viernes, 30 de octubre de 2015

¡CLARO QUE TIENE QUE HABER POBRES¡

La semana pasada, en un discurso que más parecía un elogio fúnebre, Cospedal afirmó que Rajoy nos ha sacado de la crisis; que, gracias a él, España es el país que más empleo crea y que más crece. Da igual que seamos el segundo país de la Unión Europea en el que más se ha incrementado la población en riesgo de pobreza extrema. Sólo nos supera Grecia, según datos de Eurostat. 13,4 millones de personas están al borde de la pobreza. Entre 2008 y 2014, 2,3 millones de españoles han entrado en riesgo de exclusión. En 2014, 800.000 personas cayeron en esta categoría. Pero según el PP, hemos salido de la crisis.

Dice Cospedal que debemos dar las gracias a Rajoy. Poco importa que España sea el país de la OCDE donde más jóvenes aceptan involuntariamente un empleo parcial. Aquí, un 22% de los jóvenes de 15 a 24 años trabajaban contra su voluntad en empleos precarios. Un 22%, repetimos. La media de la OCDE es del 4%. No seáis populistas con vuestro pesimismo, que hemos salido de la crisis.

Hay que fiarse de Cospedal y del PP. Lo mismo da que España redistribuya la riqueza peor que la mayoría de los países de la UE. Solo Bulgaria, Letonia, Lituania, Grecia, Portugal y Rumanía son más desiguales que España. ¿Y qué? Somos un país de primera división y Rajoy nos ha sacado de la crisis
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Un país de primera división con una capital de primera división, en cuya corona metropolitana la división entre pobres y ricos es de primera: la más grande de Europa. Pelillos a la mar.

Un día antes de que Cospedal diera las gracias a Rajoy por sacarnos de la crisis, el secretario general de Cáritas, Sebastián Mora, afirmaba lo siguiente: “El concepto de crisis económica y sus consecuencias en la situación de las personas parece que ha desaparecido de los medios, [pero] seguimos perdiendo la batalla contra la pobreza y la exclusión, que siguen campando entre nosotros”.

Y mientras el PP saca pecho por la creación de empleo, la realidad sigue aportando la tozudez de los datos: El 53% de las personas a las que ayuda Cáritas vive en hogares donde algún miembro trabaja. Según Mora (y según cualquiera que no sea un fanático del PP), eso supone que tener un contrato “ya no garantiza un mínimo para sobrevivir”. Pero gracias, Rajoy, por sacarnos de la crisis.

No os enfadéis. No lo hacen con maldad. Cuando Cospedal y el PP entero insisten en que hemos salido de la crisis no lo hacen con afán de engañarnos. Para ellos todos estos datos existen, los aceptan. Ésa es la salida de la crisis que ellos buscan. Piensan que es natural: para que haya ricos, tiene que haber pobres. En sociología a este enfoque se le llama funcionalismo.

Sus defensores (los partidarios de la ley de la selva y el capitalismo salvaje), ven a la sociedad como un organismo vivo que debe funcionar. Y claro, ese ser vivo que es la sociedad tiene diferentes órganos. Los pobres son un órgano necesario: son necesarios para que los ricos mantengan sus privilegios.

Por eso a los ultraconservadores les encantan las obras de caridad: la caridad mantiene a los pobres en su condición de pobres. Los mantiene medio vivos. Nadie quiere una sociedad en la que los pobres se mueran rápido. Mejor que aguanten explotados y a medio gas.

Otra cosa es la justicia social: las medidas que incentiven la igualdad de oportunidades, o una educación pública de calidad que permita la movilidad social, o un sistema sanitario igual para todos: de eso nada, no vaya a ser que los pobres cada vez lo sean menos y estén más sanos… y los ricos sean cada vez menos ricos…


Para el PP salir de la crisis es esto: que la precariedad cobre carta de naturaleza y se quede entre nosotros para siempre. Parece que con 2,3 millones de desheredados más, por fin nos acercamos al número óptimo de pobres ansiado por la derecha.

martes, 20 de octubre de 2015

FALACIAS DE LA TAUROMAQUIA

Según sus defensores, “LA TAUROMAQUIA ES ARTE”. También Hitler estaba convencido de que su cerebro paría arte y que sus manos le daban forma, expresando sus ideas y emociones, su concepción del mundo. Antes de la Guerra el Führer le dijo al embajador británico Nevile Henderson: “Yo soy artista y no político”
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Afirman también que “LA TAUROMAQUIA ES CULTURA”. Tanto como cultura es la ablación. Su práctica está considerada un rito de iniciación en varios países, una tradición irrenunciable vinculada a su historia, creencias y usos. Y como tal, para mantener esa consideración, ha de transmitirse, de perpetuarse.

Los taurinos consideran que “LA TAUROMAQUIA ES UN DERECHO”. Fray Tomás de Torquemada, entre otros, se creyó en su derecho al torturar y asesinar durante la Inquisición. Para esa necesidad se pensaba avalado por el derecho divino y para su proceso arropado por el derecho inquisitorial.

Dicen que “LA TAUROMAQUIA ES UN ACTO DE LIBERTAD”. El dictador koreano Kim Jong-Un cada vez que ordena una tortura o ejecución piensa que está haciendo uso de la suya. Y proclama que en su país está garantizada la libertad de los ciudadanos, de hecho así reza en su Constitución, vigente desde 1972.

Pero su axioma más repetido es que “LA TAUROMAQUIA PROPORCIONA PUESTOS DE TRABAJO”. Igual que el narcotráfico o la trata de mujeres. El primero se calcula que genera, solo en México unos 468.000 empleos. La segunda, según la OIT, mueve más de 32.000 millones de dólares al año en el mundo. ¿Cuánta gente no vive de esos “negocios”?

Sin embargo, su mayor fuerza argumental consiste en que “LA TAUROMAQUIA ES LEGAL”. Sí, como lo fueron el nazismo y los tribunales del Santo Oficio. Como lo es allí donde tiene lugar el proceso de infibulación y en Corea del Norte su régimen político y judicial. El tráfico de drogas o de mujeres no son legales, es verdad, pero tampoco lo es la tauromaquia en Catalunya y el lobby taurino está luchando con encono por devolverle la legalidad.

Así llegamos al reduccionismo ético: "SON SOLO TOROS Y NO PERSONAS". Bueno, pues juguemos a esa aberración pero vamos a hacerlo con todas las fichas. Para otros eran o son sólo judíos, mujeres, herejes, traidores o mercancía de carne. Nada que alcance la categoría “humana”, porque legitimar esas formas de violencia para que sean asimiladas y hasta aplaudidas requiere establecer la superioridad del verdugo y dejar muy clara la inferioridad de la víctima, convirtiendo todo lo posible, claro está, en universal la perspectiva de opresor por deleite, convicción o ambición, pero no una escasez física sino moral y existencial, pues lo contrario sería tachado de abuso.

De este modo se puede bailar entre una pretendida justicia y el papel ínfimo, prescindible, incluso despreciable que desempeña el humillado, maltratado o asesinado. Y si eso resulta poco correcto hoy en día, entonces se añaden palabras como respeto y amor. Hacia el muerto, digo.

La tauromaquia trae consigo lo peor del pasado y del presente alegando enarbolar los principios que todo crimen disfrazado jura defender. Y puede que tendamos a establecer categorías según las víctimas pero no nos engañemos, la empatía, la preocupación, no son tanto en función de la especie o de la magnitud como de la proximidad.

A mucha gente le perturba en mayor medida una puñalada en su barrio que cientos de asesinados en una mezquita de Yemen, y si tiene perro, le indigna mucho más la aparición de salchichas con estricnina en su parque que el secuestro y violación de niňas por parte de Boko Haram.

Pero claro, no somos toros ni lo seremos nunca, y tampoco tenemos a uno tumbado a nuestro lado en el sofá mientras vemos la tele. De ese modo y sumada a la educación y a adaptación, la distancia biológica y espacial se difumina la violencia en nuestra conciencia hasta tal punto que dejamos de verla como tal.

Es más, en el caso de la tauromaquia se llega a creer que al toro no le duelen sus heridas o que está aquí para eso, y a elevar a quienes se las causan al rango de héroes.


Hemos visto cosas así a lo largo de la historia. Hoy muchas nos parecen atrocidades impensables, pero mientras no lo extendamos a todas las que siguen ocurriendo, cada día, muy cerca de nosotros, publicitadas y subvencionadas como es el caso, seguiremos arrastrando parte de lo peor de nuestra especie. Y no tratar de impedirlo cuando esa opción está al alcance de nuestra mano no deja de ser una forma de colaborar.

lunes, 12 de octubre de 2015

12 DE OCTUBRE: NADA QUE CELEBRAR, MUCHO QUE LAMENTAR

El 12 de Octubre no es sólo la "Fiesta del Pilar" o el "Día de las Fuerzas Armadas" como muchos españoles creen. El desfile de las fuerzas armadas no tiene únicamente el contenido militarista que tanto se ridiculiza: las fuerzas armadas desfilan el 12 de Octubre porque la Constitución adoptada por el régimen del 78 determinó que el Día de la Fiesta Nacional fuera el aniversario de la llegada de Colón a América.

Hace exactamente un siglo se denominó al 12 de octubre "Día de la Raza"; entonces resultaba más evidente el carácter racial de esta fiesta imperialista que conmemoraba la misión "descubridora y civilizadora". Desde 1958 las autoridades prefirieron darle el nombre de "Día de la Hispanidad". La fiesta nacional de los franceses el 14 de julio recuerda la toma de la Bastilla y la revolución democrática frente al absolutismo; la fiesta nacional española conmemora el inicio de la conquista, el expolio y la colonización de un continente.

"Es una fecha bonita porque representa el 'encuentro de dos mundos' ", dicen algunos. Pero no fue tanto un "encuentro" como la destrucción de un mundo por otro. El historiador estadounidense H. F. Dobyns ha estimado que el 95 por ciento de la población indígena del continente había desaparecido 130 años después de la conquista, no sólo por las guerras y las enfermedades sino sobre todo por los trabajos forzados en las haciendas y en las minas.

Otros remachan que en el pasado no existían los derechos humanos y no tiene sentido ver hechos del pasado con las lentes del presente, que todos los pueblos han estado en guerra, han tratado de conquistar a otros pueblos y han cometido masacres. Pero el que otros pueblos también hayan cometido genocidios y masacres no significa que eso esté bien y sea algo que celebrar.

Por otro lado, la escala de destrucción que supuso la conquista de América no se compara con las masacres cometidas, por ejemplo, por los aztecas. Celebrar eso quinientos años después como un orgullo nacional es como celebrar la barbarie.

Una celebración, cualquier celebración, es una forma de atribuir significado a hechos del pasado, y eso sólo se puede hacer desde los valores del presente. Visto con perspectiva histórica, la conquista de América dio paso a la colonización de un continente, el establecimiento de un régimen opresivo en el que se redujo a la esclavitud o a la servidumbre a la población nativa, se desarrolló de forma masiva el comercio trasatlántico de esclavos africanos que produjo millones de muertos, y en general se consolidaron y cristalizaron estructuras de poder profundamente desiguales.

La riqueza expoliada permitió la acumulación originaria de capital en la Europa atlántica que dio nacimiento al capitalismo. Y los países antiguamente colonizados siguen conformando hoy lo que se denomina a menudo "Tercer Mundo". Sólo las colonias de poblamiento donde los europeos prácticamente exterminaron a los nativos se llegaron a convertir en pequeñas europas que integran hoy el Primer Mundo, como es el caso de EEUU, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

Por último, muchas personas insisten en que "lo importante no es lo que ocurrió, lo importante es ahora". Las ex colonias latinoamericanas conforman hoy en día la región con mayor desigualdad del globo. Las multinacionales europeas y de los países de población de origen europeo expolian hoy en día sus recursos naturales, financian grupos paramilitares para asesinar sindicalistas y controlan gobiernos nacionales impidiendo el avance de la democracia en muchos países de América Latina.

Las sociedades latinoamericanas han mantenido patrones de racismo que provienen directamente de la época colonial, y siguen atribuyendo mayor o menor dignidad a los humanos según el tono más o menos oscuro de su piel. El racismo, producto de las colonizaciones europeas, se ha convertido en Europa en un arma de la ultraderecha y los partidos mayoritarios para dividir y desactivar las luchas de los trabajadores.

Cuando el 12 de Octubre de 1492, Cristóbal Colón y sus acompañantes fueron recibidos por los hospitalarios aborígenes de la Isla La Española (actual Haití y República Dominicana), aquellos no se presentaron como españoles, sino como cristianos, emisarios de los reyes católicos. Es decir, no tenían conciencia de España como una comunidad o proyecto político
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No podía ser de otra manera. Las circunstancias del siglo XV hicieron que musulmanes y judíos “abandonasen” la Iberia para que los reyes católicos se aventurasen al mundo “desconocido” (sin ningún proyecto, ni para adentro, ni para las colonias), en busca de la ruta comercial alterna hacia el Oriente, provistos únicamente de una supersticiosa fe en el Dios desconocido.

Pasaron ya más de 500 años de aquel histórico matrimonio real (entre Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, ambos primos) que daría origen a España (como proyecto político). Pero, la realidad nos muestra que dicho “proyecto”, aparte de haber dado origen al idioma castellano (confundido como español), no pudo cuajar ni como nación, ni como Estado de Derecho.

Los catalanes, al igual que los vascos, emprenden sus rutas independentista porque jamás se sintieron parte del proyecto de la nación española, al igual que otras nacionalidades. Mucho más, ahora, cuando emerge con brutalidad lo bárbaro del Estado español que diluye todos los derechos, de los suyos y de los visitantes.

Los reyes católicos y sus súbditos fundamentaron sus proyectos de vida y aventuras coloniales en la fe, en la creencia, y postergaron (censuraron) la razón y la ciencia como “herejías”.

Fueron los únicos reyes en la historia occidental que recurrieron a la “Santa Inquisición” para aniquilar la inteligencia-ciencia creativa. Así, promovieron e importaron (hacia las colonias) súbditos creyentes, más no ciudadanos pensantes/creativos.

Esta postergación de la razón, de la ciencia, impidió que España aprovechase su histórica hegemonía política de entonces para modernizarse y constituirse en un actor determinante en la geopolítica europea y mundial. España derrochó riquezas saqueadas de pueblos enteros en suntuosidades religiosas.

Si bien muchos/as españolas ya no creen en el Dios desconocido de antaño que trajeron sus abuelos “cristianos” hacia las colonias, sin embargo, continúan creyendo/asumiendo el cuento de “ser superiores” cultural y genéticamente sobre los latinoamericanos, africanos y asiáticos.

Siguen creyendo en su Monarca, y por eso lo mantienen allí, más allá de su retórica de “demócratas”. No se atreven a abandonar o desafiar al Euro (moneda) por más que este tótem fue pensado como herramienta para hipotecarlos. Sus abuelos fueron apologetas/misioneros del Dios desconocido (en cuyo nombre trasquilaron pueblos enteros). Ahora, ellos son creyentes/súbditos del Euro, en cuyo nombre los trasquilan.

La élite política y económica de este país sureño de Europa, al igual que en Italia, hizo que los “súbditos” españoles se ilusionasen con el proyecto de la Unión Europea como la panacea para dar el salto del burro al avión (sin pasar por el automóvil), y así convertirse en el soñado país moderno europeo. Pero, no hubo suficientes “herejes” que se percatasen que Francia, Alemania y los otros de más arriba estaban convirtiendo a España en gendarme (vigilante) mal pagado de las fronteras del sur (para que africanos migrantes indeseados no inundasen la eurofiesta).

La eurofiesta terminó, aunque la eurocracia aún tiene oxígeno mientras no haya suficientes “mentes inquietas”. Y la historia se repite: los comensales se retiran a la siesta, mientras la servidumbre de creyentes asea la casa, sin derechos, ni oportunidades. No es la primera vez que España es colonizada, ni es por vez primera que colonizados sueñan con ser partícipes en el banquete de sus amos.


El 12 de octubre, más allá de denunciar el holocausto cristiano de nuestros abuelos, y la subsiguiente institucionalización del racismo en el Occidente, tiene que ser un momento para reflexionar sobre las condiciones de colonialidad que padecen incluso los pueblos colonizadores de otrora. Un momento para sumar esfuerzos y emprender los caminos libertarios del Sur insurgente.

lunes, 5 de octubre de 2015

¡VIVAN LAS C.U.P.!


"La legalidad española puede y debe ser desobedecida"
(Antonio Baños, Candidato de la CUP)

He de confesar que siento cierto grado de envidia sana hacia los catalanes. Pero no porque ellos tengan, entre otras muchas cosas, la Sagrada Familia, El Paralelo, la Sala Bagdad, El Molino, el Puerto Deportivo de Barcelona, las Ramblas, la Sardana, el Pan Tumaca o la butifarra. Es porque tienen a la CUP.

Qué suerte tienen los catalanes, por el simple hecho de disponer de una fuerza política como la CUP, ausente del escenario nacional, con la falta que haría en dicho escenario...No han gobernado nunca a nivel autonómico (aunque sí a nivel local), pero por lo que proclaman (y lo hacen, además, abiertamente, sin ningún tipo de complejo), resultan ser, ahora mismo, y en todo el arco parlamentario de nuestro país a todos los niveles (Gobierno central, autonómicos y locales), la única (insisto, única) fuerza política que puede adscribirse de forma inequívoca a la auténtica izquierda transformadora.

Quizás por ello, en la misma noche electoral, cuando el candidato Antonio Baños se expresaba tal y como hemos destacado en la cita, Hermann Tertsch, una de las caras habituales de TeleMadrid, típico símbolo de la caverna mediática antediluviana, pedía el ingreso en prisión de Antonio Baños.

¿Pero quiénes son las CUP? Pues la Candidatura de Unidad Popular (en referencia a la alianza de izquierdas chilena encabezada por Salvador Allende) es una formación política catalana de izquierdas (esta vez sí), independentista (nadie es perfecto), que apuesta por la democracia participativa, la igualdad social, las políticas de desarrollo sostenible, así como la promoción del tejido asociativo y de la sociedad civil. Se fundan en 1986, y hoy día tienen representación en Cataluña, la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares.

 Defienden el socialismo, el anticapitalismo, el feminismo, la democracia directa y participativa, el ecologismo y el euroescepticismo, con más razón que un santo (aunque no sean religiosos). Por supuesto, apuestan por el derecho a la autodeterminación de todos los pueblos, la defensa de los derechos de las clases populares, la redistribución justa de la riqueza, la lucha contra el paro y la precariedad, la defensa de los servicios públicos, el establecimiento de mecanismos de control popular de la economía, así como el despliegue de políticas efectivas que garanticen la igualdad de género. Se manifiestan contra las agresiones ecológicas y urbanísticas, y defienden un desarrollo realmente sostenible, y el refuerzo del tejido cultural de raíz popular.

En la CUP también participan otras organizaciones de izquierda no independentistas, tales como En Lucha, Corriente Roja o Lucha Internacionalista.

Y es que la CUP es mucha CUP. No sólo es que sus postulados políticos y sus programas electorales lo recojan claramente, sino que sus dirigentes lo corroboran en cada oportunidad que tienen, en sus mítines y en sus entrevistas. Son los únicos que se atreven a levantar la voz para clamarlos bien alto para todos los que quieran escucharlos, que es lo mismo que decir para todos los que quieran un verdadero cambio político en nuestro país.

 Ni Izquierda Unida, ni EQUO, ni Compromís, ni Podemos. Hoy día, sólo la CUP encarna el auténtico espíritu de la izquierda transformadora, que entiende que la vía reformista es absolutamente inútil, y sólo conduce al fracaso y a la desintegración de la propia izquierda.
  
Qué lástima que no tengamos una CUP nacional, además de una CUP andaluza, otra gallega, otra aragonesa, otra murciana, otra madrileña, etc.

Apuestan claramente por la salida del euro y de la propia Unión Europea, pues entienden, como es palpable y notorio, que el corsé al que nos somete la moneda única y los Tratados de la Unión consagran el modelo neoliberal, e impiden de facto siquiera la implementación de políticas que vayan relajando la mal llamada "austeridad".

Porque en efecto, en medio de tanto partido, coalición o similar de corte neoliberal, de "centro-izquierda", de pseudoizquierda, de izquieda "reformista", socialdemócrata y mil variantes más, pro austeridad o cómplices con ella, o cómplices con los que quieren gestionarla "desde la izquierda", o pro OTAN, o pro Unión Europea, o pro Troika, etc., la CUP emerge como un soplo de aire fresco y auténtico, de aire renovador, marcando distancia entre tanta formación política "sensata" y "razonable".

 Parece ser que no se enteran de que lo que las clases populares necesitamos no son políticas sensatas ni razonables, sino políticas de clase, radicales, que defiendan de una vez por todas nuestros intereses ante el gran capital, y que se enfrenten sin paños calientes a los grandes agentes de los poderes fácticos que nos gobiernan. Ante todo ello, la CUP no suele andarse por las ramas, y no cultiva la indefinición ideológica, ni las ambigüedades calculadas ante los temas importantes, como hacen otras fuerzas políticas.

Llama al pan, pan, y al vino, vino. Y tal y como está el patio político últimamente, esto es de bastante agradecer. Sus propuestas antiimperialistas, por la República (en este caso, República catalana, pero República al fin y al cabo), por la salida de la OTAN, del euro y de la Unión Europea, nos suenan a muchos a auténtica música celestial ante el infernal ruido y confusión ideológica que nos rodea.

Y lo que es más importante de todo, la CUP es la única fuerza política que declara sin ambages y sin complejos que debemos iniciar progresivamente políticas encaminadas a superar el capitalismo, llamando a las cosas por su nombre, detectando y atacando la auténtica raíz de todos los problemas y males que nos aquejan en nuestro mundo, y confirmando sin ambigüedades su clara intención de desarrollar políticas y medidas anticapitalistas. ¡Ahí es nada!

Frente a ello, tenemos por ejemplo las vergonzantes declaraciones de Pedro Sánchez, líder de un partido que se autodenomina "socialista", llamando al orden para que las fuerzas de Junts Pel Sí, la coalición ganadora de las recién celebradas elecciones catalanas, no entreguen el poder y la gobernabilidad de Cataluña a "un partido antisistema", en clara referencia a la CUP. 
     

La conclusión está clara: ninguna otra fuerza política actual se atreve a hablar con la claridad y valentía con la que lo hace la CUP, así que, para las próximas Elecciones Generales de diciembre próximo, nos vendría muy bien que existiera una CUP a nivel de todo el Estado...¿la tendremos alguna vez? Mientras tanto... ¡VIVAN LAS CUP!

jueves, 24 de septiembre de 2015

EL PAPA FRANCISCO PROMUEVE LA RECONCILIACIÓN

Desde el 315 A.C  con  la entronización en el Concilio de Nicea,  del Primer Papa,  el ex Cesar pagano  del Imperio  Romano, Constantino, ese pagano que entendió las ventajas de la modernización y de esa forma extendió el dominio de Roma, a través del Papado, hasta la aparición del monje Lutero y un `poco más allá,  hasta el Iluminismo  propiamente dicho.

Desde ese entonces, la Demagogia, ese “uso político de falsas promesas y  manipulación deliberada,  para conseguir el favor del pueblo”,  según la Real Academia Española,  ha dominado el discurso y  la acción encubierta, de la inmensa mayoría de los 266 Papas Católicos habidos, hasta este Argentino, mediático y dicharachero incluido.

En este discurso  actual en Cuba,  Bergoglio propone la total “reconciliación”,  entre Cuba y EEUU.

La palabra “Reconciliación”, ha estado presente predominantemente, en el léxico de los últimos Papas, en especial en estos tiempos del  dominio capitalista globalizado.

La “conciliación” entre el Lobo y el Cordero, entre el León y el Cervatillo, entre el Patrón y el Obrero, entre el Banco Usurero y el Deudor de la Hipoteca,  entre el explotador y el explotado, entre el colonizador y el colonizado,  entre el esclavista y el esclavo, solo puede ocurrir en el Reino de la Demagogia.

Pero  la conciliación,  entre el Capitalismo salvaje y depredador del Imperio Yanqui, y la Cuba Socialista,  esa “reconciliación”, según el criterio de Bergoglio, el Papa de turno, solo puede conducir a la degradación y la entrega,  de la Revolución Socialista Cubana, a las manos de las corporaciones de la Guerra, que conducen la política de EEUU.

Pensar otra cosa,  solo cabe en una mente infantilizada, lejos del análisis serio de la política.

Pero Bergoglio fue más allá  en su discurso, señaló,  refiriéndose a la vocación de servicio de la Iglesia Católica, “nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas “.

Lo que quiere significar  “en buen romance “que la  Religión Católica y su Iglesia,  no tienen  ideología,  “es un servicio social exento de motivaciones políticas”.

Veamos: la Real Academia Española define  Ideología  como” el Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.”

Es decir que la Religión,  no cabe duda que se incluya,  dentro de las ideologías.

Y si nos referimos a la Religión Católica, quien puede dudar de su carácter eminentemente político.

Pues es lo que ejerció desde el acuerdo político con Constantino, pasando por el gobierno temporal de los Papas,  que casi durante 1000 años  dominaron  política y militarmente incluso,  con su carácter teocrático,  sobre casi todo lo mundo.

Y que terminó,  por lo menos oficialmente,  con  el Tratado de Letrán en 1929, y  continuó luego,  apoyando políticamente,   a todos los poderes de las elites,   Reyes, Dictadores,  Oligarquías,  hasta el día de hoy.

Independientemente claro,  del demagógico discurso humanista y “humildoso”,  dedicado a sus fieles.

Veremos en USA, que  sacará del sombrero  este Papa,  de “la sociedad del espectáculo” (Guy Debord dixit)
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Estoy seguro, que no  va a ser una paloma blanca de la paz,  ya que esos pájaros no sobreviven en Washington.

Quizás en pago a “sus buenos oficios” en Cuba,  lo ayuden a mitigar los dolores, de la Iglesia Católica en USA,  la que quebró comercialmente,  en Octubre del 2009, si Uds. recuerdan, por las indemnizaciones que hubo que pagar,  a las familias de los niños violados,  por los curas católicos pedófilos.


Nos espera un tsunami de noticias, en televisión y prensa, de las empresas propiedad de los capitalistas,  dedicados a este Papa mediático,  que de verdad,  parece ser  para ellos,  el más indicado para ejercer en este tiempo,  de la decadencia política…que no financiera del Capitalismo.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

CAMBIA DE CANAL, YA ESTA BIEN DE REFUGIADOS

Silencio: la peor receta, la más inhumana, ante la llamada crisis de personas refugiadas y migraciones procedentes de Oriente Medio y de África que atraviesa hoy Europa.

"Cambia, cambia de canal"; palabras que con reiteración se escuchan posiblemente demasiadas veces en estas semanas y en idiomas muy diversos, en miles de hogares de Europa.

Se dicen cuando al ver los informativos televisivos nos asaltan imágenes de personas refugiadas que sienten desgarrados sus cuerpos por las alambradas en las fronteras europeas, ya sea en Ceuta, Melilla, Hungría o Calais; al ver cuerpos sin vida de bebes, mujeres, hombres y ancianos al vaivén de las olas en cualquier playa de Grecia o Italia; al contemplar cómo se gasea o golpea en estaciones de tren o áreas fronterizas de Macedonia o Budapest.

Al entender, en suma, que esa realidad altera nuestra tranquilidad, nos saca del ensimismamiento de nuestras preocupaciones diarias; al comprender que no vemos imágenes en el centro de África, en Haití o en el Lejano Oriente, sino en las mismas puertas de Europa.

Cambiar el canal de televisión es un triste intento de borrar esa realidad, hacerla inexistente. Y de ahí el tránsito al silencio (cómplice) se adivina más fácil. A ese silencio que nos permite mirar a otro lado, pensar que este problema ya lo solucionarán los gobernantes europeos, aquellos que elegimos cada cuatro años para cuestiones como éstas. Porque, al fin y al cabo, no está su solución en nuestras manos, ni es nuestra responsabilidad.

Así, esos gobernantes seguirán por días y semanas discutiendo cuotas y cómo "cobrarse la solidaridad" mínima que pudieran estar dispuestos a poner en la mesa de negociaciones.

No entienden la contradicción que encierra unir la palabra cobrar y el concepto de solidaridad, tal y como reflejan las declaraciones de hace unas semanas de Mariano Rajoy: "una cosa es ser solidario, y otra es serlo a cambio de nada".

Aunque se referían a la situación en Grecia, reflejan con claridad su forma de entender la solidaridad y las relaciones humanas. También se debaten en la ambivalencia entre medidas suaves, políticamente correctas aunque inoperantes, como una conferencia europea para tratar el problema, o medidas brutales como nuevas vallas, muros fronterizos más altos o, directamente, bombardear los puertos de salida de estas personas en África.

Por eso, el silencio es la peor receta hoy ante esta situación. Permite a los gobernantes no hacer nada y seguir manteniendo una discusión aparente que lo único que pretende es defender el egoísmo de los estados europeos y no la hipotética política común y solidaria que esta vieja Europa dice defender.

Ese silencio anima también el crecimiento y envalentonamiento de las corrientes ideológicas racistas y xenófobas, caldo de cultivo no sólo de la extrema derecha, sino también de la derecha y de, incluso, alguna pseudoizquierda permisiva ante determinados discursos para ganar votos en las próximas elecciones.

Y a pesar de esto, afortunadamente, el silencio hoy vuelve a romperlo, empieza a romperlo, la solidaridad y cooperación de los pueblos. Éstos empiezan a llenar campos de fútbol o plazas de ciudades y pueblos dando la bienvenida a las personas que necesitan refugio.

Entienden que los territorios de origen han tenido que ser abandonados como resultados de las guerras o de la explotación hasta el agotamiento de sus recursos, cuyos beneficios van a manos de las élites económicas y de las clases políticas tradicionales, mayormente de origen europeo o estadounidense.

Por parte de los pueblos demuestran una vez más que entienden de contabilidad calculada, frialdad inhumana para preocuparse por cuántos podemos recoger en nuestro "cupo", y a cuántos recibimos anteriormente.

Esto es para esas élites que olvidan que los pueblos que hoy tienen que recibir personas antes fueron también emigrantes por distintas razones y que les fue tan difícil, tan doloroso, dejar sus países como hoy lo es para estas personas. Élites que no comprenden el concepto de persona y su derecho a una vida digna, pues sólo piensan en réditos económicos o intereses geoestratégicos para poder seguir manteniendo su dominio.

Hay ciudades que ante el vacío e inacción de los gobiernos nacionales y respondiendo, lo que les honra, también a esa llamada ciudadana a la solidaridad, deciden dar pasos inmediatos, reales, para establecer redes de acogida. O aprueban, a pesar de la crisis, pequeñas partidas presupuestarias y declaraciones para exigir medidas profundas más allá de los meros e interesados cálculos políticos.

Ello, haciendo realidad lo dicho en muchas ocasiones, que las políticas y acciones de solidaridad deben estar por encima de crisis económicas. Y, como subrayó hace ya muchos años un líder político latinoamericano, "la solidaridad es la ternura de los pueblos". Esperamos que este lema, así como los ejemplos y acciones que ya se dan en diferentes ámbitos, se extienda y fortalezca.

Por todo ello, nuevamente podemos afirmar que la sociedad, los pueblos, una vez más muestran su sabiduría, su ternura, y abren caminos y puertas rompiendo silencios, no cambiando el canal de televisión y aumentando la presión para que, sobre el cálculo politiquero y economicista, domine la solidaridad entre las personas y pueblos.

Porque, a pesar de lo que nos digan las élites, "todos los pueblos de la tierra son iguales desde su nacimiento, todos los pueblos tienen derecho a vivir, a ser libres y felices".

Complementemos, de forma humilde, en esta frase del líder vietnamita Ho Chi Minh, el término pueblos como referido, además de a la entidad "pueblo" propiamente, también a "todos los hombres y mujeres, todos los seres humanos" y podremos comprender mejor la fuerza de dicha frase. Sin duda alguna, lograr esa igualdad entre pueblos, entre hombres y mujeres, abriría un nuevo tiempo para este mundo.

Por último, si reconocemos que el origen de esta situación crítica está en la estructura de la organización política, económica y social del sistema dominante occidental y en su dominio y explotación ejercida brutalmente durante, como mínimo, los últimos doscientos años, sobre los pueblos africanos y asiáticos, la pregunta evidente es si pensamos que las soluciones residen en otro sitio (parches) que no sea únicamente en la transformación de esas dimensiones.


Dicho de otra forma, Europa debería eliminar radicalmente su forma de dominación e intervencionismo permanente sobre la vida social, económica y política de esos pueblos, para que realmente podamos empezar a hablar de soluciones verdaderas a ésta y futuras crisis humanas.

domingo, 30 de agosto de 2015

EL DRAMA DE LA INMIGRACIÓN: EUROPA NAZIFICADA

Europa levanta enormes vallas, ante los ojos del mundo y para vergüenza de cualquier europeo con un mínimo de dignidad y empatía con el sufrimiento ajeno, a lo largo y ancho de sus fronteras, para intentar evitar un aluvión masivo de migrantes y refugiados al interior de su fortaleza. Vallas a las que recubre con alambres, espinos y cuchillas, para prolongar, hasta el último momento, el tormento del que viene huyendo del hambre o de la guerra, del expolio al que las potencias occidentales someten a los pueblos empobrecidos de la tierra.

Pero no se puede tapar el sol con un dedo. Mientras su mundo sea ese mundo-campo de concentración en el que los países ricos han convertido a los países empobrecidos, seguirán intentando entrar, esto tan solo es una muestra más de que eso que llaman “Occidente”, es decir, el mundo capitalista “desarrollado”, es, por definición, cruel, antihumanista y despiadado.

Estas vallas son algo más que un componente en una frontera, son un símbolo de lo que es el mundo capitalista. Un Auswitch a la inversa, que lo llamó un día el filósofo Carlos Fernádez Liria. Levantamos muros y dejamos tras ellos, fuera de ellos, un mundo/campo de concentración donde se produce a diario un genocidio silencioso que afecta a miles de millones de personas
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Y en las vallas colocamos unas cuchillas por si los que quedan fuera de nuestro gueto/privilegiado osan intentar entrar, fuera de nuestra fortaleza, osan tratar de escapar de aquel mundo-campo de concentración en el que hemos convertido a sus países de origen, con el hambre, la guerra, el expolio, las epidemias y, en pocas palabras, la muerte, como máxima expresión del mismo. Vallas/símbolo de la mierda de mundo que ha desarrollado el capitalismo, por mucho internet, muchas tecnologías y muchas vacunas que tengamos.

Los nazis encerraron a sus víctimas en campos de concentración y en guetos con el fin de aislarlos del resto del mundo. Tras los muros de aquellos espacios de muerte se gestó un verdadero horror que causó la muerte de más de una decena de millones de personas, asesinados cruelmente de múltiples formas, desde las cámaras de gas, a los fusilamientos masivos a los menos sofisticados métodos de la inanición o la muerte por epidemias que las víctimas se contagiaban unas a otras ante la dejadez y la complicidad de sus verdugos, con la no menor complicidad de un mundo que solo cuando ya era demasiado tarde hizo algo por ayudarlos, y unas sociedades que no querían ver lo que pasaba con aquellas personas en aquellos espacios de muerte, pese a que, en algunos casos, los tenían incluso en el corazón de sus propias ciudades y las consecuencias eran evidentes por sí mismas.

Nosotros, ahora, desde nuestros países ricos, hemos desarrollado exactamente el mismo sistema, pero a la inversa. Nos encerramos nosotros en nuestras fortalezas (de las que el hambre y la misera no quedan exentas, aunque sin llegar a los más elevados niveles de horror), las cubrimos con enormes vallas y todo tipo de medidas de seguridad destinadas a brindarlas del exterior, y dejamos tras ellas un espacio de muerte que abarca más de tres cuartas partes del mundo y varios miles de millones de personas diseminadas por él.

El hambre que mata, la pobreza extrema que anula toda dignidad, la falta de un futuro, el expolio de sus recursos naturales, las epidemias, y las guerras causadas, la mayoría de veces, por los propios intereses económicos de las potencias occidentales, arrasan aquel mundo-campo de concentración a diario, con la no menor complicidad de unas sociedades que no quieren ver, o que prefieren mirar para otro lado, lo que pasa cada día con aquellas personas en aquellos espacios de muerte.

Nuestros medios de “comunicación” ya se encargan de deshumanizar a ese “otro”, a esos miles de millones de personas que habitan en ese gigantesco campo de concentración globalizado en el que hemos convertido sus países, para que nuestras conciencias duerman tranquilas.

Y aunque sabemos que todo eso está pasando, que más de tres cuartas partes del mundo están condenadas a vivir en un mundo-campo de concentración sutilmente separado de nuestro gueto-fortaleza, no nos importa. Es más, clamamos contra quienes tratan de escapar de aquel espacio de muerte y cruzar nuestras fronteras para llegar hasta eso que ellos creen como el lugar donde poder labrarse un futuro y escapar de la muerte.

Los tratamos como a invasores que vienen a robarnos nuestro propio espacio vital y consentimos que esas enormes vallas se levanten en nuestro nombre, tal vez porque así nos sintamos protegidos de los peligros que asociamos a ellos, precisamente todos aquellos peligros a los que los hemos condenado: hambre, miseria, desempleo, enfermedades, epidemias, muerte. Tras los muros de nuestras fortalezas los miramos con desprecio y temor, sin importarnos su destino.


Si los nazis fueron el horror expresado en su máxima potencia, nuestro mundo no es otra cosa que un mundo-nazi, que separa a sus habitantes, mediante vallas, muros y alambradas, entre aquellos que merecen ser considerados humanos, que tienen derecho a vivir en el interior del gueto-fortaleza del mundo desarrollado, y aquellos que son carroña, escoria, bestias, que no merecen la condición de humanos y deben quedar aislados de nuestro gueto, purgando su existencia inhumana más allá de las fronteras de nuestra fortaleza, en su mundo-campo de concentración. 

Aquí, en nuestras fortalezas, no seremos todos arios, pero sí que somos todos un poco nazis.