jueves, 17 de marzo de 2016

FELIPE VI, LETICIA Y LA GRAN MIERDA

          Es de Perogrullo -a pesar de los malabarismos mediáticos para encajarlo en los límites de la lógica- que monarquía y democracia son términos autoexcluyentes. ¿Cómo puede digerirse esa estúpida idea de que al frente de un supuesto gobierno del pueblo puede estar un jefe de estado elegido a dedo, por la gracia de dios, del ADN o de un dictador, y que vive sin dar palo al agua a costa de sus subditos? Se trata, claramente, de una pregunta retórica de respuesta clara: no se puede digerir; en todo caso, hay que tragárselo sin masticar con la "ayuda" de la propaganda de los medios de comunicación al servicio del régimen.

Pero que los oprimidos y los dominados lo crean no significa que los monarcas y adláteres lo hagan también; al contrario, la monarquía y la clase dominante, es decir, todos esos delincuentes que viven a costa del trabajo ajeno, saben bien cómo funciona el negocio en el que sustentan sus privilegios y, por ello, también conocen la necesidad del constante bombardeo propagandístico que anule lo más posible todo vestigio racional en sus siervos.
También sucede que esos "elegidos" que normalmente son reyes, o por la endogamia histórica o por su vida llena de juergas y caprichos sin necesidad de esforzarse un ápice para lograr su supervivencia y bienestar, no están dotados, ni mucho menos, de una perspicacia significativa. Y mucho menos aquellos que han pasado por carros y carretas para auparse a su nivel, como la actual reina Letizia, antigua casquivana, además de republicana, cuyo único mérito, en su caso, para vivir, nunca mejor dicho, a cuerpo de rey, es irse a la cama de vez en cuando con el nieto ideológico de Franco y parir su descendencia.
La actúal pareja real, como decíamos, sabe muy bien en que se sustenta su vida fácil y sobre que espaldas se sostienen sus privilegios; chupar constantemente del bote no es totalmente gratis, aunque lo parezca, hay que saber mentir y calmar y callar vicios, dispendios y delitos ante los que, pisoteados, siguen increiblemente respetando y soportando la monarquía, so pena de que un día se den cuenta de que tipo de parásitos chupan su sangre. Sin embargo, por sus limitaciones y retrasos físicos, psiquicos y éticos, tanto familares como de clase, que les hacen, como pasaba con su padre Juan Carlos con las mujeres, el vino y los elefantes, entre otras aficiones en las que no dudaba en despilfarrar la asignación presupuestaria, no controlarse en ocasiones, dando a conocer su verdadera forma de ser y pensar ante sus vasallos de la pantomima democrática "prostitucional".
Como dice el refrán, de casta le viene al galgo. Así, han sido hecho públicos algunos mensajes telefónicos enviados por los reyes a alguno de sus amigos, ya reconocidos delincuentes estafadores, como Javier López Madrid, yerno del mafioso corrupto Juan Miguel Villar Mir, dueño de una de las grandes constructoras españolas, que ha pertenecido al círculo más íntimo de Felipe de Borbón desde que compartieron pupitre en el colegio Los Rosales de Madrid. El amiguete de los reyes, que forma parte del grupo de delincuentes que, como el ex Jefe de la Casa de Su Majestad, Rafael Spottorno, figura también entre los 86 directivos de Cajamadrid que utilizaron las polémicas tarjetas 'black' para gastos privados, no solo no fue recriminado por los monarcas que, democráticamente hablando, deberían tener mucho más respeto hacia los ciudadanos que hacia los colegas de juerga y cachondeo, sino que, al contrario, recibió un sms dándole su apoyo en el que, como pocas otras cosas, queda clara cuales son las verdaderas prioridades y su concreta concepción de la sociedad: por un lado, están sus colegas de vicio y de clase y, el resto, es "merde" (en francés para que quede más fino y más propio de los Borbones).
Esa "merde" (lo que los posmodernos llaman "pueblo" y que en realidad es la clase trabajadora, es decir, los que aportan y crean la riqueza que los reyes y sus amigos se reparten) define como ninguna otra lo que los actuales reyes (y los de siempre), opinan de los trabajadores, de los ciudadanos que no forman parte de su clase, y ante los que, si bien tienen que fingir públicamente para asegurar que acepte la antirracional, inmoral y injustificable situación de que unos cuantos vivan a la espalda de la mayoría, en realidad los desprecian y, llevados por el miedo a que algún día se organicen y acaben con sus privilegios inmerecidos, sabiendo de que por mucho que se esfuercen su futuro depende de ellos, los ven con un rencor insano y criminal.
Según los reyes, España es un país difícil y LOC (La Otra Crónica, de El Mundo) es una “mierda”. Este país es difícil para la Reina Leticia porque Javier López Madrid, yerno de Villar Mir, salió en varios medios de comunicación involucrado en asuntos tan poco claros como las tarjetas black, el supuesto acoso sexual a una doctora o la trama Púnica. En esto de la mierda, de lo escatológico, la reina y yo tenemos gustos muy diferentes.
La gran mierda de España no es la publicación de LOC, sino tener unos reyes que en lugar de reprochar su actitud a Javier López Madrid, en lugar de escribir un mensaje lamentando tener que romper su relación de amistad por los escándalos producidos y la conducta inapropiada, lo que hicieron fue animarle. Al compi yogui le mandaron besos, le dijeron que sabían quién era y quienes eran, le dijeron que se conocen, se quieren y se respetan, le dijeron que no pasaba nada por el artículo de las tarjetas en la mierda de LOC y el rey Felipe VI le invitó a comer.
El compi yogui se había gastado más de 34.000 euros en tarjetas black, está siendo investigado por la donación de 1,8 millones de euros al Partido Popular y sabemos que se apoyó en el rey Juan Carlos para realizar negocios en Arabia.
Por tanto, la gran mierda de este país es descubrir en menos de dos años de reinado que el rey Felipe VI se parece mucho a sus antecesores. Es cierto que, al menos que sepamos, no parece ser tan bebedor, juerguista o mujeriego como otros Borbones, pero por lo visto hasta ahora es muy del gusto de relacionarse con personas turbias (su amigo López Madrid, su secretario Rafael Spottorno, su hermana Cristina y Urdangarín,…) y con las violentas monarquías del Golfo. Igual que su padre.
La gran mierda de España es que el rey no sea un ciudadano como los demás y pueda ser llamado a declarar en cualquier tribunal o imputado (investigado se dice ahora) por cualquier delito que cometiese, sino que su figura sea inviolable. Es tan inviolable que si matase a alguien sería declarado inmune dado que no existe ninguna herramienta que permita eliminar los privilegios jurídicos de los que goza.
La gran mierda que la mayoría de los medios de comunicación lo hayan comentado sin darle la relevancia que merece o lo hayan intentado minimizar. Tanto es así que El Mundo tuvo en su poder los mensajes y no los publicó. Entre los atemorizados debido a la incesante sangría de despidos de directores y periodistas en los grandes medios, aquellos otros que son marionetas de los bancos a los que pertenecen sus medios (El País, por ejemplo) o los que se sitúan en posiciones fanáticas, nos encontramos que un asunto de esta gravedad no es tratado como debiera. No solo eso, El Mundo y otros medios se han dedicado a intentar minimizar el asunto argumentando que la relación entre los reyes y López Madrid se rompió poco después (octubre de 2014). Como la mayoría de informaciones por encargo, poco tiempo ha bastado para recibir, como se dice ahora, un zasca en la boca: los reyes y López Madrid se vieron el 17 de enero de 2015 después de coincidir en el cine.
La gran mierda es tener unos reyes a los que les importa más el compi yogui de las tarjetas black que los recortes en educación, sanidad, derechos y libertades sean cada vez más salvajes, que la corrupción se haya apoderado de todo país y lo esté carcomiendo por dentro, que estemos dejando morir a más de dos millones de refugiados y que a los reyes todo esto (y mucho más que no tengo espacio para contar) no les parezca una gran mierda.
La gran mierda es comprobar que tenemos unos reyes que siguen haciendo negocio y manteniendo excelentes relaciones con Arabia Saudí, que lo hacen a la vez que este país está bombardeando Yemen (con más de 6.000 civiles muertos) o sigue pisoteando los derechos humanos al decapitar a sus ciudadanos por delitos como la homosexualidad, el adulterio o el ateísmo (casi 200 en algo más de un año).
La gran mierda, por tanto, es tener unos reyes que se preocupan, y mucho, de su compi yogui, pero muy poco de todo el daño que este ha causado, de la extrema gravedad de acontecimientos en las que se encontraba involucrado o de la situación del país. Si los reyes se preocupasen tanto de sus ciudadanos como del investigado López Madrid o, mejor aún, si no hubiese reyes o si, por lo menos, estos fueran jurídicamente como el resto de ciudadanos, a todos nos iría mejor.
La gran mierda de todo esto, Felipe VI y Leticia, es que os parezca una mierda lo que no es y lo que es una mierda no os lo parezca. Esa es la gran mierda.
No obstante, el preclaro Robespierre dijo aquello de que no hay que probar que el Rey haya cometido ningún delito; su mera existencia es en sí misma un crimen ¿De qué nos asombramos, pues, cuando se rodean de criminales?

 

domingo, 28 de febrero de 2016

PEDRO SANCHEZ EL TRILERO


En los últimos días han corrido ríos de tinta entre los que intentaban entender las negociaciones y predecir sus resultados. Como muchas veces, acabamos de comprobar que en política los pronósticos rara vez se cumplen, y a falta de lo que pueda pasar en los próximos días, queda claro que la mayor parte de los análisis sobreestimaron a Sánchez.
Sobreestimaron su valentía para enfrentarse a los barones socialistas, su valentía para escuchar a las bases y su valentía para negociar con Podemos. Lo sobreestimamos también en la calle, todos los que pensábamos que esa valentía se explicaba por saber que estaba del lado de la justicia, y que aunque era evidente que se estaba jugando su futuro en el partido, estaba apostando por la dignidad de la izquierda.
Queríamos pensar que las negociaciones con Ciudadanos no eran más que una distracción para sus barones, un ganar tiempo para forjar un verdadero pacto de gobierno de izquierdas. Sin embargo, la letra del acuerdo firmado con Ciudadanos, parece echar por tierra estas suposiciones.
Las formas en política son fondo, por lo tanto, es inaceptable que Sánchez quiera vender esto como un pacto de izquierdas. Sería inaceptable en cualquier momento, pero menos ahora, donde la maldita-bendita hemeroteca nos recuerda que hace apenas dos meses era él mismo quien acuñaba a Ciudadanos como las derechas.
Pero si vamos al fondo, es aún menos justificable. Obviamente pactar es ceder, pero no es menos cierto que el pacto no puede ser un fin en sí mismo y que no puede pasar por encima de unas mínimas líneas programáticas y unos valores éticos y políticos.
La propia ordenación del texto da buena medida de sus preferencias, así, empresas y autónomos ocupan el primer lugar, cuestión de prioridades, debe ser, cuando dejan para el cuarto capítulo la emergencia social.
Bajando a las medidas concretas la incredulidad aumenta. Especialmente en lo referido a dos temas fundamentales del acuerdo: la reforma laboral, que ya no se eliminará, y la atención a la situación de emergencia social.
En lo que respecta a la reforma laboral, pese a que en la rueda de prensa inmediatamente posterior a la firma del acuerdo, Sánchez se apuró en decir que se iba a eliminar, en el texto no se explicita en ningún caso. En su lugar, sí que se hace evidente la adaptación de la propuesta de corte neoliberal del contrato único, convertido ahora en contrato estable y progresivo para la cobertura de puestos de trabajo de duración determinada, un eufemismo delicioso con el que se abre la puerta al contrato único.
Tal y como dice el propio texto, el despido de este contrato tendrá un coste de 12 días el primer año, que se transforman en 16 días el segundo, una cifra ligeramente inferior a los 20 que en la actualidad contempla el despido objetivo. Un modelo contractual que el PSOE nunca había contemplado y que sólo puede verse como un gran triunfo de las políticas neoliberales ansiadas por los mercados. Una medida que, en definitiva, no hace sino profundizar en la disminución de las garantías por despido establecidas en la actualidad que nos alejan, cada vez más, de los derechos que los trabajadores teníamos en España antes de la crisis.
Por el lado de las medidas sociales, más sorpresas, de manera que nos encontramos con que la cantidad que el PSOE pretendía destinar a una renta mínima vital, ahora tendrá que repartirse entre este concepto y el complemento salarial garantizado, otra de las medidas estrella de Ciudadanos y verdadera piedra de toque del ideario neoliberal.
Además de no saber el recorte que se asume para la renta mínima vital, meter ambos conceptos en el mismo apartado supone una especie de engaño a toda la ciudadanía. En ningún caso ambas medidas pueden considerarse equivalentes, sino que encarnan dos formas contrapuestas de entender la atención social: derechos y justicia vs beneficencia.
El complemento salarial garantizado, fuertemente criticado incluso por el PSOE en campaña, supone, de facto, cargar sobre el Estado un deber que corresponde al lado de los empresarios, el de pagar unos salarios dignos. La dignidad de los salarios es un derecho de los trabajadores que se debe garantizar a través del salario mínimo y no como un subsidio estatal, lo que sólo es un parche de consecuencias negativas indeseables, además del perjuicio que supone para los cálculos de la prestación por desempleo, jubilación, etc.
Pero no sólo se trata de su propia definición conceptual, la realidad de los países en los que funciona demuestra que esta medida, si no va vinculada a una subida real del salario mínimo como proponía Podemos, ni tiene efectos redistributivos ni de lucha contra la pobreza. Ni los tuvo en el siglo XIX en Inglaterra, cuando apareció esta propuesta por vez primera, ni en la actualidad de los Estados Unidos. Los datos de que disponemos, por el contrario, apuntan a una devaluación salarial continua, toda vez que se subvencionan y perpetúan, con dinero de todos, los empleos de bajos salarios.
De derogación de la Ley Mordaza o del artículo 135 ni rastro. Tampoco una verdadera reforma electoral, apenas un par de líneas generales y un ya lo estudiaremos.
Como descafeinada queda también la propuesta en materia de igualdad de permisos de maternidad y paternidad iguales e intransferibles o la prohibición de las puertas giratorias.
Sin embargo, la unidad de España y la oposición al referéndum catalán, bien alto y claro, un auténtico escudo del Partido Socialista contra Podemos pero que no oculta que eran otros los temas que le hicieron preferir un pacto con la derecha. La economía, siempre la economía.
Es cierto que Sánchez se encontraba en una situación difícil y que el pacto con Podemos incluía un peligro cierto para el futuro del PSOE toda vez que ambos compiten por el mismo electorado. Que estuviera buscando un pacto con Rivera era comprensible, por lo tanto, como una forma de contrapeso a las aspiraciones del partido morado. Intentar vender como de izquierdas un pacto con quien él mismo acuñó como las derechas es, simplemente, una tomadura de pelo.
Intentar cargar sobre los hombros de Podemos tener que ir a unas nuevas elecciones parece menospreciar la inteligencia del electorado. Del mismo modo, la ambigua redacción de la pregunta que el PSOE ha hecho a su militancia para que apoyen sus acuerdos, sin concretar el que ni los quien, resulta una burda jugada de trileros.

miércoles, 10 de febrero de 2016

TODOS TÍTIRITEROS


Si para Enrique IV de Francia París bien valía una misa, hay algunos para quien Madrid bien merece un novenario entero. Un novenario, claro está, no de misas, sino de cientos de madres de todas las batallas.
En un Estado como el español, monárquico, centralista y precopernicano, la capital del reino trasciende con mucho el mero hecho de ser centro político de aquel. Madrid es principio y fin, alfa y omega. Madrid es centro y todo lo demás es pura periferia.
          La derechona política, mediática, serranítica, clerical, castrense..., no ha aceptado el cambio de tercio municipal. Sigue pensando que aquello es suyo y no acepta lo que las elecciones municipales trajeron consigo. Y aquí vale todo. La última, la criminalización política global (social, mediática, judicial..), urdida en torno a la obra del grupo “Títeres desde abajo”, es buena muestra de ello.
Mucho se ha hablado al respecto en las últimas horas. Por mi parte, me sumo a las voces que han exigido la libertad inmediata para los titiriteros Raúl y Alfonso, el archivo del expediente judicial abierto, el respeto a la libertad de expresión y reubicar el debate en el ámbito meramente administrativo, del que no debiera nunca haber salido.
No entro, por supuesto, a juzgar la actuación del Ayuntamiento de Madrid, pues existen voces más cercanas y autorizadas que la mía para ello, si bien señalo que no podemos dejar que sea la derechona la que nos marque el paso del debate político con sus marrullerías, sino que debemos ser nosotros y nosotras los que hagamos bailar a ésta al ritmo de nuestras partituras.
Hay algo, sin embargo, que trasciende en buena medida el debate anterior. El Estado español no es solo guinness europeo en materia de paro y precariedad. Lo es también, junto con Turquía, en el terreno de los recortes a las libertades democráticas y los derechos humanos. Muchas y contrapuestas voces nos dicen hoy que “lo prioritario es lo social”, como si esto pudiera diseccionarse gratuitamente del hecho de que vivimos en un Estado cuya cualidad democrática es ínfima.
 Porque lo sucedido en Madrid estos días tiene una relación directísima, no solo con el bombardeo al que está sometido su Ayuntamiento, sino con la permanencia de toda una legislación y tribunales de excepción que han cuarteado en estas últimas décadas buena parte de las libertades democráticas que arrancamos a la dictadura.
Leo en el “Programa progresista y de Gobierno” presentado hoy al resto de partidos por el PSOE, que ha desaparecido del mismo la exigencia de derogación de la Ley Mordaza que tanto cacareó en el momento de su aprobación y que hasta ayer mismo figuraba en su programa electoral. Hoy se pide ya únicamente su reforma; mañana..., ¡vaya Vd. a saber!. Desde la Ley Corcuera y de quienes afirmaron que el “Estado de Derecho se defiende también desde las alcantarillas”, se puede esperar cualquier cosa.
Pero no olvidemos que ha sido la legislación sobre Seguridad Ciudadana anterior a la Ley Mordaza y la normativa y tribunales de excepción existentes, la base política que ha servido para perseguir y reprimir (Alfon –Vallecas-, jornaleros del SAT andaluz, “harresiak” vascas, desobedientes catalanes, militantes PAH,...) a base de prohibiciones, porrazos, multas, procesamientos e, incluso, condenas, toda la disidencia surgida en los últimos años contra la contrarreforma político-social iniciada por el Gobierno de Zapatero y profundizada después por el de Rajoy.
Y es esa misma normativa, esa misma doctrina del “todo es ETA” y ese mismo tribunal, heredero del TOP franquista, lo que ha servido hoy para encarcelar a Alfonso y Raúl.
He leído estos días pasados como la justicia salvadoreña, atendiendo a los requerimientos de la Audiencia Nacional española (A.N.), ha detenido a cuatro militares responsables de los asesinatos del jesuita Ellacuria y cinco compañeros más.
 
La misma A.N. que negó y boicoteó la extradición reclamada por la justicia argentina contra Billy el Niño, el guardia civil Muñecas, los exministros franquistas Martín Villa, Utrera Molina..., por crímenes contra la humanidad, es la que saca pecho ahora en el caso de los jesuitas.

Curiosamente, los mismos partidos que aplauden esta actuación son los mismos que rechazan incluir en sus programas la exigencia de derogación de la Ley de Amnistía de 1978 que permitió la transferencia íntegra de un poder judicial, policial, militar y clerical, sostén de cuarenta años de dictadura y de unos crímenes contra la humanidad reconocidos hasta por el Comité de Derechos Humanos de la ONU. Así pues, pensar que la conquista de nuestras demandas sociales podrá hacerse sin romper a la vez el espinazo de este régimen de libertades cada vez más capitidisminuidas es un inmenso error.
Pero volvamos al caso de nuestros titiriteros. La caverna se lleva mal con la disidencia cultural. Es una de las cosas que peor tolera. A lo más puede consentir alguna pegatina en la entrega de los Goya y hacerle una broma al ministro, pero que después de lo sucedido Juan Diego Boto se dirija a todo el glamurerío presente en la gala del año y a la millonaria audiencia televisiva con un “¡Buenas noches, titiriteros!”, eso es algo que no se puede consentir. Otro para la lista negra. Las amenazas recibidas posteriormente por Boto y que ninguna policía científica investigará es algo obligado a pagar. Luego vendrán los boicots directos e indirectos.
De esto saben mucho también Willy Toledo, Fermín Muguruza, Soziedad Alkoholika, Los Chicos del Maiz,… O les ríes las gracias y entras en su juego o se rompe la baraja.
Pues que la rompan. Lo decía al principio. Lo peor que nos puede pasar es dejar que nos dibujen la hoja de ruta. Que nos marquen los tiempos. Pasamos últimamente demasiado tiempo viendo la tele, siguiendo debates, respondiendo a sus provocaciones, leyendo twitter y similares, hablando de encuestas, futureando sobre hipotéticos gobiernos y elecciones….. Así es como nos quieren tener, pasivos, consumidores de política enlatada, entendedores de todo y de nada, pendientes de sus últimas declaraciones y propuestas,…
Y mientras tanto hemos dejado de ser titiriteros, de escribir nuestros propios guiones, de interpretar nuestras genuinas obras, de convertir de nuevo la calle en escenario y a la gente en protagonista.

jueves, 28 de enero de 2016

JAQUE MÚLTIPLE EN LA POLITICA NACIONAL


Quedará grabado en mi memoria en día 22 de Enero de 2016, como el día de la estrategia política, el día en que contemplamos la política española como si de una partida de póker o como aquellas partidas múltiples de ajedrez donde un maestro internacional (habitualmente de un país comunista)  se enfrentaba a una veintena de jóvenes a los que daba mate en cada uno de sus tableros a una velocidad vertiginosa.

Tras una visita de Pablo Iglesias a quien horas antes el líder de IU califico como el “Ciudadano Felipe de Borbón”, en lo que parecía un mero episodio más, de la ronda de entrevistas de la cual no saldría noticia alguna, el líder de Podemos se adelanta al resto de los políticos con una jugada maestra con la que es capaz de dar jaque simultaneo en todos los tableros políticos, obligando a mover ficha a los representantes principales de cada uno de los grupos políticos.

Mientras todos estaban más cómodos agazapados, a la espera de que fueran otros, quienes tomaran la iniciativa, Podemos pone en bandeja al PSOE un pacto de gobierno, imposible de ignorar para un partido socialista en claro declive en lo que a números se refiere.

Obliga con este movimiento a saltar a la palestra a Pedro Sánchez, quien a pesar de querer salir del delicado momento de una forma lo más diplomática posible, acaba sucumbiendo verbalmente al órdago que Iglesias le manda, impulsado no solo por la satisfacción de verse presidente del gobierno, pasando a la larga de vencido a vencedor, sino también por la necesidad de no ser tachado de inmovilista, adjetivo a eludir en este momento.        

Ahora la responsabilidad del líder socialista está en convencer a los llamados “Barones” de su partido, que esta es la mejor opción, se puede gobernar junta a otros grupos con los que existan discrepancias, pero se necesita un mínimo consenso interno, para que este posible gobierno fructifique y no tener a posteriori la sensación constante de tener al enemigo en casa.

Obliga con este movimiento a Mariano Rajoy a una decisión impopular entre sus votantes, la de no presentarse de momento a la elección declinando la oferta de Felipe IV, la estrategia también es clara, la imposibilidad de crear gobierno debida a la falta de apoyos, hacen imposible su investidura, por lo que no tiene necesidad de tirarse a una charca vacía.

Con esto no gana el PP, otra cosa más que tiempo para su difícil tarea de conseguir apoyos, pero da el pase a quienes pueden crear gobierno, quizás no tenga otra opción pero en el caso de que Sánchez llegara a la presidencia del gobierno con apoyos de izquierdas, Rajoy sería indudablemente el perdedor de la partida y muchos verían en su propio entorno este acto como una estrategia cobarde lo que seguramente obligaría incluso a un cambio dentro de su partido.

Obliga con este movimiento, a que Alberto Garzón deje atrás las diferencias que le separaron de Podemos en la campaña electoral, satisfactoria obligación en este caso, pues la búsqueda de un gobierno de izquierdas siempre sobrevoló la cabeza de Garzón y la posibilidad de ser ministro en dicho gobierno no se contemplaba en ninguna apuesta.

Obliga con este movimiento a Albert Rivera a aceptar como una posibilidad viable este gobierno de izquierdas, a pesar de ser contrario a este acuerdo, al dejar de lado el tema de las consultas independentistas y al exponer Podemos la posibilidad de que si la hubiese, esta consulta implicaría a la totalidad del territorio nacional, desbarata un poco la posible negativa de Rivera y le deja sin razones de peso para apoyar al PP. Coloca a Ciudadanos en tierra de nadie, fuera en principio de cualquier pacto, a raíz de las declaraciones de su líder y con las encuestas a la baja en lo que concierne a la posibilidad de nuevas elecciones.

        Obliga con este movimiento a posicionarse claramente a otros grupos como PNV o Esquerra Republicana entre otros, quienes hasta entonces eran meros espectadores de las idas y venidas de candidatas con mayor peso y convirtiéndolos de repente de figurantes a posibles protagonistas de esta película.

Englobados en el grupo de los nacionalistas o independentistas, parece que en este momento es un crimen para algunos que pudieran formar parte del gobierno del país, pero a los mismos que hoy quieren dar esa imagen, alguien les recordará que otros gobiernos con las mismas siglas ya se valieron de partidos nacionalistas para conseguir sus propósitos y conseguir formar gobiernos.

Obliga con este movimiento a Felipe IV a comenzar una segunda ronda de negociaciones, lo que para un Borbón acostumbrado a otros menesteres, enseña lo que significa el tedioso momento de trabajar, cosa que tampoco le vendrá mal de cara a intentar el difícil cometido de cambiar la imagen de la Casa Real.

Pero aún hay más, pone al inquilino de “La Zarzuela” en la tesitura de tener que presentar al Parlamento un candidato a presidente, cuyos apoyos pueden instarle en un momento a poner en entredicho el sistema Monárquico, favoreciendo con esto que grupos de ideas republicanas participen de este gobierno, una situación bastante molesta para una Monarquía en horas bajas.

Por obligar, este movimiento de Pablo Iglesias obliga incluso a las televisiones y la prensa en general a cambiar los contenidos de sus programas aceleradamente, pero de una manera gratificante y satisfactoria ya que el hecho de instar a todos a actuar, da a la prensa juego, y gana adeptos entre los periodistas, ávidos de noticias nuevas y estrambóticas estrategias.

Quizás lo mejor para los medios sería que nadie se entendiera, que llegará un nuevo proceso electoral, tras lo visto en la pasada campaña, la más mediatizada de la historia, cuanto más se alargue la incertidumbre, cuantos más procesos haya que culminar, más noticias se generarán.

Con todo esto inventa Iglesias una nueva jugada de ajedrez, un movimiento que pasara a los anales de la política española y que seguramente será estudiado por otros en el futuro, un movimiento que podríamos denominar el MULTIJAQUE.

lunes, 11 de enero de 2016

LOS REYES MAGOS: LA TRACA FINAL DE LA NAVIDAD

Se acabó. Un año más hemos soportado el éxtasis de la Navidad. En esta ocasión las fiestas han estado marcadas por la incertidumbre que suponen los resultados de las elecciones del día 20 de diciembre. Llegar a fechas tan señaladas sin tener un gobierno “serio” le está provocando urticaria a más de uno y una. Sospechamos que ese y no otro es el motivo de su nerviosismo y desazón.

Claro que el único culpable de la situación no es otro que el “Señor de los hilillos” por marcar la cita electoral en día tan cercano a las fechas navideñas. Si hubiera convocado a los votantes en el mes de junio, se habría llegado al discurso del “Preparado” con el Gobierno formado o, cuando menos, hubiera tenido lugar la segunda cita a la que irremediablemente nos estamos viendo abocados.

Pero no, Mariano prefirió cerrar los presupuestos del Estado para el año 2016 y de esa forma tan simple atar las manos de sus sucesores con un nudo fuerte cual son las finanzas del país. El próximo Presidente del Ejecutivo tendrá motivos sobrados para hablar de la herencia recibida. Esta va a ser en forma de compromisos fehacientes con pagos y gastos establecidos.

Por lo demás, para Rajoy, una vez destinado ¡Por fin! a hacer acto de presencia por el Registro de Santa Pola, la tentación de apurar un tiempo más de indiscutible líder le debió parecer irrechazable. Total en unos meses los españoles no iban a dejar de ser “muy españoles y mucho españoles”, también “un vaso seguiría siendo un vaso y un plato un plato”.

Con semejante panorama apareció en pantalla Felipe VI para soltar el consabido discurso de las “entrañables fechas”. El marco elegido fue el palacio real, espacio ideal para escenificar la modestia y sobriedad del monarca. Con España descosiéndose por las costuras de siempre el Jefe del Estado optó por hacer gala y ostentación de grandeza y poder.

Mensaje para los díscolos: la ley suprema le otorga la jefatura de las Fuerzas Armadas y a las mismas, el Artículo 8º de la Sagrada Constitución de 1978 les encomienda la defensa de la unidad de la Patria. Aviso a navegantes.

En la recepción de la Pascua militar el Ministro de Defensa en funciones hizo hincapié en la misión confiada al estamento militar. Que luego nadie diga que no estaba avisado.

La traca final de las Navidades siempre llega con la festividad de los Reyes Magos. Nacido el niño, soportadas las inocentadas y acabado el año, tan sólo queda conceder a los pequeños alguno de los deseos por los que llevan suspirando desde que comenzaron las vacaciones. El gordo barbudo del ridículo traje rojo ha venido a paliar algo la espera, pero los tres Magos de Oriente siguen teniendo mucho tirón entre los habitantes de la piel de toro.

Las alarmas se han encendido con inusitada virulencia por la cabalgata de los monarcas que tuvo lugar en la Villa y Corte de Madrid.

La oposición en el Ayuntamiento de la Capital ha tocado los clarines para condenar a la Alcaldesa Manuela Carmena por transgredir las tradiciones y jugar con la ilusión de los niños. Cayetana Álvarez de Toledo y demás comparsas del Partido Popular no le van a perdonar NUNCA, a la regidora, que hiciera añicos la “ilu” de su nena.

¡Vaya por dios! Dejando a un lado el dudoso gusto del vestuario de los Reyes, tan condenadamente feos que parecían diseñados por Ágata Ruiz de la Prada, el principal asunto de decepción se debió a que una mujer participara en la cabalgata con rango de Reina Maga ¡Intolerable atentado contra las vetustas tradiciones! Eso sí que rompe la ilusión infantil.

Que millones de padres lleven años desempleados no desilusiona a las criaturas, que les desahucien y expulsen de sus casas no les entristece, que su madre esté explotada en trabajos temporales no les perturba, que sus hermanos sufran el 50% de desempleo juvenil les deja impertérritos, que otros hermanos más mayores celebren las Navidades en Alemania o en la Cochinchina debido a la movilidad laboral de Doña Fátima no les altera. Sobre todo a la niña de la marquesa que no va a sufrir ninguno de esos avatares.

Lo verdaderamente importante –para la mamá- es ver a una mujer y no un hombre vistiendo una porquería de disfraz. No haber utilizado, para la ocasión, a un viril y bizarro muchachote cómo “dios manda” y marca la tradición religiosa desde el siglo XVI (según dicen los entendidos en materia monárquica oriental). Eso es lo que rompe sus esquemas de noble con privilegios y lucha con denuedo para salvaguardar la cándida ilusión de su pequeña.

Había otra tradición que quizás eche en falta Cayetana: La que impedía a las mujeres viajar sin “permiso” del marido o tener una cuenta bancaria sin autorización marital o paterna, esta costumbre era probablemente anterior al siglo XVI y figuraba entre las eclesiásticamente bien vistas. Esta tradición, al igual que otras del mismo pelaje, fue modificada por la Constitución de 1978 y las leyes que en ella se amparan.

Para una Institución Pública regidora del Municipio es una prueba de igualdad que los personajes imaginarios pudieran ser de cualquier sexo y condición sin que los ultra católicos se atribuyan la propiedad de los acontecimientos populares.

Ya han comenzado la campaña para que las cabalgatas las organice el Obispado, de ahí a solicitar que sea el señor Obispo quién conceda el permiso de conducir o expida certificados de buena conducta no hay más que un paso. Los Rouco, Munilla, Blázquez, Osoro, Martínez, Reig Pla, Cañizares… estarán encantados de retomar el poder civil y así sus memeces verbales no serán criticadas y pasarán desapercibidas.


En estas ocasiones me apunto a la idea de un buen amigo que dice: “Desde hace tiempo a los Reyes únicamente les pido que se vayan”.

domingo, 3 de enero de 2016

EL INDECENTE DISCURSO DEL REY

Sintiendo como nos tratan desde el poder, podría escribir sobre los inocentes,  pero voy a tratar otro tema de actualidad. Trescientos años han transcurrido, de Felipe V a Felipe VI, representantes de una monarquía centralista, ahora parlamentaria, encorsetada en su centro. No soy nacionalista, ni profeso ideas nacionales. Soy socialista, internacionalista, demócrata y republicano y con eso lo digo todo. O casi todo.

Hoy voy a hacer una reflexión republicana sobre el discurso del Rey, que no vi en directo. Mejor dicho, una reflexión sobre el discurso que no pronunció. Lo que no dijo, lo que calló expresamente y lo que ocultó de forma deliberada.

Acostumbrado a ver, desde hace cuarenta años, al rey discursar en la intimidad de su hogar, a verle ahora en el frío marco del palacio real, en el salón destartalado del trono, en una butaca en el medio centro lateral, solo, alejado de todo y de todos, me quedo con el saludo fraternal, desde el balcón en la puerta del Sol, del presidente de la República española. No tiene color.

Dicen que Felipe VI es el rey mejor preparado de la historia, y será verdad; pero parece que no tiene buen sentido ni criterio adecuado ni altura de miras ni olfato político. Guapo personaje de altura, pero en tono menor y de impostura.

En su discurso no abordó la abdicación que tantos deseamos. La República fue eliminada por un golpe de Estado y una guerra fratricida. Cuarenta años después, el dictador impuso el actual régimen. Felipe es heredero de aquel despropósito histórico.

No estuvo a la altura ni en la forma ni en el fondo. Mostró su lejanía con la realidad y falta de conexión con los verdaderos problemas de la mayoría ciudadana. Defendió lo suyo y su sillón. Y olvidó el paro y a los parados, la desigualdad y a quienes la sufren.

El escenario era anacrónico. Un rey en un salón de atrezo, en el que el pueblo llano nunca ha puesto su pie. Más que expresar «con la mayor dignidad y solemnidad, la grandeza de España», representó precisamente lo contrario: la lejanía de la nobleza y los grandes de España con el pueblo. Por mucho que alguna destacada dirigente política de la derecha diga que en el discurso, el Rey mostró que «conoce perfectamente su país»; desde la altura será.

Muy poca sensibilidad social ha mostrado el monarca, que como todos los reyes que son jefes de estado, no son elegidos por el pueblo. Su padre nos fue impuesto y él en el mismo paquete.

Hasta 16 menciones a la unidad de España ha habido y solo una mención a la desigualdad que existe y desune a la gente. No hizo ninguna mención a la corrupción, aunque no es de extrañar, teniéndola tan cerca en el seno de su familia a la que protege. Tampoco se refirió a los problemas reales de la gente.

Están obsesionados con Catalunya y en cada mención perjudican los intereses que dicen defender. Mencionó España en un sin fin de ocasiones y su unidad, pero no de las condiciones de vida, de quienes están sufriendo las consecuencias de una crisis que no han provocado.

Todo fue un cuento muy alejado del empleo precario, de las escasas pensiones o de los jóvenes que han huido para trabajar fuera.

Estas son algunas de las cosas que el rey no pronunció en su discurso. No mencionó la necesidad de reformar la Constitución, para ajustar su estructura a la actual realidad del país. No habló de blindar en la Constitución los derechos sociales de bienestar como la sanidad, educación y vivienda; o el derecho al trabajo como pilar de la política económica y garantizar el derecho de las personas dependientes a recibir atención y cuidados.

No habló sobre lo que realmente cuesta la monarquía a las arcas del Estado, que llenamos entre todos. No son los 7.775.040 euros que figuraron en los Presupuestos Generales como asignación a la Casa Real para 2015, sino 561 millones de euros anuales, por todos los demás conceptos distribuidos en los presupuestos de Presidencia, Defensa, Interior, Hacienda, Exteriores y otros órganos ministeriales.

No habló del terrorismo machista, que ha asesinado a 59 mujeres este año. El rey calificó de terribles los atentados de París y de otros lugares del mundo, así como los ataques que «han costado la vida a compatriotas nuestros». Pretendiendo confundir como hacen siempre. No ha sido atentado terrorista el que ha costado la vida a dos policías españoles, sino un acto más de guerra abierta en Afganistán. Si el terrorismo político o el yihadismo, hubiera asesinado en España a 1.218 personas desde el año 1999, los cimientos del Estado temblarían, pero no, solo han sido mujeres las muertas.

El rey ha asumido los postulados políticos del PP, por lo que es «indecente» que quiera dar lecciones de democracia. Por cierto, el PP ha obtenido 7.215.530 votos (29,91%), mientras que el resto de fuerzas políticas con representación parlamentaria 16.910.189 (70,09%). En escaños, convertido por la Ley D'hont: 129 escaños (36,86%) el PP y 221 escaños (63,14%) para el resto.

Otro dato que muestra lo injusto del sistema electoral: a Unidad Popular-Izquierda Unida, quinta fuerza política más votada, dos diputados le ha costado 923.105 votos, mientras al PP, un diputado, 58.663 votos. Este sistema electoral es un despropósito político que debe corregirse, por antidemocrático.

Quieren hacernos ver que el problema de España es la independencia de Catalunya. El problema de la ciudadanía es la miseria a la que nos ha llevado la política antisocial y antidemocrática de la derecha que representa el rey.

Artur Mas, acusa a la mayoría de usar sus normas, su fuerza, su voz y sus votos para «ahogar los anhelos de la minoría que representa Catalunya» y pide al Estado canalizarlos con «diálogo, concertación, pactos y concordia». Mas no es santo de mi devoción (soy ateo), porque representa a la derecha económica a la que me opongo, pero estoy con él en eso que dice.

El discurso del rey ha sido decepcionante, cargado de tópicos españolistas, más propio de hooligans que de un jefe de Estado. Ha presentado un escenario alarmista de ruptura de España, como si la voluntad popular representara la maldad, frente al bien mesiánico que él representa. Si España se rompe es por la ambición insaciable de los poderosos, que todo lo quieren.

El rey no puede hacer más de lo que hizo, políticamente hablando, por lo que sobra en una estructura democrática de un Estado moderno, como el que nos merecemos en España desde hace tanto tiempo sin rey (ni amo ni patrón).


Lo dije al principio, no soy nacionalista, ni profeso ideas nacionales; soy socialista, internacionalista, demócrata y republicano. Entiendo que España es una nación plurinacional y diversa, constituida como un Estado social y democrático de Derecho. En este marco tenemos que convivir en paz en libertad, igualdad, solidaridad, y mejor en una República como modelo político.

lunes, 14 de diciembre de 2015

SOBRE CONSTITUCIONES Y TRANSICIONES

Estos días se ha celebrado el 37 aniversario de la Constitución de 1978. Salvo excepciones, todo ha sido parabienes para el texto aprobado el 6 de diciembre de 1978. Un par de artículos publicados el pasado 6 de diciembre en el diario El País me han hecho reflexionar sobre este texto constitucional y la naturaleza de la Transición española. Pedro Sánchez, candidato del PSOE a la presidencia del gobierno, y Pablo Iglesias, candidato de Podemos, esgrimían sus argumentaciones sobre el texto.

El candidato del PSOE hacía una defensa de la Constitución haciendo un llamamiento a actualizarla en el siglo XXI y que tuviese el mismo respaldo mayoritario que tuvo el texto actual hace ya casi cuatro décadas. Un texto, el de Sánchez, que responde a la perfección al papel que ayer y hoy le tocó y le toca al Partido Socialista.

El texto de Iglesias es más interesante. Lo es porque aborda la historia y pone antecedentes dignos para un hipotético futuro constitucional o proceso constituyente. Y aunque el artículo de Iglesias sí habla de un pacto entre las élites franquistas y una parte de la oposición democrática, lo cierto es que no deja de reconocer importancia a la constitución de 1978 y coloca a movimientos como el 15M en el resultado de la traición que se ha producido a ese pacto constitucional. Por eso hace un llamamiento a un nuevo gran acuerdo.

Sin embargo, ambos textos adolecen de una perspectiva histórica, de un análisis profundo de la razón de la Constitución de 1978. En el caso de Sánchez porque no deja de ser la posición del establishement. En el caso de Iglesias porque quizá no quiera dar una vuelta de tuerca más a su análisis, que empieza bien pero acaba mal.

Para la analizar el proceso que se inicia con la muerte del dictador (del que este año se ha cumplido 40 años) habría que mirar más atrás en el tiempo. Esa legitimidad democrática de la que se jacta el candidato socialista forma parte de la ilegitimidad franquista. A estas alturas, cabe hacerse una pregunta: ¿Quién marcó los tiempos de la Transición? ¿Quién puso sobre la mesa la hoja de ruta que desembocó en el proceso de 1978?

La respuesta es muy simple: los franquistas. Y no lo voy interpretar, sino que me voy a valer de una obra publicada en 1973 por Rafael Calvo Serer titulada “La dictadura de los franquistas 1. El “affaire” del Madrid y el futuro político”. Una obra poco conocida, publicada en París, cuando Calvo Serer cayó en desgracia por el tema del diario Madrid y su enfrentamiento con Fraga Iribarne. Calvo Serer era una de esas figuras representativas de ese franquismo, amoldado desde el inicio a sus estructuras, convertido en figura señera de la intelectualidad franquista, y que en la etapa final del régimen comienza a buscar una salida al mismo.

No es intención aquí hablar de Calvo Serer. Para acercarnos un poco a su figura y su vinculación al franquismo recomiendo la obra de Gregorio Moran “El maestro en el erial” donde ubica a toda esa intelectualidad franquista. Lo importante a rescatar aquí de Calvo Serer es una parte del final de libro arriba citado. Calvo Serer en ocho puntos plantea cual puede ser la salida de la dictadura franquista. Estos ocho puntos son los siguientes:

1. Nombramiento de presidente del gobierno: Para Calvo Serer esa Transición la tendría que encabezar un militar.

2. Ley de prensa: ofrecer un pluralismo social y político del país sin caer en manifestaciones revolucionarias y estableciendo límites en materia de prensa y sanciones administrativas.

3. Independencia de los tribunales.

4. Estatuto de las organizaciones políticas: reivindica la actuación de Charles De Gaulle en 1958 cuando reformó la constitución que condujo a la V República y que, a pesar de los problemas, salió reforzado.

5. Libertad de las Cortes: Mira hacía un sistema que prime a la mayoría y castigue a la minoría parlamentaria sobre la base de un partido socialdemócrata y otro conservador.

6. Amnistía para los vencedores y los vencidos.

7. Sindicación profesional única y asociación libre obrera.

8. Sometimiento a referéndum de la modificación constitucional.

Sorprende cómo lo que marcaba Calvo Serer en 1973 se iba a cumplir casi a la perfección entre 1976-1978. Ciertamente no hubo un presidente militar pero si un vicepresidente. El sistema mayoritario electoral se impuso entre un partido socialdemocrata (PSOE) y otro conservador/liberal (UCD, luego AP, luego PP). Esa amnistía a vencedores y vencidos se plasmó en la Ley de Amnistía del 15 de octubre de 1977 que no significó sino un punto y final para exonerar a la dictadura de sus crímenes. El modelo de sindicación no dejó de ser un calco del franquista, adaptado por los Pactos de la Moncloa, donde la diferencia partía de la diversidad sindical pero siempre dentro de los límites marcados por el nuevo sistema. Y efectivamente esa Constitución se sometió a un referéndum un 6 de diciembre de 1978 saliendo el “sí”. Un “sí” conseguido tras una campaña que poca alternativa daba con un argumento falaz: o esta Constitución o vuelta a la dictadura.

Calvo Serer fue el franquista que propuso estos tempos, que otros franquistas como Suárez, José María Areilza, Manuel Fraga Iribarne, etc., pusieron en marcha. Ellos marcaron los ritmos de la Transición. Franco designó al jefe de Estado. A partir de ahí comenzó a gravitar el proceso de Transición que Calvo Serer ya preveía en 1973.

La verdadera base de la Transición fueron unos franquistas adaptándose a las circunstancias para no perder su posición y salvar su vinculación a un régimen que cometió crímenes contra la humanidad, y una izquierda, representada por el PSOE y el PCE en su mayoría, que cedió. Unos porque se convertían en una alternativa y para ello eliminaron cualquier conato de oposición en el exilio (Congreso de Suresnes, 1974). Otros porque se creían ser una alternativa y tanto cedieron que quedaron completamente descolgados de unas estructuras que no les fueron benevolentes. Algunos culpan exclusivamente al carrillismo, pero en realidad fue el camino de toda una organización.

Aquellas posiciones que no cedieron y no se plegaron lo pagaron caro. Los republicanos quedaron fuera del mapa político: no les dejaron presentarse en las primeras elecciones de 1977. Cuando se presentaron en 1979 el sistema y la Constitución ya estaban en marcha.

Los anarquistas sufrieron por una estructura sindical emanada del Pacto de la Moncloa que le fue hostil, por una criminalización de su modelo sindical y por unos problemas internos que acabaron condenándolo al ostracismo.

La extrema izquierda se difuminó. Esa Transición les salió a pedir de boca a los franquistas. Tanto es así, que cuatro décadas después de la muerte del dictador la impunidad del franquismo sigue vigente y con argumentos legales, como la ya citada Ley de Amnistía.

Y todo esto no quiere decir que los que luchamos en aquella época, que buscamos un mundo mejor, no consiguieramos torcer un poco la historia para que no fuese como algunos la marcaban. Todo lo contrario. Hay que reconocer el empuje y lucha de toda una generación.

Pero tanto al artículo de Iglesias y, sobre todo, al de Sánchez, les hace falta mucha pedagogía histórica. Pablo Iglesias habla de proceso constituyente pero sin descifrar si ese proceso significa una nueva constitución o reformar la que tenemos. Pedro Sánchez si habla de reforma. Pero es difícil reformar algo que no ha funcionado durante 37 años.

En ese tiempo, los artículos fundamentales de la constitución han sido sistemáticamente violados: derecho al trabajo, derecho a la vivienda, etc. Aunque una cosa si tiene el PSOE y es que sabe lo que es reformar una constitución. Lo hizo en su artículo 135 y tardó, junto con el PP, una tarde en hacerlo.

Estos días se celebra el 37 aniversario de la Constitución de 1978. Pero casi nadie ha recordado que un 9 de diciembre, pero de 1931, las cortes republicanas aprobaban la Constitución de 1931.

No voy a entrar en una comparación de constituciones (tema muy interesante) y tampoco en mostrar que significó la experiencia republicana con sus acierto y sus errores y problemas estructurales, que los tuvo (frente a los que la demonizan y a los que la consideran la arcadia feliz).

Lo que si podemos hacer tras leer su texto es concluir que aquella vieja constitución republicana si significó una ruptura con el pasado monárquico. La del 6 de diciembre de 1978 no.


Básicamente porque la primera lo cambió casi todo. Y la segunda partió con el sucesor de Franco como Jefe de Estado y porque fueron las élites de una dictadura que tumbaron la democracia los que dieron paso a una nueva democracia. Difícil y extraña ruptura.