lunes, 18 de abril de 2022

SOSPECHAD, AMIGOS, COMPAÑEROS, SOSPECHAD


Más allá del celebrado periodismo de datos, del fact checking, de las infografías y de los informes oficiales, hay una sana y viejísima forma de interpretar el mundo: se trata de la sospecha. La sospecha como metodología de investigación, la sospecha como incómoda inquietud, la sospecha como ejercicio de resistencia.

Sospechar, dice el diccionario, es “imaginar o suponer una cosa, generalmente negativa, a partir de conjeturas fundadas en ciertos indicios o señales”. Ricoeur hablaba de la “hermenéutica de la sospecha” para referirse a las filosofías críticas que recelaron del orden y las verdades universales que regían el mundo y demostraron así los intereses y estructuras que lo apuntalaban. En algunos casos, además de interpretarlo, lucharon por cambiarlo. Y con ese mismo ejercicio de la sospecha cuestionamos dioses, estamentos, liderazgos, privilegios, géneros, razas o fronteras.

Pero hay otra sospecha más cotidiana, más irracional y mundana, esa que sale de la entraña o de la mosquita tras las orejas, esa que dice “oye, esto no me cuadra”. Y no sé vosotros, pero yo, cuando mis paisanos, mis vecinos, mis amigos me dicen que algo no les termina de encajar, suelo hacerles caso, o al menos, poner en cuarentena la cuestión.  


Precisamente fue mi compañera la primera en decirme que, con esto de Ucrania, algo no le cuadraba. Lo dijo frente al televisor, con el telediario a medias, en lo que acabó siendo una acalorada sobremesa sobre armamento y sanciones, como supongo, ocurriera en muchas casas. También lo he escuchado en la calle, en un taxi, en los grupos de Whatsapp, o en el descansillo. Hay quien plantea bajito esas preguntas, en la intimidad, en la confianza, porque sospecha que, en este tema, precisamente, no hay espacio para sospechas. Aunque nazcan de la experiencia, o del conocimiento, o de la observación. Pero el caso es que hay cosas que no, que no cuadran.

No cuadra que en pocas semanas los Estados europeos hayan sido capaces de construir una admirable arquitectura de acogida para cientos de miles de personas, proporcionando alojamiento, protección internacional, escolarizaciones y servicios con una diligencia ejemplar. Porque, ¿no son esos los mismos Estados que avalan la devolución y rechazo de personas en la frontera sur?, ¿los que tuvieron a miles de refugiados que huían de la guerra en Siria durmiendo durante meses en sus parques y bajo sus puentes, mientras se los repartían como a una incómoda patata caliente?, ¿no son ellos los de la contención frente a la inclusión, los que aumentan el presupuesto de Frontex para blindar de la barbarie las lindes de nuestro europeo jardín?


Tampoco cuadra esta inusitada solidaridad ciudadana, tan coral, tan abrumadora. ¿Quién manda en nuestra compasión, nuestra culpa, nuestra ternura, nuestro dolor? ¿Dónde teníamos guardada toda esa generosidad para abrir nuestros hogares, para poner nuestras manos y nuestros recursos? Quisiera pensar que nos mueve la empatía y no el programa de Ana Rosa, porque nos arriesgamos a padecer de una gran ceguera. Nos requieren con urgencia las ONG, (hasta las que nunca estuvieron allí), la app del banco, el AMPA del cole, el chef José Andrés, mi asociación de vecinos, el espontáneo que se ha ido con la furgoneta a recoger a no sabe quién no sabe dónde, los de la alfombra roja de los Oscar, una empresa de patatas en León, o Cayetano Rivera, que está salvando niños en Polonia. Y por supuesto, respondemos.

Prefiero pensar que no se trata sólo de la empatía de la blanquitud –de hecho, gran parte de Centroeuropa es profundamente racista con las personas eslavas–, sino de una verdadera vocación de ayuda ante la injusticia y quienes la padecen. Pero me pregunto por qué hay dramas que se nos exponen en toda su crudeza, como este, y otros que no queremos, no podemos, o no nos dejan ver, aunque estén bien cerquita, en el Estrecho, o en nuestro barrio. Como esos tres millones de pobres que no veía Ossorio, el consejero de Educación de la Comunidad de Madrid. Ojalá a quienes gestionan tan enorme e inédita solidaridad les cuadren también las cuentas.


No cuadra tampoco –sospecho– que se nos exponga cada día a una épica de honor y valor militar como si se tratara de un parte de guerra del siglo pasado. En nuestro propio suelo bien sabemos lo que significa dar alas a eso de luchar por la nación y alimentar la retórica de la venganza de los señores con pistolitas. No cuadran tantas loas a un ejército en el que los hombres no tienen alternativa a luchar porque una ley marcial así lo impone, y en el que la extrema derecha inflige su discurso que, lejos de ser residual, ha emponzoñado las instituciones y la memoria ucraniana. No cuadra el interés en ignorar deliberadamente el hecho de que una parte considerable del legítimo nacionalismo ucraniano se ha envenenado por el camino, peligrosamente apegado a la ideología nacional socialista, disuelto en un difuso revoltijo de tradicionalismo, patriotismo y supremacismo donde acaban por desdibujarse las líneas de lo tolerable, hasta no saber cuál es el lado bueno de la Historia. Así lo reportaban, hasta no hace mucho, informes y medios de todo el mundo, pero entonces Ucrania era una estepa remota más allá del Muro. Ah, y lo de Zozulya. Eso tampoco cuadra.

No cuadra, por lo tanto, –conjeturo– que la Unión Europea plantee incluir por la puerta de atrás un país que dista de ser una democracia alineada con sus valores (ni siquiera el cacareado índice de The Economist la considera así). El “útero de Europa” que gesta los bebés blancos de occidente a costa de los cuerpos de las mujeres, un país donde las personas LGTBIQ+ son acosadas y perseguidas, donde la población romaní está siendo atada a farolas sufriendo pogromos y linchamientos, donde se multiplican, desde que empezara la guerra en 2014 las razias y las vendettas entre comunidades. Nos suena, ¿verdad? Recordemos que también en el refugio y el exilio operan privilegios, y me pregunto si todas las personas que no pueden salir, que se han quedado a ambos lados del frente, están a merced de la ley de la jungla y qué mecanismos de protección quedan para ellas allí donde no llegan las cámaras.


No cuadra –recelo– que un presidente de gobierno se convierta en una rockstar inmaculada que hace bolos por los parlamentos y videollamadas a famosos de Hollywood, sin poder encontrar en los medios informaciones claras sobre qué decía su programa electoral, quiénes son sus apoyos financieros, o cuáles son los partidos que ilegaliza, que, por cierto, incluyen a todos los de la izquierda.

No cuadra, tampoco (me digo, eh, que quizá me equivoco), que al villano cruel y genocida que es Putin se le hicieran, no hace tanto, amigables visitas privadas, se le aceptasen invitaciones a monterías donde disparar a osos borrachos y hasta casi, casi se le vendiera un tercio de Repsol. Él, que también fue en su día un aliado antiterrorista, allá por 2002, cuando el enemigo era otro y estaba en Afganistán. Enemigo que, por cierto, antes fue también un aliado, un freedom fighter de la Guerra Fría. Qué lío… no me extraña que haya quien prefiera la versión simplificada, esa que nos deja dormir tranquilas. Los “cordones sanitarios” a tiranos, sátrapas y totalitaristas se parecen más a una cuerda de saltar a la comba que a una barrera democrática, tan flexibles, tan versátiles, tan… líquidos.

Diría también que no cuadra que todas las personas que pública y abiertamente opinan diferente a la única línea informativa existente se vuelvan, automáticamente, una amenaza, un enemigo. Conspiranoicos, negacionistas, extremistas o agentes del Kremlin, rusófilos, rojipardos o frikis de internet. Por supuesto que esas personas existen, y que a río Dnieper revuelto, ganancia de pescadores. Pero no, no cuadra que todo el mundo esté siempre de acuerdo en cada mesa redonda.

          


Esas voces discordantes, las que vienen desde el progresismo, el antimilitarismo o el feminismo, no pueden estar todas a sueldo de Moscú. ¿Qué interés personal o genuino puede haber en defender el régimen conservador y represivo de Putin, un régimen que ha vaciado de sentido la memoria histórica para convertirla en un folclore nacionalista al servicio de sus oligarcas? ¿Un régimen que persigue la “ideología de género” y construye su desigual riqueza sobre los valores más conservadores y tradicionalistas? ¿Un régimen que encarcela disidentes y envía a soldados a morir y matar en una guerra que, durante ocho años, ocurrió frente a sus ojos?
 

El pensamiento crítico no es contrapropaganda, es pluralidad, es diversidad, son contradicciones, es la vida misma, la guerra misma, y de seguir ahogándole, brotará en formas mucho más turbulentas y confusas, y es ahí donde nacen los monstruos.

Y por acabar, y disculpad tanto recelo, pero tampoco cuadra que el pacifismo no tenga ningún espacio en los grandes medios, que solo sea ridiculizado, ninguneado o relegado a una postura de idealistas, ingenuos, ni-nis o nostálgicos. Quizá quienes nos creímos el no a la guerra y el desarme, sí que hemos sido ingenuos creyendo en la cultura de la paz, que es un ODS, un principio universal, un valor y un objetivo de la comunidad internacional. Por eso a muchos no nos cuadra eso de llamar insurgencia armada a la gente corriente, o a eso de aprobar gasto público para enviar armamento, y, sobre todo, nos preocupa el incierto destino de esas armas y de sus radicales portadores cuando, dentro de no mucho, vaguen por Europa y más allá.

Sospechad, amigos, compañeros, sospechad. Entre vosotros, hacedlo bajito o en voz alta, como queráis. Desde la sospecha crítica, fundamentada, científica y material; pero también desde la corazonada, desde el agravio comparativo, desde la humildad de quienes no lo sabemos todo: aplicad nuestro digno y necesario ejercicio de la sospecha. Sospechad, porque si no, dejaremos el legítimo derecho a disentir en manos de personajes muy oscuros y siniestros. Sospechad, porque quizá algún día necesitemos que sean otros los que sospechen por nosotros. Porque sospechar no implica dejar de ser solidarios, ni volverse equidistantes. Porque sospechar ayuda a conocer nuestras contradicciones y vulnerabilidades, y de ahí pueden nacer algunas valiosas verdades sobre quién quiere esta guerra y quiénes se llenan los bolsillos, las urnas o la reputación con ella. Porque solo sospechando hemos podido abrir caminos y alternativas al de la violencia, la desigualdad y el silencio.

Cuando se apague esta guerra, cuando llegue la paz, o la victoria, o la silenciosa y larga posguerra, entonces, también, sospechad. Ojo, que yo no digo nada. Pero es que hay cosas que no, que no cuadran.


miércoles, 9 de marzo de 2022

LA ESPERANZA SE LLAMA YOLANDA

 

         Elección tras elección, disgusto tras disgusto. Esta es la verdad de Unidas Podemos, cuya magia tan prometedora en sus inicios se va disolviendo inexorablemente. El momento, su momento, es tan desfavorable que sólo un gesto, unas palabras, de Yolanda Díaz, podrían inyectar esperanza donde hay pesimismo.

Sé que es mucho decir que una figura, aunque sea muy potente, vaya a salvar por sí misma la crisis de Unidas Podemos y sus homólogos. Pero el desánimo es tal que sólo el anuncio de su candidatura haría de la mueca triste una sonrisa de ilusión.

En su entorno se dice que está madurando su decisión de presentarse o no, como candidata de un frente amplio. Es muy respetable, pero además de marcar sus tiempos, algo que es legítimo y hasta conveniente, su entorno y ella misma deben saber que la realidad discurre con vida propia, no espera, es ella la que te llama para conectar. Reconocer en ella las señales que piden a gritos un paso adelante es lo más inteligente para no llegar tarde. En el peor de los casos para clausurar una espera que no tiene fechas y dar espacio a que otras iniciativas quieran y puedan abrirse camino.

        Visto de una manera retrospectiva, hay que reconocer que la decisión de Pablo Iglesias de echarse a un lado, algo inusual en la vida política estatal, puso más fácil la posibilidad de dar por amortizada una etapa en la historia de Unidas Podemos e inaugurar un nuevo tiempo en el que, con la mirada en alto, se vaya construyendo, no un partido más, sino un movimiento más grande, más amplio, más combativo, más diverso, más plurinacional, más feminista, más ecologista. Un proceso que en estos días necesita aunar voluntades de mujeres y hombres que crean que sí es posible reconstruir la esperanza. Comenzar este nuevo camino requiere asimismo comprender y asumir un enfoque que de por superado el debate de qué es primero, si el eje izquierda-derecha o el eje arriba-abajo, pues lo cierto es que los dos se necesitan y deben contemplar una mirada global sobre la sociedad real y sus potencialidades para cambiar las cosas.

Yolanda Díaz afirma que va mucho más allá de la suma de izquierdas, para dar impulso a una mayoría social progresista que, desde su diversidad, reclama un proyecto transversal donde puedan caber gentes reunidas no por una ideología concreta, sino por el afán de un cambio social y democrático, presididos por la igualdad y la justicia. Ella afirma que quiere un proyecto de “muchos”. ¿Esto puede ser un giro sobre lo que fue Vistalegre II? Yo creo que lo es. Debe serlo, en la medida en que Unidas Podemos se enfrentó al dilema “cerrarse” o “abrirse”, dando pasos en la dirección contraria al 15-M.

    Enseguida se fue configurando una alianza preferencial con Izquierda Unida que, con todos los respetos, no despertó el entusiasmo de quienes hasta entonces habían votado con ilusión y querían algo innovador. Y si no hay ilusión falta el cemento que une a un proyecto con sus votantes. La caída electoral fue espectacular, mucho más que un accidente.

Afirma Yolanda Díaz que no quiere regresar a la marginalidad, a instalarse en una esquina del tablero. Ella quiere cambiar, trasformar la sociedad. Y para eso hace falta dirigirse al conjunto de la ciudadanía. No sobra nadie. El proyecto de Yolanda Díaz no discrimina, no elige a unos rechazando a otros. Convoca a toda la ciudadanía que quiera ser protagonista, no va de partidos políticos que, dicho sea de paso, también deben participar activamente en el proceso. En su lógica es la gente la que debe apoyar o no su proyecto. Yolanda Díaz convoca a todo el que quiera ser parte del mismo. Una invitación que debe ir de la mano de la exposición de una causa clara, de un fin claro.

Ahora se trata de la construcción de la transversalidad que pide a gritos otros paradigmas, otros conceptos, otras palabras, otras conversaciones, otras organizaciones, otras referencias. Da la impresión que Yolanda Díaz se mueve cómoda ante lo inédito. Ella habla de una sociedad que sea imprescindible y escuchada, lo que es tanto como decir participativa y con capacidad de crítica y decisión, no simple receptora de mensajes. Para que algo así sea posible, hará falta una arquitectura organizativa realmente novedosa basada en la confianza de las partes y en el talento para consensuar fórmulas satisfactorias. La gran pregunta es: ¿Será viable el proyecto de Yolanda Díaz, o serán tantos los obstáculos que tendrá por delante que lo haga imposible?.

       La viabilidad está por ver dada la magnitud de crear algo nuevo. Pero, sin duda, para otros partidos parece que el proyecto sí es viable y por eso tratan de hacer que descarrile ya antes de que comience a rodar. También desde medios de comunicación que opinan más que informan, que hacen campañas sucias, le lloverán los enemigos a Yolanda Díaz. Pero ¡ojo! también tendrá obstáculos internos. En las izquierdas hay de todo, quienes comprenden que un partido es un instrumento al servicio de la sociedad y prescindible en un momento dado, y quienes hacen de su partido algo así como su patria, su principio y fin de todas las cosas. Los primeros están preparados para fusionarse en una realidad organizativa, los segundos priorizan su lealtad a lo particular.

En esta tensión esperable Yolanda Díaz necesitará una amplia libertad de movimientos, nada parecido a una tutela que le atrape en un bucle no deseado por ella. Si su decisión es favorable a ser elegida candidata de un frente amplio, pronto será inevitable que sienta la presión de una Torre de Babel. Se le acercarán quienes desde una excesiva ideologización pretendan guiarla “por el buen camino”. También quienes tratarán de posicionarse para dar el asalto a las listas electorales. También los que lejos de comprender la compleja relación entre ideología y política, le exigirán maximalismos como si en la política pudieran volcarse las creencias sin adaptación ninguna a la realidad. El hecho es que en las izquierdas no termina de asumirse la idea de que importan los pasos adelante bien orientados, no es tan decisivo si la zancada es más grande o más pequeña. Nada sería peor que la disputa de etiquetas de reformistas y radicales y la lucha por sillas y sillones.

         La asunción de la plurinacionalidad en el modo de organizarse y de distribuir las competencias de un modelo confederal, será asimismo otro de los grandes desafíos. Es posible que haya una tensión permanente entre la necesidad de unidad que requiere de unos instrumentos ágiles para intervenir en la política diaria como en las citas electorales, y los derechos de las bases y nacionalidades y regiones para decidir lo que interese a sus territorios, incluido el derecho a decidir sobre un proyecto de separación del Estado. La complicación surge a partir de dos ideas o principios: nada de hiper liderazgos y trabajo en equipo. La política, con más razón la de las izquierdas, es una actividad de equipo. No será fácil desde luego levantar un proyecto ganador sino se conjugan bien estas variables. Pero se puede.

Yolanda Díaz tiene 50 años. Es la edad perfecta para entender el combate generacional y la necesidad de convertirlo en un encuentro generacional. Debe presentar y explicar a la ciudadanía un para qué y conectar con ella emocionalmente. Propuesta y emoción fueron las claves del éxito electoral de Podemos en 2015.

martes, 1 de marzo de 2022

A DIOS REZANDO... Y CON EL MAZO DANDO

 

El fenómeno de los fascistas manifestándose delante de las clínicas de interrupción voluntaria del embarazo es algo que trasciende nuestras fronteras, por desgracia. Algunas veces adopta la forma de manifestaciones, otras se tumban en el suelo para impedir el paso, en otras ocasiones abordan a las pacientes con rezos, estadísticas o peticiones (incluso con furgoneta de ecografías) y, si nadie les hace caso, ya pasan a las pintadas o a los atentados.

Por supuesto, la sociedad tiende a rechazar esta clase de actitudes. Así que en varios municipios han aparecido carteles que las promueven. «Rezar frente a una clínica abortista está genial. Este mensaje podría ser cancelado por la inminente reforma de la Ley del Aborto». Algunas ciudades ya han retirado esta publicidad; en otras, como en Madrid, la oposición lo está pidiendo, aunque supongo que su dilecto alcalde hará el caso acostumbrado.

De esta campaña me llaman la atención dos cosas. La primera es que está hecha, según sus promotores, para «combatir la corrección política dando voz a las posiciones silenciadas por el pensamiento único». Pero la cosa es que dichos promotores son la Asociación Católica de Propagandistas (ACP), una asociación privada que tiene como objetivo promover el ideal católico en todos los ámbitos de la vida: tienen editoriales, periódicos, sociedades de caridad y hasta universidades.

          La ACP no es una iniciativa que naciera hace cuatro días. Tiene más de un siglo de historia, la mitad del cual se lo pasaron como parte activa del régimen de Franco. Elementos como Onésimo Redondo (fundador de las JONS) eran miembros de la ACP. Más tarde, ya en la dictadura, fueron una de las «familias» más importantes del régimen. Como sabemos, las «familias» eran grupos de personas que se adscribían al régimen en líneas generales pero que tenían cada uno sus propias ideas: estaban los católicos de la ACP, los militares, los falangistas, los carlistas, más adelante los tecnócratas… Franco promovía a unos y rebajaba a otros a su conveniencia. En general, la «familia» de los católicos ocupó los Ministerios de Asuntos Exteriores y, sobre todo en la primera mitad del régimen, de Educación.

Claro, desde la dictadura han pasado ya unas cuantas décadas, pero hay manchas que son para siempre. La ACP es gente que durante veinte años se encargó de la educación del régimen franquista, que representa a una Iglesia que ha sido religión de Estado en este país hasta hace cuatro días y religión predominante hasta hace dos y que tiene una política activa de propaganda de conversiones. Es muy curioso que vengan ahora con que si pensamiento único y no sé qué.

       Creo que no hay mejor ejemplo de hasta qué punto todas estas quejas sobre «corrección política» y «pensamiento único» son dogwhistles fascistas. Propagandistas activos de una religión que cuenta en su haber con inquisiciones y cruzadas varias, que se resiste como gato panza arriba a abandonar la educación de niños, que consiguió un tratado internacional que les reconoce el derecho a impartir una asignatura adoctrinadora durante todos los niveles de educación obligatoria, que condena toda clase de relaciones humanas que no se adapten a su estrecha visión de la vida. Gente que lleva el adoctrinamiento en su ADN considera que la promoción de otros valores que no son los suyos es «pensamiento único». Sí, una buena muestra de lo que han pasado a significar estas palabras en la era de la posverdad.

Tenemos el quién, vamos al cómo, que es la segunda cuestión que me interesa. Y el cómo es: grupos de fuerzapartos rezando delante de clínicas de interrupción del embarazo. Claro, aquí la palabra «rezar» es importante. Rezar es una actividad pacífica, la comunión del ser humano con su dios. ¿Cómo va a estar mal rezar, sea ante clínicas o sea en iglesias? ¿Qué clase de Gobierno comunista puede prohibir los rezos? ¡Rezar es parte de la libertad religiosa, así que claro que puedo decir que hacerlo «está genial»!

   El problema es, claro, que rezar no es nunca solo rezar. Los rezos van acompañados de imprecaciones, de insultos, de intentos más o menos chapuceros de convencer a una persona que es probable que esté en una situación psicológica complicada de que haga lo que no quiere hacer y cargue durante toda la vida con un niño que no quiere tener, de ataques a trabajadores. Incluso cuando son «solo rezos», las cosas tienen un contexto, y todos sabemos lo que significa un grupo de payasos rezando delante de una clínica de IVE. Sabemos quiénes son, por qué están ahí y qué implicaciones tiene ese acto.

Los famosos rezos delante de clínicas son manifestaciones políticas. Tienen motivaciones políticas (llamar la atención sobre lo que para ellos es un genocidio y avergonzar o hacer reflexionar a quienes los cometen), aunque dichas motivaciones tengan base religiosa. La política y la religión no son compartimentos estancos, sino que pueden retroalimentarse. Que unos posicionamientos políticos tengan base religiosa no los hace menos políticos.

Como tales manifestaciones, están amparadas por el derecho de reunión, pero tienen que cumplir las normas que regulan este derecho. Deben ser comunicadas (y estoy seguro de que no lo son, porque son recurrentes), so pena de que sus promotores sean sancionados. ¿Se están instruyendo estas sanciones? Yo supongo que no, porque la autoridad puede prohibir o modificar las circunstancias de la manifestación si las propuestas por sus promotores ponen en peligro a personas o bienes. Aquí la autoridad no parece que esté modificando nada, ya que estas reuniones se celebran en las mismas puertas de las clínicas de interrupción voluntaria del embarazo, en horario de apertura . Es decir, en las horas y lugares donde más peligro de acoso ofrecen. Y si la autoridad no garantiza los derechos de las pacientes y los trabajadores, menos creo que sancione a quienes los vulneran.

            Rezar es un derecho fundamental, pero no convierte lo ilícito en lícito. Un acoso realizado por medio del rezo sigue siendo un acoso, igual que lo es cualquier otro delito. Y esto nos lleva a otro punto importante: estos rezos ¿son delito? ¿Cuál? Bueno, lo obvio parece ser pensar que es acoso, pero no está tan claro: el acoso exige una insistencia y una reiteración que aquí no se da, porque, aunque los rezadores están ahí de forma permanente, apenas ven a cada víctima un par de veces con suerte. No siguen a cada víctima, sino que están plantados en un sitio e increpan a todas las personas que pasan. Quizás cuadre más con el tipo básico de coacciones, que consiste en impedir a otro ejercer una conducta legal o forzarle a hacer lo que no quiere. El problema es que este delito se tiene que cometer con violencia, y aquí entra ya toda la discusión sobre si la presión moral puede o no considerarse violencia.

En todo caso, sea o no delito, está claro que son actos que atentan contra la libertad de las personas que acuden a abortar o a trabajar en una clínica de IVE, conductas ambas plenamente legales. Por supuesto, está muy bien que los fuerzapartos tengan sus ideas y las expresen, pero hay que armonizar los derechos de todo el mundo. En ese sentido, la regulación de esta clase de manifestaciones es lógica: como mínimo, debe obligarse a que cumplan con todos los trámites del derecho de reunión y debe impedirse que sean en la misma puerta de los centros. Unos pocos metros más abajo o en la acera de enfrente cumplen con su objetivo pero no resultan tan perturbadoras.

Aunque, por supuesto, todos sabemos que esta regulación, por muy bienintencionada que sea, es un parche al estilo que nos tiene ya acostumbrados el Gobierno más progresista de la Historia. Porque lo suyo sería acabar de una vez con la objeción de conciencia del personal sanitario y que los abortos se hagan en los hospitales públicos y no en clínicas especializadas. A ver si estos listos son capaces de distinguir, en la puerta del Gregorio Marañón, a la mujer que va a abortar de la que va a operarse de apendicitis, y al médico que practica abortos del que hace neurocirugías.

Así se acabaría con el problema de raíz. Pero claro, los médicos llorarían, y el Gobierno más progresista de la historia no puede permitirse eso.

martes, 8 de febrero de 2022

LOS QUIJOTES DEL SIGLO XXI

             

            Todavía es posible reconocer por esas calles a algunos quijotes: Exhiben viejas banderas reivindicativas y alzan, indignadas, sus voces sobre los elevados rascacielos de las ciudades, sobre los bancos que les exprimen, sobre el humo de los coches, sobre las cúpulas de las viejas catedrales, sobre el duro asfalto donde tantas veces se precipitaron bajo el peso de las gomas de los “grises”, bajo el peso de cien derrotas; sobre las tentadoras cervecerías y sobre los contenedores de basura donde tantos sueños reposan, junto con los desechos orgánicos de los burgers y de los asaderos de pollos.

Aún es posible reconocerlos: Lucen camisetas desteñidas, barbas descuidadas, chapas de cien batallas; no leen ningún diario; de vueltas de mil promesas; se mantienen a prudente distancia de los oradores; marchan desde hace siglos, por caminar, por no permanecer quietos, contra todo lo que se les pone de por medio. Ya no esperan nada particularmente apasionante y marchan por no detenerse, sabiendo que pararse es la muerte. Algunos, tras dejar de sentir los pasos de la policía tras de ellos, ya sienten el aliento de la muerte en sus nucas, pero no se detienen ni para tomar aliento.

 “No beben el vino de las tabernas” ni buscan el refugio de las iglesias; se les ve con un libro, sentados en los parques. Descreídos de tantas doctrinas, aman aún las bibliotecas, las películas de Ken Loach y de Víctor Erice, el aroma de la yerba recién segada, las siluetas de las mujeres, preferentemente de espaldas, mientras estas se pierden entre la multitud. Escuchan lo mismo a Mahler que el ”Campanilleros” de La Niña de la Puebla; por igual a Pablo Milanés que un nocturno de Chopin; el “Al alba” de Aute o las canciones de Woody Guthrie y las de Moustaki.

       Algunos nacieron mientras aún se estrellaban los cascos de la metralla de los rebeldes franquistas contra los muros de sus ciudades; algunos aún conservan en su habitación aquel viejo póster del Che Guevara que colgaron allí en los años sesenta, o el de Angela Davis, el de Pablo Iglesias Posse, el de Durruti, el de Lenin o el de Pasionaria. Insatisfechos, extenuados tras tan larga resistencia, hablan mal de todos los gobiernos, de todos los políticos. Se enamoraron mil veces: de Rosa León, de Donna Reed, de esa chica de los anuncios, de la Revolución de los Claveles, de Pier Angeli, de la ciudad de Lisboa y de las canciones de Brassens y el “Haleluyah” de Leonard Cohen.

Son el resto de aquel poderoso ejército que hace sesenta años salía a las calles para condenar al franquismo; los mismos que saldrían en los setenta, en los ochenta, en los noventa, hoy mismo, para condenar los asesinatos de obreros, estudiantes y abogados en Madrid; para exigir la legalización del partido; para exigir la liberación de Mandela; para tratar de detener todas las guerras; para protestar contra lo de Shabra y Chatila; para exigir el cese de la ocupación del Sáhara; para condenar la violencia contra las mujeres; para gritar ¡Otan no!; para saludar el triunfo sandinista en Nicaragua; para apoyar a los mineros en marcha hacia Madrid; para preservar el sistema público de pensiones, la sanidad, la escuela pública, de esos depredadores que nos quieren con la mano eternamente tendida, sumisos y adocenados en los campos de fútbol; drogados por la televisión y el consumo.

    Son los mismos que cantaban la “Internacional” al pie de la fosa del camarada caído; los mismos que corearon potentes ¡no pasarán! en los homenajes a las Brigadas Internacionales; los mismos que siguen coreando el “Himno a la libertad” de Labordeta y leen a Machado, a Saramago y a Eduardo Galeano; los mismos que trabajaron en la construcción, abrieron librerías, pastaron en los arrozales de Lenin, de Lao Tse, de Mao, Proudhom, de Sartre, Ho Chi Minh y de Gandhi.

Figuras grises, anónimas, sin relieve, en un paisaje que ya no es el suyo, su firma no aparecerá jamás al pie de ningún artículo en la prensa, ni serán noticia cuando mueran. Hablan el extraño idioma de los que pudieron ser y no fueron; el extraño idioma de hombres y mujeres que se dejaron la vida entre las calles, los tajos y las asambleas en los locales del partido y del sindicato. Son la ceniza de sueños irrealizados, los rescoldos de una hoguera siempre a punto de extinguirse. Son los héroes oscuros de aquellas obras de Buero Vallejo, Arthur Miller, Kurosawa, Saramago y Max Aub, heridos por siempre por los poemas más radicales de Miguel Hernández.

Son la semilla absurda que no encontró surco.

martes, 28 de diciembre de 2021

25 de diciembre: EL SOLSTICIO DE INVIERNO Y LOS MITOS DE LOS "CRISTOS"

             

            Desde épocas ancestrales, los primeros grupos humanos celebraban el solsticio de invierno como la noche del nacimiento de la luz. Fecha en la que las tinieblas eran derrotadas por la luz, que vencía sobre ellas. De este modo daban culto al Sol.Al decir del historiador de las religiones, E. Roízton Pike, “los persas y los egipcios, los fenicios y los sirios, los griegos y los romanos, los mexicanos y los peruanos, los hindúes y otros pueblos; celebraban en aquel día el parto de la reina de los cielos, la virgen celestial y el nacimiento de su hijo, del Dios Solar. Dionisos o Baco, Mitra o Apolo, Zoroastro u Horus, etc… todos ellos anteriores al Cristo cristiano, Y todos ellos llamados “El Salvador”, y nacidos de una virgen entre el 20 y el 25 de diciembre; esto es: la fecha del solsticio de invierno, también llamada “La puerta de los Dioses”. “El nacimiento de Adonis – continúa el estudioso – se celebraba ese día. Los autores cristianos afirman que las ceremonias paganas tenían lugar en cavernas, entre ellas la cueva de Belén en que nació Cristo.

Los antiguos egipcios fijaban la preñez de Isis, la virgen reina de los cielos, en el mes de marzo y el nacimiento de Horus a fines de diciembre. Los egipcios no sólo adoraban a una madre virgen, sino que representaban a los fieles la efigie de su recién nacido acostado en un pesebre. Osiris fue también hijo de una “virgen santa” y nació el 25 de diciembre. En ese mismo día, según algunas narraciones, nació Buda, que tampoco fue concebido sexualmente, aunque su madre fuera casada”.


    También germanos y escandinavos, tuvieron fiestas importantes en esta fecha. Por ejemplo, Frey -–hijo de los dioses vikingos Odín y Friga -, también nació el 25 de diciembre; fecha en que los druidas celebraban su fiesta anual del fuego y en que los romanos conmemoraban el nacimiento del sol – invicto – y el de Mitra, dios solar persa, cuyo culto se había extendido durante la decadencia del imperio. En fin, naciera cuando naciera Jesús, el llamado Cristo, lo cierto es que milenios antes de su nacimiento ya se celebraba el solsticio de invierno con un significado similar al que la cristiandad de hoy le otorga: El nacimiento de la luz y la victoria sobre las tinieblas.

Veamos en detalle las leyendas sobre algunos de estos “Cristos” de religiones antiguas:

ATTIS: El cristo frigio

Nacido de la Virgen NANA un 25 de diciembre. Poseía una doble Divinidad, Padre e Hijo Divino.

Fue un Salvador, crucificado en un árbol para la salvación de toda la Humanidad; Fue enterrado pero al tercer día varios sacerdotes encontraron su tumba vacía; Resucitó de entre los muertos (un 25 de Marzo)

Sostenían las siguientes creencias: Un bautismo por el que “se nacía de nuevo” , pecados limpiados por la sangre de Attis, tenían una sagrada comida anual en la que el pan representaba el cuerpo del dios y el vino su sangre.

Sus fieles comieron pan y comida sagrada, creyendo haber recibido el cuerpo del Salvador.

La Celebración de su muerte y resurrección es en primavera.

Denominado como “Buen Pastor», “El Supremo Dios», “El Hijo de Dios”, “El Salvador”.


BUDA: El cristo indio y chino.

Nacido de la Virgen MAYA un 25 de diciembre; anunciado por una estrella y fue visitado por hombres sabios con costosos regalos. A su nacimiento seres celestes le cantaban canciones.

A los 12 años enseñó en un Templo. Fue tentado por Mara, que era el espíritu del mal, en tiempos de ayuno.

Bautizado con agua, en nombre del Espíritu del dios presente.

Sanó a personas enfermas.

Alimentó a unas 500 personas a partir de una pequeña canasta de bizcochos.

Obligó a sus seguidores a la pobreza y a renunciar al mundo.

Se transformó en un Monte.

Tenido como: “Portador de luz», “Maestro», “La Luz del Mundo”.

DIONISIO: El cristo ateniense.

Nacido de una Virgen un 25 de diciembre en un Pesebre.

Llevó a cabo diferentes milagros.

Montado en un Burro realizo una Procesión Triunfal

Transformó agua en vino.

Dio de comer alimento sagrado a sus seguidores y recibieron así el cuerpo del dios.

Resucitó entre los muertos un 25 de marzo.

Es identificado con el símbolo del carnero y del cordero.

Denominado como “Rey de Reyes»; “El “El Unigénito de Dios»; “El Redentor»; “El Salvador»; “El portador de todos los pecados», “Ungido».


HERACLES: El cristo griego.

Nacido en el solsticio de invierno, hijo de una Virgen de quien se contuvo de sexo hasta que el niño naciera.

Sacrificado en el equinoccio de primavera.

Denominado “El Salvador», “Príncipe de la Paz», “Hijo de todos los justos”, “El Unigénito».

KRISHNA: El cristo hindú.

Nacido en tiempos en que su Padre era un sustituto, Nanda, se encontraba en la ciudad para pagarle sus impuestos al Rey. Su Natividad fue anunciada por una estrella.

Krishna fue hijo de la Virgen Devaki, nació en una cueva, que al momento de su nacimiento fue milagrosamente iluminada por una estrella. Las vacas se inclinaron para adorarle.

El Rey Kansa intentó buscar al Cristo Hindú, para matarle.

Krishna viajó mucho y hacía varios milagros; resucito muertos sanando leprosos, sordos y ciegos.

Krishna murió crucificado y atravesado por una flecha. Una vez fallecido descendió a los infiernos, pero definitivamente al tercer día ascendió a los cielos. Se espera un segundo advenimiento.

Krishna es la segunda personificación de la Trinidad Hindú.

MITRA: El cristo persa.

Originario de Persia, adorado en la India y posteriormente en Roma.

Cuando el mito de Cristo era nuevo y poco conocido, Mitras y el Mitraísmo eran ya ancestrales.

Adorado por siglos como el mensajero de la verdad, Mitra era venerado por los persas (Zoroastrismo), y por los hindús (véase la literatura Vedica) antes de que su fe fuera reconocida en Roma, en donde los misterios de Mitra florecieron en el siglo segundo d.C.

Tempranamente los cristianos acomodaron la religión cristiana a los ideales de Mitra, Constantino era fiel adorador de este dios.

Cada año, a mediados de invierno, el Hijo del dios nuevamente nacía, poniéndole fin a la oscuridad. Cada primer minuto de todos los 25 de diciembre en el Templo de Mitra los sacerdotes con atuendos blancos encendían velas e inciensos celebrando el nacimiento del Hijo del dios. Mitra nació un 25 de diciembre en una cueva, era hijo de una Madre Virgen. Mitra descendió del cielo como hombre, salvó a la Humanidad de sus pecados, siendo conocido como “El Salvador» “El hijo de Dios», “El Redentor», “El Cordero de Dios». (Aunque estas calificaciones excepto la de “hijo de dios” que era original de la religión mitráica pertenecen a la inclusión del cristianismo en el siglo III y IV)

Fue sepultado en una tumba, de la cual resucitó de entre los muertos. – Es un evento celebrado anualmente con mucho regocijo durante el comienzo de la primavera, coincidiendo con la pascua cristiana -.

Sus seguidores llevan a cabo banquetes sacramentales en memoria de éste acontecimiento. Las Sagradas comidas, pan y agua, o pan y vino, son simbólicamente el cuerpo y la sangre del sagrado Tauro, (dios.) Bautismo en la sangre del toro. (Taurobolum). Bautismo “lavado en la sangre del cordero» inclusión posterior del cristianismo para atraer a los fieles de Mitra a la religión cristiana la cual finalmente asumió los credos mitráicos. Bautismo de agua, inclusión posterior del cristianismo

Los Rituales Mitráicos ocasionaban la transformación y salvación de sus adherentes – una especie de elevación del alma hacia una realidad divina-

Los festivales Mitráicos eran dos, uno hacia el solsticio de invierno, (que simboliza su nacimiento), y otro hacia el solsticio de primavera que simboliza a su muerte y resurrección.

ZOROASTRO: El cristo de Babilonia.

Nacido de una Virgen.

Fue bautizado en un río.

En su juventud él asombró con su extraordinaria sabiduría a otros sabios.

Tentado en el desierto por el demonio.

Desalojó a los demonios.

Le devolvió la vista a un hombre.

Reveló todos los misterios del Cielo, del Infierno, de la Resurrección, del juicio, de la Salvación y de los sucesos futuros.

Sus fieles celebraban la Eucaristía por medio de una sagrada comida.

Se lo denominaba “La Palabra hecha Carne».


OSIRIS: El cristo egipcio.

Conocido en Roma como KERISTO, el ungido.

Nacido de la Virgen ISIS-MERI un 25 de diciembre en un pesebre.

Su nacimiento fue anunciado por una estrella y asistido por hombres sabios, (Reyes Magos); Su padre terrenal se llamaba “Seb».

Anup le hizo pasar por un rito similar al bautismo.

Osiris Viajó extensamente, enseñó a los hombres y pacificó los pueblos por medio de la música

Hizo milagros, exorcizo demonios.

Sus fieles celebraban su muerte y resurrección cada año en el equinoccio invernal (Pascua)

Denominado “El camino de la Verdad y de la Luz», “dios convertido Hombre», “El Hijo del dios», “El Verbo hecho carne».

Se esperaba que reinara durante mil años.

Se puede decir que la historia contada en los cuatro evangelios del cristianismo parece estar inspirada en estos y otros mitos similares anteriores al propio Jesús-Cristo.

 En fin, que cada cual saque sus conclusiones. Esto es historia. Historia, en este caso, de los mitos y de las religiones, de las diferentes culturas y pueblos, que he creído interesante traer aquí; pero que no pretende, en modo alguno, agredir la fe ni la buena voluntad de ninguno de los creyentes. Además, se crea o no, tampoco nos exime de la obligación que tenemos como personas, de seguir “puliéndonos” e iluminando todo lo tenebroso que habita en el interior de cada uno de nosotros, seamos teístas o no.

En nuestros días, puede que la celebración del mito religioso de la navidad y de su simbología, siga guardando para muchas personas un contenido espiritual rico. Para mí, más allá del valor que le otorgue, pues soy agnóstico, ese contenido ha quedado muy desvirtuado y adulterado por haberse teñido de los antivalores de hoy: el consumo desorbitado.

En nuestro país, si se dijera “Ya es Navidad en el Corte Inglés” quedaría mucho más preciso el valor que la mayoría le da. Y también sorprende el hecho de “tener que amarnos” únicamente un día al año…

martes, 16 de noviembre de 2021

CASADO Y SU “LAPSUS LINGUAE”

 

        Está triunfando en Internet un vídeo muy breve en el que aparece Casado hablando durante más tiempo del que le corresponde desde la tribuna del Congreso y entonces Batet, que no merece la presidencia que ostenta después de haber expulsado al “rastas” canario tras un calculado texto del Marchena también conocido como el juez que permite al PP controlar el Supremo por “la puerta de atrás”, le insta a que deje de hablar con el clásico “señor Casado, tiene usted que terminar su intervención”, lo que siempre desestabiliza un instante al advertido, por muy reincidente que sea.

Entonces Casado esprinta y comienza la mil veces repetida recta final en la que nos cuenta el paraíso que nos espera cuando el PP regrese al gobierno: “España no va bien con usted, pero España volverá a ir bien cuando lleguemos el Partido Popular a ro, a resolver la crisis y la quiebra que usted ha producido, como siempre”.

Mientras Casado no aclare en que palabra estaba pensando cuando quebró el verbo, cosa que podría pero que jamás hará, nosotros podemos pensar lo que nos parezca, con las mismas posibilidades de acertar que de fallar. Por tanto, analizaremos los detalles por si mejoramos el porcentaje.

       Para empezar, hay un debate sobre si Casado dijo “ro” o “rob” antes de darse cuenta de que la estaba cagando, pero teniendo en cuenta que es el mismo líder que en julio de 2018 dijo que la corrupción es una “seña de identidad” del PP, que mucho nos hizo reír el Gran Wyoming cuando pensó en voz alta que Casado quería quitarle el puesto de humorista en El Intermedio, lo normal es que con “ro” o con “rob” lo que quisiera decir es que, cuando gane las próximas elecciones, el PP volverá a robar, “como siempre”. Por tanto, dijo “rob”.

Llegados a este punto, y para no acusar de manera irresponsable, hemos acudido a un diccionario con más de 700.000 palabras en español y en el que aparecen 423 que, como “robot” o “roble”, comienzan por “rob”, pero muchas son derivadas del verbo robar y, del resto, no he encontrado ninguna que sea coherente con la frase que Casado pronunciaba en su discurso.

Nadie es siempre inocente y, por tanto, si analizamos nuestros propios lapsus sabemos que muchas veces nacen de obsesiones que, al atravesarnos sin preaviso cuando estamos pensando y hablando de otra cosa, consiguen que por nuestra boca salgan pedos incontenibles de culos al aire en lugar de ideas y argumentos.

Como Casado ha decidido, contra natura, que ni sabe ni contesta sobre los delitos cometidos por el PP de Rajoy y de siempre, la explicación de su lapsus nos hace pensar que, al no poder robar tanto como antes, le esté comenzando a preocupar, y mucho, que las finanzas del partido entren en fallida. Además, como “a perro flaco todo son pulgas”, no ha podido vender Génova 13 por ser un local de tan mal agüero que puede acabar con cualquiera que se meta dentro.

        Las peores obsesiones son las que se niegan porque duelen, y la de Casado es la convicción de que nunca volverán los tiempos en los que los adinerados que financiaban al españolismo de derechas solo tenían una “organización criminal” a la que pagar, el mismo PP que así queda retratado en algunas sentencias y que se disfrazó de partido político para convertir en negocio la política. Ahora, los de Vox, dirigidos por el “emprendedor” Abascal, está compitiendo con fuerza por ese dinero, tras el fiasco de Rivera y Arrimadas.

Por tanto, la conclusión es que, si Casado no se inventa una palabra coherente con su lapsus y su discurso, lo que estuvo a punto de confesar sin querer es que el PP quiere volver al gobierno de España para robar más.

Ahora procede enfocar el problema de los lapsus de políticos como Casado desde la política como contexto. Puestos a ello, recordamos las tendencias elitistas que reclaman negar el derecho de voto a las personas que no alcanzan cierto nivel cultural.

Me niego radicalmente a tal discriminación, pero, en cambio, sí soy partidario de que los partidos políticos tengan que someter a tres pruebas a todos los que aspiren a formar parte de sus órganos directivos:

Un test de inteligencia.

Un detector de mentiras.

Una revisión exhaustiva e independiente de todos los títulos académicos de los que presuman.

Tales pruebas me parecen imprescindibles, principalmente por dos motivos.

        El primero, porque de todos es sabido que los tontos que además mienten terminan arruinando la vida de aquellos a los que se acercan. Hablando del PP como estamos, Casado podría tenerlo peor que Ayuso, pues el madrileñismo de la peor especie que se gasta ella consigue que muchos no den importancia al verdadero peligro que apenas ocultan sus palabras y sus decisiones.

Y el segundo, porque el daño que pueden hacer millones de personas que no saben lo que votan es infinitamente menor que los perjuicios que un solo político con poder y sin principios puede ocasionar a toda la sociedad. Que levante la mano el primero que sea capaz de asegurar que sabe lo que vota, porque eso significa que se atrevería a ponerla en el fuego por lo que los políticos harán con su voto una vez que lo han conseguido.

Los políticos, tanto si cometen o no montones de lapsus como Casado o Rajoy, y no debe ser casualidad que ambos metepatas estén implicados en el partido más entrampado, son los únicos culpables de los graves peligros que toda la sociedad corre en el actual estado de cosas. Han construido esta política, con especial interés en el diseño de unas leyes electorales que después no hay quien se atreva a reformarlas para corregir sus deficiencias, con la malsana intención de tener las manos libres para hacer lo que les dé la gana en cada momento. Para conseguirlo colocan urnas que sirven para elegir personas, pero nunca, salvo excepciones como en Suiza, para decidir nosotros lo que ellos pueden hacer con nuestros dineros y nuestro futuro.

Arreglar las leyes electorales de todos los países del mundo es otro debate, pero, ahora que los de Glasgow, es decir, los líderes de esos mismos países del mundo, solo son capaces de firmar papeles mojados al borde del abismo, ¿qué tal un referéndum mundial para decidir cómo nos salvamos de las consecuencias del cambio climático?

Durante esa gran campaña “electoral” escucharíamos montones de pedos verbales que piadosamente llamamos lapsus, aunque Rajoy se lo pensaría antes de hablar de su primo, y también miles de horas de demagogias en tantos idiomas que podríamos montar concursos multiculturales, sobre todo de chistes.

Pero, tras la votación global y directa, los hoy incapaces de llegar a acuerdos para salvar el futuro de todos tendrían claro lo que podrían hacer y lo que no, entre otras cosas porque nadie se atreverá a incumplir las decisiones aprobadas por miles de millones de votantes.

En cualquier caso, ¿alguien se puede creer que el mundo conseguirá salvarse confiando todo al desahogo de odios y manías que hoy nos permiten las redes sociales?

Alguna suerte de democracia directa a nivel mundial deberá inventarse para que el planeta no estalle por la demostrada incapacidad de llegar a acuerdos, así como de conseguir que se cumplan, que acreditan los intermediarios.