió la puerta. Alguien empujó a una mujer dentro de aquel habitáculo oscuro. Cojeando, llegó hasta un rincón y apoyó su espalda contra la pared. Aún tenía la respiración entrecortada. Trataba de recobrar el aliento mientras se acariciaba el brazo derecho. Al descubrirlo, encontró un fuerte moratón que nacía sobre su codo y moría en su muñeca. Sentía un dolor persistente en su tobillo izquierdo que le recordaba a su adolescencia, cuando presumía de haber sufrido un esguince que le permitió que su vendaje atrajera la atención de los amigos durante un par de semanas. Y su pelo. Juraría que le habían arrancado de cuajo parte de su larga melena negra. Aún no llevaba allí el suficiente tiempo como para pensar en el miedo que estaría pasando su pareja, a quien perdió de vista durante la estampida. Aún no había valorado que a la mañana siguiente no podría acudir a esa entrevista de trabajo que había conseguido después de tanto tiempo intentándolo. Aún no había previsto qué explicaría a su padre, que siempre le advertía de que fuera con cuidado. Aún no había sentido ganas de llorar.   Fuera de la comisaría, varias decenas de personas pedían la liberación de los detenidos. La policía les pedía la documentación y ellos no paraban de gritar, con la ilusión de que ese aliento llegara hasta la celda en la que se encontraban los detenidos. Él y ella, un segundo después, consiguieron descubrirse en la penumbra. Se miraron. Y sonrieron. 
  

Él se levantó del suelo como pudo y se acercó hasta ella. Después, se abrazaron como dos hermanos que se reencuentran después de mucho tiempo; o tal vez como una pareja de novios que ansía demostrarse comprensión; quizás, como dos grandes amigos que omiten las palabras porque no resultan necesarias. Y como si la luz de ese instante de complicidad traspasara todas las puertas cerradas que les alejaban de la calle, una breve pero intensa ráfaga de viento sacudió a los que se solidarizaban a las puertas de la comisaría, haciendo que a uno de los agentes se le cayera de entre las manos el documento de identificación de uno de ellos.   Les habían detenido, sí. Habían caído derrotados, es cierto. Pero habían luchado con todo su corazón.. una vez más

miércoles, 28 de enero de 2015

PERMÍTANME QUE ME DESAHOGUE

No sé si estoy más enfadado por la aprobación de la Ley Mordaza, por la negativa del gobierno a aplicar la Ley de Memoria Histórica, la estafa, supuesta, de Rato en Bankia, las declaraciones del opusino Fernández, sobre las expulsiones en caliente de inmigrantes, o por la no imputación por parte del fiscal anticorripción de la hija del rey y hermana de rey —que si no queríamos uno, tenemos dos—. Estoy hasta la coronilla, muy enfadado, indignado y asqueado.

Es mi problema. «A quien le importa lo que yo haga, a quien le importa lo que yo diga, yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré», cantaba Alaska y Dinarama, allá por 1986 «Quizás la culpa es mía por no seguir la norma, ya es demasiado tarde para cambiar ahora». Permítanme que me desahogue, es un favor que les pido, porque me estoy ahogando con tanta miseria, engaños, corrupción y tomadura de pelo.

Ahora sale Rajoy diciendo que la crisis ha terminado. «En muchos aspectos es historia pasada, ya se nota en los salarios». ¡Canalla! Además de mentira es una falta de responsabilidad, desvergüenza y cinismo, faltando el respeto a los millones de personas que sufren por sobrevivir. Algunos datos y señales que dan frío:

Si se incluyera a las personas «desanimadas», que la EPA excluye de su concepto de parado, el desempleo lo sufrirían 7.013.678 personas, según cálculos de Llorenç Pou Garcias). Sube la tasa de pobreza energética, las familias que destinan más del 10% de su renta a la luz y el gas alcanzan el 16,6% y el 9% no puede mantener una temperatura adecuada. El paro registrado afecta a 4.500.000 personas. La deuda pública alcanza el record histórico de 1,020 billones, el 96,8% del PIB. El 27,5% de los niños vive en riesgo de pobreza; 1.789.400 hogares tiene todos sus miembros sin trabajo (El Mundo 23 octubre); la tasa de paro juvenil es del 53,8%; los salarios bajando y los precios en caída libre, rayando la deflación y la depresión económica; los desahucios aumentando y el salario mínimo en 645,30 €.

El 40,6% de los españoles vive en la precariedad, el 24,2% sufre exclusión moderada y el 10% en severa marginalidad; sólo el 34,3% vive sin carestías esenciales, según Cáritas. España el país de la OCDE en el que más ha aumentado la desigualdad y ahora la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico insta a atajar la desigualdad para favorecer el crecimiento. Como dice Pareja en El Plural: «Para todos ellos la crisis es, efectivamente, historia; para la mayoría, si no hacemos algo pronto para solucionarlo, será desgraciadamente histórica». Pese a todo, quizás Rajoy diga verdad, al decir que la crisis ha llegado a su fin, aunque yo tengo una visión diferente a la del presidente. Ya lo dije en anteriores entradas: «Es lo que querían. Es su modelo».

Por si fuera todo poco, nueva trama. El Consejo General del Poder Judicial ha convocado a concurso la plaza que ocupa el juez Ruz en el juzgado número 5 de la Audiencia Nacional. Todo parece premeditado, para que la Gürtel quede en nada, por la financiando ilegal (presuntamente) del Partido Popular (prometo no repetir el «presunta» otra vez, porque sería cansino, además de falso). Según fuentes cercanas al juez, no pedirá la prórroga en marzo; nadie es más consciente que él de los riesgos que se ciernen sobre el caso Gürtel. «Si siempre estaban latentes, ahora más que nunca», dice Ernesto Ekaizer. Podríamos estar ante otro caso de financiación ilegal del PP que quedaría sin juzgarse, como el Naseiro, archivado por el Tribunal Supremo, a causa de irregularidades de instrucción del sumario. (Me adelanto a la puntualización: el caso Filesa, se juzgó y hubo condenas). El PP hace trampas, cuando le van mal las cosas con la justicia, cambia las reglas durante el tiempo de juego y hasta de jueces como Garzón o Silva. Mientras siga Ruz con la causa, debería procesar a todos los implicados y abrir juicio oral, como corresponde.

El PP, en solitario y haciendo uso legal pero no legítimo de su mayoría absoluta y falseando datos sobre disturbios violentos, para justificar la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana, aprobó la Ley Mordaza, que de hecho significa un recorte en las libertades y «una amenaza para los Derechos Humanos» (Amnistía Internacional). Esta reforma sustituye a la denodada «ley de patada en la puerta», que de por sí ya era un retroceso en las libertades.

Es una reforma innecesaria que restringe las libertades ciudadanas y significa el regreso al antiguo Tribunal de Orden Público franquista. La ley que criminaliza las protestas, recorta los derechos fundamentales de expresión y manifestación, convirtiendo a la ciudadanía en criminales, por protestar en favor de los derechos y contra los recortes sociales. Como dice Patricia Hernández el PP «tiene alergia a los derechos civiles», y a todos los derechos y libertades, añado yo. La oposición de izquierdas, tiene que ejercer un boicot parlamentario. No es suficiente manifestar que se derogará cuando se llegue al gobierno; no vale con votar 'no' o abstenerse; hay que ausentarse, para no legitimar, aun mudos, con la sola presencia, la aprobación de leyes injustas. España vuelve a ser una dictadura y Rajoy un dictador. Avanzamos hacia el pasado.

En relación con las Víctimas del franquismo, el PP en el Senado, ha rechazado la moción del PNV, apoyada por el resto de grupos, para reanudar la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica, tomar medidas para reconocer a las víctimas del franquismo y colaborar en la recuperación de los desaparecidos. El PP, no solo no quiere investigar la corrupción que le cerca, sino que como buen heredero del franquismo, se niega a reconocer los crímenes que están ocultos en fosas comunes y en cunetas de los caminos. «A todas las víctimas les debemos un compromiso y eso tratamos de buscar con esta moción», decía desde la tribuna el ponente Jokin Bildarratz. A ello contesta el senador Alejandro Muñoz-Alonso «No hemos hecho comisión de la verdad ni falta que nos hace». Es comprensible la actitud del PP: cómo va a tener compromiso con las víctimas del franquismo, si no lo tiene con los enfermos crónicos actuales ni con las personas dependientes ni con los ancianos ni las personas desprotegidas. Más de 100.000 dependientes han muerto sin haber recibido las ayudas. Parece como si estuvieran aplicando su particular «Solución final». Recuerdan a Patricia Flores, ex viceconsejera de Asistencia Sanitaria de la Comunidad de Madrid con Esperanza Aguirre, cuando dijo «¿Tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema?»). Lo que digo, exterminio es lo que hacen.

Y con las mismas malas artes, llega el ministro (de la porra) Fernández Díaz, con la caridad opusiana que le caracteriza, dirigiéndose a los críticos con las devoluciones en caliente, propone enviar a los inmigrantes de la valla a casa de quienes los defienden: «Que me den la dirección y les enviamos a esta gente». Palabras de un indeseable. Todavía no ha dimitido, porque no tiene vergüenza, ni él ni el presidente del gobierno que le mantiene. El Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha pedido a España que dé explicaciones sobre la devolución sumaria de inmigrantes en Ceuta y Melilla, por la violencia policial en la represión de los saltos en las vallas fronterizas y las denuncias de malos tratos a inmigrantes en los Centros de Internamiento de Extranjeros. El gobierno que tan sumiso cumple las directrices económicas que le dan desde instancias internacionales —UE o FMI—, da la callada por respuesta, violando los DDHH, incumpliendo entre otros, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Lo de Rodrigo Rato es para que ya estuviera en la cárcel preventivamente, para evitar su huida y otros males. El informe realizado por los peritos designados por el Banco de España, a petición del juez que instruye el caso Bankia en la Audiencia Nacional, viene a decir que cuando salió a Bolsa, las cuentas presentadas «no expresaban la imagen fiel» del banco, que pasó en tan solo unos días —tras la dimisión Rato en 2012—, de unos beneficios de 309 millones de euros a reconocer un agujero de casi 3.000 millones. Rato y su equipo falsearon las cuentas, inflando su valor, para facilitar la venta de acciones y eso les debe costar la cárcel.

El Código Penal (art.282 bis) establece que «Los que, como administradores de hecho o de derecho de una sociedad emisora de valores negociados en los mercados de valores, falsearan la información económico-financiera contenida en los folletos de emisión de cualesquiera instrumentos financieros o las informaciones que la sociedad debe publicar y difundir conforme a la legislación del mercado de valores sobre sus recursos, actividades y negocios presentes y futuros, con el propósito de captar inversores o depositantes, colocar cualquier tipo de activo financiero, u obtener financiación por cualquier medio, serán castigados con la pena de prisión de uno a cuatro años», pudiendo llegar hasta los seis, si el perjuicio fuera de notoria gravedad (art.308).

Pero el ex director del Fondo Monetario Internacional —que parece no es tan buen gestor—, no es el único culpable. El Banco de España y los directivos de entonces, la CNMV y la auditora Deloitte —que certificó 309 millones de ganancias, en lugar de 3.000 millones de pérdidas—, son cómplices necesarios de la estafa de Bankia. En este caso, el delito de «maquinación para alterar el precio de las cosas» es de libro. Se estudiará como ejemplo en las facultades de derecho.

Y que decir de Cristina Federica de Borbón y Grecia, imputada por ser cómplice de su marido Iñaki Urdangarín, que si los jueces no lo remedian «tu te comes solito el marrón» pactado en famiglia. Cristina ha sido participe a título lucrativo y se benefició de los fondos que evadió su marido, además de cometer un delito fiscal por impago de IRPF, pero ella no sabe nada. El fiscal acusa a Urdangarín de ocho delitos castigados con más de 19 años de cárcel, su señora de rositas. Al ex socio Diego Torres se le imputan siete de estos delitos. El Ministerio Público acusará a la mujer de Torres, de un delito de blanqueo de capitales y exculpará a la Infanta por ser quien es, como muestra de que la justicia no es igual para todos y menos si eres miembro de la familia real; todo un ejemplo de desvergüenza, rayando la prevaricación.

El rey padre y el rey hijo encantados. La Historia tendrá que juzgar a esta familia que según todos los indicios, tiene una fortuna estimada de alrededor 2.300 millones de dólares (unos 1.680 millones de euros), según el New York Times en 2012. El canal NBC, calcula la fortuna de Juan Carlos I en unos 2.000 millones de euros. En 2003 la revista Euro Business situaba al monarca entre los europeos más ricos (en la posición 112) con un patrimonio total de 1.700 millones de euros. «A falta de cifras oficiales, las estimaciones que hacen medios internacionales de prestigio oscilan casi todas en unos rangos similares y situarían al rey como una de las personas más ricas de España». ¿Cómo han conseguido tantísimo dinero? No hay transparencia, sí mucha opacidad y secretismo; datos inviolables como la persona del rey y excesivos privilegios que algún día tendrán que acabarse.


Comencé a escribir estas líneas con enfado, indignación y asco. Con tanto robo, estafa y fraude no es para menos, aunque ahora estoy más desahogado; gracias por permitírmelo. Termino donde dejé la canción de Olvido «Me mantendré firme en mis convicciones, reportaré mis posiciones», para quién le interese. Mi destino lo elegí yo y en el sigo; por convicción, por dignidad, mientras que el cuerpo aguante.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

MAYORÍA SILENCIOSA O INMENSA MAYORÍA

Vivimos en un país donde se prostituye continuamente el lenguaje, manoseando las palabras hasta límites insufribles para nuestros oídos. Donde la derecha rancia hace suyos vocablos que otrora llenaban el blanco inmaculado de las pancartas que abrían las manifestaciones (progreso, cambio, etc...), y la izquierda miope abandonando las trincheras ideológicas, emplea palabras en un afán baldío y equivocado de monopolizar al conjunto de la sociedad (ciudadanía, reforma, etc...)

Siendo muy gráfico, cuasi tan contundente como una viñeta de El Roto, equivaldría a decir que la derecha con tal de seguir hegemonizando nuestra sociedad sería capaz de quemar sus naves por captar incluso el voto de los presos políticos del entorno abertzale, y que la izquierda (al menos una parte sustancial de ella), no dudaría en gastar toda su artillería pesada con tal de captar el voto en los aledaños e incluso en las confortables moradas de los Florentinos Pérez, los Amancios Ortega, Botines, Koplowitzs, y puestos ya, hasta en la mismísima Zarzuela.

Atrás quedan, en una orilla, la defensa de la clase "obrera" como bandera de la izquierda, y en la otra, el respeto de lo que decidan los "votantes" como seña de identidad en el mensaje martilleante de la derecha. Por ambos términos, "obrera" y "votantes", ha pasado como un ciclón el vértigo con que se suceden los acontecimientos políticos y sociales en nuestro país. Ahora ambos bandos, izquierda y derecha, en un tótum revolútum, andan a la caza de los respetabilísimos "ciudadanos". Es la moda que se ha impuesto este último año en la "Fashion week" de nuestra manoseada política nacional.

Pero el panorama es más desolador y nauseabundo, si giramos nuestra vista buscando refugio en los medios de comunicación, ese que dicen cuarto poder, cuyos periodistas adoctrinados a lo sumo que aspiran es a ser los lacayos y limpiabotas del capitalismo patrio.

Es del todo punto de vista infumable, la retahila de sandeces y frases huecas del coro de grillos que engrosan la caverna mediática (los Inda, los Marhuendas, los Rojos, los Losantos, los Herreras, las San Sebastian, las Durán, etc...), con tal de conservar su parcela de privilegios en unos medios de "desinformación" masiva, que están en manos del poder económico y financiero más canalla y cruel, que a su vez también es el manijero implacable que rige los torpes movimientos de un gobierno de la nación acartonado y petrificado, encantado de haberse conocido.

Entre la inmensa mayoría que defiende Julio Anguita, con su paciente mensaje buscando parcelas de convergencia social y política, y la mayoría silenciosa que se reclama para sí el ínclito Mariano Rajoy, es donde hay que buscar las respuestas y los resortes para encauzar unas dignas salidas a esta crisis económica y de valores que aqueja a nuestra sociedad, la cual con las recetas y paños calientes de la Troika, es incapaz de superar la patología de languidecimiento crónico que está padeciendo.

Desde mi humilde punto de vista no son buenos tiempos para ese segmento de la sociedad que actúa como si con ellos no fuese la cosa, esos miembros de una clase media que empieza a resquebrajarse, que la única revolución a la que están dispuestos, es aquella que tienen a su alcance desde el sofá, la mesa camilla y el refrigerador. Triste muestra lamentable de esa mayoría silenciosa, que sin mover un dedo están acostumbrados a que otros les saquen las castañas del fuego.

Tampoco son buenos tiempos para otro segmento social, que solo alza la voz en las barras de los bares y en los recintos deportivos de los espectáculos de masas, pues están cuidadosamente narcotizados con polémicas estériles alentadas por unos irresponsables medios de comunicación, que con tanto despropósito y manipulación, inducen a una violencia que a veces tiene como colofón el trágico resultado acaecido la semana pasada en los aledaños del campo de fútbol del Vicente Calderón, con un aficionado al que se le ha segado la vida de forma trágica e injustificable. ¿Qué hacemos con los culpables? La cárcel debiera ser su único sitio.

En cambio, si son buenos tiempos para ungirnos con nuestro mejor atuendo de dignidad, y salir a nuestros barrios, para llenar sus calles de decencia, justicia y solidaridad. Son unos magníficos tiempos para seguir apoyando sin fisuras las Marchas de la Dignidad pidiendo algo tan revolucionario como pan, trabajo y techo. También apoyando a todas las Mareas Ciudadanas que luchan por el mantenimiento de los servicios públicos en sectores como la sanidad, la educación, los servicios sociales, la dependencia, etc. Apoyando la plataforma Stop Desahucios que están al lado de los seres más vulnerables de nuestra sociedad haciendo una labor colosal.

Todo lo que sean nuevas estrategias y herramientas de lucha contra la barbarie capitalista, bienvenidas sean (facebook, twitter, etc...). El fenómeno Podemos al que sigo con diligencia y entusiasmo, pero también con la exigible y necesaria distancia, percibo pueda estar cayendo en cierto grado de autocomplacencia con su imparable militancia virtual (Ágora Voting).
Observo con preocupación cierto desdén desde las filas de esa militancia virtual hacia la militancia tradicional, la de las fábricas, la de los tajos de trabajo, la del surco y el jornal. Pienso que es un error mayúsculo, que confío sepan atajar a tiempo desde la inteligencia, habilidad y astucia de sus cuadros dirigentes. Ambas militancias no pueden ni deben estar enfrentadas, sino que deben retroalimentarse la una de la otra y encajar como las piezas de un puzzle.

No hay que sonrojarse ni pedir perdón por estar en las viejas trincheras de la lucha social. Para nada están obsoletas. Soy de los que piensan que el ser humano como mejor siente en sus propias carnes los valores de la solidaridad, la fraternidad, la justicia, la libertad, es cuando camina codo con codo al lado de su semejante, al lado del que ningunean y esclavizan, al lado del que desahucian y enajenan, al lado del que arrebatan su dignidad, al lado del que le embargan hasta sus sueños.

La militancia virtual sin rostro humano, sin el latir caliente de la sangre, corre el riesgo de subir como la leche en el fuego, pero también de desmoronarse como un castillo de naipes. No sabría muy bien donde ubicar este fenómeno social mediático, sin precedentes en nuestra historia reciente.

Tiene señas de identidad propias de la mayoría silenciosa que debieran combatir, pero también está ampliamente impregnado de las singularidades que definen a la inmensa mayoría. Apuesto firmemente por su encuadramiento y afianzamiento en esta última. La mayoría silenciosa, mejor dejarla rumiando su cobardía y su complicidad con el aumento de la pobreza de este país, e incluso con los muertos que provocan los criminales desahucios. Allá su conciencia, si la tienen.

Detrás del teclado de un ordenador es muy fácil demostrar indignación y movilización. Lo difícil viene siempre cuando desde nuestra vida en precario, casi a precio de saldo, hay que salir a la calle a mostrarnos cara a cara, a enfrentar a nuestro banquero, a nuestro jefe, a nuestro alcalde.

Conozco a muchos gallitos, algunos perros ladradores, a los que a la hora de la verdad se les va toda la fuerza por la boca, para finalmente en espantada, salir corriendo con el rabo entre las piernas. Lo difícil es hacer nuestros sin dobleces, a plena luz del día, con luz y taquígrafos, aquellos versos de Gabriel Celaya que dicen:

"A la calle que ya es hora
de pasearnos a cuerpo,
y mostrar que pues vivimos
anunciamos algo nuevo".


¡Ay!, si en hacer esto último invirtiésemos lo mejor de nosotros. Con toda certeza, otro gallo cantaría las cuarenta a este sistema capitalista salvaje, criminal y genocida.