lunes, 12 de octubre de 2015

12 DE OCTUBRE: NADA QUE CELEBRAR, MUCHO QUE LAMENTAR

El 12 de Octubre no es sólo la "Fiesta del Pilar" o el "Día de las Fuerzas Armadas" como muchos españoles creen. El desfile de las fuerzas armadas no tiene únicamente el contenido militarista que tanto se ridiculiza: las fuerzas armadas desfilan el 12 de Octubre porque la Constitución adoptada por el régimen del 78 determinó que el Día de la Fiesta Nacional fuera el aniversario de la llegada de Colón a América.

Hace exactamente un siglo se denominó al 12 de octubre "Día de la Raza"; entonces resultaba más evidente el carácter racial de esta fiesta imperialista que conmemoraba la misión "descubridora y civilizadora". Desde 1958 las autoridades prefirieron darle el nombre de "Día de la Hispanidad". La fiesta nacional de los franceses el 14 de julio recuerda la toma de la Bastilla y la revolución democrática frente al absolutismo; la fiesta nacional española conmemora el inicio de la conquista, el expolio y la colonización de un continente.

"Es una fecha bonita porque representa el 'encuentro de dos mundos' ", dicen algunos. Pero no fue tanto un "encuentro" como la destrucción de un mundo por otro. El historiador estadounidense H. F. Dobyns ha estimado que el 95 por ciento de la población indígena del continente había desaparecido 130 años después de la conquista, no sólo por las guerras y las enfermedades sino sobre todo por los trabajos forzados en las haciendas y en las minas.

Otros remachan que en el pasado no existían los derechos humanos y no tiene sentido ver hechos del pasado con las lentes del presente, que todos los pueblos han estado en guerra, han tratado de conquistar a otros pueblos y han cometido masacres. Pero el que otros pueblos también hayan cometido genocidios y masacres no significa que eso esté bien y sea algo que celebrar.

Por otro lado, la escala de destrucción que supuso la conquista de América no se compara con las masacres cometidas, por ejemplo, por los aztecas. Celebrar eso quinientos años después como un orgullo nacional es como celebrar la barbarie.

Una celebración, cualquier celebración, es una forma de atribuir significado a hechos del pasado, y eso sólo se puede hacer desde los valores del presente. Visto con perspectiva histórica, la conquista de América dio paso a la colonización de un continente, el establecimiento de un régimen opresivo en el que se redujo a la esclavitud o a la servidumbre a la población nativa, se desarrolló de forma masiva el comercio trasatlántico de esclavos africanos que produjo millones de muertos, y en general se consolidaron y cristalizaron estructuras de poder profundamente desiguales.

La riqueza expoliada permitió la acumulación originaria de capital en la Europa atlántica que dio nacimiento al capitalismo. Y los países antiguamente colonizados siguen conformando hoy lo que se denomina a menudo "Tercer Mundo". Sólo las colonias de poblamiento donde los europeos prácticamente exterminaron a los nativos se llegaron a convertir en pequeñas europas que integran hoy el Primer Mundo, como es el caso de EEUU, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

Por último, muchas personas insisten en que "lo importante no es lo que ocurrió, lo importante es ahora". Las ex colonias latinoamericanas conforman hoy en día la región con mayor desigualdad del globo. Las multinacionales europeas y de los países de población de origen europeo expolian hoy en día sus recursos naturales, financian grupos paramilitares para asesinar sindicalistas y controlan gobiernos nacionales impidiendo el avance de la democracia en muchos países de América Latina.

Las sociedades latinoamericanas han mantenido patrones de racismo que provienen directamente de la época colonial, y siguen atribuyendo mayor o menor dignidad a los humanos según el tono más o menos oscuro de su piel. El racismo, producto de las colonizaciones europeas, se ha convertido en Europa en un arma de la ultraderecha y los partidos mayoritarios para dividir y desactivar las luchas de los trabajadores.

Cuando el 12 de Octubre de 1492, Cristóbal Colón y sus acompañantes fueron recibidos por los hospitalarios aborígenes de la Isla La Española (actual Haití y República Dominicana), aquellos no se presentaron como españoles, sino como cristianos, emisarios de los reyes católicos. Es decir, no tenían conciencia de España como una comunidad o proyecto político
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No podía ser de otra manera. Las circunstancias del siglo XV hicieron que musulmanes y judíos “abandonasen” la Iberia para que los reyes católicos se aventurasen al mundo “desconocido” (sin ningún proyecto, ni para adentro, ni para las colonias), en busca de la ruta comercial alterna hacia el Oriente, provistos únicamente de una supersticiosa fe en el Dios desconocido.

Pasaron ya más de 500 años de aquel histórico matrimonio real (entre Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, ambos primos) que daría origen a España (como proyecto político). Pero, la realidad nos muestra que dicho “proyecto”, aparte de haber dado origen al idioma castellano (confundido como español), no pudo cuajar ni como nación, ni como Estado de Derecho.

Los catalanes, al igual que los vascos, emprenden sus rutas independentista porque jamás se sintieron parte del proyecto de la nación española, al igual que otras nacionalidades. Mucho más, ahora, cuando emerge con brutalidad lo bárbaro del Estado español que diluye todos los derechos, de los suyos y de los visitantes.

Los reyes católicos y sus súbditos fundamentaron sus proyectos de vida y aventuras coloniales en la fe, en la creencia, y postergaron (censuraron) la razón y la ciencia como “herejías”.

Fueron los únicos reyes en la historia occidental que recurrieron a la “Santa Inquisición” para aniquilar la inteligencia-ciencia creativa. Así, promovieron e importaron (hacia las colonias) súbditos creyentes, más no ciudadanos pensantes/creativos.

Esta postergación de la razón, de la ciencia, impidió que España aprovechase su histórica hegemonía política de entonces para modernizarse y constituirse en un actor determinante en la geopolítica europea y mundial. España derrochó riquezas saqueadas de pueblos enteros en suntuosidades religiosas.

Si bien muchos/as españolas ya no creen en el Dios desconocido de antaño que trajeron sus abuelos “cristianos” hacia las colonias, sin embargo, continúan creyendo/asumiendo el cuento de “ser superiores” cultural y genéticamente sobre los latinoamericanos, africanos y asiáticos.

Siguen creyendo en su Monarca, y por eso lo mantienen allí, más allá de su retórica de “demócratas”. No se atreven a abandonar o desafiar al Euro (moneda) por más que este tótem fue pensado como herramienta para hipotecarlos. Sus abuelos fueron apologetas/misioneros del Dios desconocido (en cuyo nombre trasquilaron pueblos enteros). Ahora, ellos son creyentes/súbditos del Euro, en cuyo nombre los trasquilan.

La élite política y económica de este país sureño de Europa, al igual que en Italia, hizo que los “súbditos” españoles se ilusionasen con el proyecto de la Unión Europea como la panacea para dar el salto del burro al avión (sin pasar por el automóvil), y así convertirse en el soñado país moderno europeo. Pero, no hubo suficientes “herejes” que se percatasen que Francia, Alemania y los otros de más arriba estaban convirtiendo a España en gendarme (vigilante) mal pagado de las fronteras del sur (para que africanos migrantes indeseados no inundasen la eurofiesta).

La eurofiesta terminó, aunque la eurocracia aún tiene oxígeno mientras no haya suficientes “mentes inquietas”. Y la historia se repite: los comensales se retiran a la siesta, mientras la servidumbre de creyentes asea la casa, sin derechos, ni oportunidades. No es la primera vez que España es colonizada, ni es por vez primera que colonizados sueñan con ser partícipes en el banquete de sus amos.


El 12 de octubre, más allá de denunciar el holocausto cristiano de nuestros abuelos, y la subsiguiente institucionalización del racismo en el Occidente, tiene que ser un momento para reflexionar sobre las condiciones de colonialidad que padecen incluso los pueblos colonizadores de otrora. Un momento para sumar esfuerzos y emprender los caminos libertarios del Sur insurgente.

lunes, 5 de octubre de 2015

¡VIVAN LAS C.U.P.!


"La legalidad española puede y debe ser desobedecida"
(Antonio Baños, Candidato de la CUP)

He de confesar que siento cierto grado de envidia sana hacia los catalanes. Pero no porque ellos tengan, entre otras muchas cosas, la Sagrada Familia, El Paralelo, la Sala Bagdad, El Molino, el Puerto Deportivo de Barcelona, las Ramblas, la Sardana, el Pan Tumaca o la butifarra. Es porque tienen a la CUP.

Qué suerte tienen los catalanes, por el simple hecho de disponer de una fuerza política como la CUP, ausente del escenario nacional, con la falta que haría en dicho escenario...No han gobernado nunca a nivel autonómico (aunque sí a nivel local), pero por lo que proclaman (y lo hacen, además, abiertamente, sin ningún tipo de complejo), resultan ser, ahora mismo, y en todo el arco parlamentario de nuestro país a todos los niveles (Gobierno central, autonómicos y locales), la única (insisto, única) fuerza política que puede adscribirse de forma inequívoca a la auténtica izquierda transformadora.

Quizás por ello, en la misma noche electoral, cuando el candidato Antonio Baños se expresaba tal y como hemos destacado en la cita, Hermann Tertsch, una de las caras habituales de TeleMadrid, típico símbolo de la caverna mediática antediluviana, pedía el ingreso en prisión de Antonio Baños.

¿Pero quiénes son las CUP? Pues la Candidatura de Unidad Popular (en referencia a la alianza de izquierdas chilena encabezada por Salvador Allende) es una formación política catalana de izquierdas (esta vez sí), independentista (nadie es perfecto), que apuesta por la democracia participativa, la igualdad social, las políticas de desarrollo sostenible, así como la promoción del tejido asociativo y de la sociedad civil. Se fundan en 1986, y hoy día tienen representación en Cataluña, la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares.

 Defienden el socialismo, el anticapitalismo, el feminismo, la democracia directa y participativa, el ecologismo y el euroescepticismo, con más razón que un santo (aunque no sean religiosos). Por supuesto, apuestan por el derecho a la autodeterminación de todos los pueblos, la defensa de los derechos de las clases populares, la redistribución justa de la riqueza, la lucha contra el paro y la precariedad, la defensa de los servicios públicos, el establecimiento de mecanismos de control popular de la economía, así como el despliegue de políticas efectivas que garanticen la igualdad de género. Se manifiestan contra las agresiones ecológicas y urbanísticas, y defienden un desarrollo realmente sostenible, y el refuerzo del tejido cultural de raíz popular.

En la CUP también participan otras organizaciones de izquierda no independentistas, tales como En Lucha, Corriente Roja o Lucha Internacionalista.

Y es que la CUP es mucha CUP. No sólo es que sus postulados políticos y sus programas electorales lo recojan claramente, sino que sus dirigentes lo corroboran en cada oportunidad que tienen, en sus mítines y en sus entrevistas. Son los únicos que se atreven a levantar la voz para clamarlos bien alto para todos los que quieran escucharlos, que es lo mismo que decir para todos los que quieran un verdadero cambio político en nuestro país.

 Ni Izquierda Unida, ni EQUO, ni Compromís, ni Podemos. Hoy día, sólo la CUP encarna el auténtico espíritu de la izquierda transformadora, que entiende que la vía reformista es absolutamente inútil, y sólo conduce al fracaso y a la desintegración de la propia izquierda.
  
Qué lástima que no tengamos una CUP nacional, además de una CUP andaluza, otra gallega, otra aragonesa, otra murciana, otra madrileña, etc.

Apuestan claramente por la salida del euro y de la propia Unión Europea, pues entienden, como es palpable y notorio, que el corsé al que nos somete la moneda única y los Tratados de la Unión consagran el modelo neoliberal, e impiden de facto siquiera la implementación de políticas que vayan relajando la mal llamada "austeridad".

Porque en efecto, en medio de tanto partido, coalición o similar de corte neoliberal, de "centro-izquierda", de pseudoizquierda, de izquieda "reformista", socialdemócrata y mil variantes más, pro austeridad o cómplices con ella, o cómplices con los que quieren gestionarla "desde la izquierda", o pro OTAN, o pro Unión Europea, o pro Troika, etc., la CUP emerge como un soplo de aire fresco y auténtico, de aire renovador, marcando distancia entre tanta formación política "sensata" y "razonable".

 Parece ser que no se enteran de que lo que las clases populares necesitamos no son políticas sensatas ni razonables, sino políticas de clase, radicales, que defiendan de una vez por todas nuestros intereses ante el gran capital, y que se enfrenten sin paños calientes a los grandes agentes de los poderes fácticos que nos gobiernan. Ante todo ello, la CUP no suele andarse por las ramas, y no cultiva la indefinición ideológica, ni las ambigüedades calculadas ante los temas importantes, como hacen otras fuerzas políticas.

Llama al pan, pan, y al vino, vino. Y tal y como está el patio político últimamente, esto es de bastante agradecer. Sus propuestas antiimperialistas, por la República (en este caso, República catalana, pero República al fin y al cabo), por la salida de la OTAN, del euro y de la Unión Europea, nos suenan a muchos a auténtica música celestial ante el infernal ruido y confusión ideológica que nos rodea.

Y lo que es más importante de todo, la CUP es la única fuerza política que declara sin ambages y sin complejos que debemos iniciar progresivamente políticas encaminadas a superar el capitalismo, llamando a las cosas por su nombre, detectando y atacando la auténtica raíz de todos los problemas y males que nos aquejan en nuestro mundo, y confirmando sin ambigüedades su clara intención de desarrollar políticas y medidas anticapitalistas. ¡Ahí es nada!

Frente a ello, tenemos por ejemplo las vergonzantes declaraciones de Pedro Sánchez, líder de un partido que se autodenomina "socialista", llamando al orden para que las fuerzas de Junts Pel Sí, la coalición ganadora de las recién celebradas elecciones catalanas, no entreguen el poder y la gobernabilidad de Cataluña a "un partido antisistema", en clara referencia a la CUP. 
     

La conclusión está clara: ninguna otra fuerza política actual se atreve a hablar con la claridad y valentía con la que lo hace la CUP, así que, para las próximas Elecciones Generales de diciembre próximo, nos vendría muy bien que existiera una CUP a nivel de todo el Estado...¿la tendremos alguna vez? Mientras tanto... ¡VIVAN LAS CUP!

jueves, 24 de septiembre de 2015

EL PAPA FRANCISCO PROMUEVE LA RECONCILIACIÓN

Desde el 315 A.C  con  la entronización en el Concilio de Nicea,  del Primer Papa,  el ex Cesar pagano  del Imperio  Romano, Constantino, ese pagano que entendió las ventajas de la modernización y de esa forma extendió el dominio de Roma, a través del Papado, hasta la aparición del monje Lutero y un `poco más allá,  hasta el Iluminismo  propiamente dicho.

Desde ese entonces, la Demagogia, ese “uso político de falsas promesas y  manipulación deliberada,  para conseguir el favor del pueblo”,  según la Real Academia Española,  ha dominado el discurso y  la acción encubierta, de la inmensa mayoría de los 266 Papas Católicos habidos, hasta este Argentino, mediático y dicharachero incluido.

En este discurso  actual en Cuba,  Bergoglio propone la total “reconciliación”,  entre Cuba y EEUU.

La palabra “Reconciliación”, ha estado presente predominantemente, en el léxico de los últimos Papas, en especial en estos tiempos del  dominio capitalista globalizado.

La “conciliación” entre el Lobo y el Cordero, entre el León y el Cervatillo, entre el Patrón y el Obrero, entre el Banco Usurero y el Deudor de la Hipoteca,  entre el explotador y el explotado, entre el colonizador y el colonizado,  entre el esclavista y el esclavo, solo puede ocurrir en el Reino de la Demagogia.

Pero  la conciliación,  entre el Capitalismo salvaje y depredador del Imperio Yanqui, y la Cuba Socialista,  esa “reconciliación”, según el criterio de Bergoglio, el Papa de turno, solo puede conducir a la degradación y la entrega,  de la Revolución Socialista Cubana, a las manos de las corporaciones de la Guerra, que conducen la política de EEUU.

Pensar otra cosa,  solo cabe en una mente infantilizada, lejos del análisis serio de la política.

Pero Bergoglio fue más allá  en su discurso, señaló,  refiriéndose a la vocación de servicio de la Iglesia Católica, “nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas “.

Lo que quiere significar  “en buen romance “que la  Religión Católica y su Iglesia,  no tienen  ideología,  “es un servicio social exento de motivaciones políticas”.

Veamos: la Real Academia Española define  Ideología  como” el Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.”

Es decir que la Religión,  no cabe duda que se incluya,  dentro de las ideologías.

Y si nos referimos a la Religión Católica, quien puede dudar de su carácter eminentemente político.

Pues es lo que ejerció desde el acuerdo político con Constantino, pasando por el gobierno temporal de los Papas,  que casi durante 1000 años  dominaron  política y militarmente incluso,  con su carácter teocrático,  sobre casi todo lo mundo.

Y que terminó,  por lo menos oficialmente,  con  el Tratado de Letrán en 1929, y  continuó luego,  apoyando políticamente,   a todos los poderes de las elites,   Reyes, Dictadores,  Oligarquías,  hasta el día de hoy.

Independientemente claro,  del demagógico discurso humanista y “humildoso”,  dedicado a sus fieles.

Veremos en USA, que  sacará del sombrero  este Papa,  de “la sociedad del espectáculo” (Guy Debord dixit)
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Estoy seguro, que no  va a ser una paloma blanca de la paz,  ya que esos pájaros no sobreviven en Washington.

Quizás en pago a “sus buenos oficios” en Cuba,  lo ayuden a mitigar los dolores, de la Iglesia Católica en USA,  la que quebró comercialmente,  en Octubre del 2009, si Uds. recuerdan, por las indemnizaciones que hubo que pagar,  a las familias de los niños violados,  por los curas católicos pedófilos.


Nos espera un tsunami de noticias, en televisión y prensa, de las empresas propiedad de los capitalistas,  dedicados a este Papa mediático,  que de verdad,  parece ser  para ellos,  el más indicado para ejercer en este tiempo,  de la decadencia política…que no financiera del Capitalismo.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

CAMBIA DE CANAL, YA ESTA BIEN DE REFUGIADOS

Silencio: la peor receta, la más inhumana, ante la llamada crisis de personas refugiadas y migraciones procedentes de Oriente Medio y de África que atraviesa hoy Europa.

"Cambia, cambia de canal"; palabras que con reiteración se escuchan posiblemente demasiadas veces en estas semanas y en idiomas muy diversos, en miles de hogares de Europa.

Se dicen cuando al ver los informativos televisivos nos asaltan imágenes de personas refugiadas que sienten desgarrados sus cuerpos por las alambradas en las fronteras europeas, ya sea en Ceuta, Melilla, Hungría o Calais; al ver cuerpos sin vida de bebes, mujeres, hombres y ancianos al vaivén de las olas en cualquier playa de Grecia o Italia; al contemplar cómo se gasea o golpea en estaciones de tren o áreas fronterizas de Macedonia o Budapest.

Al entender, en suma, que esa realidad altera nuestra tranquilidad, nos saca del ensimismamiento de nuestras preocupaciones diarias; al comprender que no vemos imágenes en el centro de África, en Haití o en el Lejano Oriente, sino en las mismas puertas de Europa.

Cambiar el canal de televisión es un triste intento de borrar esa realidad, hacerla inexistente. Y de ahí el tránsito al silencio (cómplice) se adivina más fácil. A ese silencio que nos permite mirar a otro lado, pensar que este problema ya lo solucionarán los gobernantes europeos, aquellos que elegimos cada cuatro años para cuestiones como éstas. Porque, al fin y al cabo, no está su solución en nuestras manos, ni es nuestra responsabilidad.

Así, esos gobernantes seguirán por días y semanas discutiendo cuotas y cómo "cobrarse la solidaridad" mínima que pudieran estar dispuestos a poner en la mesa de negociaciones.

No entienden la contradicción que encierra unir la palabra cobrar y el concepto de solidaridad, tal y como reflejan las declaraciones de hace unas semanas de Mariano Rajoy: "una cosa es ser solidario, y otra es serlo a cambio de nada".

Aunque se referían a la situación en Grecia, reflejan con claridad su forma de entender la solidaridad y las relaciones humanas. También se debaten en la ambivalencia entre medidas suaves, políticamente correctas aunque inoperantes, como una conferencia europea para tratar el problema, o medidas brutales como nuevas vallas, muros fronterizos más altos o, directamente, bombardear los puertos de salida de estas personas en África.

Por eso, el silencio es la peor receta hoy ante esta situación. Permite a los gobernantes no hacer nada y seguir manteniendo una discusión aparente que lo único que pretende es defender el egoísmo de los estados europeos y no la hipotética política común y solidaria que esta vieja Europa dice defender.

Ese silencio anima también el crecimiento y envalentonamiento de las corrientes ideológicas racistas y xenófobas, caldo de cultivo no sólo de la extrema derecha, sino también de la derecha y de, incluso, alguna pseudoizquierda permisiva ante determinados discursos para ganar votos en las próximas elecciones.

Y a pesar de esto, afortunadamente, el silencio hoy vuelve a romperlo, empieza a romperlo, la solidaridad y cooperación de los pueblos. Éstos empiezan a llenar campos de fútbol o plazas de ciudades y pueblos dando la bienvenida a las personas que necesitan refugio.

Entienden que los territorios de origen han tenido que ser abandonados como resultados de las guerras o de la explotación hasta el agotamiento de sus recursos, cuyos beneficios van a manos de las élites económicas y de las clases políticas tradicionales, mayormente de origen europeo o estadounidense.

Por parte de los pueblos demuestran una vez más que entienden de contabilidad calculada, frialdad inhumana para preocuparse por cuántos podemos recoger en nuestro "cupo", y a cuántos recibimos anteriormente.

Esto es para esas élites que olvidan que los pueblos que hoy tienen que recibir personas antes fueron también emigrantes por distintas razones y que les fue tan difícil, tan doloroso, dejar sus países como hoy lo es para estas personas. Élites que no comprenden el concepto de persona y su derecho a una vida digna, pues sólo piensan en réditos económicos o intereses geoestratégicos para poder seguir manteniendo su dominio.

Hay ciudades que ante el vacío e inacción de los gobiernos nacionales y respondiendo, lo que les honra, también a esa llamada ciudadana a la solidaridad, deciden dar pasos inmediatos, reales, para establecer redes de acogida. O aprueban, a pesar de la crisis, pequeñas partidas presupuestarias y declaraciones para exigir medidas profundas más allá de los meros e interesados cálculos políticos.

Ello, haciendo realidad lo dicho en muchas ocasiones, que las políticas y acciones de solidaridad deben estar por encima de crisis económicas. Y, como subrayó hace ya muchos años un líder político latinoamericano, "la solidaridad es la ternura de los pueblos". Esperamos que este lema, así como los ejemplos y acciones que ya se dan en diferentes ámbitos, se extienda y fortalezca.

Por todo ello, nuevamente podemos afirmar que la sociedad, los pueblos, una vez más muestran su sabiduría, su ternura, y abren caminos y puertas rompiendo silencios, no cambiando el canal de televisión y aumentando la presión para que, sobre el cálculo politiquero y economicista, domine la solidaridad entre las personas y pueblos.

Porque, a pesar de lo que nos digan las élites, "todos los pueblos de la tierra son iguales desde su nacimiento, todos los pueblos tienen derecho a vivir, a ser libres y felices".

Complementemos, de forma humilde, en esta frase del líder vietnamita Ho Chi Minh, el término pueblos como referido, además de a la entidad "pueblo" propiamente, también a "todos los hombres y mujeres, todos los seres humanos" y podremos comprender mejor la fuerza de dicha frase. Sin duda alguna, lograr esa igualdad entre pueblos, entre hombres y mujeres, abriría un nuevo tiempo para este mundo.

Por último, si reconocemos que el origen de esta situación crítica está en la estructura de la organización política, económica y social del sistema dominante occidental y en su dominio y explotación ejercida brutalmente durante, como mínimo, los últimos doscientos años, sobre los pueblos africanos y asiáticos, la pregunta evidente es si pensamos que las soluciones residen en otro sitio (parches) que no sea únicamente en la transformación de esas dimensiones.


Dicho de otra forma, Europa debería eliminar radicalmente su forma de dominación e intervencionismo permanente sobre la vida social, económica y política de esos pueblos, para que realmente podamos empezar a hablar de soluciones verdaderas a ésta y futuras crisis humanas.

domingo, 30 de agosto de 2015

EL DRAMA DE LA INMIGRACIÓN: EUROPA NAZIFICADA

Europa levanta enormes vallas, ante los ojos del mundo y para vergüenza de cualquier europeo con un mínimo de dignidad y empatía con el sufrimiento ajeno, a lo largo y ancho de sus fronteras, para intentar evitar un aluvión masivo de migrantes y refugiados al interior de su fortaleza. Vallas a las que recubre con alambres, espinos y cuchillas, para prolongar, hasta el último momento, el tormento del que viene huyendo del hambre o de la guerra, del expolio al que las potencias occidentales someten a los pueblos empobrecidos de la tierra.

Pero no se puede tapar el sol con un dedo. Mientras su mundo sea ese mundo-campo de concentración en el que los países ricos han convertido a los países empobrecidos, seguirán intentando entrar, esto tan solo es una muestra más de que eso que llaman “Occidente”, es decir, el mundo capitalista “desarrollado”, es, por definición, cruel, antihumanista y despiadado.

Estas vallas son algo más que un componente en una frontera, son un símbolo de lo que es el mundo capitalista. Un Auswitch a la inversa, que lo llamó un día el filósofo Carlos Fernádez Liria. Levantamos muros y dejamos tras ellos, fuera de ellos, un mundo/campo de concentración donde se produce a diario un genocidio silencioso que afecta a miles de millones de personas
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Y en las vallas colocamos unas cuchillas por si los que quedan fuera de nuestro gueto/privilegiado osan intentar entrar, fuera de nuestra fortaleza, osan tratar de escapar de aquel mundo-campo de concentración en el que hemos convertido a sus países de origen, con el hambre, la guerra, el expolio, las epidemias y, en pocas palabras, la muerte, como máxima expresión del mismo. Vallas/símbolo de la mierda de mundo que ha desarrollado el capitalismo, por mucho internet, muchas tecnologías y muchas vacunas que tengamos.

Los nazis encerraron a sus víctimas en campos de concentración y en guetos con el fin de aislarlos del resto del mundo. Tras los muros de aquellos espacios de muerte se gestó un verdadero horror que causó la muerte de más de una decena de millones de personas, asesinados cruelmente de múltiples formas, desde las cámaras de gas, a los fusilamientos masivos a los menos sofisticados métodos de la inanición o la muerte por epidemias que las víctimas se contagiaban unas a otras ante la dejadez y la complicidad de sus verdugos, con la no menor complicidad de un mundo que solo cuando ya era demasiado tarde hizo algo por ayudarlos, y unas sociedades que no querían ver lo que pasaba con aquellas personas en aquellos espacios de muerte, pese a que, en algunos casos, los tenían incluso en el corazón de sus propias ciudades y las consecuencias eran evidentes por sí mismas.

Nosotros, ahora, desde nuestros países ricos, hemos desarrollado exactamente el mismo sistema, pero a la inversa. Nos encerramos nosotros en nuestras fortalezas (de las que el hambre y la misera no quedan exentas, aunque sin llegar a los más elevados niveles de horror), las cubrimos con enormes vallas y todo tipo de medidas de seguridad destinadas a brindarlas del exterior, y dejamos tras ellas un espacio de muerte que abarca más de tres cuartas partes del mundo y varios miles de millones de personas diseminadas por él.

El hambre que mata, la pobreza extrema que anula toda dignidad, la falta de un futuro, el expolio de sus recursos naturales, las epidemias, y las guerras causadas, la mayoría de veces, por los propios intereses económicos de las potencias occidentales, arrasan aquel mundo-campo de concentración a diario, con la no menor complicidad de unas sociedades que no quieren ver, o que prefieren mirar para otro lado, lo que pasa cada día con aquellas personas en aquellos espacios de muerte.

Nuestros medios de “comunicación” ya se encargan de deshumanizar a ese “otro”, a esos miles de millones de personas que habitan en ese gigantesco campo de concentración globalizado en el que hemos convertido sus países, para que nuestras conciencias duerman tranquilas.

Y aunque sabemos que todo eso está pasando, que más de tres cuartas partes del mundo están condenadas a vivir en un mundo-campo de concentración sutilmente separado de nuestro gueto-fortaleza, no nos importa. Es más, clamamos contra quienes tratan de escapar de aquel espacio de muerte y cruzar nuestras fronteras para llegar hasta eso que ellos creen como el lugar donde poder labrarse un futuro y escapar de la muerte.

Los tratamos como a invasores que vienen a robarnos nuestro propio espacio vital y consentimos que esas enormes vallas se levanten en nuestro nombre, tal vez porque así nos sintamos protegidos de los peligros que asociamos a ellos, precisamente todos aquellos peligros a los que los hemos condenado: hambre, miseria, desempleo, enfermedades, epidemias, muerte. Tras los muros de nuestras fortalezas los miramos con desprecio y temor, sin importarnos su destino.


Si los nazis fueron el horror expresado en su máxima potencia, nuestro mundo no es otra cosa que un mundo-nazi, que separa a sus habitantes, mediante vallas, muros y alambradas, entre aquellos que merecen ser considerados humanos, que tienen derecho a vivir en el interior del gueto-fortaleza del mundo desarrollado, y aquellos que son carroña, escoria, bestias, que no merecen la condición de humanos y deben quedar aislados de nuestro gueto, purgando su existencia inhumana más allá de las fronteras de nuestra fortaleza, en su mundo-campo de concentración. 

Aquí, en nuestras fortalezas, no seremos todos arios, pero sí que somos todos un poco nazis.

lunes, 17 de agosto de 2015

FIESTAS POPULARES

"Un toro es un mamífero, se parece bastante a nosotros. Claro que sufre, su estructura neurológica está muy desarrollada. Una herida es un trauma para ellos, y un proceso de acoso continuado les causa un estrés enorme"
(Alberto Ferrús, neurocientífico del CSIC)

Llegó el verano, y como cada año por estas fechas, tenemos que soportar, amparados en las "tradiciones populares", toda la pléyade de festejos donde una parte de nuestra sociedad hace gala y alarde del salvajismo más completo. Más concretamente, la Fundación FAADA estima que se celebran en España unas 16.000 fiestas populares donde se utilizan animales como objeto de diversión, ocio, espectáculo, entretenimiento, y en un gran porcentaje de ellas, maltrato, sufrimiento y muerte incluidos. Parece que no nos basta con arrojarnos tomates como en Buñol, o hacer un maratón de horas de soportar el redoble de tambores, como en Calanda, actividades ya de por sí demostrativas de la simpleza de nuestros festejos, sino que, además, hemos de mezclar en ellas a inocentes animales, que no tienen la capacidad de opinar o votar sobre su presencia en nuestras abominables, crueles y vandálicas fiestas populares.

Tomo información a continuación de esta página de la Fundación FAADA, que nos presenta el terrible catálogo de algunos festejos populares. Quizá el ejemplo más conocido y paradigmático son las Fiestas de San Fermín, en Pamplona (Navarra), que cada 7 de julio y durante una semana, organiza diariamente los denominados "encierros", donde los mozos corren por las principales calles del centro de la ciudad acompañando a la manada que se dirige a la plaza
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Pero tenemos también el Toro de la Vega, celebrado en la localidad de Tordesillas (Valladolid) el segundo martes de septiembre, festejo que consiste en soltar un toro, el cual es acosado por cientos de personas persiguiéndolo desde el pueblo al campo, a pie o a caballo, arrojándole largas lanzas acabadas en afiladas hojas de 33 cm. de longitud, que se clavan en su cuerpo, y en ocasiones lo atraviesan. La tortura puede llegar a durar una hora, hasta que el animal, exhausto y agotado, destrozado y desangrado por las heridas, se derrumba, momento en el que se le remata apuñalándolo en la nuca y se le cortan los testículos y el rabo (a veces cuando todavía no ha muerto) para exhibirlos como trofeo público, clavados en la lanza del orgulloso matarife. Como vemos, un espectáculo bastante edificante. Este año, ni siquiera la presión de la celebración gratuita de un concierto con multitud de artistas consagrados ha conseguido que el pueblo y su corporación municipal se planteen la erradicación del "popular y tradicional festejo".

También tenemos el "Toro embolado" o Toro de fuego, festejo donde se le prenden fuego a unas antorchas o bolas colocadas en los cuernos de los astados, y untadas con alquitrán, para a continuación soltarlos en una plaza o calle pública. Esta "tradición" se lleva a cabo en lugares como Medinaceli (Soria), Vejer de la Frontera (Cádiz), o distintas localidades de Tarragona (como Amposta) o Valencia (como Ontinyent). Durante el festejo, es frecuente que al toro se le quemen los ojos con las chispas que sueltan las antorchas. Para poder colocarles esta máquina de tortura, se inmoviliza previamente al animal, atándolo por los cuernos, tirándole del rabo y sujetándolo de las patas bruscamente. El animal, como es lógico, va dando cabezazos en frustrados intentos de liberarse de las bolas de fuego, de las cuales caen chorros de líquido incandescente y brasas, que le van salpicando en los morros y los ojos, y que van quemando su cuerpo...¿acaso tiene este espectáculo algo que desmerecer a las hogueras de la Inquisición del siglo XV? ¿Puede justificarse semejante espectáculo argumentando que su práctica está "regulada"? ¿Es que acaso puede regularse el salvajismo?

Pero la variante más cruel de estos espectáculos se celebra en Medinaceli (Soria), ya que se les colocan a los toros unas sobre-astas (clavadas a golpes), tan violentamente que a menudo le provocan a los astados hemorragias por su boca y su nariz. También se llevan a cabo en Aragón (especialmente en Zaragoza y Teruel) y en la Comunidad Valenciana, donde sufren este martirio unos 1.200 toros y vacas al cabo del año. Otra variante de bonita "tradición popular" es el "Toro ensogado" o toro emmaromado, que consiste en atar a los toros por sus cuernos con una cuerda, y arrastrarlos por las calles hasta una plaza, o provocarles que caigan al mar. Suelen celebrarse en Benavente (Zamora), y en diversas localidades de Tarragona y de Cáceres, donde además suele terminarse matando al animal a machetazos. Debido a la continua resistencia del toro a la soga, las cepas del cuerno sufren graves traumatismos, y los músculos del cuello sufren profundos desgarros, ante la atenta mirada del gentío, que contempla el espectáculo entre gritos de júbilo. Incluso existen bárbaros e ignorantes que siguen afirmando que los toros no sufren con estas prácticas.

El "Toro de Coria" es otra variante de bella "tradición popular" con astados, que consiste en que cada año, por las Fiestas de San Juan, en la localidad de Coria (Cáceres), se hace correr al toro de una manera particularmente cruel por el recinto del casco histórico amurallado de la ciudad, hasta que el animal es encerrado en un coso. Durante su carrera, decenas de personas lanzan dardos al toro, mediante soplillos o cerbatanas, durante horas. Los dardos punzantes, decorados con papel, se clavan por todo el cuerpo del animal, incluido los morros y los ojos. Al entrar en la plaza, el sufrimiento del toro se agrava aún más, ya que le esperan otros mozos que continúan con el mismo ritual, hasta que al cabo de unas dos horas, cuando el animal agonizante ya no resiste más, se acaba con él a tiros de escopeta y se le cortan los testículos.

A todo ello hemos de sumar los innumerables sitios de España donde en la época estival se celebran capeas, becerradas (como la de Algemesí), encierros, los "Bous a la Mar" en Denia (Alicante), etc. Pero no sólo de toros vive el festejo popular español, sino que también son objeto de sufrimiento otros animales, tales como patos (los "patos al agua" de Sagunto en Valencia), cerdos (los "cerdos engrasados" de Humilladero en Málaga), gallos (sus combates están autorizados en las Islas Canarias), carneros (cuyas peleas se celebran en Guipúzcoa y Vizcaya), caballos (en Castellón se les hace pasar sobre el fuego de varias hogueras), etc. Afortunadamente, algunas otras "tradiciones" se han extinguido, como en Zamora, donde hace años que se dejó de tirar la cabra del campanario.

El maltrato no distingue animales. Cuando acaba la celebración, hay gallos decapitados, gansos descoyuntados, plumas, cuernos, sangre, fuego, vísceras, cerdos, cabras y burros estresados; todos ellos han contribuido a perpetuar antiguos mitos asociados a la fertilidad y a la hombría, pero en España triunfan los bovinos, da igual que sean torazos de 500 kilos que malhadadas vaquillas que se desangran entre bomberos toreros.
Y así, el espectáculo tradicional está servido, con toda la parafernalia que lo rodea, ya que, típicamente en honor de la Virgen y de los Santos patronos, y con la correspondiente bendición de las Instituciones civiles y religiosas (que no sólo no ponen el grito en el cielo, sino que además instan a su preparación y celebración cada año, argumentando que están "perfectamente reguladas", que los animales no sufren, y que las tradiciones hay que respetarlas), pueblos enteros, niños incluidos (para que no se pierdan las "tradiciones" en las nuevas generaciones), participan en un cúmulo de fiestas populares de crueldad gratuita hacia los animales, toros en su mayoría, pero muchos otros.

Se calcula que en torno a unos 60.000 animales son así maltratados cada año, legitimando como "tradición popular" lo que no es más que una manifestación de nuestra vena más salvaje. Porque si fuéramos a cualquier localidad extranjera de viaje, y nos encontráramos con que, por ejemplo, cada 15 de Agosto la tradición popular consiste en sacar aleatoriamente a un preso de su cárcel, y cortarle la cabeza en la plaza pública, ¿rechazaríamos dicho festejo? ¿O pensaríamos que hay que respetarlo en aras de dicha "tradición popular"? Luego por tanto, ¿es que tienen justificación alguna el acoso y las vejaciones de que son víctimas los animales para la diversión de unos pocos ignorantes?

Es hora de que pongamos por tanto las cosas en su sitio. Las tradiciones populares se enmarcan en un todo más amplio que se refiere al Folklore, que fue estudiado y definido en primer lugar por Antonio Machado y Álvarez (padre de los geniales poetas Antonio y Manuel Machado), que utilizaba en sus obras el pseudónimo de "Demófilo". Machado y Álvarez fue quizá uno de los intelectuales de su época más importantes, y como decimos, pionero en los estudios que sobre Folklore se han realizado en nuestro país, y en el extranjero.

Pues bien, el Folklore (aunque se asocia únicamente a la música popular) recoge en realidad el conjunto de todo nuestro patrimonio cultural, entrando en él el resto de manifestaciones populares tales como los cuentos, las leyendas, las adivinanzas, las costumbres, las canciones, las tradiciones, el atuendo, el vocabulario, la música, las fiestas populares, etc. Es decir, el Folklore representa cualquier manifestación cultural que a lo largo de la historia se asocia al pueblo.

Las tradiciones evidentemente juegan un importante papel dentro del Folklore, pero hemos de entender que dichas tradiciones están insertas en un determinado contexto histórico, donde los valores culturales, las creencias, los conocimientos y la cultura popular se expresan en un determinado momento. Evidentemente, el tiempo provoca que dicho conjunto de valores vayan evolucionando, y lo que hace algún tiempo podría considerarse como lógico, válido o normal, pueda no serlo así en épocas anteriores o posteriores. Podríamos poner miles de ejemplos al respecto: en la época de los Reyes Católicos, era costumbre cortar las manos a las personas a las cuales se había pillado robando flagrantemente, sin embargo esto nos parecería hoy día claramente una aberración.


Este es el punto de vista desde el cual debemos explicar que existieran tradiciones populares de hace algunos siglos, donde (desde la perspectiva de que no se poseía la conciencia sobre el maltrato y el sufrimiento animal) se practicara la tortura, el sufrimiento y la muerte de los animales para divertimento del vulgo. Pero hoy día esto debe resultarnos a todas luces un comportamiento aberrante, y las autoridades deben ser las primeras que velen para que dichas "tradiciones" sean progresivamente desterradas de nuestro Folklore popular. Por tanto, ¿hasta cuándo habremos de soportar tanto comportamiento aberrante y tanta barbarie amparada en la "tradición popular"? ¿Cuándo comprenderemos que la tortura no puede ser cultura, sino puro salvajismo? ¿Cuándo seremos capaces de comportarnos como seres civilizados en toda la dimensión del término, eliminando de nuestros festejos todo lo que implique maltrato, sufrimiento y muerte de animales? ¿Cuándo serán nuestros políticos lo suficientemente valientes y humanos como para acabar con estos atávicos y bárbaros rituales? Esto no quiere decir que tengamos que renunciar a nuestras costumbres ni a nuestras tradiciones, pero anteponiendo siempre a su celebración el sentido común y la sensibilidad que, como humanos, se espera de nosotros

jueves, 6 de agosto de 2015

LA TOLERANCIA

Hace unos días, en un grupo de whasapp en el que participo, se suscitó una cierta polémica a propósito del derecho de una mujer musulmana a concurrir a una piscina comunitaria con un atuendo no previsto normativamente, y posiblemente contrario a los estatutos.

Este debate me llevó a reflexionar profundamente sobre la tolerancia como elemento imprescindible  para la tan necesaria convivencia pacífica.

Podríamos definir la tolerancia como la aceptación de la diversidad de opinión, social, étnica, cultural y religiosa. Es la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas de entender y posicionarse en la vida, siempre que no atenten contra los derechos fundamentales de la persona...

La tolerancia si es entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces una virtud de enorme importancia.

El mundo sueña con la tolerancia desde que es mundo, quizá porque se trata de una conquista que brilla a la vez por su presencia y por su ausencia. Se ha dicho que la tolerancia es fácil de aplaudir, difícil de practicar, y muy difícil de explicar.

Hay una tolerancia propia del que exige sus derechos: La oposición de Gandhi al gobierno británico de la India no es visceral sino tolerante, fruto de una necesaria prudencia. En sus discursos repetirá incansablemente que, “dado que el mal sólo se mantiene por la violencia, es necesario abstenerse de toda violencia”. Y que, “si respondemos con violencia, nuestros futuros líderes se habrán formado en una escuela de terrorismo”. ¿Les suena esto en la actualidad mundial?. Además, “si respondemos ojo por ojo, lo único que conseguiremos será un país de ciegos”.

¿Cuándo se debe tolerar algo? La respuesta genérica es: siempre que, de no hacerlo, se estime que ha de ser peor el remedio que la enfermedad. Se debe permitir un mal cuando se piense que impedirlo provocará un mal mayor o impedirá un bien superior.

Ahí entra en juego nuestro discernimiento. Defender una doctrina, una costumbre, un dogma, implica casi siempre no tolerar su incumplimiento. Con este concepto entendemos claramente que la verdad siempre surge desde la individualidad y que las verdades generalistas solo nos llevan a un camino de confusión.

De todas formas, hay dos evidencias claras: que hay que ejercer la tolerancia, y que no todo puede tolerarse. Compaginar ambas evidencias es un arduo problema.

Todos los análisis realizados por filósofos y estudiosos de la materia al respecto a la tolerancia aprecian la dificultad de precisar su núcleo esencial: los límites entre lo tolerable y lo intolerable. De nuevo, y como en casi todos nuestros acontecimientos diarios, debemos beber en la fuente de la sencillez, ella será la encargada de otorgarnos el discernimiento que nos de la inspiración para el obrar.

Hemos empezado hablando de la tolerancia como parte del “respeto a la diversidad”. Se trata de una actitud de consideración hacia la diferencia, de una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta de la propia, de la aceptación del pluralismo. Ya no es permitir un mal sino aceptar puntos de vista diferentes y legítimos, ceder en un conflicto de intereses justos. Y como los conflictos y las violencias son la actualidad diaria, la tolerancia es un valor que es muy necesario y urgentemente hay que promover.

Ese respeto a la diferencia tiene un matiz pasivo y otro activo. La tolerancia pasiva equivaldría al “vive y deja vivir”, y también a cierta indiferencia. En cambio, la tolerancia activa viene a significar solidaridad, una actitud positiva que se llamó desde antiguo benevolencia. Los hombres, dijo Séneca, deben estimarse como hermanos y conciudadanos, porque “el hombre es cosa sagrada para el hombre”. Su propia naturaleza pide el respeto mutuo, porque “ella nos ha constituido parientes al engendrarnos de los mismos elementos y para un mismo fin”.

Séneca no se conforma con la indiferencia: “¿No derramar sangre humana? ¡Bien poco es no hacer daño a quien debemos favorecer!”. Por naturaleza, “las manos han de estar dispuestas a ayudar”, pues sólo así nos es posible vivir en sociedad: algo “muy semejante al abovedado, que, debiendo desplomarse si unas piedras no sostuvieran a otras, se aguantan por este apoyo mutuo”. La benevolencia nos enseña a no ser altaneros y ásperos, nos enseña que un hombre no debe servirse abusivamente de otro hombre, y nos invita a ser afables y serviciales en palabras, hechos y sentimientos.

La tolerancia es un regalo desde los primeros años de la vida.