miércoles, 18 de marzo de 2015

PARA SER UN BUEN TRABAJADOR

Dinámico, moderno, entusiasta, polivalente, políglota, sabes manejar las nuevas tecnologías y te conformas con poco. Disponibilidad inmediata y constante para vivir en cualquier ciudad y trabajar en cualquier horario, las 24 horas al día, los siete días de la semana.

Han conseguido que aceptes la épica del lobo solitario, del francotirador que, aislado en una torre, sobrevive como puede. No tienes raíces y, si las tenías, las has perdido. Nada te ata, ni familia ni propiedades. Eres el trabajador ideal. Dinámico y moderno. Flexible. Tan flexible como el mercado laboral. Eres el contorsionista de los derechos laborales.

Te pareces a los protagonistas de tantas series y películas estadounidenses. Esos que nunca cierran el coche con llave y que cambian de ciudad y de trabajo constantemente, a los que –en mitad de la emocionante trama– nunca les llaman por teléfono sus familiares.

La tecnología te ha subyugado, y a ratos, te crees un privilegiado por disfrutar de los últimos adelantos tecnológicos. Estás orgulloso de tu perfecta aculturación al capitalismo postindustrial.

¿Aculturación? ¿Eso qué es? “Aculturación se refiere al resultado de un proceso en el cual una persona o un grupo de ellas adquieren una nueva cultura (o aspectos de la misma), generalmente a expensas de la cultura propia y de forma involuntaria”, dice la Wikipedia. Esa nueva cultura es laboral y se ha impuesto como se imponen los imperios: por la fuerza, explícita o implícita (agresión o extorsión).

Eso es, exactamente, lo que nos ha pasado. El capitalismo salvaje ha tenido que imponérsenos a la fuerza porque choca contra nuestro concepto occidental de ciudadanía (un concepto que viene de la Antigua Roma, un concepto –para horror de Merkel y de los Chicago boys– mediterráneo y católico, en el sentido etimológico de la palabra católico: o sea, universal). El modo de vida de la Europa mediterránea no es competitivo.

No es la primera vez que lo escribo. En aras de la productividad, la rentabilidad y la competitividad, asistimos al desmantelamiento de nuestro sistema de afectos, apego y arraigo familiar. El aislamiento social está en alza. Se exalta la vida urbana como sinónimo de libertad, individualismo y anonimato (y no como lo que debería ser: colectividad, proximidad, cooperación y vecindad). Se manipula nuestra conducta y nuestra voluntad mediante la potenciación de comportamientos narcisistas, el bombardeo aspiracional de la publicidad y la economía de la frustración.

Tu poco tiempo de ocio ha sido convertido en tiempo de consumo (de hecho se persiguen y castigan las iniciativas de ocio no consumista). El sistema de entretenimiento está diseñado para el control de tu conducta y orientarla a los objetivos anteriores (la diversión sólo se entiende en el sentido de distracción o evasión).


El poco dinero del que dispones lo inviertes en comprarte artefactos (fabricados por esclavos) que te permitirán trabajar más flexiblemente y distraerte mejor. Te crees libre, porque puedes elegir qué comprar (aunque no puedas elegir no comprar) y piensas que nada te ata. El círculo se cierra. Enhorabuena. Eres el trabajador ideal.

martes, 3 de marzo de 2015

EL FUTBOL SEGÚN LOS QUE NO TENEMOS NI PUTA IDEA DE FUTBOL

Estamos condenados a no entendernos, las personas que siguen el fútbol y las que no nos importa una mierda. Hay un odio soterrado que impregna a todas y a cada una de las personas de este país. Es un odio más fuerte que cualquier fascismo social o racial, es algo que permanece y permanecerá sellado para siempre en nuestros corazones, la guerra real. Los seguidores y los detractores. Conviven en las mismas calles, compran en los mismos comercios y muchos incluso viven bajo el mismo techo pero hay un muro enorme que los separa, el muro de la incomprensión. Hablemos de esto joder.

La división tampoco es tan loca como la he planteado en el primer párrafo, pues siempre existen puntos medios y personajes que deciden no posicionarse del todo. Están los que "siguen un poco el fútbol" y los que simplemente "les da igual" y tampoco desarrollan un odio irracional hacia el fenómeno. Si bien estos puntos medios siempre albergan la mediocridad -no posicionarse puede ser considerado como un acto de cobardía- son también necesarios y comprensibles. Nadie puede tener siempre el mismo grado de implicación en todas las cosas y son ellos, este cojín humano, el que evita un enfrentamiento directo, constante y letal.

Yo personalmente creo que el fútbol es un gran montón de mierda pero tampoco me va la vida. Realmente moriría por muy pocas cosas, incluso creo que no lo haría por ninguna. Mi odio hacia el fútbol arde más bien como una pequeña hoguerita de invierno en una choza de pastores. No tengo ni puta idea de fútbol y no me interesa lo más mínimo y por eso quiero que veáis la percepción que tengo de todo este tinglado. El fútbol a través de los ojos del inculto.

El fútbol, lo que sería el deporte en sí -ese acto de golpear un esférico y pretender meterlo en la base del contrario-, no me resulta problemático, es un deporte como cualquier otro. Es más, sus reglas básicas se pueden encontrar en la mayoría de disciplinas deportivas e incluso en casi todas las relaciones humanas, ya sean amorosas, comerciales, políticas o militares. Dicho esto, lo que incomoda más al no aficionado es todo lo que rodea a este deporte; la locura mediática, el fenómeno de estrellas, las concesiones políticas, la locura económica... Debo decir que la violencia que a veces puede generar no me parece especialmente ofensiva, es más, quizá sea la parte más humana del asunto.

Lo primero que percibo de todo este aparato futbolístico es que se trata de un gran timo. Lo veo como algo totalmente orquestado, como el World Wrestling Entertainment. Antaño todos sabíamos que El Último Guerrero era el mejor por que alguien lo había decidido, formaba parte de una ficción aceptada, era una sitcom coreografiada. Y es que observando el fútbol desde lejos se ve claramente que detrás del escenario principal existe una narrativa, un guion ya escrito. Algo tan quirúrgicamente perfecto que no puede ser producto de la suerte o de la técnica concreta que se ejecute en el campo de juego. Está claro que hay demasiados intereses detrás como para dejarlo al azar.

El fútbol, básicamente, es dinero danzando en un campo verde. Es una muestra perfecta del capitalismo menos ético. Y no hablamos ya de corrupción y de tejemanejes varios, el propio juego incluye ese valor económico. Parte del juego es el patrocinio, la compra y venta de jugadores, los clubs que se arruinan, las deudas con los inversores y el propio estado. El juego ha salido del campo e incluso se encuentra en el uso publicitario que hacen de su propia persona los protagonistas de este deporte (tanto jugadores, como entrenadores, árbitros, presidentes, etc.) en todos los medios; el fútbol es también ese anuncio de colonia, de champú, de zapatillas y toda la prensa amarilla que pueda surgir por el camino. Está claro que es un negocio y lo de menos es el acto en sí del deporte.

Otra cosa que desde el otro lado observamos los no iniciados es la desfasada presencia mediática del asunto. Es indecente la cantidad de cobertura que recibe este deporte en particular, ocupando un porcentaje bastante inhumano del global de un telediario (por no hablar de la parrilla televisiva, radiofónica o de los medios impresos y/o digitales). Se dice que es lo que interesa a la gente, que mueve mucho dinero. Sí, vale, pero en qué y a quién beneficia todo esto. Es triste pero esta mediatización tan extrema ha causado estragos en otros sectores. Ya se ha hablado de ciertas decisiones gubernamentales referentes a la emisión de este deporte que afectaron directamente a la industria cinematográfica, que vio desplazado su público al tener que competir con los partidos de los domingos, uno de los días de mayor facturación de los exhibidores.

Luego están los sentimientos. Es jodido ver como este teatrillo realmente afecta a las personas. No hay nada más patético que un hombre lamentando la derrota de su equipo, sentado en el bar, llorando. Lágrimas de fútbol recorriendo sus mejillas. Esa tristeza de postal, impostada, generada por la nada absoluta. Hombres que no lloran ni en los funerales de sus madres pero que se les rompe el corazón en los estadios. Pasa lo mismo con la felicidad: esa explosión de alegría desmedida que dura cinco minutos. No es la alegría de ganar, es la alegría de derrotar al otro. La ilusión por el fracaso ajeno. Sentimientos todos ellos generados por una enorme maquinaria del espectáculo. A nivel audiovisual el drama está perfectamente dirigido, te lleva por donde quiere y estalla en tu corazón. Ese gancho emocional es lo que genera adicción y es por lo que jamás abandonarás a tu equipo.

La constancia. Que alguien me lo explique, esta gente siempre está jugando partidos. Que si ahora la Liga, que si la Champions, el Mundial... Joder, siempre hay algo. Que no pare la máquina, que no haya un segundo de no-fútbol. Alimentad al jodido pato para que salga un buen foie de canard. Esta constancia hace que el interés o la emoción desaparezcan ya que lo eterno, la desaparición del tiempo genera una espiral infinita, repetitiva, cíclica. ¿Cómo se puede ganar una carrera que nunca termina?


¿Y qué me decís del eterno bipartidismo? Esa dualidad, la distinción de dos grandes enemigos para generar un mensaje comprensible. Dos equipos con dos formas de entender el juego muy distintas. Cuéntame otra. A esto del fútbol se le ve el plumero. Los seguidores sois unos putos chalados, unos tipos obsesionados por algo que apenas existe. Por otra parte, supongo que los que lanzamos este tipo de delirios sobre el fútbol también parecemos unos putos locos. Unos conspiranoicos. Aquí no se salva ni Dios.

martes, 3 de febrero de 2015

HEROICOS LUCHADORES

"Hay una grieta en todo. Así es como entra la luz" Leonard Cohen

       
Tenía aún restos de sangre en la palma de sus manos. Cuando empezó todo, encontró a un compañero con un corte en la ceja. Taponó la herida con un viejo pañuelo y siguió corriendo. Ahora estaba acurrucado sobre aquella pared, solo, hambriento y con un fuerte dolor de cabeza. Le abrasaba un raspón sobre el costado y sentía que algo no encajaba bien en su hombro izquierdo. Reconocía un hematoma en su pierna y una hendidura en aquellos pantalones vaqueros que le regaló su madre en su último santo. Al encontrarlo, y mientras jugueteaba con su diámetro, pensó en ella, en su modo de ser tradicional, en su forma de amar incondicional, en lo preocupada que se sentiría en ese momento, sin saber dónde se encontraba su hijo. Sintió una fuerte congoja que hizo brotar una lágrima caprichosa por su mejilla, hasta perderse en la comisura de sus labios. Después pensó en que faltaría al trabajo, que perdería días de sueldo, que le resultaría más difícil llegar a fin de mes. Todo pareció ser un desastre de pronto. Entonces cerró los ojos.
  
Se abrió la puerta. Alguien empujó a una mujer dentro de aquel habitáculo oscuro. Cojeando, llegó hasta un rincón y apoyó su espalda contra la pared. Aún tenía la respiración entrecortada. Trataba de recobrar el aliento mientras se acariciaba el brazo derecho. Al descubrirlo, encontró un fuerte moratón que nacía sobre su codo y moría en su muñeca. Sentía un dolor persistente en su tobillo izquierdo que le recordaba a su adolescencia, cuando presumía de haber sufrido un esguince que le permitió que su vendaje atrajera la atención de los amigos durante un par de semanas. Y su pelo. Juraría que le habían arrancado de cuajo parte de su larga melena negra. Aún no llevaba allí el suficiente tiempo como para pensar en el miedo que estaría pasando su pareja, a quien perdió de vista durante la estampida. Aún no había valorado que a la mañana siguiente no podría acudir a esa entrevista de trabajo que había conseguido después de tanto tiempo intentándolo. Aún no había previsto qué explicaría a su padre, que siempre le advertía de que fuera con cuidado. Aún no había sentido ganas de llorar.   Fuera de la comisaría, varias decenas de personas pedían la liberación de los detenidos. La policía les pedía la documentación y ellos no paraban de gritar, con la ilusión de que ese aliento llegara hasta la celda en la que se encontraban los detenidos. Él y ella, un segundo después, consiguieron descubrirse en la penumbra. Se miraron. Y sonrieron. 
  

Él se levantó del suelo como pudo y se acercó hasta ella. Después, se abrazaron como dos hermanos que se reencuentran después de mucho tiempo; o tal vez como una pareja de novios que ansía demostrarse comprensión; quizás, como dos grandes amigos que omiten las palabras porque no resultan necesarias. Y como si la luz de ese instante de complicidad traspasara todas las puertas cerradas que les alejaban de la calle, una breve pero intensa ráfaga de viento sacudió a los que se solidarizaban a las puertas de la comisaría, haciendo que a uno de los agentes se le cayera de entre las manos el documento de identificación de uno de ellos.   Les habían detenido, sí. Habían caído derrotados, es cierto. Pero habían luchado con todo su corazón.. una vez más

miércoles, 28 de enero de 2015

PERMÍTANME QUE ME DESAHOGUE

No sé si estoy más enfadado por la aprobación de la Ley Mordaza, por la negativa del gobierno a aplicar la Ley de Memoria Histórica, la estafa, supuesta, de Rato en Bankia, las declaraciones del opusino Fernández, sobre las expulsiones en caliente de inmigrantes, o por la no imputación por parte del fiscal anticorripción de la hija del rey y hermana de rey —que si no queríamos uno, tenemos dos—. Estoy hasta la coronilla, muy enfadado, indignado y asqueado.

Es mi problema. «A quien le importa lo que yo haga, a quien le importa lo que yo diga, yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré», cantaba Alaska y Dinarama, allá por 1986 «Quizás la culpa es mía por no seguir la norma, ya es demasiado tarde para cambiar ahora». Permítanme que me desahogue, es un favor que les pido, porque me estoy ahogando con tanta miseria, engaños, corrupción y tomadura de pelo.

Ahora sale Rajoy diciendo que la crisis ha terminado. «En muchos aspectos es historia pasada, ya se nota en los salarios». ¡Canalla! Además de mentira es una falta de responsabilidad, desvergüenza y cinismo, faltando el respeto a los millones de personas que sufren por sobrevivir. Algunos datos y señales que dan frío:

Si se incluyera a las personas «desanimadas», que la EPA excluye de su concepto de parado, el desempleo lo sufrirían 7.013.678 personas, según cálculos de Llorenç Pou Garcias). Sube la tasa de pobreza energética, las familias que destinan más del 10% de su renta a la luz y el gas alcanzan el 16,6% y el 9% no puede mantener una temperatura adecuada. El paro registrado afecta a 4.500.000 personas. La deuda pública alcanza el record histórico de 1,020 billones, el 96,8% del PIB. El 27,5% de los niños vive en riesgo de pobreza; 1.789.400 hogares tiene todos sus miembros sin trabajo (El Mundo 23 octubre); la tasa de paro juvenil es del 53,8%; los salarios bajando y los precios en caída libre, rayando la deflación y la depresión económica; los desahucios aumentando y el salario mínimo en 645,30 €.

El 40,6% de los españoles vive en la precariedad, el 24,2% sufre exclusión moderada y el 10% en severa marginalidad; sólo el 34,3% vive sin carestías esenciales, según Cáritas. España el país de la OCDE en el que más ha aumentado la desigualdad y ahora la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico insta a atajar la desigualdad para favorecer el crecimiento. Como dice Pareja en El Plural: «Para todos ellos la crisis es, efectivamente, historia; para la mayoría, si no hacemos algo pronto para solucionarlo, será desgraciadamente histórica». Pese a todo, quizás Rajoy diga verdad, al decir que la crisis ha llegado a su fin, aunque yo tengo una visión diferente a la del presidente. Ya lo dije en anteriores entradas: «Es lo que querían. Es su modelo».

Por si fuera todo poco, nueva trama. El Consejo General del Poder Judicial ha convocado a concurso la plaza que ocupa el juez Ruz en el juzgado número 5 de la Audiencia Nacional. Todo parece premeditado, para que la Gürtel quede en nada, por la financiando ilegal (presuntamente) del Partido Popular (prometo no repetir el «presunta» otra vez, porque sería cansino, además de falso). Según fuentes cercanas al juez, no pedirá la prórroga en marzo; nadie es más consciente que él de los riesgos que se ciernen sobre el caso Gürtel. «Si siempre estaban latentes, ahora más que nunca», dice Ernesto Ekaizer. Podríamos estar ante otro caso de financiación ilegal del PP que quedaría sin juzgarse, como el Naseiro, archivado por el Tribunal Supremo, a causa de irregularidades de instrucción del sumario. (Me adelanto a la puntualización: el caso Filesa, se juzgó y hubo condenas). El PP hace trampas, cuando le van mal las cosas con la justicia, cambia las reglas durante el tiempo de juego y hasta de jueces como Garzón o Silva. Mientras siga Ruz con la causa, debería procesar a todos los implicados y abrir juicio oral, como corresponde.

El PP, en solitario y haciendo uso legal pero no legítimo de su mayoría absoluta y falseando datos sobre disturbios violentos, para justificar la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana, aprobó la Ley Mordaza, que de hecho significa un recorte en las libertades y «una amenaza para los Derechos Humanos» (Amnistía Internacional). Esta reforma sustituye a la denodada «ley de patada en la puerta», que de por sí ya era un retroceso en las libertades.

Es una reforma innecesaria que restringe las libertades ciudadanas y significa el regreso al antiguo Tribunal de Orden Público franquista. La ley que criminaliza las protestas, recorta los derechos fundamentales de expresión y manifestación, convirtiendo a la ciudadanía en criminales, por protestar en favor de los derechos y contra los recortes sociales. Como dice Patricia Hernández el PP «tiene alergia a los derechos civiles», y a todos los derechos y libertades, añado yo. La oposición de izquierdas, tiene que ejercer un boicot parlamentario. No es suficiente manifestar que se derogará cuando se llegue al gobierno; no vale con votar 'no' o abstenerse; hay que ausentarse, para no legitimar, aun mudos, con la sola presencia, la aprobación de leyes injustas. España vuelve a ser una dictadura y Rajoy un dictador. Avanzamos hacia el pasado.

En relación con las Víctimas del franquismo, el PP en el Senado, ha rechazado la moción del PNV, apoyada por el resto de grupos, para reanudar la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica, tomar medidas para reconocer a las víctimas del franquismo y colaborar en la recuperación de los desaparecidos. El PP, no solo no quiere investigar la corrupción que le cerca, sino que como buen heredero del franquismo, se niega a reconocer los crímenes que están ocultos en fosas comunes y en cunetas de los caminos. «A todas las víctimas les debemos un compromiso y eso tratamos de buscar con esta moción», decía desde la tribuna el ponente Jokin Bildarratz. A ello contesta el senador Alejandro Muñoz-Alonso «No hemos hecho comisión de la verdad ni falta que nos hace». Es comprensible la actitud del PP: cómo va a tener compromiso con las víctimas del franquismo, si no lo tiene con los enfermos crónicos actuales ni con las personas dependientes ni con los ancianos ni las personas desprotegidas. Más de 100.000 dependientes han muerto sin haber recibido las ayudas. Parece como si estuvieran aplicando su particular «Solución final». Recuerdan a Patricia Flores, ex viceconsejera de Asistencia Sanitaria de la Comunidad de Madrid con Esperanza Aguirre, cuando dijo «¿Tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema?»). Lo que digo, exterminio es lo que hacen.

Y con las mismas malas artes, llega el ministro (de la porra) Fernández Díaz, con la caridad opusiana que le caracteriza, dirigiéndose a los críticos con las devoluciones en caliente, propone enviar a los inmigrantes de la valla a casa de quienes los defienden: «Que me den la dirección y les enviamos a esta gente». Palabras de un indeseable. Todavía no ha dimitido, porque no tiene vergüenza, ni él ni el presidente del gobierno que le mantiene. El Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha pedido a España que dé explicaciones sobre la devolución sumaria de inmigrantes en Ceuta y Melilla, por la violencia policial en la represión de los saltos en las vallas fronterizas y las denuncias de malos tratos a inmigrantes en los Centros de Internamiento de Extranjeros. El gobierno que tan sumiso cumple las directrices económicas que le dan desde instancias internacionales —UE o FMI—, da la callada por respuesta, violando los DDHH, incumpliendo entre otros, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Lo de Rodrigo Rato es para que ya estuviera en la cárcel preventivamente, para evitar su huida y otros males. El informe realizado por los peritos designados por el Banco de España, a petición del juez que instruye el caso Bankia en la Audiencia Nacional, viene a decir que cuando salió a Bolsa, las cuentas presentadas «no expresaban la imagen fiel» del banco, que pasó en tan solo unos días —tras la dimisión Rato en 2012—, de unos beneficios de 309 millones de euros a reconocer un agujero de casi 3.000 millones. Rato y su equipo falsearon las cuentas, inflando su valor, para facilitar la venta de acciones y eso les debe costar la cárcel.

El Código Penal (art.282 bis) establece que «Los que, como administradores de hecho o de derecho de una sociedad emisora de valores negociados en los mercados de valores, falsearan la información económico-financiera contenida en los folletos de emisión de cualesquiera instrumentos financieros o las informaciones que la sociedad debe publicar y difundir conforme a la legislación del mercado de valores sobre sus recursos, actividades y negocios presentes y futuros, con el propósito de captar inversores o depositantes, colocar cualquier tipo de activo financiero, u obtener financiación por cualquier medio, serán castigados con la pena de prisión de uno a cuatro años», pudiendo llegar hasta los seis, si el perjuicio fuera de notoria gravedad (art.308).

Pero el ex director del Fondo Monetario Internacional —que parece no es tan buen gestor—, no es el único culpable. El Banco de España y los directivos de entonces, la CNMV y la auditora Deloitte —que certificó 309 millones de ganancias, en lugar de 3.000 millones de pérdidas—, son cómplices necesarios de la estafa de Bankia. En este caso, el delito de «maquinación para alterar el precio de las cosas» es de libro. Se estudiará como ejemplo en las facultades de derecho.

Y que decir de Cristina Federica de Borbón y Grecia, imputada por ser cómplice de su marido Iñaki Urdangarín, que si los jueces no lo remedian «tu te comes solito el marrón» pactado en famiglia. Cristina ha sido participe a título lucrativo y se benefició de los fondos que evadió su marido, además de cometer un delito fiscal por impago de IRPF, pero ella no sabe nada. El fiscal acusa a Urdangarín de ocho delitos castigados con más de 19 años de cárcel, su señora de rositas. Al ex socio Diego Torres se le imputan siete de estos delitos. El Ministerio Público acusará a la mujer de Torres, de un delito de blanqueo de capitales y exculpará a la Infanta por ser quien es, como muestra de que la justicia no es igual para todos y menos si eres miembro de la familia real; todo un ejemplo de desvergüenza, rayando la prevaricación.

El rey padre y el rey hijo encantados. La Historia tendrá que juzgar a esta familia que según todos los indicios, tiene una fortuna estimada de alrededor 2.300 millones de dólares (unos 1.680 millones de euros), según el New York Times en 2012. El canal NBC, calcula la fortuna de Juan Carlos I en unos 2.000 millones de euros. En 2003 la revista Euro Business situaba al monarca entre los europeos más ricos (en la posición 112) con un patrimonio total de 1.700 millones de euros. «A falta de cifras oficiales, las estimaciones que hacen medios internacionales de prestigio oscilan casi todas en unos rangos similares y situarían al rey como una de las personas más ricas de España». ¿Cómo han conseguido tantísimo dinero? No hay transparencia, sí mucha opacidad y secretismo; datos inviolables como la persona del rey y excesivos privilegios que algún día tendrán que acabarse.


Comencé a escribir estas líneas con enfado, indignación y asco. Con tanto robo, estafa y fraude no es para menos, aunque ahora estoy más desahogado; gracias por permitírmelo. Termino donde dejé la canción de Olvido «Me mantendré firme en mis convicciones, reportaré mis posiciones», para quién le interese. Mi destino lo elegí yo y en el sigo; por convicción, por dignidad, mientras que el cuerpo aguante.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

MAYORÍA SILENCIOSA O INMENSA MAYORÍA

Vivimos en un país donde se prostituye continuamente el lenguaje, manoseando las palabras hasta límites insufribles para nuestros oídos. Donde la derecha rancia hace suyos vocablos que otrora llenaban el blanco inmaculado de las pancartas que abrían las manifestaciones (progreso, cambio, etc...), y la izquierda miope abandonando las trincheras ideológicas, emplea palabras en un afán baldío y equivocado de monopolizar al conjunto de la sociedad (ciudadanía, reforma, etc...)

Siendo muy gráfico, cuasi tan contundente como una viñeta de El Roto, equivaldría a decir que la derecha con tal de seguir hegemonizando nuestra sociedad sería capaz de quemar sus naves por captar incluso el voto de los presos políticos del entorno abertzale, y que la izquierda (al menos una parte sustancial de ella), no dudaría en gastar toda su artillería pesada con tal de captar el voto en los aledaños e incluso en las confortables moradas de los Florentinos Pérez, los Amancios Ortega, Botines, Koplowitzs, y puestos ya, hasta en la mismísima Zarzuela.

Atrás quedan, en una orilla, la defensa de la clase "obrera" como bandera de la izquierda, y en la otra, el respeto de lo que decidan los "votantes" como seña de identidad en el mensaje martilleante de la derecha. Por ambos términos, "obrera" y "votantes", ha pasado como un ciclón el vértigo con que se suceden los acontecimientos políticos y sociales en nuestro país. Ahora ambos bandos, izquierda y derecha, en un tótum revolútum, andan a la caza de los respetabilísimos "ciudadanos". Es la moda que se ha impuesto este último año en la "Fashion week" de nuestra manoseada política nacional.

Pero el panorama es más desolador y nauseabundo, si giramos nuestra vista buscando refugio en los medios de comunicación, ese que dicen cuarto poder, cuyos periodistas adoctrinados a lo sumo que aspiran es a ser los lacayos y limpiabotas del capitalismo patrio.

Es del todo punto de vista infumable, la retahila de sandeces y frases huecas del coro de grillos que engrosan la caverna mediática (los Inda, los Marhuendas, los Rojos, los Losantos, los Herreras, las San Sebastian, las Durán, etc...), con tal de conservar su parcela de privilegios en unos medios de "desinformación" masiva, que están en manos del poder económico y financiero más canalla y cruel, que a su vez también es el manijero implacable que rige los torpes movimientos de un gobierno de la nación acartonado y petrificado, encantado de haberse conocido.

Entre la inmensa mayoría que defiende Julio Anguita, con su paciente mensaje buscando parcelas de convergencia social y política, y la mayoría silenciosa que se reclama para sí el ínclito Mariano Rajoy, es donde hay que buscar las respuestas y los resortes para encauzar unas dignas salidas a esta crisis económica y de valores que aqueja a nuestra sociedad, la cual con las recetas y paños calientes de la Troika, es incapaz de superar la patología de languidecimiento crónico que está padeciendo.

Desde mi humilde punto de vista no son buenos tiempos para ese segmento de la sociedad que actúa como si con ellos no fuese la cosa, esos miembros de una clase media que empieza a resquebrajarse, que la única revolución a la que están dispuestos, es aquella que tienen a su alcance desde el sofá, la mesa camilla y el refrigerador. Triste muestra lamentable de esa mayoría silenciosa, que sin mover un dedo están acostumbrados a que otros les saquen las castañas del fuego.

Tampoco son buenos tiempos para otro segmento social, que solo alza la voz en las barras de los bares y en los recintos deportivos de los espectáculos de masas, pues están cuidadosamente narcotizados con polémicas estériles alentadas por unos irresponsables medios de comunicación, que con tanto despropósito y manipulación, inducen a una violencia que a veces tiene como colofón el trágico resultado acaecido la semana pasada en los aledaños del campo de fútbol del Vicente Calderón, con un aficionado al que se le ha segado la vida de forma trágica e injustificable. ¿Qué hacemos con los culpables? La cárcel debiera ser su único sitio.

En cambio, si son buenos tiempos para ungirnos con nuestro mejor atuendo de dignidad, y salir a nuestros barrios, para llenar sus calles de decencia, justicia y solidaridad. Son unos magníficos tiempos para seguir apoyando sin fisuras las Marchas de la Dignidad pidiendo algo tan revolucionario como pan, trabajo y techo. También apoyando a todas las Mareas Ciudadanas que luchan por el mantenimiento de los servicios públicos en sectores como la sanidad, la educación, los servicios sociales, la dependencia, etc. Apoyando la plataforma Stop Desahucios que están al lado de los seres más vulnerables de nuestra sociedad haciendo una labor colosal.

Todo lo que sean nuevas estrategias y herramientas de lucha contra la barbarie capitalista, bienvenidas sean (facebook, twitter, etc...). El fenómeno Podemos al que sigo con diligencia y entusiasmo, pero también con la exigible y necesaria distancia, percibo pueda estar cayendo en cierto grado de autocomplacencia con su imparable militancia virtual (Ágora Voting).
Observo con preocupación cierto desdén desde las filas de esa militancia virtual hacia la militancia tradicional, la de las fábricas, la de los tajos de trabajo, la del surco y el jornal. Pienso que es un error mayúsculo, que confío sepan atajar a tiempo desde la inteligencia, habilidad y astucia de sus cuadros dirigentes. Ambas militancias no pueden ni deben estar enfrentadas, sino que deben retroalimentarse la una de la otra y encajar como las piezas de un puzzle.

No hay que sonrojarse ni pedir perdón por estar en las viejas trincheras de la lucha social. Para nada están obsoletas. Soy de los que piensan que el ser humano como mejor siente en sus propias carnes los valores de la solidaridad, la fraternidad, la justicia, la libertad, es cuando camina codo con codo al lado de su semejante, al lado del que ningunean y esclavizan, al lado del que desahucian y enajenan, al lado del que arrebatan su dignidad, al lado del que le embargan hasta sus sueños.

La militancia virtual sin rostro humano, sin el latir caliente de la sangre, corre el riesgo de subir como la leche en el fuego, pero también de desmoronarse como un castillo de naipes. No sabría muy bien donde ubicar este fenómeno social mediático, sin precedentes en nuestra historia reciente.

Tiene señas de identidad propias de la mayoría silenciosa que debieran combatir, pero también está ampliamente impregnado de las singularidades que definen a la inmensa mayoría. Apuesto firmemente por su encuadramiento y afianzamiento en esta última. La mayoría silenciosa, mejor dejarla rumiando su cobardía y su complicidad con el aumento de la pobreza de este país, e incluso con los muertos que provocan los criminales desahucios. Allá su conciencia, si la tienen.

Detrás del teclado de un ordenador es muy fácil demostrar indignación y movilización. Lo difícil viene siempre cuando desde nuestra vida en precario, casi a precio de saldo, hay que salir a la calle a mostrarnos cara a cara, a enfrentar a nuestro banquero, a nuestro jefe, a nuestro alcalde.

Conozco a muchos gallitos, algunos perros ladradores, a los que a la hora de la verdad se les va toda la fuerza por la boca, para finalmente en espantada, salir corriendo con el rabo entre las piernas. Lo difícil es hacer nuestros sin dobleces, a plena luz del día, con luz y taquígrafos, aquellos versos de Gabriel Celaya que dicen:

"A la calle que ya es hora
de pasearnos a cuerpo,
y mostrar que pues vivimos
anunciamos algo nuevo".


¡Ay!, si en hacer esto último invirtiésemos lo mejor de nosotros. Con toda certeza, otro gallo cantaría las cuarenta a este sistema capitalista salvaje, criminal y genocida.

viernes, 28 de noviembre de 2014

CAYETANA DE ALBA Y LA MEMORIA HISTÓRICA

Un 20 de noviembre se provocó la expiración del dictador Francisco Franco, desenchufándosele los aparatos que le mantenían artificialmente con vida vegetativa. Se hizo tal día porque en la misma fecha, en un 20-N de treinta y nueve años atrás, había sido fusilado, por una torpísima decisión republicana, José Antonio Primo de Rivera, el líder del fascismo de la historia europea más fracasado en las urnas y más victorioso por la sangrienta ruptura de las mismas. Otro 20-N, este último, se desconecta en Sevilla a Cayetana Fitz-James Stuart, ciudadana igualmente española. Se ignora de quiénes ha sido la ocurrencia macabra de hacer coincidir de nuevo la fecha de fallecimiento.

La muerte parece que ha estado bien escenificada. Por encargo de la familia, fue el alcalde de Sevilla, perteneciente al Partido Popular, el juez de profesión Juan Ignacio Zoido, quien diera la noticia a la ciudadanía sevillana convocándola al Salón Colón (antes Salón de los Borbones) del Ayuntamiento de la Ciudad, salón que la corporación municipal ofrecía, como su mejor espacio, junto a toda la parafernalia municipal, para que se le rindiesen los debidos honores al féretro de la duquesa antes de trasladarlo a la Catedral para oficios presididos por un cardenal y una infanta.

Se ignoran las razones de esta deuda ciudadana. Y son en cambio conocidos unos deméritos, bien que acallados por virtud de la desmemoria histórica. La interfecta fue notoriamente titular de no sé cuántas grandezas y noblezas y de un inmenso patrimonio urbano, rural y financiero, como hija y heredera del Duque de Alba, quien a su vez fuera, no menos notoriamente, financiador y embajador del golpe de Estado del verano del 36 y de las subsiguientes guerra y dictadura. Ahí radica la verdadera deuda. Júzguese si es merecedora de honores ciudadanos. La familia Alba actual es árbol de esa raíz.

Se vengaba de la República el Duque de Alba por haber tenido la osadía de cuestionar la legitimidad de patrimonios como el suyo desde el punto de vista tanto histórico como social.

Históricamente, la forma como en la España del siglo XIX se habían efectuado la abolición de los señoríos, la desvinculación nobiliaria, la liberalización mercantil y financiera, y las desamortizaciones municipal y eclesiástica no sólo salvó literalmente de la quiebra a dinastías como la de Alba, sino que potenció su capacidad económica, en particular de cara a un campesinado despojado por dichos procesos.

Socialmente, la consecuencia mayor fue, en especial para Andalucía y Extremadura, la degradación del campesinado hasta extremos de miseria con la consiguiente supeditación y abaratamiento, casi servidumbre, del trabajo rural.

Todo ello, también la historia, se tuvo bien en cuenta por la República para poner justamente en cuestión la legitimidad de unos grandes patrimonios. Había comenzado con la misma Constitución republicana, aboliendo la nobleza en aplicación estricta del principio de no-discriminación. El precio de la recuperación de aquellos patrimonios fue la dictadura; el premio a su apoyo, privilegio social y sinecuras financieras, de las que Alba sacó buen provecho. Añádase algo: no hay a estas alturas del siglo XXI signo alguno de conciencia, ya no digo de arrepentimiento, ni de disposición a la reparación por parte de la familia Alba. Jesús Aguirre, el segundo marido de Cayetana, intelectual de profesión, ayudó al blindaje del patrimonio, no a la toma de conciencia.

El patrimonio disfrutado por la Casa de Alba es inseparable del auxilio prestado por el entonces Duque a la sublevación franquista y a la posterior dictadura.

Solo una lamentable desmemoria ciudadana explica que episodios como el sepelio de la Duquesa, o ciertos festejos y celebraciones, conciten adulación pública, sin asomo siquiera de censura por parte de la oposición de izquierdas.

El problema último sigue radicando, para España toda, en la desmemoria histórica, tan profunda que hace que las apologías retrospectivas del terrorismo franquista pasen desapercibidas.

Por internet pueden revisarse los programas especiales de radios y televisiones, también de las públicas, del último 20-N, así como las abundantes páginas de prensa del día siguiente. El tópico más repetido es el de la popularidad de Cayetana por causa de su llaneza, esto es, por no tomarse en serio ni las cosas serias y así vivir la vida ligera, no diré que loca, con sus espaldas bien cubiertas. Hasta un exvicepresidente del gobierno, socialista para más señas, se ha deshecho en el elogio de Cayetana la llana y del patrimonio de la casa de Alba.

Duquesa de los toreros, también se le dice reiteradamente, como mérito a sumar. Entre tanta frivolidad y banalización como campea, es difícil encontrar durante estos últimos años en España un personaje público no improvisado tan frívolo y banal como el de la susodicha duquesa. Agréguese a esto el agravante de la responsabilidad social de ser titular de un patrimonio saturado de sangre española no tan remota para la memoria histórica de signo demócrata.

Regresemos a Sevilla. Últimamente son muchos los sevillanos que han tenido motivos para avergonzarse de ser ciudadanos de Sevilla. Sin ir más lejos, hace un par de meses, en setiembre, el barrio del Porvenir, fue tomado por la Cofradía de Jesús de la Victoria y Virgen de la Paz para la celebración de su 75 aniversario. Háganse las cuentas: La fundación, formalizada canónicamente en 1939, había sido iniciativa de Gonzalo Queipo de Llano, el general más sanguinario de los sanguinarios generales del golpe contra la República encabezado por Francisco Franco y Emilio Mola. Tampoco hay visos de conciencia en esta efeméride cofrade.

El Ayuntamiento se puso al servicio de la Cofradía del Porvenir para la ocupación de las calles con retirada de vehículos y otras acciones policiales, esto es, con empleo de personal y medios pagados por la ciudadanía durante varios días.

Entre setiembre y noviembre hay más motivos para la vergüenza. El distrito municipal del barrio lo adornó el 12 de octubre con banderitas rojigualdas portando la leyenda de Día de la Hispanidad, una advocación de fondo racista y uso franquista que no es oficial para la fiesta española y que ha sido incluso abandonada desde 1992, por vergüenza ciudadana ante la presencia indígena, por los Estados latinoamericanos que también habían venido utilizándola.

¿No hay fiscal que mire a las recurrentes prevaricaciones y malversaciones de un alcalde por poner personal, bienes y vías del municipio a disposición gratuita de intereses particulares, pues los eclesiásticos también los son? Desde luego que los casos de la duquesa y la virgen franquistas no son los únicos. Pero no es cuestión de personalizar ni de judicializar. No personalicemos porque no se han escuchado críticas relevantes a las referidas actuaciones del alcalde sevillano por parte de la oposición de izquierdas con representación en el municipio. Priva la idea de que Sevilla tiene un color especial y de que el duende taurino y el azahar cofradiero arrastran localmente muchos votos.

No quiero remontarme a la trayectoria de alcaldes socialistas con respecto a la Iglesia Católica en general y a la Semana Santa en particular, la semana en la que las cofradías toman la ciudad poco menos que entera con todos los medios municipales a su disposición y sin hacerse cargo ni de un Euro del coste del servicio.

Sevilla por lo demás ya cuenta, desde hace cerca de cuatro años, con una estatua de Cayetana erigida en uno de sus más céntricos jardines, lo que no se debe a la actual corporación.

El mayor insulto a la inteligencia demócrata lo ha protagonizado un exalcalde socialista de Sevilla elogiando a la duquesa fallecida por “machadiana” para añadir que fue además “felipista”. Así que no personalicemos ni partidicemos. Tampoco judicialicemos. Bastante carga tiene la justicia en España y bastante mal la atiende. El problema es político y no tiene solución judicial. Tampoco digo que prevariquemos, la ciudadanía y la fiscalía, guardándonos de denunciar delitos al fin y al cabo flagrantes.

Digo sólo que, en casos de actuaciones netamente políticas contrarias a derecho sin derramamiento de sangre ni otro daño grave, la vía judicial no es que sea inútil, pues alguna utilidad política reporta, sino que resulta contraproducente, sea en Andalucía o en Cataluña. En Sevilla, en una ciudad que sufre de hiperactividad judicial y fiscal políticamente además sesgada, el problema más inmediato estriba en cosas como, por ejemplo, la connivencia o la incapacidad de la oposición municipal antes que en el silencio de la fiscalía o que en el sesgo de la justicia.


El reciente 20-N también acusa que el problema último sigue radicando, para España toda, en la desmemoria histórica con su batallón de corifeos comenzando por unos políticos irresponsables que se han deshecho en elogios de la duquesa Cayetana y del patrimonio de Alba. Ante esta apología retrospectiva del terrorismo franquista, no vale la justicia, sino la política. Y son la política y la justicia las que debieran esclarecer aquel terror. Ante la prevaricación de no hacerlo, otras prevaricaciones palidecen.

viernes, 21 de noviembre de 2014

¿PODEMOS O PABLEMOS?

Una formación atrapalotodo o “partido escoba”, y un líder a su imagen y semejanza. Eso es Podemos tras el rotundo veredicto emitido por las urnas electrónicas el pasado sábado 15 de noviembre: el partido de Pablo Iglesias. Salvo Santiago Carrillo, cuando el 14 de abril de 1977 impuso la aceptación de la Monarquía a la cúpula del Partido Comunista de España (PCE), nunca antes en la España democrática un dirigente político había concentrado tanto poder en su mano. Y en el caso de la organización de Pablo Iglesias, con el valor añadido de presentarse como el “partido de la gente”.

Por unánime decisión de sus activistas, Iglesias ha sido investido secretario general de Podemos, haciendo al mismo tiempo de los principales órganos de decisión del partido una caja de resonancia de su liderazgo. Desde el Comité de Coordinación (CdC), que estará integrado por 10 personas, hasta la Comisión de Garantías Democráticas (CGD), pasando por el más coral Consejo Ciudadano (CC), constituido por 62 delegados netos, todo en el organigrama ejecutivo de Podemos ha sido diseñado en clave presidencialista.

Un caso inédito en la reciente historia de la partidocracia española, sobre todo teniendo en cuenta que Podemos aún carece de presencia parlamentaria en las instituciones del país, limitándose su currículum a los cinco eurodiputados obtenidos en las elecciones europeas del pasado 25 de mayo. Curiosamente, sirviéndose en aquella ocasión de un programa-reclamo del que solo seis meses después la cúpula de Podemos reniega en sus aspectos más radicales, como lo concerniente a la denuncia integral de la deuda soberana por ilegítima o el tema del cuestionamiento del euro.

Y todo ello en medio de una galopada de entusiasmo popular y mediático sin precedentes. Porque, contradiciendo toda prudencia política, a cada órdago monopolizador lanzado por Pablo Iglesias y su equipo las bases han respondido con una entrega sin condiciones. Eliminó la posibilidad de una dirección colegiada echando mano del viejo discurso caudillista; implantó sus coordenadas programáticas con la amenaza de dimitir si no eran aceptadas; estigmatizó al competidor proponiendo que las minorías se automarginaran, y acaba de culminar su paseo triunfal logrando lo nunca visto en democracia: que los de abajo cedan “orgullosamente” todo el poder a los de arriba.

La fidelidad al líder demostrada por los “pablistas” que han entrado a formar parte de los “círculos” de poder de Podemos recuerda, mutatis mutantis, al elenco de “senadores de designación real” con que se armó el tinglado con que echó a andar la primera legislatura de la transición. Ni el “asambleario” Consejo Ciudadano, máximo órgano entre congresos, ni el elitista Consejo de Coordinación, escapan a la lógica atrapalotodo que identifica a la marca Podemos. El staff del CC ha sido elegido votando la plana ofertada en exclusiva por el equipo de Pablo Iglesias, “Claro que Podemos”, reproduciendo así en los hechos a las denostadas listas cerradas y bloqueadas de los partidos del régimen, y además los integrantes del CdC han sido también elegidos de una única lista propuesta por el secretario general.

De la magnitud de la inquebrantable adhesión al pablismo da idea la cuantía de votos obtenidos por el cabeza de lista oficial (Claro que Podemos) y su equivalente alternativo para los distintos órganos. Secretario General: Pablo Iglesias el 96,87% de los votos; Pablo Monge el 1,01%. Consejo Ciudadano: Íñigo Errejón el 89,54% de los votos, Cristina Oliván el 5,25%. Comisión de Garantías Democráticas: Gloria Elizo el 86,12% de los votos, Cristina Oliván el 5,02%. Todo, democráticamente atado y bien atado.

Dicen las crónicas que entre los invitados a la asamblea constituyente que se ha propuesto liquidar el bipartidismo dinástico había, entre otros, representantes de Izquierda Socialista (IS), el ala izquierdista del PSOE, y que en su discurso de clausura está vez Iglesias ha omitido críticas al partido que lidera Pedro Sánchez. Un gesto congruente con los fichajes realizados recientemente por Podemos para la fontanería del partido. Los últimos han sido, el economista Juan Torres, antiguo secretario general de Universidades de la Junta de Andalucía y el politólogo Vicenc Navarro, un famoso académico que colaboró en la confección del programa electoral del anterior presidente de gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

Hay otros socialistas desenganchados que forman parte de la vieja guardia de Podemos desde sus orígenes, como el jurista Carlos Jiménez Villarejo, ex fiscal especial anticorrupción durante los años de plomo del felipismo. Catalán de nacimiento, el eurodiputado dimisionario Villarejo, tío de la exministra socialista de Asuntos Exteriores Trinidad Jiménez, publico un artículo en el diario El País el pasado 7 de noviembre, con el título de Una consulta antidemocrática, donde negaba toda legitimidad al 9-N, en línea con las tesis prohibicionistas del Tribunal Constitucional ante el ejercicio del derecho a decidir.

Concluido el maratón constituyente, la nomenklatura de Podemos se centrara en las elecciones autonómicas y generales del 2015 para proseguir su larga marcha a través de las instituciones. Una vez descartada la participación en los comicios municipales, al menos en las pequeñas localidades donde la cuota de poder a ganar es casi nula. Y si las encuestas continúan siendo favorables a la nueva organización, llegará el momento de los pactos para gobernar, escenario que muy probablemente culminara tomando de consorte al PSOE, uno de los dos partidos factótum de la crisis y del sistema.


        Tamaña peregrinación frustrada de abajo-arriba (del horizontalismo al verticalismo y de la democracia deliberativa a la democracia plebiscitaria), caso de consumarse, recordaría lo sucedido en Alemania con Los Verdes (Die Grüne) en su particular asalto a los cielos. Una formación de raíz profundamente contestaría que en 1998 entró a gobernar con el PSD de Gerhard Schröder y cinco años después, en marzo de 2003, sancionó la Agenda 2010, un paquete de medidas para “flexibilizar la economía alemana” en aspectos como trabajo, salud, pensiones e inmigración (entre otras medidas de marcado talante ecológico). Una hoja de ruta “rojiverde” que ha inspirado a la troika (CE, FMI y BM) para lanzar su arsenal de políticas austericidas que Podemos ha prometido derogar