martes, 11 de septiembre de 2018

A FELIPE VI LE ENCANTAN LAS BATALLAS


Sus majestades los reyes católicos nuestros señores, que Dios guarde, viajaron el pasado 19 de julio de 2018 a Bailén, para celebrar los 210 años de la batalla librada en la localidad contra el ejército del rey José I. A nuestros actuales soberanos les gustan mucho las batallas. Las que describió Góngora en un verso que citaba Verlaine con regodeo: “A batallas de amor, campo de pluma.” En el Ayuntamiento el alcalde, Mariano Camacho, les entregó la llave de oro de la ciudad, dándola por cautiva y desarmada ante la presencia real. También visitaron la iglesia de la Encarnación, para contemplar el panteón del general Castaños, vencedor de la batalla. Como diría Bertolt Brecht, al general le ayudaría alguien, aunque toda la gloria se le achaque a él exclusivamente.
Pero José Bonaparte era el rey legítimo de España, por cesión de los dos indignos monigotes borbónicos que se disputaban el trono. El segundo hijo de Carlos III, llamado como su padre, fue jurado heredero el 19 de julio de 1760, porque el primogénito era subnormal profundo. También él padecía las taras congénitas en los borbones, pero se le notaban menos.
Los vasallos estaban acostumbrados a la locura familiar, heredada del primer fatídico Borbón, Felipe V. Una demostración de su idiotez la materializó al casarse con su pariente María Luisa de Borbón Parma, que disfrutó de los favores de toda la guarnición de palacio antes de quedar prendida en los encantos de Manuel Godoy. Para justificarse lo elogió ante su marido, que también perdió la cabeza por aquel joven de 25 años y le nombró secretario de Estado, lo que hoy es el jefe del Gobierno, y le concedió el ducado de la Alcudia con grandeza de España, primero de los títulos que acumuló, aunque para el pueblo fue siempre El Choricero.
Los borbones acostumbran a otorgar ducados, con grandeza o sin ella, a los seres más viles de su reino. Además le casó con su prima María Teresa de Borbón y Vallabriga, condesa de Chinchón, para justificar su familiaridad con el favorito con el inútil propósito de no despertar sospechas.
Los escándalos de la Corte servían de mofa en verso y en prosa, por lo que el pueblo deseaba terminar con la corrupción derribando al trío. En la madrugada del 17 de marzo de 1808 el pueblo asaltó el palacio de Godoy en Aranjuez, en donde descansaba la Corte, y destruyó sus pertenencias, sin conseguir encontrar al favorito porque se ocultó dentro de una alfombra enrollada.
De allí los revolucionarios se dirigieron al palacio real, para exigir la destitución del favorito, lo que prometió hacer un acobardado Carlos IV, que vivía atemorizado desde que conoció el trato dado en Francia a su pariente Luis XVI. El 19 fue arrestado Godoy, al tener que salir de su encierro por necesidad, y el rey decidió evitarse más sustos abdicando en su presunto hijo Fernando, que no lo era, según él mismo contaba.
El pueblo de Aranjuez entonces, y toda España al saber a noticia, aclamaron a Fernando VII, al que suponían bien preparado para asumir esa herencia, y unas virtudes de honradez y decencia nunca vistas en un Borbón. El pueblo suele engañarse ante las apariencias.
Ya había entrado en España el ejército de Napoleón Bonaparte, con autorización de Carlos IV por consejo de Godoy, a quien solamente le faltaba un título, el de rey, y pretendía alcanzarlo. Persuadió a Carlos IV sobre la conveniencia de firmar con el emperador de los franceses un tratado, conocido como el de Fontainebleau, el 27 de octubre de 1807, mediante el cual se autorizaba el paso del ejército francés por España para que invadiese a Portugal. Una vez conquistado se dividiría en tres partes, y la del Sur se le daría a Godoy con el título de príncipe de los Algarves.
El ejército francés no invadió, por tanto, suelo español, sino que entró con permiso real. La historia lo demuestra sin la menor duda. Los reyes y el favorito le invitaron a pasar con todas las garantías. Lo que no esperaba el trío de Madrid es que Napoleón tuviera sus propios planes, y que además de Portugal quisiera apoderarse de España, por el momento, como después de toda Europa.
Napoleón designó como su lugarteniente al mariscal Murat, quien llegó a Madrid el 22 de marzo. Dos días después lo hizo Fernando VII, entre las aclamaciones del pueblo, que veía en él a un libertador de las corrupciones de sus padres, o al menos de su madre, porque la paternidad se discutía, dada la conocida liviandad de la reina, debido a que era Borbón también. Necesitaba que las Cortes reconocieran la abdicación de su padre y le proclamaran sucesor a título de rey.
El proyecto se le complicó, porque el abdicado Carlos IV escribió a Murat para explicarle que la abdicación era inválida, porque fue forzada. El mariscal informó al emperador de las disputas entre el hijo y su presunto padre, y el emperador supuso que el pueblo español estaría deseando libarse de aquella pandilla degenerada.
Se equivocó, el pueblo español se hallaba fanatizado por la predicación de curas y frailes, opuestos a Napoleón a consecuencia del maltrato dado a su papa Pío VII, al privarle de sus poderes temporales como rey de Roma, y llevarlo preso a París para que oficiase la ceremonia en que él mismo se coronó como emperador el 2 de diciembre de 1804. Con ese precedente temían perder sus seculares privilegios con los borbones.
En consecuencia, Napoleón puso en marcha un plan, que consistía inicialmente en reunir en Bayona a toda la familia irreal española. El 10 de abril inició el viaje Fernando VII muy complacido, ya que esperaba conseguir la aprobación del emperador de los franceses a su dudosa titularidad como rey de España. Sus consejeros intentaron disuadirle de cruzar la frontera, porque sospechaban que las intenciones imperiales no eran afables, pero no les hizo caso. El 30 llegaron Carlos y María Luisa, también muy esperanzados de convencer al emperador de que la abdicación no era válida. Debía seguirles el resto de la familia irreal borbónica.
Sin embargo, el 2 de mayo, cuando iba a subir a un carruaje el infante Francisco de Paula, apodado en la Corte “el del abominable parecido”, porque era el retrato a tamaño reducido de Godoy, el pueblo madrileño quiso impedirlo, y con ese gesto dio lugar a la guerra entre los ejércitos de Francia y España en territorio español, que nunca debió ser.
Ese mismo 2 de mayo de 1808 Carlos IV explicaba a Napoleón su teoría sobre los sucesos de Aranjuez, y el emperador le confirmó como rey legítimo de España. Por poco tiempo, ya que al día siguiente cedió a Napoleón sus derechos al trono español. El día 6 Fernando VII renunció a sus derechos a la Corona a favor de su padre, de modo que Napoleón adquiría legítimamente el título de rey de España, por cesión de los dos reyes en litigio. El día 10 Napoleón designó a su hermano José como rey de España, en un acto absolutamente legal. Dado que España carecía de una Constitución, se regía por usos y costumbres.
Precisamente una de las primeras tareas puestas en marcha por el rey José I consistió en reunir en Bayona a unos notables españoles, se calcula que 93, para que elaborasen el primer texto constitucional de España, entre el 15 de junio y el 7 de julio de ese año de 1808. Se miente al decir que la primera Constitución fue la de Cádiz de 1812, porque la de Bayona es cuatro años anterior, encargada por José I.
El 8 de julio las Cortes Constituyentes, terminado su trabajo, celebraron una sesión solemne en Bayona: José I juró fidelidad al texto, convirtiéndose así en el primer rey constitucional de España, y los diputados le juraron fidelidad. En el mismo acto el rey legítimo dio a conocer los nombres de los ocho secretarios que formarían su primer Gobierno. El exrey Fernando de Borbón se apresuró a enviar su felicitación al iniciador de la nueva dinastía bonapartista.
El día 20 entró en Madrid el rey José I, ante la frialdad de la población, azuzada por las predicaciones de curas y frailes. Tres días después una real orden amnistiaba a quienes tenían cuentas pendientes con la Justicia. No se podía pedir mejor comienzo para un reinado.
Y no obstante el fanatizado pueblo español rechazó a José I, apodado El Intruso porque era francés, como si el iniciador de la dinastía borbónica, Felipe V, hubiera nacido en Castilla: fue siempre francés, no se dignó aprender el castellano ni interesarse por las costumbres hispanas, lo que obligó a los cortesanos a aprender el francés y los usos franceses, por lo que al siglo XVIII español se le califica de afrancesado. Y además padecía neurosis, tuvieron que encerrarlo en una habitación en la que permaneció desnudo y pegando alaridos hasta su muerte. Sus taras fueron heredadas por sus sucesores, lo que incapacita a la dinastía borbónica para reinar.
Por el contrario, José I era simplemente un hombre normal, superior por eso a todos los borbones juntos. Como imbuido del espíritu de la Revolución Francesa creía en su divisa de libertad, igualdad y fraternidad. Quiso modernizar a Madrid, y para ello ordenó derribar algunos de los innumerables conventos e iglesias existentes y no construir en los solares, por lo que fue apodado Pepe Plazuelas.
También le llamaban Pepe Botella, acusándolo de beodo, una falsedad, debida a un incidente ocurrido cuando la intendencia francesa viajaba a Madrid: un carro que transportaba toneles de vino para la tropa sufrió un accidente, lo que motivó que fueran requisadas barricas de los cosecheros riojanos, con su indignación comprensible al sufrir una merma en su negocio, por lo que en venganza difundieron el embuste de que el rey era un borracho. La historia demuestra que era sobrio, a diferencia de los borbones, excesivamente aficionados a los licores más caros, que a ellos les salen gratis, y para los que construyen bodegas asombrosas, con arenas traídas de lugares exóticos para que se conserven a una temperatura ideal. Paga el pueblo.
En su corto reinado aprobó leyes sociales en beneficio de la sanidad, la educación y la justicia, lo que nunca hicieron los borbones porque nunca les ha importado la situación de sus vasallos. Intentó pacificar al país, haciendo propuestas muy sensatas a la Junta Central Suprema que organizaba la insurrección desde Sevilla, y a otras juntas provinciales, sin ser escuchado. Los junteros deseaban la guerra para echar a toda cosa al primer rey constitucional de España, simplemente porque tal era el deseo de la clerigalla.
Le apoyaron las mentes más libres del reino, los conocidos por ello como afrancesados, insultados por los retrógrados como traidores a España. Ocurrió exactamente lo contrario, los afrancesados pretendían modernizar a la triste España, hundida todavía en los horrores de la Inquisición, el sanguinario tribunal abolido por Napoleón nada más entrar en España.
Los afrancesados aceptaban el espíritu progresista de la Enciclopedia, les dolía la degeneración borbónica, pretendían modernizar la nación, erradicar el fanatismo, extender la cultura al pueblo, limitar el poderío de la Iglesia catolicorromana, y someter el poder real a la Constitución. Reconocieron al rey José algunos capitanes generales, mariscales de campo, generales, arzobispos, obispos, duques, condes, marqueses, la burguesía ilustrada, escritores, y también Francisco de Goya, quien retrató al nuevo rey y recibió de él en 1811 la Real Orden de España.
Es imposible calcular el número de españoles que reconocieron a José I. Según historiadores de la época, los españoles que atravesaron los Pirineos tras la derrota del ejército francés en la batalla de Vitoria, librada el 21 de junio de 1813, componían unas doce mil familias. Es de resaltar que entraron en Francia sin ninguna clase de bienes ni dinero, porque mientras sirvieron al rey José no habían pensado en enriquecerse. Por eso su situación fue muy delicada mientras duró su exilio.
Hubiera sido un gran rey, desde luego preferible a todos los borbones juntos, pero la insensatez de la mayor parte de los españoles quiso expulsarlo y lo consiguió. En cambio, acogieron con júbilo a Fernando VII, apodado en principio El Deseado, aunque enseguida su despotismo obligó a cambiar ese mote por el de Tigrekán, también por El Rey Felón, y más corrientemente por el de Narizotas con buen criterio, al observar sus retratos.
Se equivocaron los españoles al combatir para reponer en el trono a este sujeto indeseable, que se comportó desde su regreso como un dictador prepotente y genocida. Aunque él renunció voluntariamente al trono conseguido de una manera insólita, y aunque él se marchó por su gusto a Bayona, puso en marcha una venganza criminal contra quienes habían tenido algún cargo durante “los mal llamados años”. El 16 de abril de 1814 llegó a Valencia, donde fue recibido por la algazara popular. Continuó viaje hasta Madrid, aclamado con entusiasmo en todos los lugares por los que pasaba. El populacho, incitado por la clerecía, daba vivas al rey, a la religión y a la Inquisición.
Inmediatamente empezó a dictar órdenes para favorecer el absolutismo real, y perseguir implacablemente a los afrancesados y liberales. Por decreto del 4 de mayo declaró “nula y de ningún efecto la Constitución” de 1812. Por otro del 21 de julio restableció el tribunal de la Inquisición, a la vez que ordenaba devolver al clero los bienes que hubiera perdido durante el reinado de José I. Sucesivamente fue anulando todos los acuerdos tomados durante su retiro en Valençay.
        
         La represión afectó no solamente a los que aceptaron al rey José I, sino a cuantos habían intervenido en las juntas que tomaron el poder precisamente por no reconocer al Gobierno de José I, y a todos los tachados de liberales. Se culpa al mariscal Murat de haber ordenado el fusilamiento de un centenar de madrileños. Los fusilamientos del 3 de mayo son conocidos por todo el mundo culto, a causa del cuadro de Goya que los ha inmortalizado. Es una cifra trágica, pero resulta ridícula ante el número de españoles asesinados por orden de Fernando VII, que no están cuantificados, aunque suman miles. A los obispos, curas y frailes esas muertes no les inquietaban, porque servían para conservar el orden del que ellos se beneficiaban.
Algunos militares pretendieron poner fin a la tiranía absolutista, y se pronunciaron por la Constitución de Cádiz: el general Juan Díaz Porlier fue ejecutado en A Coruña; el comisario de Guerra Richard decapitado en Madrid; el general Luis Lacy ejecutado en Mallorca; el coronel Vidal falleció en la cárcel de Valencia cuando iba a ser ejecutado. Son los héroes de la resistencia contra la tiranía, que entregaron su vida por el afán de liberar a su patria de la opresión. La lista continúa durante el resto de la vida del asesino.
         Por defender el trono de este tirano sanguinario organizó una guerra el pueblo español, contra un rey democrático, civilizado, responsable, y ante todo poseedor de sus facultades mentales intactas. Es vergonzoso que se continúe llamando “héroes del 2 de mayo” a los imbéciles que atacaron al ejército francés llegado para liberarles de la opresión borbónica. El pueblo español combatió a quienes le traían la civilización europea y le sacaban de su atraso secular. Hubo que esperar hasta 1868 para que comprendiera su error, y organizase la Gloriosa Revolución contra la hija y sucesora del tirano, digna continuadora de su corrupción, aunque menos criminal.
         Se comprende que Felipe VI celebre el aniversario de la batalla de Bailén. Así puede ser hoy sucesor del fatídico Fernando VII. Y el pueblo español continúa ignorando su historia.

jueves, 9 de agosto de 2018

EL REY ESTABA DESNUDO


A veces los cuentos pueden hacerse realidad. Explica Hans Christian Andersen en su cuento El traje nuevo del emperador, también conocido como El Rey desnudo, que los cortesanos e incluso el pueblo no querían reconocer la evidencia hasta que un niño gritó: “¡Pero si va desnudo!” y, de pronto, todo el mundo aceptó la realidad: efectivamente, el rey iba desnudo.
Las nuevas grabaciones recientemente publicadas que implican al rey emérito Juan Carlos I en numerosas operaciones fraudulentas añaden una guinda más a ese fraude monárquico con el que llevamos viviendo desde la muerte de Franco. Poco a poco, pero de manera inexorable, la Monarquía está quedando al desnudo y, lo que es más importante, cada vez más gente es consciente de ello.
Las grabaciones dejan bien claro que el anterior Rey cobró sus buenas comisiones del contrato para construir el AVE de Medina a La Meca, que dispone de cuentas en paraísos fiscales, que utiliza testaferros para ocultar sus propiedades, que se aprovecha de todo lo que puede para acrecentar su ya importante fortuna. La evidencia es tan clara que ya nadie se ocupa de desmentir las grabaciones.
En el 2012, el periódico The New York Times publicó que se le calculaba una fortuna personal de 1.800 millones de euros. Para alguien que cuando accedió al poder se decía que apenas tenía dinero ni propiedades tardó demasiado poco en acumularlas. Este escándalo es uno más de los muchos que han ido apareciendo, a pesar de la más que efectiva censura mediática que le protegió durante años.
Por ejemplo, no se ha desmentido que a finales de los años 70 el petróleo que importaba el Reino de España tenía un sobrecoste de entre uno y dos dólares que iba a parar a los bolsillos del entonces Rey. Para hacerse una idea: un petrolero puede trasladar unas 200.000 toneladas, alrededor de 1,5 millones de barriles. Un viaje podía representar alrededor de 2 millones de dólares de la época en comisiones, que, evidentemente, pagaban los españoles al comprar gasolina. (Del libro Juan Carlos I. La biografía sin silencios. Rebeca Quintans)
Recordemos hechos recientes: la cacería en Botswana; Urdangarín en la cárcel; el enfrentamiento familiar; el aparentar una virtuosa vida familiar cuando iba de lecho en lecho, etc. etc. Esta familia no tiene solución. A nadie importaría si fuera una cosa de ellos, pero se trata de una familia coronada, que representa al Estado y, supuestamente, a la nación y a la que sostienen los impuestos de toda la ciudadanía.
No es solo la suma de escándalos, de los que no conocemos todos, sino que se trata de un modus vivendi, de un sistema de funcionamiento establecido para quien considera que está por encima del bien y del mal, por encima de la ley y a quien nadie le va a pedir responsabilidades. De hecho, esa es una característica de la Monarquía española.
Ahora que muchos utilizan la Constitución para evitar que algo cambie, recordemos una de esas decisiones antidemocráticas de la Carta Magna. En su artículo 56 establece que “La persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”, y en el 64 que los únicos responsables de sus actos serán “las personas que los refrenden” (el gobierno y sus ministros, ya se trate de actos públicos o privados).
Y, sin embargo, la suma de escándalos debería significar que la investigación judicial acabara en un proceso. Juan Carlos I dejó de ser rey en 2014 y algunos de los hechos que se citan en las grabaciones de su amiga Corina parecen ser de 2015 y posteriores. Hay testigos, como la misma Corina o el antiguo presidente de Telefónica, Juan Villalonga, colocado en esa tarea por su amigo Aznar. O sea, se reunirían las condiciones judiciales para llegar a conclusiones sobre los manejos ilegales y/o fraudulentos del anterior Rey.
El meollo de esta situación es el carácter antidemocrático sobre el que se sostiene la Monarquía, de hecho, sobre el que se sostiene todo el entramado pactado en la Transición. A los monarcas no se les puede juzgar, puesto que son impunes; no están sujetos a ningún control político ya que no se presentan a las elecciones y nadie los ha elegido, en realidad fue Franco quien nombró a Juan Carlos I, y, menos aún, están sujetos al control parlamentario, que no puede intervenir sobre sus actos. En fin, en este terreno no parece que hayamos avanzado mucho desde la Edad Media.
Además, el régimen antidemocrático se extiende a un tema tan importante como la libertad de expresión. Recordemos que el artículo 490 del Código Penal dice en su párrafo tercero: “El que calumniare o injuriare al Rey o a cualquiera de sus ascendientes o descendientes, a la Reina consorte o al consorte de la Reina, al Regente o a algún miembro de la Regencia, o al príncipe heredero de la Corona, en el ejercicio de sus funciones o con motivo u ocasión de éstas, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años si la calumnia o injuria fueran graves, y con la de multa de seis a doce meses si no lo son”. Lo saben bien los raperos condenados y muchos otros periodistas o escritores que lo han sufrido y otros que han tenido que callarse para evitar condenas. En el artículo 491 el Código Penal establece una “multa de seis a veinticuatro meses al que utilizare la imagen del Rey o de cualquiera de sus ascendientes o descendientes, o de la Reina consorte o del consorte de la Reina, o del Regente o de algún miembro de la Regencia, o del príncipe heredero, de cualquier forma que pueda dañar el prestigio de la Corona”.
A veces, los cuentos se hacen realidad y, por mucho que se quiera proteger a la Monarquía, el pueblo empieza a descubrir la realidad y mostrar su hartazgo y descubrir la desnudez de un régimen político.
Los escándalos representan lo peor y más venal de la Monarquía, pero la reacción del pueblo representa el agotamiento de un régimen que ya no es capaz de representar las ilusiones y deseos de una parte importante, sino de la mayoría de la población. Y cuando un régimen llega a esa situación hay que pensar en el recambio.
Una encuesta publicada en la revista Contexto puede ser muy representativa de lo que estamos comentando. Realizada entre el 16 y 20 de julio mediante 2.850 respuestas en todo el territorio del Reino de España, más de seis sobre diez encuestados serían partidarios de un referéndum sobre monarquía o república. Por tramos de edad: hasta 35 años, el 53% sería partidario de una república, por un 46% partidario de la monarquía; entre 36 y 55 años habría un empate y de 56 años en adelante, solo el 41% sería partidario de una república, por un 55% en contra. Por territorios, es evidente que el proceso de autodeterminación en Catalunya ha decantado mayoritariamente a la población partidaria de la república, sea en su expresión catalana o española. En Catalunya, un 80% se declaran republicanos, un 77% de los vascos, un 63% en Baleares y Navarra, un 60% en la Comunidad Valenciana, un 55% en Galicia y un 51% en Asturias. Las dos Castillas y Murcia son los territorios en los que la monarquía tendría más partidarios y, es importante recalcar por su peso demográfico, que en Madrid un 53% votaría monarquía por un 43% república.
Esta encuesta, como todas, expresan tendencias, pero, probablemente, una tendencia republicana como esta no haya existido en todos estos años del Régimen del 78. Habría que aprovecharla para la acción política, para ponerse de acuerdo las fuerzas de la izquierda del Estado y las nacionalistas y conquistar mayorías republicanas en la calle y en las instituciones, para dar un vuelco democrático favorable a los derechos sociales y nacionales, para volver a dar la voz al pueblo para que ejerza su soberanía y decida el régimen político que desea.
Del cuento de Andersen se puede extraer una moraleja: lo que todo el mundo piensa no necesariamente es la verdad. El rey iba desnudo y solo un niño se atrevió a decir la verdad. Durante demasiados años se taparon las vergüenzas de la Monarquía y parecía que era lo normal, ahora que reconocemos su desnudez podemos preguntarnos si no ha llegado el momento de exigir y luchar por un cambio republicano

martes, 24 de julio de 2018

¡ALIANZA POPULAR HA VUELTO!


El sorpasso de Pablo Casado en las primarias del Partido Popular (PP) frente a Soraya Sáenz de Santamaría (58%-42%) significa la vuelta del revés. Gana la caverna a caballo del dirigente más joven del tablero político. Resucita el aznarismo insepulto, el de la guerra de Irak por las fake news de las “armas de destrucción masiva”. Regresa el nacionalcatolicismo y la recentralización de España “una, grande y libre”.
Y con él toda la carcundía que arrastraba aquella Alianza Popular (AP) inscrita genéticamente bajo palio del franquismo. La “reconquista” de Casado (Dios, Patria y Rey), gracias al impulso del aparato del partido, y contra el escrutinio de las bases en el envite inicial (37%-34%), deja la era Rajoy como la de un líder moderado.
Llega la nueva derecha camisa vieja, y Ciudadanos hereda como trofeo el cetro del centro derecha. Mientras, el PSOE de Pedro Sánchez, el otro beneficiado en la rifa, ya puede reivindicarse como exponente de la izquierda sin haber hecho nada para merecerlo.
Porque ni geometría asimétrica ni mandangas: el centro siempre depende de donde se sitúen los extremos. La elección de Casado implicará una redistribución de espacios, habida cuenta de que la primera fuerza de la oposición se ha movido hacia atrás y a la derecha. Temas como las autonomías, la seguridad ciudadana, la educación concertada, el feminismo, los derechos de la familia, la eutanasia, el aborto, la confesionalidad, la política penitenciaria, la memoria histórica y los guiños a la policía y a la monarquía militarán a partir de ahora en el devocionario de sus ancestros.
Pero por encima de todo, la llegada de Casado a la cúpula del PP tiene que contemplarse como una prueba del miedo generado en la Marca España por el reto del soberanismo democrático. Ha sido la expectativa de desestabilización del statu quo provocado por el auge del procés y el estrepitoso fracaso de las políticas de represión, policiales y jurídicas, lo que ha armado el botón del pánico para esta renovación del pasado.
Solo hay que ver la rara unanimidad de muchos medios de comunicación a favor del pretendiente, inoculando una percepción de la realidad a su favor que anulara la primitiva decisión de la afiliación popular por el continuismo marianista en la persona de la ex vicepresidenta del gobierno.
Es posible que el trabucazo político e ideológico que ya ha avanzado Casado consiga detraer para Génova 13 efectivos de Ciudadanos y de Vox, sus sangrías más evidentes en los últimos años, dando una impresión de reagrupamiento.
Otra cosa es que esas nuevas señas de identidad resulten atractivas a un electorado moderno poco dado a comprometerse con ideales que exhiben la fragancia a naftalina característica del tardofranquismo. También existe el país movilizado del 15-M, del 8-M, de los jóvenes del Erasmus, del activismo ciudadano contra los gobiernos que perpetraron los ajustes y recortes que han provocado la actual precariedad vital mientras la corrupción institucional campaba a sus anchas.
Dos legitimidades, una anclada en el pasado, “la España de las banderas”, y la otra mirando al futuro por elevación, sin consenso posible.
Y es precisamente de esa incompatibilidad innata de donde puede surgir la oportunidad para abrir una alternativa constituyente. Porque “el alzamiento” que pronostica la derecha sin complejos que pilota Casado supone una clara amenaza por las fuerzas políticas y sociales situadas a su izquierda y especialmente para los grupos nacionalistas proclives al derecho a decidir. O sea, esa jeringonza a la española que hizo posible con vascos, gallegos, catalanes, la moción de censura “de perdedores” que tumbó al PP sin necesidad de pasar por las urnas.
Si esa alianza de circunstancias responde coherentemente a la ofensiva unionista del PP del ¡a por ellos!, afirmándose como una confluencia en el terreno de los hechos, podría configurarse una suerte de Pacto de San Sebastián como el que en 1930 se coordinó para desalojar a la corte de Alfonso XIII. Algo que, solo y exclusivamente, dependerá de la que desde ahora en adelante haga el PSOE de Pedro Sánchez.

martes, 26 de junio de 2018

REIVINDICACIÓN DE ALLENDE EN EL 110 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO


Es bien sabido que con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 América Latina y el Caribe reanudaron su marcha hacia su Segunda y Definitiva Independencia. El ascenso de Hugo Chávez a la presidencia de lo que luego sería la República Bolivariana de Venezuela es usualmente considerado como el segundo hito en esta larga marcha. Esto es indudable, pero pasa por alto una importantísima etapa intermedia, breve pero de enorme importancia: la que aportara el gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile, entre 1970 y 1973 y que es imprescindible rescatar del olvido en que ha sido sepultada por el inmenso aparato propagandístico de la derecha tanto dentro como fuera de Chile.
Allende llega al Palacio de la Moneda con un programa de gobierno que nada tiene que envidiar al que luego procurarían implementar -en un contexto internacional, económico y político mucho más favorable- los gobiernos bolivarianos de Venezuela, Bolivia y Ecuador.
Hombre de inconmovibles convicciones socialistas Allende no demoró un segundo en aplicar el programa de la UP, adoptando trascendentales medidas como la nacionalización de las riquezas básicas de Chile: la gran minería del cobre, hierro, salitre, carbón y otras, en poder de empresas extranjeras –entre ellas los gigantes de la industria cuprífera: la Anaconda Copper y la Kennecott- y de los monopolios nacionales. Con una inversión inicial de unos 30 millones de dólares al cabo de 42 años la Anaconda y la Kennecott remitieron al exterior beneficios superiores a los 4.000 millones de dólares.
No contento con esto Allende nacionalizó casi la totalidad del sistema financiero del país: la banca privada y los seguros, adquiriendo en condiciones ventajosas para su país la mayoría accionaria de sus principales componentes. Nacionalizó a la International Telegraph and Telephone (IT&T), que detentaba el monopolio de las comunicaciones y que antes de la elección de Allende había organizado y financiado, junto a la CIA, una campaña terrorista para frustrar la toma de posesión del presidente socialista. Recuperó la gran empresa siderúrgica, creada por el estado y luego privatizada. Aceleró y profundizó la reforma agraria, que con su predecesor democristiano había avanzado con pasos lentos y vacilantes.
Una casi olvidada ley de la fugaz República Socialista de Chile (4 de Junio-13 de Septiembre de 1932) facultaba al presidente a expropiar empresas paralizadas o abandonadas por sus dueños. Se constituyó un “área de propiedad social” en donde las principales empresas que condicionaban el desarrollo económico y social de Chile (como el comercio exterior, la producción y distribución de energía eléctrica; el transporte ferroviario, aéreo y marítimo; las comunicaciones; la producción, refinación y distribución del petróleo y sus derivados; la siderurgia, el cemento, la petroquímica y química pesada, la celulosa y el papel) pasaron a estar controladas por el estado.
Todo esto hizo Allende en los pocos años de su gestión, aparte de crear una gran editorial popular, Quimantú, para acercar la cultura universal a chilenas y chilenos y de devolver la dignidad a un pueblo por décadas sometido al yugo de una feroz oligarquía neocolonial.
Y todo, absolutamente todo, lo hizo el gobierno de la UP sin salirse del marco constitucional y legal vigente, pese a lo cual la oposición: la vieja derecha oligárquica y sectores progresivamente mayoritarios de la democracia cristiana se arrastraron sin el menor recato por el fango de la ignominia, arrojando por la borda su (siempre escaso) respeto por las normas democráticas para funcionar como agentes locales de las maniobras criminales de la reacción imperialista.
Aquéllas habían sido desatadas por Washington la misma noche del 4 de Septiembre de 1970, cuando aún se estaban contando los votos que darían el triunfo a la UP. Furioso, el bandido de Richard Nixon, ordenó sabotear a cualquier precio al inminente gobierno de Allende. El asesinato del general constitucionalista René Schneider, poco antes que el Congreso Pleno ratificara su triunfo, fue apenas el primer eslabón de una tétrica cadena que con la dictadura de Pinochet sembraría muerte y destrucción en Chile.
La permanente solidaridad de Allende con la Revolución Cubana y con todas las causas emancipatorias de la época, antes y después de asumir la presidencia, fue otro de los factores que encendió las iras de la Casa Blanca y su terminante decisión de acabar con él. En 1967, y en su calidad de Presidente del Senado de Chile Allende había acompañado en persona a Pombo, Urbano y Benigno, los tres sobrevivientes de la guerrilla del Che en Bolivia, para garantizar su seguro retorno a Cuba. Por eso el desafío que planteaba el médico chileno: la construcción de un socialismo “con sabor a vino tinto y empanadas”, precursor del socialismo del siglo veintiuno, era visceralmente inaceptable para Washington y merecedor de un ejemplar escarmiento. Especialmente cuando el imperio, agobiado por la inminencia de una derrota catastrófica en Vietnam, sentía la necesidad de asegurar la incondicional sumisión de su “patio trasero”.
Pero Allende, un marxista sin fisuras, no cedió un ápice, ni en sus convicciones ni en las políticas que perseguía su gobierno. Y lo pagó con su vida, como lo dijera en su alocución final por radio Magallanes ese aciago 11 de Septiembre de 1973. Y este 26 de Junio, al cumplirse 110 años de su nacimiento, se impone un sentido homenaje a esa figura universal, querible e imprescindible de la Nueva América, el gran precursor del ciclo de izquierda que se iniciaría en diciembre de 1998 en Venezuela.

miércoles, 30 de mayo de 2018

ALBERT RIVERA, NUEVO "SALVADOR DE LA PATRIA"


En 1938 José Herrera Petere, escritor republicano y comunista, publicó la novela Acero de Madrid. La escribió en las trincheras de la guerra civil y fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura ese mismo año. En esa novela, un propagandista de la Falange Española de las JONS, “cuya sola enunciación -escribe el autor- es ya de por sí una palabrota de las más groseras”, gritaba sus consignas por todas partes. Predicaba el propagandista faccioso la urgente salvación de la Patria ante el “marxismo asiático”. Y esa lucha había que hacerla “con un estilo nuevo, con un estilo juvenil, renovador. La salvación de España tiene que ser ante todo un movimiento juvenil y un movimiento español”. Unas líneas después, seguía con su encendida soflama: “Yo os aseguro que la Falange es la única fuerza capaz de aplastar definitivamente el movimiento marxista español”.
Aquí hago un inciso y los invito a ustedes a cambiar la palabra Falange por la palabra Ciudadanos.
¿Qué, cómo les ha quedado el cambio de una palabra por otra? ¿Ha cambiado mucho el significado de la frase o se ha quedado prácticamente igual, sólo que con una diferencia de ochenta años entre aquella España que contaba José Herrera Petere y la de ahora mismo?
Hace más de cuarenta años que llegó la democracia. Una democracia frágil, llena de miedos a que puediera convertirse en una democracia con hegemonía de la izquierda. Miedo en la izquierda y miedo en la derecha.
Parece imposible hacer en este país una política de izquierdas. Lo dices, dices sólo que quieres hacer una política de izquierdas y te cortan el cuello. Aquí sólo te ponen una medalla -o te regalan un máster- si eres de derechas. Aquí sólo puedes llegar al gobierno si te pliegas a las exigencias de los que no se han presentado a las elecciones: los amos del dinero. Y el dinero ya se sabe lo que trae consigo: el estercolero de la corrupción.
“La política tiene raíces morales”, escribe Ignacio Sánchez Cuenca en ese libro magnífico que se titula La superioridad moral de la izquierda. Por eso, porque la política ha cortado de cuajo esas raíces morales, la distancia entre la gente de la calle y la política es cada día más grande, como dice en el bolero “La retirada” ese gran poeta de la borrachera que fue José Alfredo Jiménez. La desconexión social con el mundo de la política es preocupante.
Cuando nos abstenemos de todo, cuando nos pasamos la vida viendo la tele, cuando nos parece que a nosotros nunca nos van a desahuciar o a despedirnos del trabajo que mantenemos sujeto con los alfileres de la precariedad, cuando pensamos que lo malo siempre les va a pasar a los otros, cuando pensamos todo eso y más cosas que no caben en este artículo es que, aunque pensemos que somos de izquierdas, en realidad somos de derechas o estamos a punto de serlo. O aún peor: cuando la gente se separa radicalmente de la política es que estamos apenas a un paso del fascismo.
Ese es el paisaje de un pensamiento crítico devastado en el que entra a saco Ciudadanos. El PP está amortizado para los amos del dinero. Los que mandan de verdad, los que gobiernan de verdad, ya han encontrado repuesto.
Y las grandes empresas mediáticas también. Los mundos oligárquicos de la economía y de la prensa se juntan en esa vasta operación de sustitución del PP por Ciudadanos y, al menos en las encuestas, la gente pasará de la tele a las urnas con el ánimo cautivo, con el convencimiento de que Albert Rivera es ese salvador valiente que la Patria corrupta y degenerada necesita.
Ahí estaban ellos, Rivera y Ciudadanos, gritando en el procés catalán “a por ellos”, como si fueran los fascistas que hace más de ochenta años empujaban a las huestes reaccionarias contra los avances de la II República y después en la guerra y la dictadura franquista.
Ahí están ellos, Rivera y Ciudadanos, gritando que sólo ellos pueden regenerar un país en bancarrota económica, política y moral, que sólo ellos y nada más que ellos representan la solución a todos nuestros problemas, sean cuales sean y vengan de donde vengan esos problemas.
Ahí están ellos, Rivera y Ciudadanos, atornillando la Ley Mordaza, votando -ellos que van de incorruptos- al corrupto PP para gobernar en la Asamblea de Madrid, votando con el PP contra las exhumaciones de fosas republicanas y negándose a las movilizaciones feministas del 8 de marzo.
Ahí están ellos, Rivera y Ciudadanos, para con la ayuda del Ibex 35 desbancar en las próximas elecciones -pasándolos por la extrema derecha- a sus padres políticos e ideológicos.
Las raíces morales de la política han sido sustituidas por el dinero. El negocio del capitalismo necesita títeres que lo gestionen en nombre de sus auténticos dueños. Hasta ahora el títere que mejor hacía esa faena sucia era el PP. A partir de ahora -si se confirmaran las encuestas- esos títeres a sueldo del mundo financiero para salvar a la Patria, o sea sus negocios, serán Albert Rivera y Ciudadanos. ¿Lo dudan ustedes? Pues si lo dudan, repasen estas dos líneas que recupero del primer párrafo de este artículo: “La salvación de España tiene que ser ante todo un movimiento juvenil y un movimiento español”.
Ya he dicho que Herrera Petere se refería a la Falange cuando escribió eso en 1938. Yo creo que, si tuviéramos que escribir hoy ese párrafo, podríamos hacerlo de la siguiente manera: “La salvación de España tiene que ser ante todo un movimiento juvenil y un movimiento español. Y aquí está Ciudadanos para iniciar con heroísmo y entrega patriótica esa operación de salvamento”. Si además le añaden a Marta Sánchez cantando el himno de España en la última reunión de Ciudadanos, la fanfarria patriótica de ese falangismo con apariencia de moderno la tenemos servida y bien servida. ¡Qué país, dios, qué país!

lunes, 2 de abril de 2018

ADOCTRINAMIENTO EN LAS AULAS


Armas, himnos, banderas. Jerarquía, obediencia, disciplina, unidad de España. Son los valores que el Gobierno quiere introducir en las aulas y que recogen los materiales curriculares editados por los ministerios de Educación y Defensa en 2017, de libre descarga en la web de Ministerio de Educación.
 
Las armas del Ejército “tienen una gran importancia porque son depositarias de valores tradicionales y constituyen la expresión del modo de ser, sentir y vivir la continuación de sus componentes”. Esta afirmación es parte de esos materiales para Educación Primaria que han elaborado los ministerios implicados y con los que pretende “fomentar la cultura y la conciencia de la defensa”, como indica la introducción de Proyecto conocimiento de la seguridad y la defensa en los centros educativos. Materias curriculares. Educación primaria, un documento de 240 páginas que serviría como referencia para esta asignatura que el Gobierno pretende impartir para “promover el conocimiento y sensibilización de los jóvenes escolares sobre los temas relacionados con la paz, la seguridad y la defensa”.
 
La idea de promocionar las Fuerzas Armadas entre niños de 6 a 12 años utilizando la Educación empezó a cobrar forma en 2015: entonces, los ministerios de Defensa y Educación firmaron un acuerdo que se basa en un supuesto “consenso social” sobre la necesidad de transmitir a niños aspectos relacionados sobre la seguridad y la defensa.
 
El Congreso ha rechazado una iniciativa de Esquerra Republicana (ERC) que pretendía que el Gobierno diera marcha atrás al Proyecto Conocimiento de la Seguridad y la Defensa. El portavoz de Esquerra, Joan Olòriz, argumenta que los contenidos “están pasados de moda” y los define como “adoctrinamiento”. A la propuesta, que ha sido rechazada con 17 votos en contra de PP y Ciudadanos, 11 a favor de ERC, PDeCAT y Unidos Podemos y 9 abstenciones del PSOE, no se han presentado enmiendas.
 
Entre las actividades que detallan los materiales didácticos está, por ejemplo, una llamada “¡Nos vamos de desfile!” en la que se sugiere visionar un vídeo de las Fuerzas Armadas con niños de 1º y 2º de Primaria, a quienes después se dará plastilina para que “modelen el vehículo que más les haya llamado la atención”.
          
         Para niños de esta etapa, 1º y 2º, también se propone la actividad “Queremos ser militares”, en la que “se explicará que los españoles podrán vincularse profesionalmente a las Fuerzas Armadas como militares de carrera, militares de tropa, marinería, y también como militares de complemento”. En esta asignatura, el profesor explicará a niños y niñas de seis años los requisitos para acceder a estos puestos de trabajo, y luego elaborarán un carnet militar con su fotografía.
A esta actividad le sucede una llamada “Nos convertimos en militares”, en la que el profesor “pegará en la pared de la clase la tropa formada por todos los pequeños militares”, y “Defendemos España”, para explicar a niños de seis y siete años cómo pueden “implicarse en la defensa nacional”.
Las referencias a himnos, escudos y banderas son constantes a lo largo de las diez unidades didácticas de este material “didáctico”. Así, en la Unidad 2 se enseñan entre los “símbolos de la patria” y junto a los “valores de la disciplina” (“factor de cohesión que obliga a mandar con responsabilidad y a obedecer lo mandado”). 
 
         Los niños y niñas de Primaria también aprenderían que la bandera de España “representa EL COMPROMISO DE TODOS LOS ESPAÑOLES EN FAVOR DE LA PAZ” (sí, en mayúsculas), así como la importancia de la misma como “símbolo de la unidad y permanencia del Estado”.
 
          Para afianzar el conocimiento sobre la bandera se proponen actividades como la de “Izamos la bandera”, para los niveles de 3º y 4º de Primaria: “Visionaremos el vídeo del enlace, para observar el izado de bandera en todos los lugares del planeta donde se encuentran las Fuerzas Armadas españolas. En este caso es Iraq”.
 
          Sobre la bandera republicana se da esta tímida referencia: “Antiguamente las banderas tenían fondo blanco y era difícil reconocerlas a larga distancia. Por ese motivo, Carlos III encarga que se le presenten varias banderas para elegir la española. Se presentaron 12 bocetos y se eligió la que tenemos en la actualidad, aunque durante la república que hubo en 1931 se cambia (tres franjas horizontales iguales roja, amarilla y morada), al iniciarse la guerra civil, el bando nacional vuelve a recuperar la bandera roja y gualda”.
 
          Otra actividad que se propone es la de aprenderse el himno del Ejército del Aire, que entre sus líneas incluye estos versos: “A España ofrecida / tengo muerte y vida”. Los himnos de las Fuerzas Armadas, de la UME, de la Policía Nacional y, por supuesto, el himno nacional también forman parte del temario, que, además, ensalza la figura del rey, “símbolo de la unidad y permanencia en el Estado”.
 
         Entre las diez unidades didácticas, hay una dedicada a las “amenazas que ponen en peligro nuestros valores”. Los expertos que han elaborado estos materiales consideran pertinente que niños y niñas de seis años “comprendan y valoren las nuevas amenazas a la paz en España, principalmente el terrorismo”.
 
        El temario también incluye definiciones de diferentes tipos de “conflictos armados”, así como referencia a algunas misiones en las que ha participado España, como la invasión de Iraq, que en el temario tiene el nombre de “asistencia a Iraq”.
 
          Parchís de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, sopas de letras donde buscar la palabra “terrorismo”, alusiones a las “armas de destrucción masiva”, ciberamenazas y continuas referencias a la unidad de España también forman parte de los contenidos de esta asignatura que sería alternativa a la de religión.
 
Y después de esto, Educación y Defensa se fuman un puro satisfechos... ¡¡CON UN PAR!!



 

jueves, 8 de marzo de 2018

LOS PIÑERISTAS, el lobby español que quiere dejarte sin pensiones


A José Piñera le salen los billetes por los ojos. También la desvergüenza. Cuando Chile era un sepulcro de opositores políticos, este acaudalado economista se encargaba de lavarle la cara al régimen genocida de Augusto Pinochet. Su objetivo: demostrarle al mundo que la dictadura podía ser muy feroz a la hora de torturar, pero extremadamente amable a la hora de privatizar. Desde su puesto de ministro de Trabajo, “Pepe” encabezó la reforma de las pensiones efectuada bajo el mando de los militares. Ocurrió en 1980. Desde entonces, jubilarse en Chile es algo así como sacarse un carné de pobre. Sobre todo si eres parte de ese mayoritario sector de la población que no disfruta de unos ingresos tan altos como los de Piñera.
Este exministro pinochetista —y hermano del nuevamente electo presidente de Chile, Sebastián Piñera— es un auténtico ídolo para los amantes de los fondos privados de pensiones a este lado del océano. Desde el BBVA hasta el diario El Mundo, pasando por el Círculo de Empresarios y hasta la Bolsa de Madrid, han adorado en algún momento de su vida al “padre de las pensiones privadas”. Al gurú de las jubilaciones para ricos y la miseria para pobres. Al reinventor de un invento más viejo que la rueda: si tienes muchos billetes de joven, seguirás teniéndolos de viejo. Solo hay que saber cuidarlos.
Los piñeristas españoles están hoy inmersos en una cruzada trascendental: convencer al Gobierno del PP de que la vía buena, la que todo demócrata de mercado debería defender, pasa precisamente por favorecer los fondos privados y, por consiguiente, recortar el sistema público. En otras palabras, existen actualmente poderosos sectores de las finanzas que buscan una España en la que jubilarse (dignamente) sea solo un privilegio reservado para aquellas y aquellos agraciados que cobran auténticas millonadas. ¿Eres pobre? ¿Sufres la precariedad? Poco importa. Los piñeristas no son una ONG ni tienen compasión. Son ricos y quieren seguir siéndolo. A tu costa.
Hay trampa. El caballo de batalla se llama ‘fondo de pensiones’ y genera todo tipo de lecturas desde el mundo académico. “Es un producto financiero que sirve para el ahorro privado con el objeto de que te sirva de previsión social. Eso sí, depende de tus ahorros. ¿Problema? Si no aportas lo suficiente, no tendrás pensión”, se responde a sí mismo Cristóbal Molina, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad de Jaén. “Es un fondo que recoge dinero y lo invierte en activos financieros. De los rendimientos de esos activos paga un rendimiento a la gente, que puede entenderse como una pensión”, apunta por su parte Albert Recio, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona e integrante del Institut d’Estudis del Treball.
Durante los últimos meses, en medio de malas noticias sobre el futuro de las pensiones públicas, han crecido las suspicacias en torno a los intereses que giran alrededor de esos productos financieros. El escenario es casi idílico: si las jubilaciones de toda la vida corren serio riesgo de fallar mañana, entra dentro de toda lógica que los cotizantes de hoy hagan nuevos cálculos sobre el futuro que les espera. “Es normal que las ciudadanas y ciudadanos de a pie se sientan desconcertados”, señala Borja Suárez, profesor titular de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Universidad Autónoma de Madrid y autor de “El sistema público de pensiones: crisis, reforma y sostenibilidad” (Editorial Lex Nova, 2014).
El experto incide en la estrategia del miedo que se ha instalado en torno a este tema. “Ante la perspectiva de recibir una pensión pública bastante inferior a la que está disfrutando hoy mi padre — subraya—, es inevitable que considere necesario ir preparándome para compensarlo de alguna manera”. Por tales motivos, Suárez advierte sobre la clara apuesta por parte del Gobierno del PP de “reducir el tamaño de las pensiones públicas y favorecer a las privadas”. “Se está creando una alarma para convertir la pensión privada en la alternativa a la pensión pública”, añade Cristóbal Molina.
Ahí entra en juego la letra pequeña. Los planes privados de ahorro tienen un tratamiento fiscal diferente, lo que permite a sus clientes desgravar en la Declaración de la Renta. Suena bien, sobre todo si tus ingresos son altos. Sin embargo, no pasa lo mismo si eres parte de esa mayoría que gana poco a cambio de trabajar mucho. “Los planes y fondos de pensiones pueden servir para aquellas personas que tienen un salario elevado. En otras palabras, puede ser razonable si tienes un salario de 30.000 o 40.000 euros anuales, pero resulta que el sueldo más frecuente en España está en torno a los 18.000 euros”, remarca Molina desde Jaén.
El catedrático recurre a los cálculos realizados por los mismísimos bancos para echar luz sobre tanta sombra: “Según las cifras provenientes de las entidades financieras, tienes que dedicar 7.000 euros de tu salario para poder tener acceso a una pensión media. Si tenemos en cuenta la media salarial en España, que incluso es más baja para los jóvenes, deberías dedicar prácticamente un tercio de tu salario al plan de pensiones”. En tal sentido, el también académico Borja Suárez destaca que, en el 75% de los casos, las aportaciones que se realizan a los fondos de pensiones “no llegan a los 900 euros mensuales”, algo que califica como “una ridiculez de cara a una pensión futura”.
Estas cifras no conmueven a los lobbies financieros que promueven una reforma de las pensiones en España, y no precisamente para salvar a los asalariados pobres de hoy y jubilados aún más pobres de mañana. Mientras el Gobierno de Mariano Rajoy impulsa una serie de medidas para hacer más atractivas las jubilaciones privadas —desde rebajar las comisiones hasta ofrecer la posibilidad de disponer de los fondos acumulados en un plazo de diez años—, los insaciables jefes de la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones (Inverco) entienden que esas ideas son insuficientes, por lo que su presidente, Ángel Martínez-Aldama, las ha criticado sin contemplación.
Los empresarios del sector quieren más. Mucho más. La presión también llega desde Unespa, la patronal de las aseguradoras. No en vano, desde sus oficinas se han aireado informes aterradores sobre el futuro que espera a la España pensionista. Su premisa es que mañana habrá más jubilados para repartir menos dinero, por lo que defiende abiertamente la vía privada como antídoto contra esa catástrofe. Aquí también conviene leer la letra pequeña: “Prácticamente todas las grandes aseguradoras tienen una parte que se dedica a la gestión de activos, entre los que se encuentran los fondos de pensiones”, advierte Recio.
En esa línea, la “comisión de expertos” creada hace ahora cuatro años por el Gobierno del PP para analizar el futuro de las pensiones contó con la participación de varios economistas íntimamente ligados a las aseguradoras, lo que en su momento levantó todo tipo de dudas y críticas por parte de los grupos políticos de la oposición.
La situación llegó a tal punto que el presidente de dicha comisión “independiente”, Víctor Pérez-Díaz, tuvo que defender públicamente su libertad de actuación. El motivo: distintas informaciones mostraban su nexo de unión con Unespa y, por consiguiente, con los intereses en torno a las jubilaciones privadas.
El lobby en defensa de los fondos privados cuenta con otro actor de lujo: el think tank Civismo. “España necesita un marco de estabilidad económica y social, cuyas bases se mantengan inalterables frente a los cambios motivados por la alternancia de los partidos políticos”, puede leerse en su manifiesto, disponible en su página web. Al cliquear en “quiénes somos”, aparecen nombres muy característicos de la derecha española: en su staff figura la exdiputada del PP y actual directora del área Internacional de la fundación FAES, Cayetana Álvarez de Toledo, y el aristócrata Carlos Espinosa de los Monteros y Bernaldo de Quirós, expresidente de Mercedes Benz y ahora alto comisionado del Gobierno para la Marca España.
En octubre del año pasado, Civismo convocó a sus socios y amigos a la entrega de premios Sociedad Civil 2016. Muchos de los invitados llegaron a bordo de coches incalculablemente caros, pero el principal agasajado llegó en avión. Tuvo que hacer un viaje largo, pero cómodo: no es lo mismo cruzar el Atlántico en los diminutos asientos de clase turista que en esas butacas confortables de primera. El pasajero que viajó hasta Madrid en business para recibir los aplausos del think tank español tenía acento chileno y había trabajado para Pinochet. Su nombre: José Piñera. Su logro: privatizar las pensiones de su país. Su receta: hacerlo también en España.