jueves, 28 de enero de 2016

JAQUE MÚLTIPLE EN LA POLITICA NACIONAL


Quedará grabado en mi memoria en día 22 de Enero de 2016, como el día de la estrategia política, el día en que contemplamos la política española como si de una partida de póker o como aquellas partidas múltiples de ajedrez donde un maestro internacional (habitualmente de un país comunista)  se enfrentaba a una veintena de jóvenes a los que daba mate en cada uno de sus tableros a una velocidad vertiginosa.

Tras una visita de Pablo Iglesias a quien horas antes el líder de IU califico como el “Ciudadano Felipe de Borbón”, en lo que parecía un mero episodio más, de la ronda de entrevistas de la cual no saldría noticia alguna, el líder de Podemos se adelanta al resto de los políticos con una jugada maestra con la que es capaz de dar jaque simultaneo en todos los tableros políticos, obligando a mover ficha a los representantes principales de cada uno de los grupos políticos.

Mientras todos estaban más cómodos agazapados, a la espera de que fueran otros, quienes tomaran la iniciativa, Podemos pone en bandeja al PSOE un pacto de gobierno, imposible de ignorar para un partido socialista en claro declive en lo que a números se refiere.

Obliga con este movimiento a saltar a la palestra a Pedro Sánchez, quien a pesar de querer salir del delicado momento de una forma lo más diplomática posible, acaba sucumbiendo verbalmente al órdago que Iglesias le manda, impulsado no solo por la satisfacción de verse presidente del gobierno, pasando a la larga de vencido a vencedor, sino también por la necesidad de no ser tachado de inmovilista, adjetivo a eludir en este momento.        

Ahora la responsabilidad del líder socialista está en convencer a los llamados “Barones” de su partido, que esta es la mejor opción, se puede gobernar junta a otros grupos con los que existan discrepancias, pero se necesita un mínimo consenso interno, para que este posible gobierno fructifique y no tener a posteriori la sensación constante de tener al enemigo en casa.

Obliga con este movimiento a Mariano Rajoy a una decisión impopular entre sus votantes, la de no presentarse de momento a la elección declinando la oferta de Felipe IV, la estrategia también es clara, la imposibilidad de crear gobierno debida a la falta de apoyos, hacen imposible su investidura, por lo que no tiene necesidad de tirarse a una charca vacía.

Con esto no gana el PP, otra cosa más que tiempo para su difícil tarea de conseguir apoyos, pero da el pase a quienes pueden crear gobierno, quizás no tenga otra opción pero en el caso de que Sánchez llegara a la presidencia del gobierno con apoyos de izquierdas, Rajoy sería indudablemente el perdedor de la partida y muchos verían en su propio entorno este acto como una estrategia cobarde lo que seguramente obligaría incluso a un cambio dentro de su partido.

Obliga con este movimiento, a que Alberto Garzón deje atrás las diferencias que le separaron de Podemos en la campaña electoral, satisfactoria obligación en este caso, pues la búsqueda de un gobierno de izquierdas siempre sobrevoló la cabeza de Garzón y la posibilidad de ser ministro en dicho gobierno no se contemplaba en ninguna apuesta.

Obliga con este movimiento a Albert Rivera a aceptar como una posibilidad viable este gobierno de izquierdas, a pesar de ser contrario a este acuerdo, al dejar de lado el tema de las consultas independentistas y al exponer Podemos la posibilidad de que si la hubiese, esta consulta implicaría a la totalidad del territorio nacional, desbarata un poco la posible negativa de Rivera y le deja sin razones de peso para apoyar al PP. Coloca a Ciudadanos en tierra de nadie, fuera en principio de cualquier pacto, a raíz de las declaraciones de su líder y con las encuestas a la baja en lo que concierne a la posibilidad de nuevas elecciones.

        Obliga con este movimiento a posicionarse claramente a otros grupos como PNV o Esquerra Republicana entre otros, quienes hasta entonces eran meros espectadores de las idas y venidas de candidatas con mayor peso y convirtiéndolos de repente de figurantes a posibles protagonistas de esta película.

Englobados en el grupo de los nacionalistas o independentistas, parece que en este momento es un crimen para algunos que pudieran formar parte del gobierno del país, pero a los mismos que hoy quieren dar esa imagen, alguien les recordará que otros gobiernos con las mismas siglas ya se valieron de partidos nacionalistas para conseguir sus propósitos y conseguir formar gobiernos.

Obliga con este movimiento a Felipe IV a comenzar una segunda ronda de negociaciones, lo que para un Borbón acostumbrado a otros menesteres, enseña lo que significa el tedioso momento de trabajar, cosa que tampoco le vendrá mal de cara a intentar el difícil cometido de cambiar la imagen de la Casa Real.

Pero aún hay más, pone al inquilino de “La Zarzuela” en la tesitura de tener que presentar al Parlamento un candidato a presidente, cuyos apoyos pueden instarle en un momento a poner en entredicho el sistema Monárquico, favoreciendo con esto que grupos de ideas republicanas participen de este gobierno, una situación bastante molesta para una Monarquía en horas bajas.

Por obligar, este movimiento de Pablo Iglesias obliga incluso a las televisiones y la prensa en general a cambiar los contenidos de sus programas aceleradamente, pero de una manera gratificante y satisfactoria ya que el hecho de instar a todos a actuar, da a la prensa juego, y gana adeptos entre los periodistas, ávidos de noticias nuevas y estrambóticas estrategias.

Quizás lo mejor para los medios sería que nadie se entendiera, que llegará un nuevo proceso electoral, tras lo visto en la pasada campaña, la más mediatizada de la historia, cuanto más se alargue la incertidumbre, cuantos más procesos haya que culminar, más noticias se generarán.

Con todo esto inventa Iglesias una nueva jugada de ajedrez, un movimiento que pasara a los anales de la política española y que seguramente será estudiado por otros en el futuro, un movimiento que podríamos denominar el MULTIJAQUE.

lunes, 11 de enero de 2016

LOS REYES MAGOS: LA TRACA FINAL DE LA NAVIDAD

Se acabó. Un año más hemos soportado el éxtasis de la Navidad. En esta ocasión las fiestas han estado marcadas por la incertidumbre que suponen los resultados de las elecciones del día 20 de diciembre. Llegar a fechas tan señaladas sin tener un gobierno “serio” le está provocando urticaria a más de uno y una. Sospechamos que ese y no otro es el motivo de su nerviosismo y desazón.

Claro que el único culpable de la situación no es otro que el “Señor de los hilillos” por marcar la cita electoral en día tan cercano a las fechas navideñas. Si hubiera convocado a los votantes en el mes de junio, se habría llegado al discurso del “Preparado” con el Gobierno formado o, cuando menos, hubiera tenido lugar la segunda cita a la que irremediablemente nos estamos viendo abocados.

Pero no, Mariano prefirió cerrar los presupuestos del Estado para el año 2016 y de esa forma tan simple atar las manos de sus sucesores con un nudo fuerte cual son las finanzas del país. El próximo Presidente del Ejecutivo tendrá motivos sobrados para hablar de la herencia recibida. Esta va a ser en forma de compromisos fehacientes con pagos y gastos establecidos.

Por lo demás, para Rajoy, una vez destinado ¡Por fin! a hacer acto de presencia por el Registro de Santa Pola, la tentación de apurar un tiempo más de indiscutible líder le debió parecer irrechazable. Total en unos meses los españoles no iban a dejar de ser “muy españoles y mucho españoles”, también “un vaso seguiría siendo un vaso y un plato un plato”.

Con semejante panorama apareció en pantalla Felipe VI para soltar el consabido discurso de las “entrañables fechas”. El marco elegido fue el palacio real, espacio ideal para escenificar la modestia y sobriedad del monarca. Con España descosiéndose por las costuras de siempre el Jefe del Estado optó por hacer gala y ostentación de grandeza y poder.

Mensaje para los díscolos: la ley suprema le otorga la jefatura de las Fuerzas Armadas y a las mismas, el Artículo 8º de la Sagrada Constitución de 1978 les encomienda la defensa de la unidad de la Patria. Aviso a navegantes.

En la recepción de la Pascua militar el Ministro de Defensa en funciones hizo hincapié en la misión confiada al estamento militar. Que luego nadie diga que no estaba avisado.

La traca final de las Navidades siempre llega con la festividad de los Reyes Magos. Nacido el niño, soportadas las inocentadas y acabado el año, tan sólo queda conceder a los pequeños alguno de los deseos por los que llevan suspirando desde que comenzaron las vacaciones. El gordo barbudo del ridículo traje rojo ha venido a paliar algo la espera, pero los tres Magos de Oriente siguen teniendo mucho tirón entre los habitantes de la piel de toro.

Las alarmas se han encendido con inusitada virulencia por la cabalgata de los monarcas que tuvo lugar en la Villa y Corte de Madrid.

La oposición en el Ayuntamiento de la Capital ha tocado los clarines para condenar a la Alcaldesa Manuela Carmena por transgredir las tradiciones y jugar con la ilusión de los niños. Cayetana Álvarez de Toledo y demás comparsas del Partido Popular no le van a perdonar NUNCA, a la regidora, que hiciera añicos la “ilu” de su nena.

¡Vaya por dios! Dejando a un lado el dudoso gusto del vestuario de los Reyes, tan condenadamente feos que parecían diseñados por Ágata Ruiz de la Prada, el principal asunto de decepción se debió a que una mujer participara en la cabalgata con rango de Reina Maga ¡Intolerable atentado contra las vetustas tradiciones! Eso sí que rompe la ilusión infantil.

Que millones de padres lleven años desempleados no desilusiona a las criaturas, que les desahucien y expulsen de sus casas no les entristece, que su madre esté explotada en trabajos temporales no les perturba, que sus hermanos sufran el 50% de desempleo juvenil les deja impertérritos, que otros hermanos más mayores celebren las Navidades en Alemania o en la Cochinchina debido a la movilidad laboral de Doña Fátima no les altera. Sobre todo a la niña de la marquesa que no va a sufrir ninguno de esos avatares.

Lo verdaderamente importante –para la mamá- es ver a una mujer y no un hombre vistiendo una porquería de disfraz. No haber utilizado, para la ocasión, a un viril y bizarro muchachote cómo “dios manda” y marca la tradición religiosa desde el siglo XVI (según dicen los entendidos en materia monárquica oriental). Eso es lo que rompe sus esquemas de noble con privilegios y lucha con denuedo para salvaguardar la cándida ilusión de su pequeña.

Había otra tradición que quizás eche en falta Cayetana: La que impedía a las mujeres viajar sin “permiso” del marido o tener una cuenta bancaria sin autorización marital o paterna, esta costumbre era probablemente anterior al siglo XVI y figuraba entre las eclesiásticamente bien vistas. Esta tradición, al igual que otras del mismo pelaje, fue modificada por la Constitución de 1978 y las leyes que en ella se amparan.

Para una Institución Pública regidora del Municipio es una prueba de igualdad que los personajes imaginarios pudieran ser de cualquier sexo y condición sin que los ultra católicos se atribuyan la propiedad de los acontecimientos populares.

Ya han comenzado la campaña para que las cabalgatas las organice el Obispado, de ahí a solicitar que sea el señor Obispo quién conceda el permiso de conducir o expida certificados de buena conducta no hay más que un paso. Los Rouco, Munilla, Blázquez, Osoro, Martínez, Reig Pla, Cañizares… estarán encantados de retomar el poder civil y así sus memeces verbales no serán criticadas y pasarán desapercibidas.


En estas ocasiones me apunto a la idea de un buen amigo que dice: “Desde hace tiempo a los Reyes únicamente les pido que se vayan”.

domingo, 3 de enero de 2016

EL INDECENTE DISCURSO DEL REY

Sintiendo como nos tratan desde el poder, podría escribir sobre los inocentes,  pero voy a tratar otro tema de actualidad. Trescientos años han transcurrido, de Felipe V a Felipe VI, representantes de una monarquía centralista, ahora parlamentaria, encorsetada en su centro. No soy nacionalista, ni profeso ideas nacionales. Soy socialista, internacionalista, demócrata y republicano y con eso lo digo todo. O casi todo.

Hoy voy a hacer una reflexión republicana sobre el discurso del Rey, que no vi en directo. Mejor dicho, una reflexión sobre el discurso que no pronunció. Lo que no dijo, lo que calló expresamente y lo que ocultó de forma deliberada.

Acostumbrado a ver, desde hace cuarenta años, al rey discursar en la intimidad de su hogar, a verle ahora en el frío marco del palacio real, en el salón destartalado del trono, en una butaca en el medio centro lateral, solo, alejado de todo y de todos, me quedo con el saludo fraternal, desde el balcón en la puerta del Sol, del presidente de la República española. No tiene color.

Dicen que Felipe VI es el rey mejor preparado de la historia, y será verdad; pero parece que no tiene buen sentido ni criterio adecuado ni altura de miras ni olfato político. Guapo personaje de altura, pero en tono menor y de impostura.

En su discurso no abordó la abdicación que tantos deseamos. La República fue eliminada por un golpe de Estado y una guerra fratricida. Cuarenta años después, el dictador impuso el actual régimen. Felipe es heredero de aquel despropósito histórico.

No estuvo a la altura ni en la forma ni en el fondo. Mostró su lejanía con la realidad y falta de conexión con los verdaderos problemas de la mayoría ciudadana. Defendió lo suyo y su sillón. Y olvidó el paro y a los parados, la desigualdad y a quienes la sufren.

El escenario era anacrónico. Un rey en un salón de atrezo, en el que el pueblo llano nunca ha puesto su pie. Más que expresar «con la mayor dignidad y solemnidad, la grandeza de España», representó precisamente lo contrario: la lejanía de la nobleza y los grandes de España con el pueblo. Por mucho que alguna destacada dirigente política de la derecha diga que en el discurso, el Rey mostró que «conoce perfectamente su país»; desde la altura será.

Muy poca sensibilidad social ha mostrado el monarca, que como todos los reyes que son jefes de estado, no son elegidos por el pueblo. Su padre nos fue impuesto y él en el mismo paquete.

Hasta 16 menciones a la unidad de España ha habido y solo una mención a la desigualdad que existe y desune a la gente. No hizo ninguna mención a la corrupción, aunque no es de extrañar, teniéndola tan cerca en el seno de su familia a la que protege. Tampoco se refirió a los problemas reales de la gente.

Están obsesionados con Catalunya y en cada mención perjudican los intereses que dicen defender. Mencionó España en un sin fin de ocasiones y su unidad, pero no de las condiciones de vida, de quienes están sufriendo las consecuencias de una crisis que no han provocado.

Todo fue un cuento muy alejado del empleo precario, de las escasas pensiones o de los jóvenes que han huido para trabajar fuera.

Estas son algunas de las cosas que el rey no pronunció en su discurso. No mencionó la necesidad de reformar la Constitución, para ajustar su estructura a la actual realidad del país. No habló de blindar en la Constitución los derechos sociales de bienestar como la sanidad, educación y vivienda; o el derecho al trabajo como pilar de la política económica y garantizar el derecho de las personas dependientes a recibir atención y cuidados.

No habló sobre lo que realmente cuesta la monarquía a las arcas del Estado, que llenamos entre todos. No son los 7.775.040 euros que figuraron en los Presupuestos Generales como asignación a la Casa Real para 2015, sino 561 millones de euros anuales, por todos los demás conceptos distribuidos en los presupuestos de Presidencia, Defensa, Interior, Hacienda, Exteriores y otros órganos ministeriales.

No habló del terrorismo machista, que ha asesinado a 59 mujeres este año. El rey calificó de terribles los atentados de París y de otros lugares del mundo, así como los ataques que «han costado la vida a compatriotas nuestros». Pretendiendo confundir como hacen siempre. No ha sido atentado terrorista el que ha costado la vida a dos policías españoles, sino un acto más de guerra abierta en Afganistán. Si el terrorismo político o el yihadismo, hubiera asesinado en España a 1.218 personas desde el año 1999, los cimientos del Estado temblarían, pero no, solo han sido mujeres las muertas.

El rey ha asumido los postulados políticos del PP, por lo que es «indecente» que quiera dar lecciones de democracia. Por cierto, el PP ha obtenido 7.215.530 votos (29,91%), mientras que el resto de fuerzas políticas con representación parlamentaria 16.910.189 (70,09%). En escaños, convertido por la Ley D'hont: 129 escaños (36,86%) el PP y 221 escaños (63,14%) para el resto.

Otro dato que muestra lo injusto del sistema electoral: a Unidad Popular-Izquierda Unida, quinta fuerza política más votada, dos diputados le ha costado 923.105 votos, mientras al PP, un diputado, 58.663 votos. Este sistema electoral es un despropósito político que debe corregirse, por antidemocrático.

Quieren hacernos ver que el problema de España es la independencia de Catalunya. El problema de la ciudadanía es la miseria a la que nos ha llevado la política antisocial y antidemocrática de la derecha que representa el rey.

Artur Mas, acusa a la mayoría de usar sus normas, su fuerza, su voz y sus votos para «ahogar los anhelos de la minoría que representa Catalunya» y pide al Estado canalizarlos con «diálogo, concertación, pactos y concordia». Mas no es santo de mi devoción (soy ateo), porque representa a la derecha económica a la que me opongo, pero estoy con él en eso que dice.

El discurso del rey ha sido decepcionante, cargado de tópicos españolistas, más propio de hooligans que de un jefe de Estado. Ha presentado un escenario alarmista de ruptura de España, como si la voluntad popular representara la maldad, frente al bien mesiánico que él representa. Si España se rompe es por la ambición insaciable de los poderosos, que todo lo quieren.

El rey no puede hacer más de lo que hizo, políticamente hablando, por lo que sobra en una estructura democrática de un Estado moderno, como el que nos merecemos en España desde hace tanto tiempo sin rey (ni amo ni patrón).


Lo dije al principio, no soy nacionalista, ni profeso ideas nacionales; soy socialista, internacionalista, demócrata y republicano. Entiendo que España es una nación plurinacional y diversa, constituida como un Estado social y democrático de Derecho. En este marco tenemos que convivir en paz en libertad, igualdad, solidaridad, y mejor en una República como modelo político.

lunes, 14 de diciembre de 2015

SOBRE CONSTITUCIONES Y TRANSICIONES

Estos días se ha celebrado el 37 aniversario de la Constitución de 1978. Salvo excepciones, todo ha sido parabienes para el texto aprobado el 6 de diciembre de 1978. Un par de artículos publicados el pasado 6 de diciembre en el diario El País me han hecho reflexionar sobre este texto constitucional y la naturaleza de la Transición española. Pedro Sánchez, candidato del PSOE a la presidencia del gobierno, y Pablo Iglesias, candidato de Podemos, esgrimían sus argumentaciones sobre el texto.

El candidato del PSOE hacía una defensa de la Constitución haciendo un llamamiento a actualizarla en el siglo XXI y que tuviese el mismo respaldo mayoritario que tuvo el texto actual hace ya casi cuatro décadas. Un texto, el de Sánchez, que responde a la perfección al papel que ayer y hoy le tocó y le toca al Partido Socialista.

El texto de Iglesias es más interesante. Lo es porque aborda la historia y pone antecedentes dignos para un hipotético futuro constitucional o proceso constituyente. Y aunque el artículo de Iglesias sí habla de un pacto entre las élites franquistas y una parte de la oposición democrática, lo cierto es que no deja de reconocer importancia a la constitución de 1978 y coloca a movimientos como el 15M en el resultado de la traición que se ha producido a ese pacto constitucional. Por eso hace un llamamiento a un nuevo gran acuerdo.

Sin embargo, ambos textos adolecen de una perspectiva histórica, de un análisis profundo de la razón de la Constitución de 1978. En el caso de Sánchez porque no deja de ser la posición del establishement. En el caso de Iglesias porque quizá no quiera dar una vuelta de tuerca más a su análisis, que empieza bien pero acaba mal.

Para la analizar el proceso que se inicia con la muerte del dictador (del que este año se ha cumplido 40 años) habría que mirar más atrás en el tiempo. Esa legitimidad democrática de la que se jacta el candidato socialista forma parte de la ilegitimidad franquista. A estas alturas, cabe hacerse una pregunta: ¿Quién marcó los tiempos de la Transición? ¿Quién puso sobre la mesa la hoja de ruta que desembocó en el proceso de 1978?

La respuesta es muy simple: los franquistas. Y no lo voy interpretar, sino que me voy a valer de una obra publicada en 1973 por Rafael Calvo Serer titulada “La dictadura de los franquistas 1. El “affaire” del Madrid y el futuro político”. Una obra poco conocida, publicada en París, cuando Calvo Serer cayó en desgracia por el tema del diario Madrid y su enfrentamiento con Fraga Iribarne. Calvo Serer era una de esas figuras representativas de ese franquismo, amoldado desde el inicio a sus estructuras, convertido en figura señera de la intelectualidad franquista, y que en la etapa final del régimen comienza a buscar una salida al mismo.

No es intención aquí hablar de Calvo Serer. Para acercarnos un poco a su figura y su vinculación al franquismo recomiendo la obra de Gregorio Moran “El maestro en el erial” donde ubica a toda esa intelectualidad franquista. Lo importante a rescatar aquí de Calvo Serer es una parte del final de libro arriba citado. Calvo Serer en ocho puntos plantea cual puede ser la salida de la dictadura franquista. Estos ocho puntos son los siguientes:

1. Nombramiento de presidente del gobierno: Para Calvo Serer esa Transición la tendría que encabezar un militar.

2. Ley de prensa: ofrecer un pluralismo social y político del país sin caer en manifestaciones revolucionarias y estableciendo límites en materia de prensa y sanciones administrativas.

3. Independencia de los tribunales.

4. Estatuto de las organizaciones políticas: reivindica la actuación de Charles De Gaulle en 1958 cuando reformó la constitución que condujo a la V República y que, a pesar de los problemas, salió reforzado.

5. Libertad de las Cortes: Mira hacía un sistema que prime a la mayoría y castigue a la minoría parlamentaria sobre la base de un partido socialdemócrata y otro conservador.

6. Amnistía para los vencedores y los vencidos.

7. Sindicación profesional única y asociación libre obrera.

8. Sometimiento a referéndum de la modificación constitucional.

Sorprende cómo lo que marcaba Calvo Serer en 1973 se iba a cumplir casi a la perfección entre 1976-1978. Ciertamente no hubo un presidente militar pero si un vicepresidente. El sistema mayoritario electoral se impuso entre un partido socialdemocrata (PSOE) y otro conservador/liberal (UCD, luego AP, luego PP). Esa amnistía a vencedores y vencidos se plasmó en la Ley de Amnistía del 15 de octubre de 1977 que no significó sino un punto y final para exonerar a la dictadura de sus crímenes. El modelo de sindicación no dejó de ser un calco del franquista, adaptado por los Pactos de la Moncloa, donde la diferencia partía de la diversidad sindical pero siempre dentro de los límites marcados por el nuevo sistema. Y efectivamente esa Constitución se sometió a un referéndum un 6 de diciembre de 1978 saliendo el “sí”. Un “sí” conseguido tras una campaña que poca alternativa daba con un argumento falaz: o esta Constitución o vuelta a la dictadura.

Calvo Serer fue el franquista que propuso estos tempos, que otros franquistas como Suárez, José María Areilza, Manuel Fraga Iribarne, etc., pusieron en marcha. Ellos marcaron los ritmos de la Transición. Franco designó al jefe de Estado. A partir de ahí comenzó a gravitar el proceso de Transición que Calvo Serer ya preveía en 1973.

La verdadera base de la Transición fueron unos franquistas adaptándose a las circunstancias para no perder su posición y salvar su vinculación a un régimen que cometió crímenes contra la humanidad, y una izquierda, representada por el PSOE y el PCE en su mayoría, que cedió. Unos porque se convertían en una alternativa y para ello eliminaron cualquier conato de oposición en el exilio (Congreso de Suresnes, 1974). Otros porque se creían ser una alternativa y tanto cedieron que quedaron completamente descolgados de unas estructuras que no les fueron benevolentes. Algunos culpan exclusivamente al carrillismo, pero en realidad fue el camino de toda una organización.

Aquellas posiciones que no cedieron y no se plegaron lo pagaron caro. Los republicanos quedaron fuera del mapa político: no les dejaron presentarse en las primeras elecciones de 1977. Cuando se presentaron en 1979 el sistema y la Constitución ya estaban en marcha.

Los anarquistas sufrieron por una estructura sindical emanada del Pacto de la Moncloa que le fue hostil, por una criminalización de su modelo sindical y por unos problemas internos que acabaron condenándolo al ostracismo.

La extrema izquierda se difuminó. Esa Transición les salió a pedir de boca a los franquistas. Tanto es así, que cuatro décadas después de la muerte del dictador la impunidad del franquismo sigue vigente y con argumentos legales, como la ya citada Ley de Amnistía.

Y todo esto no quiere decir que los que luchamos en aquella época, que buscamos un mundo mejor, no consiguieramos torcer un poco la historia para que no fuese como algunos la marcaban. Todo lo contrario. Hay que reconocer el empuje y lucha de toda una generación.

Pero tanto al artículo de Iglesias y, sobre todo, al de Sánchez, les hace falta mucha pedagogía histórica. Pablo Iglesias habla de proceso constituyente pero sin descifrar si ese proceso significa una nueva constitución o reformar la que tenemos. Pedro Sánchez si habla de reforma. Pero es difícil reformar algo que no ha funcionado durante 37 años.

En ese tiempo, los artículos fundamentales de la constitución han sido sistemáticamente violados: derecho al trabajo, derecho a la vivienda, etc. Aunque una cosa si tiene el PSOE y es que sabe lo que es reformar una constitución. Lo hizo en su artículo 135 y tardó, junto con el PP, una tarde en hacerlo.

Estos días se celebra el 37 aniversario de la Constitución de 1978. Pero casi nadie ha recordado que un 9 de diciembre, pero de 1931, las cortes republicanas aprobaban la Constitución de 1931.

No voy a entrar en una comparación de constituciones (tema muy interesante) y tampoco en mostrar que significó la experiencia republicana con sus acierto y sus errores y problemas estructurales, que los tuvo (frente a los que la demonizan y a los que la consideran la arcadia feliz).

Lo que si podemos hacer tras leer su texto es concluir que aquella vieja constitución republicana si significó una ruptura con el pasado monárquico. La del 6 de diciembre de 1978 no.


Básicamente porque la primera lo cambió casi todo. Y la segunda partió con el sucesor de Franco como Jefe de Estado y porque fueron las élites de una dictadura que tumbaron la democracia los que dieron paso a una nueva democracia. Difícil y extraña ruptura.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

GANADORES Y PERDEDORES EN EL “GRAN DEBATE” DEL 7-D

Celebrado el esperado debate a cuatro parece claro que existe unanimidad entre la totalidad de encuestas online realizadas en los medios digitales: Pablo Iglesias ha ganado el debate. Desde El Mundo al ABC, pasando por la Ser, El País, Público, eldiario.es, 20minutos.es y otros medios, las audiencias digitales coinciden en el dato. No es de extrañar el entusiasmo y la alegría con que el equipo que acompañó a Iglesias al debate celebró al final del mismo. Ayer PODEMOS no iba a ganar las elecciones, pero sí había la opción de poder perderlas. Y salió muy bien parado, mucho mejor incluso, posiblemente, de lo esperado.

Iglesias es un auténtico animal televisivo, forjado desde hace años en diferentes tertulias, y eso se notó ya desde las primeras intervenciones “libres”. Mientras el resto de participantes parecía empeñado en recitar versos de memoria, Iglesias debatía, y solo a cuenta gotas, pero de manera muy efectiva, dejaba caer medidas del programa de PODEMOS.

 Aquello no era un recital de programas, sino un espectáculo televisivo en el que tan importante era exponer tus propuestas como arrinconar al rival en el intercambio de ideas y argumentos. Solo Pablo parecía entenderlo y eso acabó por condicionar el resto del debate.

Cuando el resto de los debatientes logró adaptarse a la fórmula ya era tarde: el debate ya tenía ganador.  Y por si quedaba alguna duda de ello, la última intervención de Iglesias, con su emotivo mensaje y su cuidada presentación, sumado a la suerte de ser quien cerrara el debate, terminó por resolverla. El mensaje del candidato de PODEMOS será ya, sin duda, uno de los grandes momentos de esta campaña electoral, pase lo que pase en adelante. Un “minuto de oro” en toda regla.

Pablo estuvo además especialmente brillante en saber combinar a la perfección un doble esquema de ataque al rival: confrontación abierta con el PP, que se daba por supuesta, pero especialmente arrinconando a Pedro “Kent” Sánchez en el tú a tú, arrebatándole el espacio de “oposición” al PP desde la izquierda que en todo momento Sánchez trató de representar, sin conseguirlo nunca.

Sánchez no se ha enterado que tras las elecciones catalanas eso de querer presentarse como “única alternativa al PP” y, sobre todo, hacerlo desde una especie de posición como “partido hegemónico de la izquierda”, ya no sirve, no al menos en un debate como el de ayer, con las cuatro fuerzas con aspiraciones a gobernar en liza.

En el debate quedó en evidencia. Pablo Iglesias, en cambio, apeló sistemáticamente, en los diferentes bloques, a la lucha de los “de abajo” frente a las políticas del PP (y el recambio de Cs), a una misma vez que incidía en la falta de credibilidad de un PSOE que “dice una cosa cuando está en la oposición y hace otra cuando gobierna”, y con ello no necesitó pronunciar una sola vez la palabra “izquierda” para, precisamente, arrebatarle ese espacio de izquierdas al PSOE.

Pedro Sánchez ni se enteró, siguió empeñado en confrontar con el PP desde el esquema que tenía prestablecido en su argumentario previo, mientras, uno tras otro, Iglesias le daba golpes con la mano abierta que ni el juego sucio del dirigente social-liberal lograba frenar.

 Iglesias sacó a Sánchez totalmente del debate, lo redujo a la nada. Entre acusaciones de falta de credibilidad que son de sentir general a estas alturas de la película, comentarios sobre la falta de control de Sánchez en su propio partido, alusiones a la corrupción y a las puertas giratorias, Sánchez quedó totalmente noqueado y acabó realmente desquiciado.

Iglesias fue muy inteligente también en no centrar su discurso en Cs. Ya lo hacían por él tanto PSOE como PP. Y en ese contexto bastaba con cuatro pinceladas para confrontar a Rivera desde el debate planteado por el líder de PODEMOS: denuncia de lo que realmente implica el contrato único, y, sobre todo, la incidencia en denunciar el pacto de Cs con el PSOE de los ERE en Andalucía y el PP de la Púnica en Madrid. Cambio y no recambio.

No se trataba de presentar a Cs como un partido de derechas (de eso se encargaba Pedro Sánchez) ni como un partido con un discurso ambiguo (de eso se encargaba el PP), sino como un partido de “régimen” cuya aportación a la política estatal se basa, precisamente, en servir de muleta para apuntalar a los partidos tradicionales del régimen, en cualquiera de sus versiones.

La actitud de un Rivera visiblemente nervioso, incapaz de responder a la estrategia de PODEMOS salvo con vaguedades y argumentos sin profundizar, al que, en cualquier caso, tampoco parecía interesarle entrar en el cuerpo a cuerpo con Iglesias, hizo el resto. Rivera, al igual que le ocurrió en el debate de la semana pasada en El País, estuvo muy por debajo de lo esperado y no logró en ningún momento centralizar el debate, salvo cuando sacó la portada de El Mundo sobre la corrupción del PP, cosa que tampoco supone mérito especial y que posiblemente favoreció, en perspectiva, más a Iglesias que al propio Rivera, sobre todo tras las brillante intervención que el dirigente de PODEMOS hizo en ese bloque.

Cs, no obstante, se mantuvo estable en sus mensajes y no es de esperar que haya salido especialmente debilitado de lo sucedido el lunes, tal vez sí como opción de gobierno, pero no como partido “recambio”.

A Pablo Iglesias, no obstante, hubo algo que le vino especialmente bien: la ausencia de Alberto Garzón en el debate. Con un candidato como Garzón hablando en el mismo lenguaje que habló Pablo en muchos momentos del debate y, a su vez, combatiendo a PODEMOS desde posiciones de izquierdas reales, Pablo no lo hubiera tenido tan sencillo como lo tuvo para centrarse en combatir al PSOE desde la izquierda y desarrollar su estrategia para ello.

Pero Garzón no estaba e Iglesias pudo hacer a una misma vez de Iglesias… y de Garzón. Es triste la ausencia de Garzón y es también injusta, pero IU, que navega entre el 3 y el 5% en las encuestas –pese a llenar actos día tras día- no tuvo problemas en acudir a un debate a tres en las pasadas elecciones andaluzas que excluyó del mismo a quien en las encuestas estaba entre el 17 y el 21% y finalmente fue la tercera fuerza más votada.

No me gustó entonces y no me ha gustado ahora eso de excluir a nadie los debates, pero, como se suele decir, donde las dan, las toman. PODEMOS sufrió entonces lo que ahora ha sufrido UP-IU. E Iglesias lo aprovechó a la perfección.

Alberto Garzón es por ello, junto a Pedro Sánchez, el gran derrotado de este debate: que Iglesias lo hiciera tan bien va directamente contra los intereses de IU, porque consolida el voto de PODEMOS del que IU podría servirse para crecer y, a su vez, le cierra también el camino entre indecisos y potenciales votantes de izquierdas desencantados con el PSOE.

Iglesias se reafirmó como clara alternativa de voto en esos espacios, algo que probablemente se vea reafirmado en los próximos días con los propios comentarios que se hagan en los grandes medios capitalistas sobre el debate y contra lo que IU, desde su actual posición y habiendo estado ausente del mismo, tendrá complicado luchar.

El debate del lunes, de hecho, visto el resultado, le va a hacer media campaña a PODEMOS. La idea-eje electoral sobre la “remontada” que sus dirigentes vienen utilizando recurrente en estas últimas fechas salió ayer muy reforzada (al ganar visos de credibilidad) y la propia imagen de Pablo Iglesias, como candidato solvente, se disparó exponencialmente.

Profundizar en ambas ideas será fundamental para lo que queda de campaña. Especialmente porque todos los medios y analistas coinciden en el bajo nivel que ofreció Pedro Sánchez. Si el objetivo central de PODEMOS, para encauzar esa remontada, pasa por arañar votos al PSOE, esta combinación de factores, más el propio debate en sí, se lo facilitan bastante.

El PSOE puede sufrir un fuerte desgaste a poco que PODEMOS sepa rentabilizar lo ocurrido en este debate, y es posible que hasta se acabe viendo a PODEMOS como el verdadero voto “útil”, desde la izquierda, para enfrentar tanto a PP como Cs.

Eso puede hacer que el 20-D muchos indecisos que van a votar principalmente contra Rajoy acaben finalmente, como he dicho antes, apostando por PODEMOS, cosa que en un escenario totalmente polarizado, como parecía que iba a ser el caso hasta las catalanas, hubiera ido muy en favor del PSOE.

Pedro Sánchez se desesperaba semanas atrás por repetir eso de que Cs y PODEMOS no tenían opciones reales de ganar y que solo el PSOE podía hacer frente al PP. Sabían que era la clave principal de su derrota/victoria en estas elecciones. Cs les estorbaba por el “centro” y PODEMOS le enchufaba la aspiradora por la izquierda en un escenario así, sobre todo si las encuestas seguían dando al PSOE esos % casi ridículos para lo que ha sido el PSOE históricamente.

Tras el debate del 7-D todo ese se profundizó. El PSOE siguió en su misma línea y el propio debate, como se analizó antes, lo ha puesto en una situación muy delicada, al menos durante el mismo. Ahora, pues, en función de lo hinchadas que estén las encuestas a favor de Cs (es decir, en función del voto cercano al PSOE tradicionalmente que puedan realmente estar captando), PODEMOS pueden salir muy beneficiados del “engorde” artificial de Cs.

Ya veremos si el “monstruito” marcatendencias electorales que habían creado los medios con Cs nos les acaba mordiendo precisamente a ellos y sus intereses por posicionar a los tres partidos del régimen en los % más altos posibles.  No lo descartemos.

Iglesias, por otro lado, fue valiente al defender sin medias tintas la celebración de una consulta en Catalunya y apostar por un proyecto plurinacional para el estado español. No era sencillo su papel en ese bloque concreto y salió bastante bien parado… hasta que habló del 4-D de 1977 en Andalucía.

Presentar aquello como un hecho que se pueda vincular a una reafirmación del pueblo andaluz por pertenecer a España es no haber entendido nada de lo que pasó realmente. Fue justamente lo contrario: una reafirmación del pueblo andaluz en su propia existencia como pueblo y en absoluto intento alguno por lo sugerido por Iglesias.

Aquí sus asesores le explicaron algo… que Iglesias no entendió. Efectivamente aquello fue una expresión de voluntad popular, similar a una aplicación, salvando las distancias, de una especie de derecho a decidir del pueblo andaluz sobre su futuro, su ratificación como pueblo y un avance en su deseo de construir su propio futuro, pero se hizo en nombre de Andalucía y exclusivamente de Andalucía.

“Solo queremos banderas andaluzas”, gritaban ese día en las calles los manifestantes. No se trata de presentar aquello como un hecho independentista (que no lo fue), pero en ningún caso tampoco fue un hecho de reafirmación nacional española, sino todo lo contrario: un hecho de reafirmación nacional andaluza frente a las imposiciones y la negación de España. Andalucía quiso ser por sí y lo demás vino por añadidura.

Ser por sí dentro del estado –a ello se querría referir Iglesias, suponemos-, pero es que entonces eso ya era mucho para un pueblo que hasta entonces había sido despreciado y negado por el estado, relegado a un papel de segunda fila en el proceso autonómico en ciernes, y que dio un golpe encima de la mesa para romper temporalmente aquella negación, que no pensaba en España, en ser dentro de España o para España, sino en sí misma, como pueblo, como nación.

Finalmente decir que si hubo un segundo ganador en el debate ese fue, paradójicamente, Mariano Rajoy. La Vicepresidenta del gobierno estuvo imprecisa y bastante perdida, acorralada en el bloque de la corrupción y sin saber aprovechar especialmente aquellos otros bloques donde era de esperar tuviera una mayor fortaleza argumentativa a explotar (economía y debate territorial/Catalunya).

Se notó su falta de experiencia en debates y tertulias, sus intervenciones eran a ratos una especie de spots electorales grabados y a ratos simples intervenciones desde el escaño en el Congreso en una sesión de control parlamentaria, a menudo se vio sorprendida por la actitud “agresiva” que mostraban contra ella sus adversarios y solo en la segunda parte del debate pareció empezar  a sentirse más cómoda, pero, con todo, ello no debe suponerle demasiado desgaste entre su electorado tradicional, especialmente fiel como es conocido.

Tampoco le dijeron realmente nada que éstos no supieran ya y el que fuese Iglesias el ganador del debate no va, en principio, contra sus intereses (de ahí que el gobierno filtrara a la prensa tras el debate que había visto “muy bien” a Pablo Iglesias).

Primero porque ya parece claro que el acceso que PODEMOS pueda tener a ese tipo de votantes es muy limitado, y segundo porque un ascenso moderado de PODEMOS puede ayudarles a consolidar una mayor ventaja sobre PSOE y Cs, lo que podría facilitarles la entrada al gobierno si tal diferencia es muy amplia.

No obstante, volvemos a lo de antes: ojo el ascenso de PODEMOS no acabe acorralando también al PP, en el sentido se situar al PSOE en la disyuntiva de tener que elegir entre un gobierno de PODEMOS o un gobierno del PP, siendo PODEMOS segunda fuerza y dando los números para ello como pasara, entre otros sitios, en Madrid o Cádiz.

Ahora mismo está todo abierto y nada debe ser descartable, máxime después de este debate. ¿Y por qué decimos entonces que Rajoy salió ganador del debate? Pues precisamente por el hecho de no asistir. ¿O alguien se imagina a Rajoy en ese escenario, debatiendo a ese nivel y no haciendo un ridículo espantoso?

El Rajoy de las frases antológicas sobre españoles o alcaldes, el que no entiende su propia letra, el que se ve acorralado por un periodista y sale con aquello de ¿y la europea?, etc, etc., ¿en un debate como el vivido ayer? A estas horas el PP estaría en un 15% de votos.  No asistir fue, indudablemente, la mejor decisión posible, visto lo visto. Y hasta en eso se equivocó ayer Pedro Sánchez cuando, tirando de frase preconcebida de manera previa al debate, afirmó tras el mismo que el perdedor del debate había sido Mariano Rajoy, por no asistir. No hombre, no. El perdedor fuiste tú, Sánchez, y Rajoy hizo pero que muy bien en no asistir.

Veremos si en ese debate a dos que tenéis la semana que viene puedes al fin ganar un debate. Aunque, la verdad, el interés por el mismo, en ese formato y con ese nivel de participantes, deberá ser similar, hoy por hoy, al interés por ver un partido de fútbol entre dos equipos de la zona baja de la liga.


El Barça-Madrid de los debates se jugó el lunes y ahí Kent Sánchez salió goleado. Y Pablo Iglesias goleador.