martes, 30 de septiembre de 2014

PODEMOS: ¿ESPERANZA O DESENCANTO ANUNCIADO?

Según nos dicen los promotores y los partidarios de Podemos, “con Podemos, sí se puede”; pero – por supuesto - no la Revolución social para acabar con el capitalismo, sólo “todo” lo que se pueda conseguir a través del voto. En cambio, lo que “sí se puede”, lo que “sí podemos” con Podemos es votar y tener diputados “elegidos por nosotros”. Y, además, si somos una mayoría la que vote por Podemos, hasta “podremos ganar las elecciones”, “ser gobierno” y “convocar una constituyente” para recuperar “la democracia que nos han secuestrado las élites financieras”, como ha dicho Pablo Iglesias en el Parlamento europeo.

Vale la pena pues reflexionar y preguntarnos seriamente con Podemos, ¿qué podemos…? No sólo para saber si de verdad “con Podemos, sí se puede”, “sí podemos”, sino también para prever lo que pueda pasar si no votamos por esa formación. No vaya a ser que, tal como se han puesto las cosas desde la irrupción de Podemos declarando obsoleta “la dicotomía izquierda-derecha”, se compliquen aún más las perspectivas electorales y, queriendo conseguir un resultado, obtengamos el contrario… Es pues, por todo, ello que me parece urgente reflexionar y voy a intentar hacerlo lo más seria y objetivamente posible.

Con Podemos, ¿qué podemos? Más allá del 1 253 837 votos y los cinco diputados obtenidos por Podemos en los comicios europeos del pasado 25 de mayo y de su acelerado crecimiento (tanto en presencia en los medios como en intención de voto) que le sitúan (según las encuestas) como la tercera fuerza política en España, es indiscutible que la existencia y el desarrollo de esta formación están provocando una sorprendente reconfiguración de la escena política española.

Es indiscutible porque sus efectos se ven corroborados por los sondeos y las reacciones que Podemos ha suscitado: tanto de parte de los Partidos como de numerosas personalidades. Y es sorprendente porque esta reconfiguración política -que en condiciones normales debería permitir a la izquierda echar del Poder a la derecha- está creando una tal división de la Izquierda que no se debe descartar la continuidad de la Derecha en el poder. De ahí la importancia y urgencia de analizar objetivamente esta extraña situación creada por la existencia de Podemos, pues –como ya lo hemos dicho- no vaya a ser que, llevados por el entusiasmo, desemboquemos en escenarios políticos peores al actual y, en consecuencia, en una nueva y catastrófica desilusión.

No sólo debemos hacerlo porque no podemos ni debemos descartar responsablemente tal posibilidad. sino también porque los resultados de todas las experiencias similares que han precedido a la de Podemos han sido muy desilusionantes. Y, además, porque las contradicciones y ambigüedades que siguen caracterizando -desde su lanzamiento mediático- el discurso y funcionamiento de Podemos parecen confirmar de más en más que el objetivo de los promotores y dirigentes de esta formación es gobernar, cueste lo que cueste… Un coste que, junto con sus contradicciones y ambigüedades, pueden permitir a Podemos ser, si no la primera, al menos la segunda fuerza política del país; pero también convertirla en todo lo contrario de lo que hoy pretende ser y de lo que afirma querer hacer mañana si llega a gobernar.

Y, como de tal denegación sólo se beneficiarían la derecha y los ricos, es lógico y ético que al no desear eso tratemos, sin apriorismos ni subjetivismos, de saber qué es lo que realmente quiere Podemos. No sólo porque es un deber de todo ciudadano consciente el intentar saberlo sino también porque es la experiencia histórica -no un dogma antielectoral– la que nos obliga a meditar para saber si es de nuestro interés lo que puede pasar según se vote o no.

Ahora bien, preocuparse por el futuro no impide reconocer que Podemos ha conseguido reilusionar con la política a mucha gente que se había desenganchado de ella en estos últimos años, sea por considerarla inoperante para los de abajo o corrupta y benéfica sólo para los de arriba. Inclusive a una parte de la juventud que participó activamente en el 15M y coreó aquello de: “políticos chorizos” y “que se vayan. Esa parte de la juventud que ahora cree posible poder echarlos de sus poltronas gracias a Podemos. Aunque sólo a los políticos de la “casta”; pues los militantes y votantes de Podemos creen ahora posible abrir paso a otras posibilidades que la mera alternancia entre el PP y el PSOE.

No se puede pues negar que Podemos ha logrado reilusionar a muchos ciudadanos con "la esperanza de una política horizontal y transversal donde todos cuentan", además de obtener su confianza para ponerla en práctica tras romper el statu quo político impuesto por el bipartidismo y haber puesto -por fin- "en marcha los ciudadanos" hacia “el gobierno del pueblo por el pueblo mismo”.

¿Cómo negar que, tras décadas de “desencanto”, nos encontramos ante un fenómeno de “reencanto” y de “esperanza” en la posibilidad de poner fin a la corrupción y conseguir una “regeneración” ética de la política y de los políticos? Pues, aunque nada permita afirmar que este fenómeno durará, ¿cómo negar que Podemos cuenta ya con un importante capital electoral y que las perspectivas para las futuras elecciones le son -por el momento- muy favorables?

Es innegable que Podemos encarna –aunque debamos repetir “por el momento”- el desespero de la parte de la población que ha sufrido más duramente los "recortes" (¡vaya eufemismo!) impuestos por las políticas neoliberales (antisociales) del PSOE y del PP, como también el entusiasmo combativo despertado por el 15M y las sucesivas manifestaciones y “mareas” que, arrumbando siglas, banderas y denominaciones lograron movilizar en las calles a miles y miles de indignados. Pues, aunque este entusiasmo exprese de más en más una resignación (“hagamos confianza”, “probemos”, “ya veremos…”), aún es suficientemente movilizador para llevar a la gente a depositar su voto en las urnas.

Por ello debemos ir más allá de los entusiasmos desmedidos manifestados tras la “victoria” del 25M y por las perspectivas actuales de voto (“porque Podemos crece donde otros ya no pueden ni saben contar", “porque emociona" de nuevo el "tener voz con diputados nuestros” y el pensar que "podemos llegar a gobernar" y construir "un Estado social y democrático de derecho que se precie, que se parezca al mejor que existe en el planeta", según Monedero) y esperar a lo que saldrá de las dos convocatorias que esta formación está organizando para dotarse de un “reglamento” y fijar su “programa”.

Todavía no ha sido posible saber si Podemos irá más allá de la “horizontalidad democrática” formal de los demás partidos “democráticos” (en los que también las decisiones son “tomadas por mayoría en las asambleas”) y de las habituales y casi siempre demagógicas propuestas de los partidos de la Izquierda institucional (“impulsar un proceso constituyente que recupere la soberanía popular  y la de los pueblos, dejar de pagar la "deuda ilegítima", nacionalizar la banca privada, acabar con la austeridad y los recortes, defender salarios y pensiones dignas y una fiscalidad progresiva para que paguen más los que más tienen, paralizar los desahucios y promover la vivienda pública, impedir las privatizaciones de servicios públicos, combatir la violencia machista, defender el derecho de las mujeres sobre su cuerpo, cambiar el modelo productivo mediante una reconversión ecológica, rechazar las intervenciones militares, derogar la ley de extranjería...“). Es decir: si Podemos se conformará con ser un partido socialdemócrata más -aunque con nuevas caras y un nuevo modo de funcionamiento basado en Internet- o tratará de ser lo que sus promotores decían querer ser en la etapa del lanzamiento del “Proyecto”.

A la espera pues del “reglamento” y del “programa” no queda más remedio que inquietarse por las actuales contradicciones de Podemos, entre el discurso “democrático”, “participativo”, “horizontal” y la práctica autoritaria, dirigista, vertical de sus promotores, como también por las importantes ambigüedades que desde el inicio caracterizan el discurso de esta formación. Tanto sobre el problema de la democracia –interna y externa- como sobre las medidas a adoptar para que, una vez desalojada la “casta” del poder, no se instalé en él una nueva y los trabajadores puedan comenzar a emanciparse de la explotación capitalista.

Desgraciadamente, si Podemos se queda en las 10 propuestas anunciadas como medidas importantes y urgentes a tomar en caso de llegar a gobernar (Auditoría ciudadana de la deuda y una banca al servicio del ciudadano; Más castigo al fraude y fin de los paraísos fiscales;  Renta básica para todos y un sistema fiscal justo; Fin a la puerta giratoria y limitación del salario de los eurodiputados; Extensión de las iniciativas legislativas populares y presupuestos participativos en la UE; Derecho a la libertad de expresión y manifestación, a una vivienda digna y a decidir sobre el propio cuerpo; Plan de choque contra la desigualdad entre mujeres y hombres; Derogación del plan Bolonia; Prohibición de los CIES; Derogación del Tratado de Lisboa y modificación de los de libre comercio), no sólo se confirmará la intención de Podemos, de no salir del sistema capitalista, sino que su función se reducirá a canalizar la actual indignación a través de las urnas, para que nada esencial del régimen del 78 cambie… Pues, aunque no sea esa la intención consciente de su promotores ni de la mayoría de sus miembros y votantes, la petulancia de algunos de los Podemos que ya se ven gobernando es tal que, obcecados por tal ambición, hasta se olviden de la necesidad de alianzas para ganar las elecciones al PP.

Claro que “no bastan operaciones cosméticas”. Claro que “no basta cambiar de imagen”, como les advierte Monedero a los del PSOE; pero tampoco basta con afirmar “Podemos avanza y el régimen cruje” para poder “sumar nuevas mayorías sociales”… Al contrario, inclusive en el terreno electoral, una tal petulancia  puede acabar restando en vez de sumar, y servir, además, para que “el falso decorado del régimen del 78” se mantenga en vez de hundirse…


       Efectivamente, situarse en este limbo puede también conducir a Podemos a confundir –como le está sucediendo al PSOE- “política y marketing”. Por lo que también Monedero y Podemos deben reflexionar en la frase con la que Quevedo cierra El Buscón: “nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres”.

viernes, 19 de septiembre de 2014

ME GUSTARÍA PODER, PERO NO PUEDO

Esa izquierda que pide disculpas permanentemente supone un lastre histórico fraguado en los tiempos de la llamada, “transición democrática”, donde el Partido Comunista de España (PCE), encabezado por su líder, Santiago Carrillo, entró por el aro de la operación más corrupta de la historia del estado español, donde se perdonaron a todos los torturadores y asesinos franquistas, ignorando al medio millón de republicanos/as asesinados/as, ocultos/as hasta ahora en fosas comunes, cunetas, pozos y simas.

Un plan maestro diseñado en los oscuros despachos de los funcionarios del régimen fascista, creando las condiciones perfectas para el saqueo constante del patrimonio público, gestionado por bandas de ladrones, antes asesinos franquistas y posteriormente “demócratas de toda la vida”, que en la actualidad van de trama en trama, robando a manos llenas para luego ser indultados o condenados a penas ridículas, estructuradas premeditadamente, para pasar un par de meses en prisión, salir y disfrutar de los millones robados a buen recaudo en los paraísos fiscales.

De nada sirvieron los años de lucha contra la dictadura, ese pacto de cobardes  y traidores arruinó el sacrificio, los años de cárcel, los malos tratos, la resistencia del maquis, de miles de antifranquistas alzados/as contra la tiranía hasta la victoria o la muerte.

Ahora años después esa presunta izquierda sigue hundida, Izquierda Unida no sale de la marginalidad, reconvertida en un partido bisagra para dar el gobierno al PSOE donde cuadre y venga bien para llenar bolsillos, montar gobiernos neoliberales como el actual de Andalucía, donde se desarrollan los mismos recortes y abusos que lleva a cabo el gobierno central del PP, lo que en este caso disfrazado de algún pañuelo palestino en los cuellos y loas a la tropa solar de la hipocresía y el cinismo.

En este maremágnum surge Podemos, otra supuesta izquierda que no deja de pedir disculpas y meter la cabeza bajo el ala, siempre que les acusan de “bolivarianos” o “etarras”. Tristemente todo parece cuadrar con los años 80 cuando aquel PSOE hablaba de marxismo, con un Felipe González puño en alto gritando “¡Sahara libre!” para luego engañarnos vergonzosamente y convertirse en una derecha con siglas obreras.

Son demasiadas las sospechosas coincidencias, da la impresión de que la ingeniería del sistema busca urgentemente recambio para una parte del bipartidismo, crear nuevas y falsas ilusiones entre quienes de corazón deseamos un cambio, expulsar del poder a la mafia gobernante, hacer políticas para todos y todas, que las personas humildes dejen de ser masacradas por estos psicópatas de trajes caros, adicciones millonarias y coches oficiales.

Entre tanto polvo no se ve el horizonte, las primeras decepciones van llegando y el discurso de hace unos pocos meses va cambiando hacia postulados mas “graciosos” con el régimen. No todo parece ser lo que era cuando entre tuercas se hablaba de revolución, de respaldo al Comandante Hugo Chávez, de defensa de los logros de la revolución cubana, de apoyo a la causa saharaui, de exhumación inmediata de las fosas y cunetas de las víctimas del franquismo, junto a un largo etcétera de planteamientos interesantes para quienes seguimos creyendo en un mundo mejor posible, que ahora parecen haber acabado en agua de borrajas cuando se trata de cazar votos.

Ahora ya nada es, parece que no se puede o si se puede es por vías más “constitucionales”, moderadas, satisfactorias para los tertulianos socialdemócratas, sin cuestionar la desprestigiada monarquía, los/as tres millones de niños/as que pasan hambre, el estatus quo delictivo que desahucia familias enteras a palos de los esbirros policiales, que asesina a miles de personas que se suicidan al no poder más, al no aguantar los chantajes de la caterva bancaria y sus capos del gobierno, sicarios unidos en pos de un genocidio social sin precedentes, que lo que persigue es masacrar, esclavizar, violar derechos, condenarnos a un inminente futuro de hambre y miseria.

Me gustaría poder, pero no puedo, no entiendo el reciclaje o quizá el envoltorio de algo que nunca fue real. Decir la verdad no parece ser la línea a seguir, solo la dicen quienes luchan sin miedo por la revolución, organizaciones y personas criminalizadas, perseguidas y con el cuello siempre en peligro de degüello, pero que no tienen miedo, ni se ocultan bajo un disfraz de mesías que lo que protege es el tristemente más de lo mismo.


“Seguiré soñando travesuras”, con todo respeto, “yo me muero como viví”, pudiendo mirar en mis últimos días a los ojos limpios de mis hijos, transmitirles que jamás vendí mis ideas por un trozo millonario de corrupto poder.

martes, 16 de septiembre de 2014

¿ANTISISTEMA?, SI, A MUCHA HONRA


El epíteto de antisistema se utiliza últimamente mucho como arma arrojadiza. El tema no es nuevo y es un invento de las doctrinas policiales que lo vienen usando desde hace más de una década. Al principio no tuvo mucha fortuna y se tiraba más de agitadores profesionales, extremistas, anarquistas y otros adjetivos con intención descalificadora. Empezaron aplicándoselo a los activistas antiglobalización o altermundistas que se manifestaban en Seattle, en Génova y en medio mundo. Aquí en España, la derecha lo utilizó contra IU y Julio Anguita. Ahora vemos que disparan contra Podemos y sus dirigentes. Llaman antisistema a toda forma de resistencia social, porque se trata de criminalizar la disidencia, la protesta pacífica y hasta el legítimo derecho a intentar mejorar las cosas.
Si nos atenemos a la literalidad del término, antisistema es la persona o grupo disconforme con el (des)orden establecido y que trata de cambiarlo por medio de reivindicaciones y acciones.
Analizaremos primero de qué sistema hablamos. Lo hacemos del sistema capitalista que es el que condena a 600 millones de personas a pasar hambre en el mundo. Es el que crea un abismo de desigualdad entre el 1% de la población rica y el otro 99%, hasta el punto de que tan solo 83 ricos tiene la misma riqueza que 3.500 millones de personas. Es aquel capaz de recortar los salarios y los derechos laborales de los trabajadores para mantener su tasa de ganancia. Incluso, en determinadas situaciones, no duda en limitar o suprimir las libertades democráticas para defender los privilegios y el poder de las oligarquías. Y suele mantener, como parte del paisaje, unos niveles de corrupción y de impunidad de la misma escandalosos.
Se puede seguir abundando mucho más, pero no hace falta, para concluir que es un sistema profundamente injusto con las personas y depredador con el planeta. En fin, que sin necesidad de recurrir ni a Marx ni a Piketty, este sistema es malo, incluso rematadamente malo, que no asegura para todo el mundo ni pan, ni trabajo, ni techo. Así las cosas, “no es tan malo ser antisistema”, como decían Paco Fernández Buey y Jordi Mir, ni debería de ser peyorativo el término.
Por otro lado veamos algunos ejemplos de quienes han sido antisistema. Si hacemos un poco de historia, uno de los más relevantes fue Jesús de Nazaret; creo que sobran las explicaciones. Otros que entrarían en esa consideración serían Tomas Moro, Bartolomé de las Casas, Thomas Müntzer, los liberales que lucharon contra las monarquías absolutas, los revolucionarios franceses y tantos otros. Lo sería Rosa Parks, la mujer negra que sentándose en el prohibido asiento de un autobús se levantó contra el racismo en Estados Unidos. Podríamos hablar de alguien más próximo en el tiempo y muy agasajado con motivo de su muerte, me refiero a Nelson Mandela ¡qué no dijeron los defensores del apartheid de él! Y entre nosotros de l os indomables Marcelino Camacho o Nicolás Redondo, dos de las pocas figuras íntegras de la transición.
Pero ¿qué tienen en común unos y otros? Veamos. Antisistema es el que distingue lo legal de lo justo, que muchas veces no coinciden, porque si hubieran sido sinónimos ya se hubiera acabado con la esclavitud, con la explotación laboral, con la pena de muerte o con la desigualdad de la mujer, por ejemplo. Los antisistema son gente con convicciones morales, que defienden una sociedad más justa, más igualitaria, más libre y habitable. Una utopía basada en la justicia social y la sostenibilidad ambiental. Aquí y ahora en España, las mareas, la PAH, las ONG de ayuda a los inmigrantes, son algunos ejemplos más, que hay que agradecer y proteger.
Los antisistema suelen estar con los perdedores. Pero, como los hechos demuestran, muchas veces aquellos que aparecían como perdedores en un tiempo determinado, resultaba que fueron los que empujaron la rueda de la historia. La mayoría de los derechos conquistados eran considerados utópicos por el poder del momento, desde la libertad a los derechos humanos, los derechos de los pueblos y un largo etcétera.
Si los antisistema son los que defienden otro mundo posible, entonces son los que van a la raíz de las cosas y por eso piensan radicalmente. Son los que defienden la utopía de una globalización alternativa, los que pretenden unir la ética con la política y fomentar la participación de la ciudadanía en los asuntos de todos.
Los que defienden el sistema “como el mejor de los mundos posibles” porque contiene sus privilegios pueden aceptar a los utópicos. La única condición es que no se empeñen en llevar a la práctica sus ideas. Si lo hacen, pasan a llamarles antisistema, es decir, utópicos peligrosos no reconciliados con la realidad existente. Y los poderosos pasan de darles palmaditas condescendientes en la espalda a su demonización.
Los que privatizan la sanidad y cierran escuelas no son antisistema. Los que expolian lo público, los que defienden este sistema depredador, los que se aprovechan de él, los que niegan su democratización, son los que representan la expresión más fiel y descarnada del capitalismo neoliberal globalizado.
Son antisistema los utópicos, los revolucionarios, los anticapitalistas. Aquellos que luchan por la liberación de las naciones frente al imperialismo, por la democracia en la política y en la economía, en la sociedad y en la cultura, en la toma de decisiones.
Si son la resistencia social ante la barbarie, es lógico que los que aspiran a una sociedad mejor para todos y a la construcción de un mundo a la medida del ser humano digan: ¿antisistema? si, a mucha honra

martes, 18 de marzo de 2014

LA INTOLERABLE REBELIÓN DE LOS MEDIOCRES

SON MUCHAS las vicisitudes vividas por las sociedades occidentales en los últimos años, sobre las que han percutido corrientes filosóficas, políticas, sociológicas y económicas, muy seductoras, todas con una finalidad concreta: crear un prototipo de ciudadano dócil y fijarlo al trapo de una ilusión óptica de bienestar perdurable.

Al igual que al asno le colocan una zanahoria delante del hocico, pero a suficiente distancia para que no la alcance nunca, al ciudadano corriente le han colocado el señuelo de la riqueza, pero sin advertirle que nunca la alcanzará por mucho esfuerzo que ponga en el empeño.

Nos han hecho vivir en una burbuja de bienestar que estaba programada para estallar, para dejarnos después a merced de los vientos de la indigencia, y sin haber aprendido a volar.

Aún nos cuesta asumir el engaño y aceptar que para conseguir derechos plenos en educación y sanidad, tendremos que comenzar una lucha desigual desde cero. Venimos de una guerra civil genocida y de una dictadura militar que impuso su credo político, como una camisa de fuerza, a una España acobardada y hambrienta.




Mucho nos costó salir de ese abismo histórico y pronto olvidamos los principios básicos a respetar para una honesta convivencia en común. Ahora participamos de una cultura democrática construida a golpes de enredos políticos y engaños financieros, que tienen como componente básico un severo pragmatismo económico que, a fin de cuentas, es la filosofía de las multinacionales que nos han dominado en las últimas décadas.

Del idealista "Todo por la Patria" de los cuarteles franquistas, hemos pasado a "Todo por las grandes corporaciones y el dinero", de modo que hay un evidente cambio en la psicología social y en los objetivos individuales de los ciudadanos.

El hombre ya no trabaja por la realización de un ideal, ni por alcanzar la perfección intelectual o espiritual, sino que lo hace sólo por las cosas que le interesan y que le reportan un bien material. Es lo que podríamos definir como el materialismo pragmático. Es decir, que el ciudadano sólo encuentra placer en la consecución de objetivos que puedan ser contabilizados como beneficio económico.

El hombre se ha (lo han) auto programado para adelgazar sus aspiraciones y lo ha hecho hasta el límite de que ya sólo le interesa el dinero y el poder que, de por sí, llenan sus expectativas existenciales y justifican cualquier medio que utilice para conseguir sus espurios propósitos.

Es obvio que tan altas cotas de imperfección intelectual no se alcanzan porque sí, exige sacrificios personales -ausencia de vida sentimental, puñaladas, estrés, rendiciones-y una dureza granítica de  carácter para soportar las críticas y la presión social.



La biografía de los "ilustres" hombres políticos o de empresas, de este último cuarto de siglo, no resistiría la prueba del algodón, porque el meteórico ascenso social de la mayoría está jalonado de mentiras, traiciones, oscuras operaciones financieras y de acoso y derribo de adversarios.

Es la pasión por el ser a cualquier precio, de cualquier forma y con cualquier instrumento, por encima de las posibles excelencias de otras personas con mayores capacidades y merecimientos.

Al final lo que vale es el patrimonio y la cifra que dispongas en la cuenta corriente, porque a partir de ahí es posible comprar un pasado, inventarse una hoja de  servicios, adquirir un currículo escrito con letras de oro y renglones torcidos, lleno de inexactitudes y mentiras, pero que será divulgado como una verdad incuestionable por los perros mediáticos que actúan como comparsas al poder.

Hace mucho tiempo que el talento y la capacidad creativa pasaron a un plano secundario, enterradas por la audacia irresponsable de los mediocres, por los clanes políticos, por las mafias empresariales, por los nidos financieros y todo tipo de lobbies que alimentan su ego con el hambre y la desgracia del pueblo.

sábado, 23 de noviembre de 2013

EDUCACIÓN PARA LA PEDERASTIA

Un país puede permitirse tener a un zombie de presidente. A un vago de ministro de trabajo. A un hippie en la cartera de defensa. A un ludópata de responsable de economía. A un pirómano en el ministerio de medio ambiente. Aun así, el país funciona. Lo que no puede permitirse ninguna patria es tener como ministro de educación y cultura a un zafio ignorante. Por suerte, nosotros le hemos otorgado tal dignidad a nuestro bienhadado José Ignacio Wert. 

José Ignacio Wert ha salido tan listo que hasta le sobran 20.000  profesores. Ya era hora de que alguien nos cantara las verdades del barquero, pues hasta la llegada de Wert el único barquero que te decía la verdad era Caronte. 

No es la primera vez que este país está en crisis por exceso de sabiduría. Y la experiencia nos sirve ahora para adoptar medidas como la que acaba de anunciar nuestro ministro. Hay que cargarse a 20.000 educadores, que a Wert y a España le sobran. 

Ya en 1936, un exceso de cultura estaba pudriendo España, y nuestros militares, en defensa de la patria, tomaron las medidas oportunas. Con enorme educación, los soldados de Franco invitaron a miles de maestros, catedráticos, intelectuales, creadores y poetas a dar un delicioso paseo mientras los convencían de que debían reciclarse.  

Estas conversaciones dieron sus frutos, aquellos pensadores hicieron apostasía de su error y muchos de ellos optaron por el negocio de la jardinería. Aun hoy, las malvas que adornan muchas cunetas españolas son herencia de aquellos reconvertidos educadores, que comprendieron que España necesitaba sus cerebros para hacer la fotosíntesis y criar flores. Honremos su patriótica feracidad craneal. 

Los maestros actuales también deben entender que van sobrando en España, dado que uno ya siente cierto hartazgo de hablar de Schopenhauer en los campos de fútbol cada vez que echa a rodar el balón. Y es que, con tanta cultura, en España no se habla más que de Schopenhauer. 

Eso de que la cultura nos hará libres es una falacia, como lo demuestran los miles de intelectuales justamente encarcelados tanto en países fashion-liberales como en otros fascio-comunistas. La cultura es solo una disculpa que se inventan los cobardes para no ir a la guerra.

-Hijo, vente conmigo a enterrar unas bombitas de racimo en el jardín de los vecinos, que hacen ruido y tengo que airear la mala uva.

-No puedo, que estoy leyendo a Eurípides.
 

-¿El vástago de Klitonis y Mnesarco? ¡Serás maricón!

Dejaciones así las sufrimos los padres españoles a diario: la tragedia de ver a tus hijos enganchados a un libro, y por eso se hace necesario y urgente cargarse a 20.000 educadores, tirando a poco, y fomentar los valores que siempre han distinguido a nuestro país, cual son la superchería y la brutalidad. Si elimináramos de nuestra historia la superchería y la brutalidad, España casi no tendría historia. Y eso sería muy trágico. Un país sin historia es como un muerto de muerte natural. Insípido.

        ¿Por qué salir en el Lancet cuando se puede ser portada del ¡Hola!, que se lee más?

        ¿Para qué enseñar filosofía si pagan más por enseñar el culo?
 
        ¿Para qué sirven 20.000 maestros teniendo a un Wert?
 

La cultura, en España, se estaba poniendo incomodísima. De hecho, ahora mis novias jóvenes me abandonan en no menos de cuatro idiomas, y eso internacionaliza mi dolor hasta límites transfronterizos y catastróficos. Culpa de la cultura. 
 
        Y las niñas ya no quieren ser princesas, sino bioquímicas. Culpa de la cultura. ¿Adónde vamos a parar?

       Con todos los músculos de los 20.000 maestros de Wert no se construirían ni dos policías antidisturbios para proteger el Congreso. Con eso lo digo todo.

La ventaja que tenemos los fascistas, y se lo voy a confesar a usted en privado, es que la belleza es mucho más fácil de destruir que la fealdad. Pruebe usted a destrozar un AK-47 golpeándolo con el Gernika. Y pruebe la viceversa. Quizá sea verdad que la cultura nos puede hacer libres, pero estoy seguro de que la ignorancia nos hará ricos. Y esto es más importante. Ya lo estamos viendo. 

Se me acaban las ideas porque no les deja sitio mi ideología. Ahora a mi admirado Wert le queda sustituir a los 20.000 maestros por 20.000 curitas babeantes para salvar España. Y trasformar la Educación para la Ciudadanía en Educación para la Pederastia, disciplina en la que nuestra iglesia es una potencia científica mundial. ¿No querías educación sexual para tus niños, rojo de mierda? Pues toma.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

REQUIEM POR LA INESTABLE PAZ SOCIAL


Los principios éticos que inspiraron los movimientos sociales del pasado siglo, y que figuran en la memoria colectiva como un tiempo irrepetible de luces solidarias y de sombras políticas, adquieren protagonismo en esta fatigada época que nos ha tocado vivir, tan cargada de incertidumbres políticas, de tensiones sociales y de crisis económica.
La contracultura hippie podría ser implantada, sin riesgo de rechazo, en esta sociedad anatematizada por el latrocinio financiero y la especulación de los mercados, y sus reivindicaciones ser asumidas por una mayoría ciudadana cansada de saqueos, despilfarro y engaños.
A los jóvenes melenudos les preocupaba el medio ambiente, el pacifismo, la revolución sexual, la liberación femenina y la discriminación racial. ¿Quién no firmaría en la época actual todos estos principios de libro ético?
Los hippies supusieron un punto de inflexión contestataria en el devenir bélico de una sociedad que encontraba un placer intenso en la consecución de objetivos pragmáticos, asociados a la producción industrial en masa o al trabajo en cadena que, inspirados en las teorías de Keynes, serían clave para el desarrollo del estado del bienestar.
En la década de los 60, los jóvenes se rebelaron contra su adoctrinamiento social y se negaron a ser esclavos de la cultura del consumo de masas, que enriquecía a unos pocos en detrimento de una mayoría que se dejaba su salud por un exiguo salario.
El paralelismo con la época actual es evidente, de tal modo que el mundo, en su devenir pendular, parece haber vuelto al sitio desde donde partimos hace 50 años. Aunque quizás el máximo legado de aquel tiempo memorable sea la búsqueda de un mundo espiritual y el amor por la naturaleza, que tanto bien nos haría ahora, y todo sin descartar el enorme legado literario y musical de una época de autores y canciones pacifistas irrepetibles: Joplis, Pink Floyd, Hendrix, The mamas & The papas, Baez.......
 
Del tronco de la cultura hippie, surgieron otros movimientos ciudadanos emblemáticos, entre los que se encuentra el mitificado mayo del 68, cuyas coincidencias sociales y laborales con las circunstancias históricas que en este momento vive España, no pueden más que propiciar una profunda y desoladora reflexión. Como en el caso español, la mayor revuelta estudiantil y la huelga más numerosa de la historia, ocurrió después de una década de expansión económica y de desconocida prosperidad en Francia. ¿Les suena?
Como ha ocurrido aquí, aunque por factores no coincidentes en cuanto a corrupción, despilfarro y burbujas, el paro en Francia subió en poco tiempo como la espuma, en especial el juvenil, y millones de trabajadores vieron mutilados sus sueldos, desvaneciéndose para ellos la posibilidad de acceder al estado del bienestar. La precariedad laboral avanzaba y las protestas sociales eran abortadas por una policía antidisturbios que, por sus métodos expeditivos, no gozaba del aprecio ni de la indulgencia popular.
Esta era la situación en Francia, en los años previos al estallido estudiantil, pero podría estar haciendo una perfecta radiografía social y laboral de la España actual, cuyo reflejo se acentúa si le añadimos la desconfianza en las instituciones públicas, sobre todo las políticas y sindicales.
Así se llega en Paris al recordado 10 de  mayo, la mítica noche de las barricadas en el Barrio Latino, las graves revueltas y la respuesta institucional del General de Gaulle, que ordena sacar los carros blindados a las calles, al día siguiente. El resto de la historia es bien conocido.
El Mayo del 68, en Francia y en el resto del mundo, está dentro del contexto de una época en la que la balanza ideológica encontraba un punto de equilibrio entre distintas corrientes políticas, como el marxismo, el maoismo, el socialismo y el capitalismo y, en esta lucha hercúlea entre sociedades antagónicas, hasta el ciudadano más extremista podía encontrar una bandera en la que envolver sus sueños pacifistas, burgueses o revolucionarios.
Mucho ha llovido desde el festival hippie de "Woodstock", tanto que el hombre ha vuelto a perder el faro ideológico que iluminó su identidad política y que posibilitó los grandes avances sociales y la consolidación de un estado del bienestar que ahora es dinamitado por la oligarquía financiera.
 
Y otra vez, como cuando surgió en EE.UU. la contracultura hippie o explotó el mayo del 68, los ciudadanos europeos, cansados del expolio político y desengañados de la dependencia cómplice de sus desacreditadas instituciones, de nuevo buscan enarbolar una bandera o un credo ideológico cuyos principios reivindicativos y éticos den consistencia y sentido a una lucha social que se hace cada día más necesaria.
Es imprescindible contrarrestar la silenciosa e intensa involución de los derechos sociales que la élite financiera y empresarial está provocando en las clases medias y en los ciudadanos más débiles. La oligarquía trata de recoger el resultado de las exitosas prácticas globalizadoras de las últimas décadas, y de las convenidas uniones de sangre política y de mercados aduaneros.
Mientras tanto, surgen grupos dispares, heterogéneos y con reivindicaciones confusas, como el 15 M, o de estética transgresora, como los antisistema, cuyo perfil violento enlazan con los manifestantes más radicales de las huelgas salvajes de mayo del 68.
Unos y otros, parecen funcionar sin orientación ni afinidad política y sin liderazgo ideológico. Pero, sin duda, estamos otra vez ante la historia girando sobre sí misma y colocándonos frente al espejo del tiempo, confirmando que por mucho que avance la sociedad en lo económico y en lo técnico, explotadores y explotados, estamos siempre en el mismo sitio. Unos frente a otros, y con los cuchillos afilados.

viernes, 30 de agosto de 2013

BALADA TRISTE DE LOS ESCLAVOS


         Vienen de la tierra de los pastos regados con sangre de diamantes o petróleo, son los herederos de los blues melancólicos que todavía resuenan por los húmedos esteros del Mississippi y por los interminables campos de algodón de Louisiana. Vienen del otro lado del Atlántico, son descendientes de los hombres y mujeres que pescaban con las manos desnudas en el lago Titicaca y de quienes cantaban al Rey Sol en las montañas peladas de Cuzco, mientras le rendían tributo de sangre al cóndor y a la llama.
 
Vienen de raza altiva, la de quienes entregaron entre lágrimas las llaves de sus mejores recuerdos y se fueron cargados de nostalgia de las fértiles huertas de rosas y naranjos que bañaban las limpias aguas del Darro, en la Andalucía almohade, hace poco más de siete siglos.
Las cosas apenas han cambiado, desde entonces, para los hombres que fueron esclavos del egoísmo del amo blanco en las plantaciones de algodón, o de los crueles conquistadores de conciencias y riquezas ajenas en una América de selvas e indígenas. Hace unos siglos, a los mandingas los atrapaban con redes en las orillas de las interminables playas del Senegal, los encadenaban por el cuello y los metían en las bodegas de un barco negrero para venderlos como esclavos, en subasta pública, al mejor postor.
Hoy, viven igualmente hacinados y con frecuencia se vulneran sus derechos más elementales. La diferencia más evidente es que, encima, se tienen que pagar ellos el viaje  suicida al falso paraíso occidental.
El mundo ha evolucionado mucho en las formas, pero el fondo permanece inalterable como un estanque  helado. Persiste el derecho a la explotación del débil, de quienes no tienen los recursos necesarios o no saben usar las herramientas legales para defenderse. Están atados al duro remo de la galera laboral con grilletes de egoísmo, que es el sentimiento más generalizado entre la clase dominante, justo el que permite que en el mundo siga existiendo el hambre, la miseria, las enfermedades infecciosas y las guerras de exterminio.

En la última década, a España han llegado muchos más inmigrantes de los que este País puede integrar  sin traumas laborales. Pero de eso nadie quiere debatir, es políticamente incorrecto hacerlo. Llegaron no por un efecto llamada, sino por un efecto huida de las míseras condiciones de vida que existían y que existen en sus países de origen. Se la jugaron en una ruta suicida en la que muchos encontraron el sufrimiento y la muerte.
Es probable que hoy haya en España siete millones de emigrantes que rebuscan, entre los excedentes del sistema, pan, trabajo y libertad. Es una pugna extrema entre pobres extranjeros y nacionales que no tienen  otro recurso que sus manos. Los desheredados del mundo y los desheredados de aquí unidos por una misma desgracia fatal: la falta de trabajo.
Los poderes públicos han creado una situación de tremenda y explosiva fragilidad, en la que estallidos xenófobos, propiciados por el hambre, pueden aparecer en cualquier momento. La inmigración masiva no fue una necesidad del sistema productivo español en un momento determinado, sino que vino propiciada por la expansión de las multinacionales españolas a países de Sudamérica y de África. Era cuestión de equilibrio de balanzas de pago y de atar con intereses recíprocos lo que en realidad era el negocio de unos pocos miles de accionistas.

En España siempre ha habido un 12% de paro estructural. O lo que es lo mismo, una fuerza pasiva de más de dos millones de personas, sin cualificación profesional, que andaban a salto de mata, viviendo del turismo en verano y de las cosechas cíclicas en el sector agrario.
Ahora hay un excedente multitudinario en todos los sectores, para mayor gloria empresarial, que no sólo puede elegir a los trabajadores, sino reducir los salarios a conveniencia a quienes no tienen más remedio que aceptar estas ofertas a la baja. Eso sin tener en cuenta lo que supone integrar en el sistema sanitario, educativo y de prestaciones no contributivas a siete millones de personas.
Una verdadera debacle económica de la que nadie habla ni escribe por hipócrita conveniencia, o por temor a ser tachados de xenófobos. Todo esto ha sido propiciado por los dos partidos políticos dominantes, Partido Popular y PSOE., dos lastres para nuestro sistema democrático, que hace agua por todos sitios por culpa de las decisiones irresponsables de sus representantes políticos.