viernes, 5 de julio de 2013

LA VERDADERA HISTORIA DE LA CRISIS

Dios creó el mundo… y pensó que era bueno, porque el obrero era feliz yendo a trabajar en alpargatas. Laborando cual abejilla, para que los ricos se comieran la miel.

Pero el obrero, que tenía el corazón perverso, y la mirada sucia, en lugar de agradecer con reverencias a los ricachones que le dieran una vida feliz trabajando para ellos, se reveló y quiso comer también la rica miel. Y cometió el pecado original.

Los ricachones, viendo que el obrero pecaba, que los hijos de los trabajadores estudiaban con los suyos, que querían rivalizar con ellos, traspasando las leyes no escritas de la decencia y la moral... ¡Montaron en cólera! Decidiendo terminar de una vez por todas con su maldad, tramaron un elaborado plan para que el obrero no tuviera más remedio que volver al redil amansado y CREARON SIETE PLAGAS DE PODER INIGUALABLE.

A la primera de ellas le pusieron el nombre de “HIPOTECA”. Y animaron a todos los trabajadores a comprar pisos y coches y blackberrys y más pisos y más coches...

Mientras, se frotaban las manos esperando el momento idóneo, vendiendo productos bancarios como las participaciones preferentes o las hipotecas sin límite de subida de intereses, pero con suelo en el caso de bajada de estos. La ley del embudo, lo ancho para ellos y lo estrecho para los ciudadanos a quienes nadie protegía. Confiados ciudadanos que pensaban que el director de la sucursal de su barrio era un amigo y no un esbirro de la empresa para la que trabaja, que muchas veces no sabe ni lo que está vendiendo o aconsejando y solo se guía por la comisión que le dan por adjudicar determinado producto.

En medio de toda la vorágine económica generada gracias a la primera plaga, decidieron enviar la segunda. “CORRUPCIÓN” la llamaron y por todo el país se extendió como epidemia incontrolada y empezaron a aparecer políticos corruptos e ineptos que construían aeropuertos sin pasajeros, auditorios sin oyentes, macro bibliotecas, estaciones de ave sin trenes y todo tipo de construcciones inútiles de las que poder trincar suculentas comisiones.

Entonces cuando ya tenían al obrero en la trampa, con la ayuda de opulentos banqueros de ambición insaciable y ansiosos empresarios de pacotilla, porque los de verdad valoran lo que es trabajar, decidieron soltar la tercera plaga, y quisieron nombrarla “CRISIS”.

Y empezamos a oír hablar de la prima de riesgo, hipotecas subprime, deuda pública, rescates a países, test de estrés bancario y otro montón de palabrejas, que a los simples trabajadores nos sonaban muy lejanas en nuestro mundo casi perfecto.

Pero un buen día, cuando el obrero pecador estuvo bien pillado de los güevos, y solo entonces, cuando ya no podíamos pagar, ni vender, ni alquilar, ni trabajar siquiera, los ricachos pusieron en funcionamiento la cuarta plaga “EMBARGO”.
Ahora tocaba devolver todo lo que nos habían prestado, eso sí, multiplicado por mil. Como no puedes pagar tu piso, te lo quito, lo revendo y lo vuelvo a hipotecar, pero lejos de saldar tu deuda, te obligo a seguir pagando al tiempo que cobro al nuevo pringao otros cincuenta años por el mismo bien. Otro negocio niquelao.

El gobierno se debilita, se acogota, se desconcierta. Ya lo tienen donde querían. Es el momento de apretar un poco más. Soltemos la quinta plaga piensan.

“CONTROL DEL DÉFICIT PÚBLICO” hay que poner techo al gasto, modificar la constitución, reducir las inversiones públicas. El gobierno mira a Grecia y Portugal de reojo y cede como un pardillo. Se acabó la soberanía nacional. Y pasó a la primera reforma laboral. La Merkel se desternilla viva de la risa.

Se necesita liquidez en los bancos dicen, para que fluya el crédito y por tanto empiezan a través del banco central europeo, que pagamos entre todos, a prestar dinero a los bancos a un interés del 1.5%, pero el crédito no fluye, se queda retenido en las garras de los banqueros, porque es más rentable para los bancos invertir en deuda pública que te devuelve el 5% de interés y no se corre el riesgo de prestar a las empresas y que no te devuelvan el dinero. El negocio es redondo 3.5% de beneficio limpio. El gobierno vampiro de los ricos, recauda el dinero de los ciudadanos, les chupa la sangre sin escrúpulo alguno, se lo da al banco central y este se lo presta a los bancos para que hagan negocio con él.

Se recurre a la sexta plaga: “RECORTES”. Se tritura a los empleados públicos, se machaca a los trabajadores, mientras los directivos bancarios y los políticos se hinchan a comisiones millonarias. Y miles de millones se defraudan a la hacienda pública sin que nadie se atreva a hacer una ley de verdad para evitarlo.

Comienza el merme y el hurgue, el saqueo de derechos a la clase media española. La ley de agilización de la justicia, que convierte a ésta en un lujo solo al alcance de los ricos. Los recortes en ley de dependencia, la moderación salarial mientras todos los bienes de primera necesidad se incrementan.

“PARO” séptima plaga. Lo que antes era malo, después de la primera reforma laboral se vuelve trágico. Esta plaga llega sola. Generada por la inutilidad de algunos políticos a los que hemos pagado ingentes cantidades de dinero para gestionar nuestros impuestos y protegernos y en lugar de cumplir con su trabajo, se han convertido en la nueva aristocracia, marqueses, condes y duques tan lesivos para el obrero, como lo fueran antes de la revolución francesa sus predecesores en privilegios y prebendas.

Y cuando ya el obrero se desangra por el suelo acosado por el paro, los ricachos, Europa, los políticos ineptos, los recortes, el déficit público... y está ya medio muerto. En ese instante, solo en ese preciso momento, en España…

DIOS VA Y NOS ENVÍA A RAJOY, SU ÁNGEL EXTERMINADOR, LA IRA DE DIOS.
          Nos lo envía a los trabajadores porque habíamos pecado mucho al parecer y albañiles, fontaneros, vendedores y representantes que conducían Audis y Mercedes y tenían Chalets como los de los ricos. Y eso no era bueno debió pensar dios por el tema de que es más difícil que un rico entre en el cielo a que un camello pase por el agujero de una aguja. Pero ¡coño! ¡qué necesidad tenemos todos de ir al cielo!. Digo yo, nos podía haber dejado como estábamos y "ca uno" que eligiera.

Rajoy, "El Exterminador", llegó con su espada flameante y dio un plazo a los sindicatos para que negociaran y llegaran a un acuerdo con la patronal, pensando que estos no iban a entenderse ni de coña.

Pero estos solo por tocarle los co….. fueron y llegaron a un acuerdo. A pesar de los exaltados que quieren mandar a los parados a Laponia a por trabajo y cuya mejor receta contra la crisis es que trabajemos con los sueldos de los chinos. Aunque imagino que no habrán caído en que entonces no podremos consumir como europeos y tendremos que abastecernos en los comercios de los trabajadores asiáticos a los que tanto parecen admirar y ellos no van a vender ni un rosco.

Y pensó Rajoy... "Me han jodido la excusa de decir que hago una reforma laboral salvaje porque patronal y sindicatos no llegan a acuerdos. No ha colao. Esto no es suficiente, los trabajadores han pecado mucho y se merecen un castigo ejemplar ¡como dios manda!"

PORQUE ES JUSTO Y NECESARIO...

Y CUAL DILUVIO UNIVERSAL,

SOLTÓ LA SEGUNDA REFORMA LABORAL,

LA DEL PARTIDO POPULAR,

EL PARTIDO DE LOS TRABAJADORES,

SEGÚN LA COSPEDAL.

Y tanto Rajoy reformó que hasta a los empresarios asustó. Organiza por vez primera el despido a los empleados públicos laborales, poniendo en manos del mismo político que ha arruinado la Administración Pública, la solución a su mala gestión para aligerar las cuentas sacrificando las plantillas. Contratos con periodo de prueba de 365 días, despidos por ponerse enfermo y faltar al trabajo 9 días, rebaja las indemnizaciones, autoriza bajadas de sueldo, movilidad funcional, geográfica, cambios de horarios, jornadas y todo lo que el empresario quiera.

EL APOCALIPSIS CONTRA LOS TRABAJADORES. UNA REFORMA LABORAL INUTIL, porque solo favorece a los empresarios especuladores, ya que los empresarios honrados no quieren despedir trabajadores, quieren trabajo y créditos para poder mantener a los que tienen y conservar la empresa que tanto esfuerzo los ha costado crear.

INJUSTA porque se ceba en los de siempre, en los trabajadores.

INNECESARIA porque ya se había hecho una reforma el año anterior que solo generó más paro y se había firmado ya un acuerdo entre patronal y sindicatos que no se ha respetado.

Más en viendo que los sindicatos una huelga general pensaban convocar, Rajoy, El Exterminador, no paraba de quejarse "¿acaso ni los cien días me vais a dar malandrines?". "Mire uste, decían los sindicatos..."

ESTE ES EL FUTURO QUE NOS AGUARDA: más paro, más recortes -> menos consumo, menos consumo -> menos ingresos de impuestos, menos ingresos de impuestos -> más recortes, más recortes -> más parados, mas parados -> menos consumo... y vuelta a empezar.

¿QUE VA A PASAR? No hay suficientes recursos para todos. ¿Qué plantea el gobierno del PP?. La ley de la evolución de las especies: Los fuertes sobreviven, los débiles se extinguen. La clase media española ha sido sentenciada.

El que pueda pagar por la sanidad, será sanado, el que pueda pagar por la educación, será educado. El que tenga dinero tendrá justicia, seguridad, vivienda, lujo; en definitiva calidad de vida estupenda.

Los que no podamos pagar, vamos a comer chinas del rio y nos vamos a calentar haciendo astillas. Nos van a volver a subir el IVA. Y todos los impuestos, tasas y demás. Copago sanitario, nuestros hijos no van a poder ir a la universidad, los salarios de mil euros van a ser los más altos del mercado laboral, porque el resto de trabajadores se pretende que cobren poco más del salario mínimo interprofesional.

Vamos a volver al siglo XIX.

POR PRIMERA VEZ EN DÉCADAS, NUESTROS HIJOS VAN A HEREDAR UNA SOCIEDAD MUCHO PEOR DE LA QUE NOSOTROS HEREDAMOS DE NUESTROS PADRES. VAN A TENER MUCHOS MENOS DERECHOS LABORALES Y SOCIALES.

ESTA ES LA HERENCIA QUE LES VAMOS A DEJAR SI NO LUCHAMOS Y NOS DEFENDEMOS DE ESTA POLÍTICA Y DE ESTA MENTIRA QUE NOS ESTÁN HACIENDO CREER. EL PROBLEMA DE FONDO NO ES LA CRISIS ECONÓMICA. EL PROBLEMA DE FONDO ES UNA LUCHA DE LOS RICOS POR DESHACERSE DE LA CLASE MEDIA QUE EMPEZABA A SERLES TREMENDAMENTE MOLESTA.

jueves, 27 de junio de 2013

SOBRE LA RESPONSABILIDAD POR LA INJUSTICIA

Hace poco tiempo, el cardenal Bergoglio, ya elegido Papa Francisco, decía que le gustaría una iglesia católica para los pobres. No es una frase nueva en la tradición católica, ni tampoco en otras tradiciones confesionales, políticas y éticas. Aunque pareciera que este lenguaje había pasado de moda.

Las primeras entrevistas a personas que conocían al cardenal argentino hablaban de sus obras de caridad, de sus visitas a los suburbios, de su opción por los pobres… Quienes se han tomado alguna vez en serio esta cuestión político-práctica que son las desigualdades, y, en concreto, las estructuras que generan desigualdades, saben que una cosa son las palabras, o los gestos (por importantes que sean), y otra los fundamentos de estas palabras y las implicaciones que se está dispuesto a aceptar al llevar a la práctica las palabras. Para que se entienda: hay quien ha sido asesinado, torturado, vejado… por comprometerse en lucha contra las causas flagrantes de las desigualdades y de sus consecuencias sobre las personas.

La pregunta importante es qué significa “la opción por los pobres”. Distintas alternativas políticas, morales y teológicas coinciden en las palabras, pero no en lo que quieren decir con ellas y en las transformaciones que aceptarían como deseables. No se ha de olvidar que dentro de la tradición católica la teología de la liberación ha tenido como prioridad fundamental la opción por los pobres. Opción compartida en parte por movimientos sociales y políticos que plantean como prioridad poner remedio a las desigualdades económicas.

Sin embargo, la teología de la liberación (es decir, sus fundamentos y sus implicaciones prácticas) ha sido intensamente rechazada por buena parte de la jerarquía católica y por los sectores más conservadores. Pero estos sectores conservadores también han rechazado, cuando no perseguido y asesinado, a otra gente que sin saber si se guiaban por teologías, ideales políticos o por pura vergüenza ante la injusticia, denunciaban los abusos y se posicionaban contra ellos.

Como decía, la frase “la opción por los pobres” puede significar cosas muy distintas. Para unos, la “opción por los pobres” convertida en campaña publicitaria se asemeja al eslogan “ponga un pobre en su mesa” que Berlanga retrató en Plácido. Como recordarán, la película satiriza esta concepción y práctica de la beneficencia: el pobre sería un presente en la mesa de los privilegiados. Como buen pobre, no se le permitiría protestar, enojarse, rebelarse o proponer y buscar estructuras sociales, políticas y económicas más equitativas. En este modelo, el pobre ha de ser un pobre sumisamente agradecido: un buen pobre.
Para otros, la beneficencia es una opción deseable ya que estimula la generosidad de los particulares. Este modelo está en auge. La destrucción de los sistemas de protección social, el debilitamiento del contenido social de las fuerzas políticas de izquierdas asentadas en las estructuras formales y la expansión de la ideología que se resume en el “que cada palo aguante su vela”, han contribuido al auge de una beneficencia conservadora.

Esta beneficencia se caracteriza por preservar las desigualdades y, por ello, los privilegios existentes. Es lo contrario a tomarse en serio los contenidos sociales y democráticos del estado y las condiciones de materialización de los mismos. La beneficencia es esencialmente anti-igualitaria, atenta en muchas ocasiones contra la dignidad de la persona que ha sido colocada en situación de pobreza y es perfectamente compatible con estructuras económicas, políticas y jurídicas generadoras de desigualdades.

La “opción por los pobres” puede significar esto: proteger el modelo y sus injusticas, pero buscar paliativos que en las situaciones extremas eviten el desagradable espectáculo de la pobreza de solemnidad. En este modelo se extiende un discurso de los valores que bajo la expresión “faltan valores” omite que los valores se entroncan con las estructuras económicas e ideológicas.

Este uso de la noción de los valores, no se plantea políticamente que estos tienen una relación simbiótica con las estructuras económicas y materiales que condicionan la vida de la gente.

Cuando se plantea en serio la cuestión de responsabilidad personal y colectiva en relación a las desigualdades, hay que plantear, como señalaba con fuerza Thomas Merton hace ya bastante tiempo (monje trapense fallecido en 1968): “No basta con una ética de las buenas intenciones subjetivas. Esta ética ha sido juzgada y hallada en falta. ¡Tenemos que volver a enfocar la mirada hacia los resultados objetivos de nuestras decisiones!”, (En Conjeturas de un espectador culpable, Sal Terrae, 2011).

La responsabilidad personal, en ocasiones pensada y vivida como compromiso, no debería desligarse de la proyección de la acción política colectiva. Desde hace unos años, potentados como Bill Gates y Warren Buffet, dos de las mayores fortunas del mundo, impulsan el proyecto Giving Pledge. Con esta iniciativa se pretende que personas y familias multimillonarias destinen una parte de su fortuna a acciones filantrópicas, siendo posible hacer la donación en vida o al morir.

Esta iniciativa no dejaría de ser una anécdota si no fuera porque, tal como yo lo veo, abunda en la tendencia señalada: diluir y disimular el carácter político de las estructuras económicas, jurídicas y sociales que generan pobreza. Ideas como el Giving Pledge, ¿van a estar acompañadas por la exigencia a estas personas y familias de rechazar aquellos beneficios que provengan de la explotación de los trabajadores, de la destrucción del medio ambiente, de la vulneración de los estándares de los derechos humanos a nivel internacional, de la comercialización de armamento, de la evasión fiscal mediante actuaciones de ingeniería financiera o de la especulación financiera?

Iris Marion Young murió antes de poder acabar su último libro: La responsabilidad por la justicia (Morata, 2011). Una amiga suya lo preparó para la edición. Young se planteó en este libro una pregunta clásica que ha recuperado su actualidad: ¿Cómo deberíamos pensar sobre nuestra propia responsabilidad en relación a la injusticia social? Young explica cómo desde los años 80 del siglo pasado se extendió la idea según la cual las causas de la pobreza había que buscarlas básicamente en la irresponsabilidad de los pobres. Young contradijo en profundidad esta teoría y llegó a conclusiones que son aplicables al momento actual:

-  Se ha instaurado una “irresponsabilidad privilegiada sistémica” que perjudica a millones de personas (por ejemplo, personas con poder en las grandes instituciones toman decisiones que afectan a millones de personas). La irresponsabilidad de unos se legaliza y determinadas instancias quedan desresponsabilizadas, mientras se tacha de irresponsables a los que quedan marginalizados.

-  Hemos perdido la convicción de que los problemas y desventajas sociales se pueden mejorar a través de la acción colectiva. Cuanto menos confianza tenemos en nuestro propio compromiso político y democrático, más exigimos a los demás.

          El sistema capitalista global produce injusticias estructurales de privación material de millones de personas con insuficientes o ningún medio de subsistencia, y somete a la mayor parte de estas personas a la dominación a través de la coacción económica: “Por cada injusticia estructural hay un alineamiento de entidades poderosas cuyos intereses están servidos por esas estructuras”.

En un momento en que se incrementan las desigualdades, la beneficencia no es la solución ya que conserva e incrementa las desigualdades, no les pone remedio. El compromiso personal ha de verse conjugado con la responsabilidad colectiva a favor de estructuras que favorezcan la igualdad entre las personas, sin que esto suponga la anulación de la responsabilidad personal por la propia vida

lunes, 17 de junio de 2013

LA GANGRENA DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA


La proliferación de escándalos en toda España, de casos de corrupción en empresas e instituciones, el descarado saqueo de entidades financieras como las cajas de ahorro, y de prácticas delictivas en los bancos, el espectáculo de la compra de la voluntad de diputados y concejales para conseguir leyes adecuadas para negocios turbios o para favorecer a grandes compañías, mientras los gobiernos imponen la austeridad forzosa, recortan derechos democráticos y ciudadanos, bajan salarios, y roban impunemente una parte de los sueldos de los funcionarios públicos, ponen de manifiesto que la situación en España ha alcanzado un punto crítico, hasta el extremo de que todas las instituciones del país amenazan quiebra. En una atmósfera de fin de época, el cinismo y la desvergüenza parecen haberse apoderado del país.

Sin embargo, la corrupción no es general: de hecho, la gran mayoría de los ciudadanos del país trabajan (si pueden), pagan sus impuestos, y contribuyen con su esfuerzo al sostenimiento de las estructuras sociales. Pero, buena parte de las élites sociales viven en un ambiente propicio a la picaresca, a la proliferación de cohechos, malversaciones, fraudes y evasiones de impuestos.

Viven en la exigencia de demandas particulares orientadas a favorecer sus negocios, al impulso de operaciones turbias, al aprovechamiento de los recursos públicos para enriquecimiento de unos pocos.

En los últimos años, la corrupción ha alcanzado a todas las instituciones, y el pasmo llega a Iñaki Urdangarín y a la monarquía, incluso al propio Juan Carlos de Borbón, mientras aparecen ministros bajo sospecha, añadidos a consejeros de autonomías, alcaldes, responsables de diputaciones, concejales, presidentes y consejeros de cajas de ahorro, bancos y empresas, en una ominosa sucesión de personajes que han aparecido vinculados a la vergonzosa lacra de la corrupción.

Los empresarios, con casos sonados como el del ex presidente de la CEOE, Díaz Ferrán, y el vicepresidente, Arturo Fernández, entre otros muchos; los negocios de dirigentes del PP, y de empresas que financiaron al partido de Rajoy, como ha puesto de manifiesto el “caso Bárcenas”, por no hablar de los escándalos de Valencia, Baleares y Madrid, todos ellos relacionados.

Pero también el PSOE está bajo sospecha, desde el ayuntamiento de Sabadell al “caso Pretoria”, y los ERE andaluces, y, en Cataluña, Convergència i Unió, donde la sombra de la corrupción convergente llevó al ex presidente Maragall, hace varios años, a acusar a Artur Mas del “problema del 3 %”, o las presuntas comisiones cobradas a muchas empresas por Convergència. Las vergüenzas proliferan: el “caso Palau”; la actuación del diputado convergente, Xavier Crespo, amigo de la mafia rusa; los pagos de Ferrovial, la sombra de las comisiones ocultas sobre la Ciudad de la Justícia y la línea 9 del metro, entre tantos otros escándalos menores, además de los episodios de espionaje político que afectan al PSC, PP y CiU, muestran la extensión de la gangrena.

Rajoy y el Partido Popular pretenden obviar esa evidencia de la corrupción rampante por el procedimiento de insistir en que la prioridad de su gobierno es afrontar la crisis económica, como si no fuera posible hacerlo y, al mismo tiempo, perseguir con dureza la corrupción.

Es la actitud de muchos responsables políticos, aunque no por ello dejan de simular preocupación: en Cataluña, Artur Mas y su gobierno presentaron un documento, en febrero, sobre “propuestas y reflexiones” para la “transparencia y regeneración democràtica”. Mas, responsable de un partido con numerosos (y presuntos, sí) responsables corruptos, propuso la creación de una comisión anticorrupción, iniciativa que llevó a un diputado catalán a definir con precisión su gesto: “Es como si la Camorra propusiera un pacto antimafia”.

Mientras todo eso ocurre, la pobreza aumenta en España, incluso entre las personas que disponen de trabajo, y las rebajas de salarios se han convertido en una moneda común entre los empresarios, de manera que junto al sacrificio de la población una legión de corruptos exprime y roba los recursos del país.
Esa corte de pícaros, comisionistas, empresarios sin escrúpulos, abogados que viven en el margen de la ley, cabilderos que median entre empresas y administración, políticos sin dignidad, son uno de los principales problemas del país, y aunque el capitalismo y la obsesión por el dinero fácil son los grandes corruptores, y la corrupción prospera de la mano de la derecha, esa evidencia no excluye que el olor nauseabundo de la corrupción haya alcanzado a algunos sectores de la izquierda, mostrando, una vez más, que la ideología y la ética siguen en ocasiones caminos divergentes.

Los males de la sociedad española son evidentes: unos partidos políticos poco democráticos en sus estructuras internas, convertidos en gremios de cargos públicos y en agencias de empleo en la administración para sus miembros más destacados: el PP, el PSOE, Convergència i Unió, son claros ejemplos de ello; una creciente, y peligrosa, desafección democrática entre los ciudadanos, que dificulta la acumulación de energía para impulsar el cambio social, la connivencia con los malos usos de la corrupción y del clientelismo; una administración pública poco eficiente que permite la arbitrariedad y el abuso cometidos por las élites políticas, en alcaldías y ministerios, pasando por los gobiernos autonómicos, las empresas públicas y los organismos dependientes de la administración; y, en fin, una arquitectura democrática, fruto de la transición política tras el final del franquismo, que exige a gritos una regeneración… que sólo puede llegar de la mano de una república honesta.

La honradez, la transparencia en acuerdos y contratos en la administración pública y entre las empresas, la lucha activa contra la corrupción, la responsabilidad en el ejercicio de los cargos públicos, el control de las actividades y de las decisiones del gobierno, de los partidos políticos, sindicatos y empresas, junto a la persecución del fraude fiscal, al control bancario de los ingresos, han de ser la base de cualquier sistema democrático.

 Porque la corrupción gangrena la sociedad, siembra el veneno de la decepción y la indiferencia, destruye la conciencia democrática de los ciudadanos, corroe las convicciones éticas de la sociedad, y contribuye a configurar ciudadanos descreídos y cínicos, ajenos a la honestidad y a las buenas prácticas.

Los corruptos siempre aluden a que la corrupción es un mal presente en todas las sociedades y en todas las épocas, e incluso algunos medios neoliberales llegan a postular la idea de que puede ser beneficiosa para el desarrollo económico de los países, puesto que, hipotéticamente, genera movimiento económico y social.

Es el argumento de los cínicos, de los desencantados y de los cómplices. Si la izquierda no hace de la honradez y de la ética, los principios rectores de su actuación, no sirve para nada. No es nada nuevo: eso, y las tentaciones del poder, era conocido ya a principios del siglo XX, cuando los veteranos del movimiento obrero vasco decían que en las instituciones había que poner a los miembros más honrados… y vigilarlos como si fueran ladrones.

miércoles, 5 de junio de 2013

HISTORIA DE UN DESPROPÓSITO


      EL MUNDO en su devenir pendular nos ofrece, en estos días, una perspectiva que es casi una foto fija en la historia de España: La eterna lucha entre la élite empresarial o financiera y quienes no tienen otro capital que las rentas de trabajo.

En el fondo, no se trata sólo de una lucha por un modelo justo en el reparto de los beneficios, sino que en la actualidad trasciende el propio interés especulativo, y la lucha se centra en que las relaciones de poder y de dependencia han sido declaradas obsoletas, prescritas, por el capital.

En las relaciones laborales, el trabajador tiene sus manos y sus conocimientos y los grandes empresarios tiene las estructuras y el dinero. El árbitro de esta pugna, en apariencia, especulativa, es el gobierno de la nación, que establece las reglas de juego y ejerce de árbitro imparcial.

En teoría esto ha funcionado relativamente bien en las últimas décadas, hasta el punto de que el país ha disfrutado unos años de asombrosa prosperidad y de indudables avances sociales. Pero la dinámica de crecimiento propició un desbordamiento de la propia especulación financiera, fomentando la ambición ilimitada de  todos los agentes en juego: bancos, grandes empresarios, políticos, sindicatos....
Durante algunos años, las instituciones públicas y privadas cerraron los ojos y se dejaron llevar por el resplandor ascendente de la economía, pero era un fulgor falso, un destello de astro que palidece y se apaga en el mismo acto del brillo.

La cuentas del estropicio aún no han sido ofrecidas con toda claridad. A grandes rasgos, parece que muchísimas familias han vivido por encima de sus posibilidades, endeudándose por estrenar una casa más grande o por tener un coche mejor que el vecino.

Esto fue estimulado por la excesiva liquidez de una banca que creía que así aumentarían sus beneficios y, desde luego, las comisiones personales de quienes la dirigían con tanta arbitrariedad. Nadie le ha exigido a estos aficionados a  banqueros responsabilidades por ello; bien, al contrario ahora disfrutan de un retiro multimillonario pagado con los fondos de una recapitalización aportada por el Banco de España. Es decir, por todos nosotros.

Por otro lado, las grandes empresas españolas se lanzaron a la compra compulsiva de todo lo que se movía en el mercado, llámese  suelo, telefonía, banca, petróleo, gas...... Realizaron grandes inversiones en el exterior y se endeudaron mucho más de lo que sus balances, en época de crisis, pueden tolerar. Ahora necesitan financiar sus deudas y, o no encuentran cómo, o les prestan a un interés muy caro.

Y, por último, los sucesivos gobiernos de la nación, no han hecho otra cosa que mirarse el ombligo y decir que bien lo hago. Y donde digo gobierno de la nación, podría decir, perfectamente, reinos de taifas autonómicos. Han ido a la caza del voto, a cambio de inversiones en servicios innecesarios y de muy difícil financiación.

Si arrancamos con Aznar, liberalizó el suelo, y mal vendió todas las grandes empresas de la nación, que eran patrimonio de todos: Telefónica, Repsol, Endesa, BEE.... liberalizó los servicios y creó un germen especulativo que ha llevado a España a esta insostenible situación. Zapatero ha sido un político suicida en lo económico, creyó que la máquina de hacer dinero no se detendría jamás y, al amparo de un engañoso crecimiento, llegó a manifestar que superaríamos en PIB. a Francia e Italia. Creó múltiples servicios y regaló el dinero como si el déficit fuera un concepto puramente formal de los economistas. Rajoy ha aprovechado la debacle de las finanzas para hacer una política contraria a lo que había prometido en su programa electoral.
 Los trabajadores ven salvajemente recortados sus derechos. Con la excusa del déficit y de la deuda su poda del estado de bienestar no tiene otro límite que el que marca su imaginación. Y no parece que haya una salida fácil a la situación en la que el pueblo se ve inmerso. Los comedores  sociales están desbordados, el paro no deja de aumentar, las expectativas de los jóvenes son menos que cero, y Rajoy insiste en que no tiene más remedio que recortar aún más en pensiones, educación y sanidad. Tiene la excusa perfecta y tiene por delante el tiempo que necesita.

Lo que no parece que vaya a tener es la comprensión ni la colaboración de los españoles. Y lo que no sabemos todavía es si lo dejarán terminar su terrorífica obra en paz. O si antes le volarán los cimientos.

 

martes, 28 de mayo de 2013

Y DIOS LE DIO EL ALTA


Un rayo luminoso y radiante rompió el horizonte y deslumbró a un compungido y derrotado trabajador

-¡Usted es un gandul! ¡A trabajar, desgraciado!, retumbó la poderosa y omnipotente voz del E.V.I. (Equipo de Valoración de Invalidez).

Aquel pobre infeliz clavó sus mustios ojos en el suelo recién lavado del despacho del todopoderoso. Permaneció tímido primero, después derrotado. Aguantó el llanto, era un macho. Macho y desde pequeñito, en verano y en invierno al puto tajo, con frío o calor; cargar, cargar, acarrear como un jodido burro. Se había ganado su puñetera vida, nunca mejor dicho, con el sudor de su alma y ahora, al paro, cuando llegaban los cincuenta largos años que pesaban toneladas.

-Es que eres un flojucho -le dijeron entre risotadas en la barra del bar:

-¿Para qué coño quiere un empresario a un obrero analfabeto y averiado como tu?, continuó el cachondeito cabrón.

Tomó el último sorbo del carajillo y con el insignificante resuello que le quedaba de su asmático pecho, protestó:

-Pa mi esas risitas ni puñetera gracia me “jacen”, que con la enfermedad del prójimo no se juega caballeros.

Pero qué cojones le quedaba, había transcurrido un año de baja y le citaron por correo certificado, con todo tipo de advertencias, como si fuera un peligroso delincuente. Llegó derrotado, se plantó tímido ante el Equipo de Valoración de Invalidez (EVI) y ni le dejaron sentar.

Comprendió que la gente educada, entre la que creía estar, lo consideraban un mierdecilla sudado, un paria de la tierra. Ya el abogado en el sindicato le dijo que llevara todos los certificados médicos, las radiografías y resonancias que demostraban que su espalda, extremidades superiores e inferiores eran pura fosfatina, puritita mierda y sus pulmones hechos pulpa.

Sorpresa: Pepe el peón no halló Equipo alguno, sólo una escuálida mujercilla de cara ruin, que decía ser doctora. Parecía más un guardia civil de esos de Franco, - de aquellos que por menos de nada te aflojaba un bofetón en comisaría, con aquella frasecita: “¡Usted se calla bobomierda! Y habla cuando le autoricen, maleducado,” - que una servidora pagada con el dinero que a él le llevan descontando desde que tiene uso de razón; desde que, con apenas doce años, le sacaran de la escuela para que acompañara a su viejo a trabajar en la construcción.

Repuesto del susto y al ver que no le miraban, ni le preguntaban, ni le tomaban sus certificados, radiografías, resonancias, ingenuo preguntó:

-Señorita ¿Dónde está el Equipo “paer” que vine “paque” me vieran?

Y, con toda la mala leche del mundo bramó Dios:

-Yo soy el Equipo, el EVI, tres en uno, como el desatascador, un médico, un inspector de trabajo y un psicólogo en uno, y deje de darme la lata con esos papeles, que ya he decidido sobre su futuro. Pero hombre quite esas resonancias y esas radiografías de mi mesa que yo lo sé todo sobre usted. Que nosotros conocemos lo que pretenden los que como usted quieren vivir de la caja común. Un informe completo obra en mi ordenador. Esté tranquilo que enseguida le arreglamos el pelo.

-Pero Señorita si este “certificao” del traumatólogo es nuevo, me lo dieron ayer y yo soy peón de la construcción.

-Deje de molestar, salga ¡jolín! que tengo mucho trabajo. Ya le comunicará el Equipo su resolución, pero me temo –dijo por lo bajini con ironía- que el tajo le espera, que todavía sólo ha cotizado treinta y seis años y le restan seis para su jubilación que la caja común no se ha hecho para gandules.

-Pero Señora Equipo; si es que no me puedo ni poner los zapatos y “la mujé” me tiene que asear todos las mañanitas.

-No me de la lata. ¿Se va –reprimió palabras gruesas- o llamo al segurata? Todavía le quedan muchos sacos de cemento, muchos baldes de mezcla, muchas escaleras retorcidas que subir cargado como una bestia. Para que esta sociedad funcione tenemos que evitar a los gandules.

Y bajó Dios a la tierra y aquel desgraciado a mamarla, que a su mismísimo hijo, al mismo hijo de Dios, a Jesucristo lo jodieron a gusto por pedir justicia y lo crucificaron por mucho menos que a Pepe el peón.

jueves, 23 de mayo de 2013

YAY@FLAUTAS CON ACNÉ... REVOLUCIONARIO


 
NO HAY un detonante exacto, ni una fecha singular, que marque el ocaso de los dioses políticos españoles y el nacimiento de la todavía gestante revolución ética ciudadana. Y es que el pozo ciego y vomitivo de la corrupción, que ha contaminado nuestra convivencia y comprometido nuestro bienestar, no ha surgido por ensalmo o arte de  birlibirloque, sino que más bien se incubó en las secretas ciénagas donde el poder asienta sus reales posaderas, justo sobre las gruesas moquetas que ensordecen las cautelosas pisadas de las aves carroñeras y que ponen un voto conventual de castidad y silencio a las intrigas y puñaladas palaciegas.
Insisto en que la descomposición política se ha extendido como una silente enfermedad vírica, como una imparable pandemia de despropósitos y abusos que ha terminado infectando a todo el sistema democrático. Y lo más grave es que los actores secundarios (el pueblo) de está drama bufo, de este timo de opereta, no se han dado cuenta del engaño hasta que Europa les ha exigido que abonen la factura pendiente de la bacanal política y económica.
En este escenario tan negro que hace una década no podíamos ni siquiera imaginar, con la cuantía de las pensiones y la calidad de la sanidad y la educación en franco deterioro, y con los trabajadores firmando contratos basura y soportando canallescos despidos y recortes, hay miles de ciudadanos con la salud seriamente tocada y entrados en años que, con la vida resuelta y el horizonte del retiro despejado, han enarbolado la bandera de la rebeldía, la justiciera espada de la agitación, y se han lanzado a las calles coreando consignas revolucionarias.
         Y lo han hecho para  apoyar las justas reivindicaciones de una juventud  profundamente insatisfecha con un sistema tan permisivo con la corrupción, tan proclive a recurrir al despilfarro para comprar voluntades y votos y tan interesada en mantener sus privilegios políticos, una juventud, digo, pues, que en muchos casos eran sus propios hijos, nietos y sobrinos. Hasta tres generaciones se han juntado en las calles y plazas de las ciudades de España, coreando gritos de unánime repulsa y de desprecio hacia una clase dirigente que se ha visto envuelta en continuos escándalos de saqueo de las arcas públicas.
  
Nadie ignora a estas alturas que nuestros representantes políticos han traicionado sus ideales políticos y a su electorado, y han herido de muerte el propio sistema democrático, tal como hoy está concebido. En el ejercicio de sus competencias, han cometido los siete pecados capitales políticos: prostituir la economía, permitir el abuso especulativo de grandes grandes empresarios y financieros, y amparar y colaborar en la quiebra contable y artificiosa de entidades financieras y bancos. Y lo han hecho desde la más absoluta impunidad legal, porque existe un pacto no escrito de silencio entre políticos, con el que se protegen unos a otros del fuego cruzado de denuncias y querellas.
Este vergonzoso acuerdo verbal está garantizado por el equilibrio de intereses y privilegios en juego, de modo que ningún cargo público desenterrará el hacha de guerra para denunciar a los corruptos, salvo en casos muy esporádicos o puntuales, y en fechas muy justificadas y concretas, como son los períodos electorales. Después todo vuelve a la normalidad envenenada de siempre, al esgrima verbal floreado entre Partidos políticos, a la moderación argumental en las declaraciones a los medios, todo bajo un prisma ideológico muy correcto y juicioso, de falsa ejemplaridad.
Pero esta imagen está desvirtuada por las continuas y variadas rapiñas financieras, y hoy el descrédito de los políticos es tan acentuado que el propio sistema democrático se está resquebrajando como un castillo de arena azotado por las olas y por los vientos del pueblo. Los confiados ciudadanos han perdido su inocencia democrática, porque se han dado cuenta que han sido víctima de una estafa económica y política monumental.
         Y en este dantesco escenario de creciente paro, desahucios, hambre, miseria, estafas financieras, recortes, subidas de impuestos y rescate salvajes de bancos, es en el que aparecen los personajes principales de esta historia, nuestros hombres y mujeres próximos a la tercera edad que, cansados de abusos políticos y engaños financieros, han abandonado la mecedora, el televisor y la telenovela de las cuatro, se han calzado sus botas y su chaqueta de cuero, y han puesto de nuevo en marcha el reloj de la historia personal de cada uno. Y con el alma llena de renovadas erupciones revolucionarias se han lanzado a las calles y plazas para dejar testimonio de su compromiso social, de su indudable indignación ciudadana, y para decirles a los jóvenes que no están sólo en su lucha solidaria y en su  imparable revolución ética.
 
Les impulsa la incontestable certeza de que los trúhanes políticos y financieros, que aún se pavonean de poder sacarnos de esta crisis demencial, han laminado el bienestar de su familia, convertido a sus hijos en esclavos de la usura internacional, y le han sacado un billete sin retorno para el tren de la emigración, como única salida posible a una precariedad laboral que durará décadas, en el mejor de los caso.   

Este análisis frío y lúcido de la situación, es el que ha incendiado su corazón de náufragos de la dictadura y de supervivientes en el islote desierto de la democracia imperfecta, y el que los ha llevado hasta el límite del infarto revolucionario.