jueves, 6 de agosto de 2015

LA TOLERANCIA

Hace unos días, en un grupo de whasapp en el que participo, se suscitó una cierta polémica a propósito del derecho de una mujer musulmana a concurrir a una piscina comunitaria con un atuendo no previsto normativamente, y posiblemente contrario a los estatutos.

Este debate me llevó a reflexionar profundamente sobre la tolerancia como elemento imprescindible  para la tan necesaria convivencia pacífica.

Podríamos definir la tolerancia como la aceptación de la diversidad de opinión, social, étnica, cultural y religiosa. Es la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas de entender y posicionarse en la vida, siempre que no atenten contra los derechos fundamentales de la persona...

La tolerancia si es entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces una virtud de enorme importancia.

El mundo sueña con la tolerancia desde que es mundo, quizá porque se trata de una conquista que brilla a la vez por su presencia y por su ausencia. Se ha dicho que la tolerancia es fácil de aplaudir, difícil de practicar, y muy difícil de explicar.

Hay una tolerancia propia del que exige sus derechos: La oposición de Gandhi al gobierno británico de la India no es visceral sino tolerante, fruto de una necesaria prudencia. En sus discursos repetirá incansablemente que, “dado que el mal sólo se mantiene por la violencia, es necesario abstenerse de toda violencia”. Y que, “si respondemos con violencia, nuestros futuros líderes se habrán formado en una escuela de terrorismo”. ¿Les suena esto en la actualidad mundial?. Además, “si respondemos ojo por ojo, lo único que conseguiremos será un país de ciegos”.

¿Cuándo se debe tolerar algo? La respuesta genérica es: siempre que, de no hacerlo, se estime que ha de ser peor el remedio que la enfermedad. Se debe permitir un mal cuando se piense que impedirlo provocará un mal mayor o impedirá un bien superior.

Ahí entra en juego nuestro discernimiento. Defender una doctrina, una costumbre, un dogma, implica casi siempre no tolerar su incumplimiento. Con este concepto entendemos claramente que la verdad siempre surge desde la individualidad y que las verdades generalistas solo nos llevan a un camino de confusión.

De todas formas, hay dos evidencias claras: que hay que ejercer la tolerancia, y que no todo puede tolerarse. Compaginar ambas evidencias es un arduo problema.

Todos los análisis realizados por filósofos y estudiosos de la materia al respecto a la tolerancia aprecian la dificultad de precisar su núcleo esencial: los límites entre lo tolerable y lo intolerable. De nuevo, y como en casi todos nuestros acontecimientos diarios, debemos beber en la fuente de la sencillez, ella será la encargada de otorgarnos el discernimiento que nos de la inspiración para el obrar.

Hemos empezado hablando de la tolerancia como parte del “respeto a la diversidad”. Se trata de una actitud de consideración hacia la diferencia, de una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta de la propia, de la aceptación del pluralismo. Ya no es permitir un mal sino aceptar puntos de vista diferentes y legítimos, ceder en un conflicto de intereses justos. Y como los conflictos y las violencias son la actualidad diaria, la tolerancia es un valor que es muy necesario y urgentemente hay que promover.

Ese respeto a la diferencia tiene un matiz pasivo y otro activo. La tolerancia pasiva equivaldría al “vive y deja vivir”, y también a cierta indiferencia. En cambio, la tolerancia activa viene a significar solidaridad, una actitud positiva que se llamó desde antiguo benevolencia. Los hombres, dijo Séneca, deben estimarse como hermanos y conciudadanos, porque “el hombre es cosa sagrada para el hombre”. Su propia naturaleza pide el respeto mutuo, porque “ella nos ha constituido parientes al engendrarnos de los mismos elementos y para un mismo fin”.

Séneca no se conforma con la indiferencia: “¿No derramar sangre humana? ¡Bien poco es no hacer daño a quien debemos favorecer!”. Por naturaleza, “las manos han de estar dispuestas a ayudar”, pues sólo así nos es posible vivir en sociedad: algo “muy semejante al abovedado, que, debiendo desplomarse si unas piedras no sostuvieran a otras, se aguantan por este apoyo mutuo”. La benevolencia nos enseña a no ser altaneros y ásperos, nos enseña que un hombre no debe servirse abusivamente de otro hombre, y nos invita a ser afables y serviciales en palabras, hechos y sentimientos.

La tolerancia es un regalo desde los primeros años de la vida.

martes, 21 de julio de 2015

BOICOT A LOS PRODUCTOS DE LA “ALEMANIA FAMILY”

Corría el año 1880 y hacía siglos que los británicos eran dueños de Irlanda. El capitán, Charles Boycott administraba las fincas de un terrateniente absentista inglés en el Condado de Mayo. Mr. Boycott vivía aquellos días con sorpresa e inquietud en su caserón de campo: Hacía semanas que era incapaz de conseguir que alguien trabajara sus tierras, además los comercios no le vendían comida y el cartero dejó de llevarle el correo.

Boycott había llegado a esta situación por su comportamiento abusivo y despótico. El viejo capitán se negaba a rebajar los alquileres que los paupérrimos jornaleros pagaban a su señor en Inglaterra, y la Liga Agraria Irlandesa emprendía esta serie de acciones de corte pacífico para hacerlo ceder en su tiranía.

El viejo capitán, que era tremendamente testarudo, contrató a jornaleros del Ulster y a un pequeño ejército de agentes de la policía real irlandesa que los protegiera, para recolectar sus cosechas; cosa que consiguió, pero el collar le costó más que el perro. El terrateniente absentista le retiró su confianza desde London y Boycott tuvo que volver a Inglaterra con la lección bien aprendida y su victoriano rabo entre las piernas.
          
El ya por entonces prestigioso periódico londinense The Times se hizo eco de la derrota de Boycott y usó su apellido para describir la novedosa medida de acción política.
El boicot, una pacífica forma de lucha, totalmente legal y como se demostró en la India de Gandhi o en la lucha contra el Apartheid surafricano, poderosamente efectiva.
   
Sin embargo, me resulta curioso observar cómo las izquierdas ni por asomo han considerado esta medida de presión, ante la fiebre neoliberal que nos asola. Sabemos que el núcleo duro de los países que abrazan la dichosa “austeridad” como forma de relación con el sur de Europa son: Austria, Finlandia y Holanda con Alemania al frente, como reina y capitana absoluta.

Porque es así amigos, nuestra antigua amiga teutona es ahora la del pacto socialista-conservador (SPD-CDU), una auténtica forofa de la austeridad hacia nosotros los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y Spain); de hecho, tres de cada cuatro miembros del Bundestag (el 80% de sus parlamentarios) nos quieren “austeros” y lejanos. Nuestra vieja amiga germana representa en la actualidad ese norte que nos ahoga económica y socialmente. A nosotros, pobres dependientes sureños que “reconvertimos” hace tiempo nuestra producción industrial, agraria y pesquera por amor a la UE.

Este núcleo duro europeo, esta Alemania family que interviene nuestras “inocentes” democracias meridionales, nos condena a la hostelería precaria (con suerte) y humilla despiadadamente a pueblos imprescindibles como el griego.

Resulta, cuando menos, chocante que la segunda balanza comercial más deficitaria que padece el estado español es la que afecta a nuestro comercio con Alemania, nuestro principal acreedor (-10.051,6 millones de euros en 2014); y esto es porque le compramos mucho, muchísimo, una barbaridad: Sólo en 2014 nos gastamos cerca de 36.000 millones de euros en productos alemanes. Imaginaos si a esto sumamos nuestros depósitos e hipotecas en el Deutsche Bank o en el fresquísimo banco holandés ING Direct.

 Este amor material por nuestros verdugos evidencia la falta de información de la ciudadanía y a mi entender, la admiración tradicional de la España diestra por la cosa teutona y el respeto ancestral de la zurda hispana a la Alemania sesuda, representa hoy en día por Merkel y su todopoderoso sanedrín.

El caso es que las izquierdas peninsulares difícilmente llamarán a boicotear la compra de productos provenientes de Austria, Holanda, Finlandia, Alemania... Me temo que, incluso después de lo sucedido en Grecia, seguirán basando sus acciones en timoratas políticas keynesianas recogidas en un programa de “gobierno desde la oposición”.

La izquierda no se atreve a contestar de manera contundente al foco neoliberal del terror impuesto. No esgrime las armas que aún permite a la gente de a pie combatir todo este despropósito, esta afrenta diaria al sentido del bien común.
  

Los neocons vienen pisando fuerte, deshumanizadamente y sin contemplaciones para con los ciudadanos del sur, que aún creen que eligen a sus gobiernos soberanamente. Pienso que es hora de apuntar al “nido de las águilas” de la austeridad y atacar dónde más les duele: sus productos, su cartera.

martes, 14 de julio de 2015

LA CANALLADA A GRECIA, PRINCIPIO DEL FIN DE LA U.E.

Casi seis meses después de asumir sus funciones el gobierno griego de Syrza sigue enfrentado a la decisión europea de someterlo a un programa de austeridad cuyos resultados, desde su aplicación, en 2010, ha sido el de hundir el país en la pobreza y la caída d 25% su Producto Interno Bruto. Los intentos del primer ministro Alexis Tsipras de poner fin a ese programa y de relanzar la economía de su país se ha enfrentado al desafío que representa la caja vacía del Estado, el fraude y la evasión de impuestos y a una deuda externa impagable, que se ha prácticamente duplicado desde la aplicación del plan de “rescate” impuesto por la “troika” conformada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y la Fondo Monetario Internacional (FMI).

Las negociaciones entre el gobierno griego y la Europa conservadora han llegado a un callejón sin salida. Pero, sobre todo, han desnudado las falencias de una Europa en manos de un creciente neofascismo que ha llevado a ese callejón sin salida no solo las negociaciones con Grecia, sino el proyecto europeo mismo, como la advierten las más diversas voces. Entre ellas, la del expresidente de la Comisión Europea, Jacques Delors (1985-95), probablemente el último con una visión de Europa integrada a camino de una cierta igualdad, luego sustituida por una corriente neoliberal que ha promovido la reforma de los tratados constitutivos de la unión y conducido a un aumento de las tensiones que hoy amenazan con poner fin al proyecto.

Firmado en diciembre del 2007 el Tratado de Lisboa se eligió a un político belga conservador, Herman van Rompuy, “desconocido en la Bruselas europea”, como presidente. La inglesa Catherine Ashton asumía la dirección de la política exterior, el portugués José Manuel Durão Barroso seguía a cargo de la Comisión Europea. Un cargo que le fue otorgado como retribución por su papel de anfitrión del trío de las Azores –conformado por George Bush, Tony Blair y José María Aznar– cuando, el 15 de marzo del 2003, lanzaron un ultimátum al gobierno de Iraq para que se deshiciera de sus armas químicas. Armas que, como sabemos, no existían. Pero sirvieron de pretexto para la desastrosa invasión del país.

El drama griego “no es ni será solamente nacional”, advirtió, la semana pasada, Delors, fundador del instituto que lleva su nombre. “Tiene y tendrá efectos sobre toda Europa, de la que Grecia es parte tanto por su historia como por su geografía”.

No se trata –agregó el documento del Instituto Delors– “de medir las consecuencias económicas y financieras más o menos limitadas de una salida de Atenas de la unión monetaria: se trata de ver la evolución de Grecia en una perspectiva geopolítica, como un problema europeo que permanecerá. No es solamente con los microscopios del Fondo Monetario Internacional que hay que mirar a Grecia, sino con prismáticos más amplios, o sea, como un Estado que pertenece a los Balcanes, donde la inestabilidad no necesita ser estimulada en estos tiempos de guerra en Ucrania y en Siria, del desafío terrorista, sin olvidar la crisis migratoria”.

Una visión geopolítica que ha estado ausente del debate de quienes solo ven en el gobierno griego una amenaza para la agenda de austeridad que ha hecho imposible encontrar una salida a la crisis financiera que lleva ya más de siete años en la eurozona.

De la mano de Alemania –con el apoyo de los gobiernos conservadores que han aplicado con entusiasmo las medidas de austeridad, como España y Portugal, y de países de Europa del este, como los Bálticos, o Eslovenia– se trataba de imponer la idea de que, sin Grecia, la zona euro sería más estable. Como lo dijo la corresponsal del diario francés Le Monde en Berlín, las consecuencias negativas de una salida del euro deberían ser tales para los griegos que desarmarían cualquier intento de resistencia en otros países.

El papel de Alemania en Europa fue objeto de un libro devastador, publicado en mayo pasado por el eurodiputado del Partido de Izquierda francés y excandidato presidencial, Jean-Luc Mélanchon.

Se trata de “El arenque de Bismark” o “el veneno alemán”. Curioso nombre, que deriva de la interpretación de Mélanchon sobre el significado de los diversos gestos de la canciller alemana, Angela Merkel, cuando recibió al presidente francés, François Hollande, en mayo del año pasado a bordo del Nordwind, en el mar Báltico (Nordwind, nombre de la última ofensiva alemana contra Francia en la II Guerra Mundial, recuerda Mélanchon).

“Europa va mal”, asegura. “Las finanzas reinan por todas partes, saquean, matan y contaminan”. Esto es así porque Alemania “no sabe vivir de otra manera”, siempre a la “procura de mano de obra más barata y abundante. De otro modo, ¿quién financiará las pensiones de su población decreciente y cada vez más vieja?”

Para lograrlo, dice Mélanchon, Alemania ha anexionado al “sueño europeo”, uno a uno, los países del este europeo, luego de hacerlos pasar por las reformas exigidas para la adhesión a los tratados. Sueño europeo que, mientras tanto, se ha transformado en una “estafa”.
“Millones de personas se hicieron entonces disponibles. Desde sus casas, o como trabajadores a destajo, ofrecen la mano de obra de bajo costo que permite a lo ‘hecho en Alemania’ financiar sus fondos de pensión”.

Mélanchon acusa a Alemania de pretender “separar totalmente la economía de la decisión de los ciudadanos” y de hacer de Grecia un laboratorio político para ensayar “como quebrar la resistencia de los que se oponen al ordoliberalismo”, modelo económico de extremo liberalismo lanzado por el economista alemán Walter Eucken y la Escuela de Friburgo en los años 30 del siglo pasado
.
“Es la doctrina política que Alemania quiere imponer a todos, el triunfo del capitalismo financiero, origen de “los peores conflictos en las naciones y entre ellas en la medida en que inocula a todas su veneno”.

Mélanchon concluye afirmando que ”el imperialismo alemán está de vuelta”. “El modelo alemán es una impostura que reúne los ingredientes de una terrible conflagración”. El revólver puesto en la sien de Grecia “amenazada fríamente con la quiebra bancaria y el terrible inicio de una nueva etapa cruel de la historia”.

“Sabemos que la moneda única es alemana. Pero ella está amenazada por la misma Alemania. La dictadura de la austeridad puede expulsar en cualquier momento a los países que fueron llevados a la bancarrota. ¿Cuánto vale una moneda cuyas fronteras políticas están amenazadas por una tal inestabilidad?”.

Advertencia similar a la lanzada en estos días por economistas como los premios Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, para quien el problema de Europa es Alemania, no Grecia; o Paul Krugman, que la acusó de perjudicar gravemente el proyecto europeo.

Una “guerra sin bombas”, como decía el pasado 11 de julio un reportaje de la BBC sobre el acoso alemán a Grecia.

Si, por ahora, se trata de una guerra sin bombas, la historia recuerda como una guerra así se transformó en otra, con bombas.

Con frecuencia uno se pregunta como el mundo llegó a los extremos que llevaron a las guerras mundiales. Parece incomprensible que no se haya parado a tiempo ese proceso. Pero no se hizo.

Es inevitable ver hoy esa unión europea (o, más delimitada, solo la eurozona) como un Estado con diversas nacionalidades. Pero hay algunas nacionalidades marginales, que pesan menos que otras. Basta ver la contribución de cada país al Mecanismo de Estabilidad Europea, al que Alemania aporta, en cifras redondas, 27%, seguida de Francia, con 20%; Italia, con 18% y España con 12%. Cerca de ¾ del total. Esa es la “nación europea”, integrada por 19 países. Los otros 15 aportan en ¼ restante, siendo que los griegos lo hacen con poco menos del 3%.

En la Alemania nazi, las Leyes de Nuremberg distinguían entre ciudadanos del Reich (ciudadanos completos) y los “nacionales”, o ciudadanos de segunda clase, sin derechos políticos. Se “abrió así el camino para una evolución en la que, eventualmente, todos los nacionales de ‘sangre extranjera’ podían perder su nacionalidad. Eso ya lo saben los griegos, a los que el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, miembro de la conservadora Unión Demócrata Cristiana, propuso perder su “nacionalidad europea” por lo menos por cinco años.

Está claro que la reacción europea ha puesto una pistola en la sien de cada europeo –una figura ya usada por Mélanchon– y les ha dicho: –¡Si se mueven, disparo!

La gravedad de ese hecho no puede ser minimizada. Entre otras cosas, porque no será aceptado por los europeos, lo que tendrá consecuencias gravísimas y evidentes. No hacer nada ante esta evidencia no nos dará derecho, después, a preguntarnos cómo llegamos a la catástrofe. Catástrofe que, cuando ocurra, no nos dará ahora siquiera tiempo de preguntarnos nada.

Se trataba de castigar un desafío. Un desafío a la estupidez económica y sobre todo al principio de autoridad. Ahogar una quijotesca manifestación de dignidad para evitar el ejemplo. Con “Grexit” o sin él, es lo que ha ocurrido. Pero, ¿a qué precio?

Merkel ha salvado la cara ante el mayoritario sector de su opinión pública que cree en la leyenda de que la crisis es resultado del exceso de gasto social y de la mala administración de gobiernos manirrotos. Esta leyenda ofreció a “los griegos” como nuevos judíos. Con ella la Quinta Alemania tejió un mito para canalizar el enfado social y evitar una puesta en cuestión del sistema euro y del casino en general.

Con ese “los griegos”, el nacionalismo alemán se ha retratado como lo que siempre fue: un asunto étnico y supremacista que alimenta la imposición y el dominio. Hoy muchos europeos regresan a la vieja idea de que es imposible una relación igualitaria con Alemania.

En la sala de tortura de Grecia, Francia representaba el papel de “policía bueno”. Funcionarios franceses ayudaron al gobierno griego a redactar los términos de su gangsteril capitulación. Hollande ha ejercido de “collabo“, pero se alineó con fuerzas extraeuropeas, el FMI y el gobierno de Estados Unidos, para moderar a Merkel y su siniestro ministro. El Presidente ya ha comenzado la campaña de su reelección (2017) y apostó por la oposición al Grexit, una manera diferente de participar en el castigo. Sin embargo, esa diferencia y su recurso a los de fuera agrietan el mito del “eje franco-alemán”. Con Grecia, Alemania quería disciplinar de paso a Francia (e Italia), mientras que ésta quería poner en evidencia a Alemania. La bestia neoliberal, en sus dos alas, socialdemócrata y conservadora, está más dividida.


El Politburó de Bruselas, su régimen de soberanía limitada, su ideología (el estalinismo de mercado) y su comportamiento antidemocrático, se han hecho más obvios para más y más ciudadanos europeos. Los medios de comunicación aún menos creíbles. La canallada a la que hemos asistido nos hace, en definitiva, un poco más lúcidos. Un poco más de claridad sobre la Europa realmente existente y el malestar que siente cualquier persona decente en ella. La crisis de la UE no ha hecho más que empezar.

lunes, 29 de junio de 2015

ANTISISTEMA

Yo me declaro antisistema. ¿Pero quién no niega, desde la razón, un sistema como éste?. Un sistema irracional, inhumano, injusto y cruel. Por eso, todos mis escritos, se centran en el análisis en profundidad del sistema socioeconómico de sociedades como la nuestra. El viejo binomio izquierda-derecha se ha convertido en una herramienta del poder para clasificar erróneamente, de forma demasiado esquemática, a una ciudadanía, hoy, más desorientada que nunca. Desde la coherencia, debería adoptarse la dualidad prosistema-antisistema, más ajustado al momento y a la situación.

El poder y, en particular, los medios se han encargado de envenenar a la sociedad y crear un diccionario maldito con términos tales como revolución, subversión, comunismo, clase dominante, explotación, enajenación y otras muchas entre las que se encuentra antisistema
.
Mis manifestaciones siempre se han movido en el terreno de la reflexión, del análisis, del razonamiento, desechando la mera opinión, la conjetura, el disentimiento improvisado o el vano comentario. Por lo general, esas manifestaciones han ido tomando cuerpo y, por lo general, se han ido consolidando con el paso del tiempo.

Un pronóstico solo cabe hacerlo cuando se sustenta sobre un sólido estudio de la realidad, acompañado de la observación de los hechos que apuntan de manera inexorable al final que del análisis se infiere. Es hora de afinar y matizar algunas ideas aunque sin el ánimo de llegar al final porque si así fuera se acabaría el mundo del pensamiento.

En una acepción admitida por la mayoría, y casi enciclopédica, el sistema socioeconómico, o simplemente sistema, es una forma de organización social para el desarrollo de la actividad económica. Está constituido por una totalidad de estructuras o subsistemas, con una dinámica propia, ligadas entre sí por ciertas vinculaciones técnicas o institucionales. Cada una de las estructuras o subsistemas específicos sólo tienen sentido cuando forman parte de un todo coherente, en este caso: el sistema socioeconómico.

 En el caso particular que estamos analizando, el sistema está gobernado y controlado, mediante organismos creados ad hoc, por una clase dominante en detrimento de otras clases dominadas o abandonadas a su suerte.

El sistema ha creado instituciones que le blindan como son: la OCDE, el Banco Mundial, el FMI y, en Europa, el BCE y la nefasta “Troika”, lo que aleja a este continente de un entorno social, en una Europa de todos, tal como pretendíamos algunos ingenuos hace algunas décadas.

Los detentadores del poder son cambiantes a lo largo de las historia y, particularmente, en estas últimas décadas. Por lo tanto, sería más adecuado interpretar el significado de clase dominante, o poder real, como un grupo social desdibujado, sin límites precisos, en el que se encuentran quienes poseen abundantes riquezas, provengan de donde provengan, embargados por un sentimiento de codicia y poder que les hace creerse seres superiores al resto de los mortales, amparados en la patología de la normalidad.

Un grupo en el que, en lo concreto, están los que están y al que muchos más quisieran incorporarse aunque no lo intenten o fracasen en el intento. Pero también podríamos definir clase dominante como una abstracción a la que tienden quienes están embargados por un conjunto de contravalores que les hace menos racionales y menos humanos. Si fuéramos capaces de abstraernos aún más, la clase dominante quedaría reducida a ese conjunto de contravalores: codicia, ambición, deseo de dominio, etc.

Es, ahora, en lo concreto, un conjunto de clases privilegiadas. No es un bloque cerrado. A ella se incorporan nuevos grupos, nuevos individuos desclasados que se identifican con los que ya están aposentados. La clase dominante determina la práctica política. La parte light (políticos, periodistas famosos, deportistas, etc.) también influye en esa práctica.

Y la pregunta es: ¿cómo es posible que se mantenga en el tiempo un sistema tan injusto como éste, del que se benefician exclusivamente una minoría?

En cierta ocasión oí decir a un ilustre pensador metido a político, de los que ya no quedan, algo así como que las fuerzas del mal tienen más éxito que las fuerzas del bien. Quise interpretar de sus palabras que cuando se dice o se hace algo que pueda suponer progreso para el género humano es necesario esforzarse y empeñarse más que cuando se actúa en contra de la razón. Que la defensa de la verdad es muy costosa, mientras que mentir es gratuito. Que hay algo de carácter atávico en lo más profundo de la especie humana que le predispone a la aceptación incondicional de la maldad, a la vez que una reticencia para asumir anuncios o hechos encaminados a la superación de las miserias que nos invaden.

Alejados de todo tipo de creencias religiosas, pensamos que es posible que todo ello responda a una especie de embrujo mágico marcado por un pesimismo histórico, consecuencia de una trayectoria errática y desgraciada para las mayorías que pueblan, y han poblado, el planeta.

De lo que no cabe duda es de que los rasgos dominantes de la especie vienen marcados por unos contravalores que dan lugar a una casta o clase dominante que marca una pauta o forma de vida que, en lugar de ser cuestionada y combatida por la mayoría, es aceptada, valorada e, incluso, envidiada.

Este triunfo de la maldad, del engaño y de la manipulación sobre la razón y el progreso queda plasmado estos días en el acoso a los nuevos alcaldes elegidos que rompen con la habitual práctica política. En tan sólo diez días de gobierno los medios de comunicación, como herramienta útil del poder real, les están acribillando, con el fin de que no levanten cabeza.

En el ámbito internacional, Grecia se ha convertido en la cobaya para demostrar al mundo que no caben otras alternativas, que, de una u otra forma, hay que “pasar por el aro”. Después del desgaste de los que defienden a los más débiles, vendrán los salva-patrias que serán aplaudidos por aquellos a los que volverán a masacrar.

A lo que estamos asistiendo ahora en este país es un intento más, como tantos otros, de regenerar la sociedad civil y dar un cierto protagonismo a los más débiles, a los más necesitados. El triunfo del Frente Popular en el año 1936 es un antecedente próximo. La lucha y el movimiento obrero de los años 70, estuvieron a punto de convertirse en un proceso de confrontación política generalizado frente a la Dictadura.


El sistema es resistente a todos los intentos de cambio en la correlación de fuerzas. La condición humana avala la permanencia de este tipo de vida basado en la desigualdad. La ausencia de valores sintoniza con el sistema, lo que le ayuda a mantenerse en el tiempo durante tantos años.

miércoles, 17 de junio de 2015

LA FALSA POLÉMICA SOBRE LOS TUITS DE GUILLERMO ZAPATA Y OTROS

Morderíamos el anzuelo de una discusión sin sentido si a raíz de los acontecimientos que han seguido a los ataques mediáticos contra Guillermo Zapata nos centrásemos en cuestiones relativas a la dignidad de las víctimas, los límites del humor, la moral o las responsabilidades políticas. Todo eso a nuestros adversarios no les importa, con lo cual tacharles de hipócritas o cínicos es tan algo estéril como redundante y carece por completo de sentido.

Deberíamos apuntar, a mi juicio, aquello que realmente se acaba de mostrar a partir de esto; el mensaje que nos han mandado y las formas de actuar para las que tendremos que prepararnos a partir de ahora. Tengámoslo muy en cuenta, lo que acaba de comenzar no es una revolución democrática de movimientos de izquierda, lo que acaba de comenzar es la guerra civil.

          El problema al que nos enfrentamos los movimientos de izquierda y los trabajadores en general, no era sólo que tomar las instituciones suponía ya de por si un imposible para una ciudadanía que había sido expropiada de los espacios que les correspondían, sino que además, aquellos que las ocupaban (y que en la mayoría de lugares, -no dejemos de tener en cuenta- aún las ocupan) en realidad nunca tuvieron nada que ver con estas instituciones y con los principios que representan y tan orgullosamente enarbolan como bandera propia.

El problema es que además estos usurpadores no son más que una amalgama de familias golpistas y mafiosas que entienden el poder como el lugar que les corresponde por derecho propio y no como el resultado de los procesos democráticos que supuestamente representan.

Hemos llegado con nuestro escritorio y nuestra pluma a sentarnos frente a una barricada de agitadores y pistoleros que les importa poco lo que podamos poner sobre la mesa: Su único objetivo es eliminarnos y nada más les importa.

En esta situación es preciso tener en cuenta que nuestro poder –aquel que hemos alcanzado mediante sufragios- es tan sólo relativo y que nuestros opositores –aunque ahora sean menos poderosos que antes- van a poner todos los medios a su alcance, sean cuales sean, sin importar criterio ni medida para expulsarnos, y que lo van a hacer hasta la extenuación, hasta el momento final en que ya hayan cometido tantos crímenes que el exilio sea su única salida deseable.

Usarán todo aquello que les pertenece o que consideren que les pertenece sin descanso contra nosotros, intentarán impedir y boicotear nuestros gobiernos, en los medios y en las calles, agitando a las masas intentando destruir nuestra imagen pero también –y esto lo veremos- procurando hacer colapsar mediante sus influencias perversas todas nuestras propuestas.

No vamos a vivir ni un día en paz, no vamos a poder dormir ni descansar; si encuentran el modo de acabar con nosotros, ya bien de un ataque al corazón, ya bien mediante una funesta depresión, enfermedades o accidentes, lo harán. Cuanto más cerca vean su derrota, mayor y más furiosos serán sus ataques. “La burguesía –dijo aquel Buenaventura- tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia.” Viejas palabras que se introducen en un contexto de guerra, una guerra que no queremos vivir y para la que es imposible estar preparados, una guerra en fin, en la que estamos inmersos.

Habría que tenerlo en cuenta; nuestros opositores se lo juegan todo porque tienen todo que perder, nos atacan desde la impunidad y la barbarie, porque es la impunidad y la barbarie la que está en juego, nos atacan desde la manipulación el odio y la rabia, desde el rencor, la corrupción y la mentira así como desde la furia y la venganza porque son, precisamente, estas cosas las que les mantienen donde están. Nuestros opositores; estafadores y mesnaderos de conquistadores foráneos, saben que su existencia ilegitima y deplorable puede llegar a su fin, y como tal, son muy conscientes de que les va la vida en ello.

Pedir respeto en estos tiempos es casi extravagante y aun así el dilema es precisamente para nosotros: Nuestros adversarios lo tienen muy claro y su posición es evidente, ahora bien ¿Qué podemos hacer nosotros? No podemos ser como ellos, sin embargo ¿Tendremos que jugar su juego? Y si no podemos, ¿Cómo nos defendemos, cómo en fin, les atacamos? Sería fácil decir “mediante la ley” pero ésta aún en gran medida no existe como tal dado que nos enfrentamos a gentes que (aunque quebrado) permanecen envueltos de un halo intocable.
      
Este halo se desvanece por cada ayuntamiento que pierden, cada comunidad que ya no gobiernan, pero no se desmoronará por completo incluso en el momento en que alcancemos el gobierno de la nación. Los medios son suyos y aún se atreven a considerarse paradigma de la moral, cada palmo, cada pequeño espacio que nos han robado no lo abandonarán sin resistencia.

En cualquier caso, lo interesante es que estas cosas terribles que ya habíamos visto en otras tierras así como en nuestro propio pasado las estamos viviendo ahora en directo, teniendo en nuestras manos la posibilidad de intervenir directamente sobre ellas hasta el punto de determinar su curso.

Ahora bien, llegados a este punto a nosotros también nos va la vida en ello: Durante los últimos años habíamos estado viviendo el desvanecimiento progresivo de la última batalla que habíamos conseguido ganar en Europa -allá por el 45- y que empezó a decaer allá por el 92. Desde entonces hasta ahora nuestros adversarios habían llevado su venganza tranquilamente, seguros de que habían ganado pero con prudencia, no fuera a ser que nos volviéramos a levantar.

Pues bien, esto es lo que finalmente hicimos precisamente en el punto en que ellos mismos estaban más seguros de su victoria final, precisamente en el punto en que ya no podían echarse atrás pues habían dado vía libre a su corrupción más allá de lo rectificable, (saben que si gobernamos no les queda más futuro que la restitución de lo robado y la prisión). Con lo cual, la prudencia relativa que habían estado llevando hasta ahora, puestos a luchar, carece ya de sentido, saben que una vez la guerra ha comenzado, si ganan, ya no tendrán nada que temer durante una buena temporada.

Con lo cual, definitivamente, cada paso que hemos estado dando, y los que vendrán, no dejarán de mostrarnos cada vez un panorama más desolador; cada pequeño avance que consigamos en pos de nuestros objetivos no irá más que mostrándonos lo equivocados que estábamos con respecto a la viabilidad de nuestras expectativas, lo engañados que nos tenían sobre el mundo que pretendíamos cambiar.

Queríamos ser reformistas –ya que pensábamos que la reforma era la única revolución posible- pero llegados a este punto nos damos cuenta de que en realidad queda muy poco que reformar, que sólo nos quieren dejar ruinas y que no hay paz ni espacio posible para una normalidad democrática. Ahora deberemos resistir su envite pretendiendo defender algo que no ha existido más que como farsa como es el estado, la constitución y las leyes.

¿Acaso no fue éste el problema del Chile de Allende? No es además el problema en Venezuela? Una curiosidad al respecto que podemos observar es como la repetición sobre los males y los ataques de nuestros adversarios sobre Venezuela en realidad remarcan una advertencia que quizás no habíamos querido ver: “Si pretendéis tomar las instituciones como hicisteis en Chile o Venezuela, nosotros procuraremos reventarlas como hicimos allí, utilizaremos todos los medios de comunicación en vuestra contra como hicimos allí e intentaremos constantemente golpes de estado, destruiros la vida y la moral, dinamitar el estado e impedir la paz social como hicimos allí. Somos nosotros los que queremos 'bolivarianizar' España, somos nosotros los que pretenderemos llevaros a límites en los que no podáis legislar con normalidad y tengáis que recurrir constantemente a métodos dudosos para mantener la estabilidad del país, somos nosotros, en fin, los que haremos todo lo posible por destruir España si es que finalmente no está en nuestras manos.”


Tengamos esto muy en cuenta, lo que ocurra en las próximas elecciones determinará probablemente los próximos 40 años de historia, durante los cuales, si ganamos, tendremos que ser los fundadores de un país en ruinas. Quizás sea el momento de alguna otra de esas buenas ideas, inimaginables, que nos han traído hasta aquí.

martes, 2 de junio de 2015

ESPERANZA AGUIRRE Y SU CONCEPTO DE DEMOCRACIA

Esperanza Aguirre no se ha conformado esta vez con protagonizar una campaña electoral tramposa, sucia y marrullera, como sólo ella sabe hacer. Mentiras por doquier, ataques indiscriminados, faltas de respeto hacia sus adversarios políticos, incoherencias y contradicciones flagrantes, y un largo etcétera que pudieran muy bien constituir un manual sobre "campañas electorales sucias", han sido la práctica habitual de la condesa consorte durante la campaña electoral para las Elecciones Municipales al Ayuntamiento de Madrid.

Aquí también hay que decir que han dejado mucho que desear los propios moderadores y moderadoras de los debates, porque, tal como afirmó Pablo Iglesias, si los debates hubieran sido un partido de fútbol, el árbitro le hubiera sacado la tarjeta a Esperanza Aguirre.

No podemos tolerar, como ciudadanía, que cualquier debate político gire en torno a acusaciones sin fundamento, para atacar a los contrincantes, intentando hundirlos en la miseria para desprestigiarlos de cara a la opinión pública. Los debates electorales deben girar en torno a argumentos, diagnósticos, ideas, propuestas y programas, y los moderadores/as deben garantizarlo.

Pero como decíamos, la cosa esta vez no se ha quedado aquí. Bastante confiada en que el resultado electoral, tal como vaticinaban las encuestas, le sería bastante favorable, Esperanza Aguirre se ha encontrado al final con que ha ganado por la mínima, obteniendo sólo un concejal más que la coalición Ahora Madrid (21 y 20, respectivamente), lo cual ha debido hundirla en la más absoluta de las desesperanzas.

En honor a la verdad hay que decir que, antes que ella, se manifestó en términos parecidos, sugiriendo un trasfondo y un mensaje similares, la ex Alcaldesa de Valencia, Rita Barberà, que viendo cómo sus resultados electorales no le eran favorables, abogó la misma noche electoral por "un Pacto de Estado contra el radicalismo". Ahí es nada. Barberà debe entender que "el Estado" es su propia formación política y todos los demás que quieran seguirla, es decir, hace gala de una concepción totalitarista del mismo, porque en caso contrario, no se entiende tamaño desprecio a la democracia, y a los electores valencianos, que simplemente han elegido otorgar su confianza a otras opciones políticas.

Pero Esperanza Aguirre fue más allá. La madre de la corrupción madrileña, el adalid de la privatización de los servicios públicos madrileños, la nombradora oficial de todos los altos cargos que han saqueado los recursos de la Comunidad de Madrid, muchos de ellos imputados, incluso en la cárcel, sugirió aún mucho más.

Sí, porque a esta señora, que es capaz de ningunear a los Agentes de Movilidad madrileños, en un ejercicio de obsesivo egocentrismo, después de pensárselo durante el día siguiente a las Elecciones, volvió a dar una rueda de prensa, dejándonos boquiabiertos ante las innumerables insensateces, estupideces, groserías y faltas de respeto que emanaban de su persona ante el atril de los medios de comunicación. Creo que sólo le faltó afirmar "El Estado y la Democracia soy yo".

Vamos por partes. Parece ser que tan hondo pesar le causaron los resultados electorales, y tan profundo sufrimiento el imaginarse que la candidatura de Manuela Carmena iba a gobernar el Ayuntamiento de la capital madrileña, que llamó al candidato del PSOE, Antonio Miguel Carmona, para proponerle un pacto (abriendo también la posibilidad de que se incorporara la cuarta fuerza política, Ciudadanos) a fin de bloquear la elección de Carmena como Alcaldesa de Madrid. Concretamente, sus palabras exactas fueron: "Ahora Madrid es una fuerza que no está dentro del sistema democrático constitucional". Y se quedó tan ancha. La consideró "una fuerza política diferente, que venía a acabar con la democracia occidental tal como la conocemos".

¿Pero qué sentido de la democracia constitucional y occidental tendrá esta señora? ¿Qué concepto de la soberanía popular y ciudadana, qué respeto a los votantes y electores le merecen a este esperpéntico personaje, cuando es capaz de salir a la palestra pública y plantear tales barbaridades?

Por supuesto, ella es muy libre de proponer al resto de candidatos todas las alianzas que desee, pero de lo que no es tan libre es de intentar anular y ensuciar la trayectoria democrática no sólo de una candidata (Manuela Carmena, que además en este caso estamos hablando de una mujer de impresionante e intachable trayectoria profesional y democrática), sino de todos los votantes que le han dado la confianza, para que sea ella y su equipo los que gobiernen los destinos de la ciudad de Madrid.

Decididamente, si viviéramos en un país auténticamente democrático, estas declaraciones constituirían flagrante delito, además de que, por supuesto, hubieran causado el cese inmediato de la condesa de todos sus cargos públicos electos, así como de sus cargos en el partido al que representa.

Por supuesto, la respuesta del candidato del PSOE fue negarse rotundamente a dicha iniciativa, a lo que Aguirre replicó que "si el problema soy yo, desde luego no hay problema", recalcando la idea de que ni ella misma sería un obstáculo a dicho proceso, que podría ser protagonizado por otros candidatos de su lista. Pero aún añadió más. Afirmó, constatando hasta qué punto el bipartidismo comparte esquemas comunes, que "PP y PSOE no pueden considerarse los enemigos ni adversarios", señalando que, junto a la candidatura de Ciudadanos, "estas fuerzas de centro suman 37 concejales que no pertenecen a la izquierda radical". Según Aguirre, "un millón de madrileños han votado las opciones moderadas de centro o centro-derecha que representan una mayoría democrática que respeta el régimen constitucional, frente a otra opción (Ahora Madrid) de la izquierda radical".

Pero lo que no se le ocurre pensar a Esperanza Aguirre, simplemente porque no entra en sus anquilosados, trasnochados y despreciables esquemas mentales, es que esa otra opción que han votado otros tantos ciudadanos/as madrileños/as es tan democrática como la suya, y que en democracia, hay que respetar la voluntad popular.

Por su parte, Manuela Carmena, desde su profunda educación, respeto, convicción y valores, le respondió en Twitter afirmando que "Sólo he estado fuera del sistema democrático cuando aún no lo había, y estaba luchando por él. Seamos serios, por favor, Madrid lo necesita".

No seas ingenua, querida Manuela, no es una cuestión de seriedad, es una cuestión de enfrentamiento de clases, de profunda lucha de los de arriba contra los de abajo, como afirma PODEMOS, esos mismos que forman parte de la coalición bajo la que te has presentado. Y no van a aceptar que los de abajo se les enfrenten, se les suban a las barbas, y den un vuelco a esta insufrible, cruel e inhumana sociedad, corrupta y capitalista, para transformarla.


Por mi parte, sueño cada noche con un país donde tengan que emigrar y exiliarse al extranjero Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy, Dolores de Cospedal, Joan Rosell, Francisco Marhuenda, Eduardo Inda, los Presidentes de los grandes bancos, los Presidentes de las grandes empresas multinacionales, y todos aquéllos personajes que no estén dispuestos a soportar y a vivir en una sociedad justa, democrática, digna y libre. No quiero morirme sin vivir y disfrutar ese momento.